La vieja Europa se hace más vieja

El viejo continente también envejece en su población. Un 20% de ésta tiene más de 65 años, que pasará a convertirse en el 30% en 2070. El peso de los mayores de 80 años se duplicará, alcanzando el 13% en 2070. Quienes necesitarían cuidados de larga duración pasarán de 19,5 millones en 2016 a 23,6 millones en 2030 y a 30,5 millones en 2050.

A la luz de estas cifras la Comisión Europea acaba de lanzar una consulta pública sobre los retos y las oportunidades del envejecimiento de la sociedad europea.

​¿Buenas o malas noticias?

Para muchos envejecer es una mala noticia. Hoy en día sólo son los niños los que quieren cumplir años lo más pronto posible. Pero a partir de una cierta edad -cada vez más corta, por cierto- vivimos la vida como una constante caída hacia la decadencia física y la irrelevancia social. ¿Dónde quedó el deseo de alcanzar la sabiduría y el respeto de los demás que antiguamente otorgaba el hecho de acumular años de vida?

En otro post escribí que concibo la vida como una pieza musical que hay que disfrutar momento a momento, sin lamentar que vayan pasando los sucesivos compases, y de la que somos a la vez intérpretes y público. Por eso una vida más larga, es decir con una vejez más prolongada, es en principio para mí una buena noticia.

A nivel colectivo

Como muy bien denuncia un grupo de demógrafos españoles en la obra colectiva Demografía y posverdad. Estereotipos, distorsiones y falsedades sobre la evolución de la población, sufrimos un aluvión de medias verdades o simples mentiras (“posverdades“) sobre la evolución demográfica, sus causas y sus consecuencias.

Así, hemos pasado de los miedos a la superpoblación del planeta y la falta de recursos para alimentar a tanta gente, que nos aterraban en los años setenta, a los miedos al estancamiento de la población, su envejecimiento y la decadencia de la humanidad. En realidad, las transiciones demográficas han brindado una reducción de la mortalidad infantil de siglos pasados y una prolongación del ciclo de vida y de la mejora del bienestar para quienes rebasan la barrera de los 65 años. Tan es así que este segmento de población empieza a ser “objeto de deseo” comercial en la llamada silver economy. ¿Es para asustarse o para alegrarse?

Julio Pérez Díaz habla de una “democratización de las vidas completas [que] ha permitido que todos los que nacen tengan opción de llegar a adultos y procrear, en vez de fallecer prematuramente sin contribuir a la reproducción poblacional. (…) Como en otras revoluciones productivas, ha liberado mano de obra (la mitad de la humanidad, las mujeres) de una ancestral sobredeterminación por los roles reproductivos, permitiendo su dedicación a la producción de otros bienes y servicios, pero también liberándola del control patriarcal y conyugal. Todo esto no es el resultado de un creciente egoísmo, (…) muy al contrario, se ha conseguido invirtiendo más en los hijos que se tienen…” (op.cit. p. 182).

​No es la demografía: es la economía

En el caso de España estamos inmersos en un debate, más basado en griterío que en hechos fundados, sobre la relación de dependencia laboral entre la población empleada y la población (mal llamada) inactiva, y el “problema” del sostenimiento de las pensiones.

En el primer caso no existiría ningún problema cuando las generaciones más jóvenes están mucho mejor formadas que antaño, y por tanto con unas capacidades productivas teóricamente mayores y una población femenina con tasas de actividad mucho más altas que las generaciones anteriores. Es decir la capacidad de sostenimiento se ha incrementado mucho, si no fuera porque… las tasas de desempleo en este segmento son vergonzosamente altas y muchos jóvenes optan por trabajar en el extranjero… contribuyendo así al mantenimiento de las pensiones de otros países. La economía española es incapaz de absorber una mano de obra más formada -la inversión en I+D en España sigue siendo tercermundista-, las políticas de transición del mundo educativo al laboral brillan por su ausencia y, en fin, la propia formación de nuestros jóvenes ha ganado en cantidad de años pero no está claro si también en calidad.

​¿Y las pensiones?

El ministro Escrivá ya señaló que el déficit de la Seguridad Social se debe a gastos impropios que no deberían estar ahí cargados.

Pero además, desde las reconversiones industriales de los años ochenta se viene practicando una política de pre-jubilaciones y jubilaciones anticipadas que coloca en un limbo laboral a un número creciente de trabajadores de más de 50 años. Este colectivo expulsado del mercado de trabajo no espera otra cosa que jubilarse cuanto antes, habida cuenta de la imposibilidad de encontrar un nuevo empleo. ¿Se extraña alguien que se esté produciendo en estos años un aumento de las jubilaciones anticipadas?

El próximo post dentro de dos martes, el 16 marzo 2021

Lo que nos espera después de la pandemia

Reconozco que este título tiene una doble trampa, porque ni hay un después ni hay nada que nos espera. Me explico.

​¿No hay un después?

En primer lugar no tenemos pruebas que la tercera ola de la Covid-19sea la última, ni que las nuevas variantes del virus estén bajo control, ni que las vacunas actuales o futuras cierren definitivamente el paso a la pandemia.

Muchos especialistas alertan que esta enfermedad pueda convertirse en recurrente o que nuevos virus de origen similar nos obliguen a drásticas medidas como las que estamos sufriendo.

Es decir, no creamos que hay un después. Más bien que ya hoy hay una nueva realidad que está entre nosotros. No estamos viviendo dentro de un paréntesis sino que estamos ya en otra fase de evolución de nuestras sociedades, muchos de cuyos cambios estamos empezando a notar y frente a los cuales debemos construir otras formas de actuar personal y colectivamente, tanto en el terreno sanitario como en el de la economía, el del trabajo o el de las interacciones sociales y comportamientos personales.

​Nada nos espera que no esté ya ocurriendo ahora

Los efectos económicos y sociales de la pandemia no hacen sino acelerar los cambios que se venían produciendo en los últimos años.

1. Al nivel más básico, la Covid-19 muestra la fragilidad de la condición humana en nuestra relación con el entorno natural. Definitivamente, la naturaleza NO ha sido conquistada por la raza humana.

2. El centro de gravedad de la economía mundial da un paso más hacia las economía emergentes de Asia, en particular de China, mostrando los problemas de avance en Estados Unidos y en la Unión Europea, además del ahora devinculado Reino Unido.

3. Los países occidentales no logran trasladar la revolución informática a un incremento de productividad de sus economías. Como escribió el premio Nobel de economía Paul Krugman en 1994: “La productividad no lo es todo, pero a la larga lo es casi todo. La capacidad de un país para mejorar su nivel de vida a lo largo del tiempo depende casi por completo de su capacidad para aumentar su producción por trabajador.” (The Age of Diminished Expectations). En el caso español todos los análisis apuntan a una situación muy por debajo incluso que las demás economías europeas.

4. Aunque todavía no se dispone de datos suficientes para corroborarlo, es previsible que la pandemia actual esté provocando un nuevo agravamiento del problema demográfico de los países avanzados. Sabemos que España registra un alto ritmo de envejecimiento de su población y un índice de fecundidad que es el segundo más bajo de Europa, sólo por detrás de Malta. Las consecuencias actuales y futuras de estas tendencias son uno de los temas de discusión más agudos en el momento presente.

5. ¿Cuál es la situación de las empresas en España? Muchos sectores atraviesan un momento crítico por las restricciones sanitarias, pero también por la fuerte contracción del consumo y las distorsiones en las cadenas de suministro mundiales. En coyunturas de crisis se producen vuelcos drásticos del tejido empresarial, y en la presente las entidades con mejor futuro son aquéllas que aceleran su digitalización y su flexibilidad de adaptación. Para el conjunto de la economía si los negocios que cierran estuvieran compensados por la creación de nuevas empresas, la transición sería dolorosa pero con futuro. Es lo que el economista Joseph Schumpeter llamaba la destrucción creativa. Para ello es indispensable facilitar la creación de nuevas empresas. A ese respecto las trabas existentes en nuestro país son enormes: estamos en el puesto 97 dentro de un ranking mundial de 190 países en cuanto a facilidades para fundar un negocio. Además, para Peter Howitt, reciente Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, «más que destrucción creativa, con el covid está habiendo destrucción a secas».

6. El mercado laboral español está sufriendo un segundo “punch”, cuando intentaba recuperarse del golpe recibido por la crisis económica de 2008. Es preocupante que en vez de crecer el número de puestos de trabajo, crezca el numero de personas y hogares dependientes de subvenciones públicas, y ni siquiera esto a un ritmo suficiente. La dependencia de subvenciones no crea riqueza, ni fomenta el consumo -debido a la incertidumbre de su continuidad-, ni recualifica a los desempleados y además obliga a aumentar la presión fiscal sobre capas más extensas de la población. Es un parche que si se cronifica degenera en un clientelismo paralizante y destructor.

Javier Cavanna, Director ejecutivo de la Fundación Compromiso y Transparencia, ha alertado recientemente del peligro real de que este clientelismo se reproduzca a la hora de asignar los fondos Next Generation de la Unión Europea para luchar contra la crisis de la covid-19, fondos que pueden ser el último tren que no podemos perder para invertir en investigación y desarrollo.

​¿Debemos reaccionar?

Sin duda.

El próximo post dentro de dos martes, el 2 marzo 2021

Zoom no sirve para ligar

Llevamos casi un año con unas drásticas restricciones en nuestras formas de relación con los demás. No podemos tocarnos, acercarnos a menos de dos metros, mostrar nuestro rostro sin mascarilla, etc., en especial con quien no forma parte de nuestro “núcleo de convivencia”. En la primavera pasada incluso los centros educativos estaban clausurados y no podíamos salir de casa sin motivo fundado.

Es cierto, el uso de tecnologías de video-conferencia se ha extendido de forma exponencial. Pero más allá de las ciber-reuniones de trabajo, ¿pueden sustituir a las formas habituales de socialización y establecimiento de nuevas amistades y contactos?

​Nuestros vínculos sociales

En las redes de relaciones los sociólogos distinguen entre vínculos fuertes -los que nos ligan al núcleo familiar y el círculo estrecho de amigos-, y los vínculos débiles, los que relacionan con una red mucho más amplia de personas de ámbitos más diversos: compañeros de trabajo, de estudios, vecindario, de clubs o asociaciones, etc. Los vínculos fuertes nos aportan un apoyo necesario en nuestras vidas, pero es a través de los vínculos débiles como probablemente encontraremos trabajo o a nuestra futura pareja sentimental.

​El impacto de la pandemia

¿Cómo ha afectado el Covid-19 a unos y otros vínculos? Tres investigadores en la Universidad de Cornell (USA) han analizado el tipo y densidad de relaciones entre los estudiantes antes y durante los meses de pandemia. En sus conclusiones han constatado que aunque la red de relaciones más estrechas se han mantenido en un grado relativamente aceptable, los vínculos débiles, los que nos relacionan con sectores amplios de la sociedad, han sufrido un fuerte deterioro.

¿Cómo hacer nuevas amistades? ¿Cómo cultivar relaciones de ese modo informal pero tan necesario? ¿Cómo conocerse para establecer poco a poco esos vínculos, esas experiencias compartidas, que son la base de la reciprocidad y el establecimiento de lazos que son el fundamento de la construcción social?

​Un ejemplo: fusión entre empresas

Dos empresas fusionadas en plena era del teletrabajo están teniendo serias dificultades para crear la necesaria colaboración entre las dos plantillas de origen. Al no compartir espacio de oficina, máquina del café e interacciones cara a cara, la fusión corre el peligro de fracasar debido a la ausencia de esas relaciones informales imprescindibles para generar confianza y construir un lenguaje y cultura de trabajo compartidos.

​La interacción social en diferentes etapas de nuestra vida

Hablando siempre en términos generales las formas e importancia de relaciones sociales extensas y más o menos informales es distinta según la edad de cada uno.

¿Quién no se acuerda de aquéllos cumpleaños en los que nuestros hijos eran invitados o invitaban a su propia celebración en casa a sus compañeros del cole? Sabemos que esas actividades forman parte necesaria de su evolución psíquica. ¿Cómo colmar esa carencia?

En determinado momento de la adolescencia chicas y chicos comienzan a ensayar la interacción con amigos y amigas, en un aprendizaje crítico para su desarrollo personal y social. No hay manera de sustituirlo con Zoom u otro artefacto de internet. Un retraso en el inicio o desenvolvimiento de este aprendizaje tendrá sin duda consecuencias gravosas.

Los que peinamos canas (o ni eso como es mi caso) mantenemos un volumen de relaciones más estable y donde la necesidad de contactos más variados y extensos no suele ser tan prioritaria. Tenemos nuestro núcleo familiar y de amistades y la creación o exploración de nuevos lazos no es tan frecuente como en etapas anteriores de la vida.

No olvidemos sin embargo que entre los mayores existe también la pandemia de la soledad, agravada más todavía en las circunstancias actuales.

¿Y qué pasa en el caso de la juventud? Es el momento de “conocer gente” en entornos variados y abiertos, de ampliar los “vínculos débiles“, que abrirán las puertas a encontrar trabajo, descubrir nuevos entornos sociales o simplemente ligar. ¿Qué tal se hace eso sin salirse de Zoom o WhatsApp? Pero, eso sí, Mediaset nos suministra en “La isla de las tentaciones” u otros i-rrealities del estilo, una imagen en duro contraste con lo que permiten las medidas anti-coronavirus.

Según el Barómetro del CIS de enero de 2021 (p9), el 67% de los mayores de 55 años declaran que la pandemia les está afectando mucho o bastante en su vida social y de relaciones. Pero ese porcentaje se dispara incluso a casi el 80% entre la población de 18 a 54 años.

Invertir en relaciones sociales

Vaya por delante que desapruebo rotundamente la celebración de juergas semi-clandestinas, saltándose todas las medidas anti-contagios de las que los medios de comunicación se encargan de tenernos puntualmente “informados”.

Pero no, no basta con Zoom o video-conferencias similares. Nuestras relaciones sociales están sufriendo un deterioro que puede ser irreparable en sectores como la juventud. Es necesario cuidarlas, igual que se intenta proteger la salud o la economía.

El próximo post dentro de dos martes, el 16 febrero 2021

¿Denunciar o construir?

Día tras día, sean cuales sean nuestros puntos de vista políticos o sociales, vemos situaciones y comportamientos que no nos gustan y deberían corregirse. La reacción consiguiente es la denuncia de esas situaciones como primer paso para que algo cambie.

Pero ¿qué hacer cuando el volumen de casos es ingente?

​”Equipo de investigación” en TV: de la denuncia a la parodia

Desde hace diez años se emite en televisión el programa Equipo de investigación, que ha convertido la denuncia en un espectáculo de puro entretenimiento. A lo largo de 366 programas, con el inefable tonillo de voz de su presentadora, nos han presentado un catálogo de casos a veces esperpénticos que se han convertido en carne de parodia, como puede verse aquí, aquí, aquí, aquí, aquí o aquí por recoger sólo algunos casos.

¿Cuál es el resultado? la banalización de la denuncia, el hartazgo de la audiencia (el programa ha pasado del 12% de cuota de pantalla al 5,2%) y la degradación del acto de denunciar.

​Necesidad de denunciar

Y sin embargo no se pueden dejar impunes situaciones que entendemos injustas, que degradan a las personas, que atropellan derechos o generan desigualdades. De hecho las denuncias hechas con seriedad siguen saltando a los medios de comunicación. Recibimos diariamente pronunciamientos, proclamas, llamamientos, apelaciones, cartas abiertas, etc. en los medios tradicionales y en especial en las redes sociales.

Pero, ¿qué efectos nos producen? Un gran número de veces son denuncias en una dirección política determinada, que vienen a reforzar nuestras propias convicciones y perpetúan la crispación social y política en la que vivimos.

En otros casos nos abren los ojos a nuevas situaciones, pero el aluvión de casos pueden producir el efecto contrario: la “fatiga denunciatoria“, al igual que ocurre con la fatiga de la compasión, o embotamiento que nos acaba insensibilizando ante tanta injusticia.

​¿Por qué se produce?

En primer lugar existe un exceso de “didactismo“, es decir suponemos una conciencia adormilada de la gente que tenemos que despertar, pero sin habernos parado a preguntarles por sus opiniones o vivencias. Nos erigimos en emisores de “mensajes reveladores” pero en una sola dirección: desde nosotros hacia los demás, sin información de vuelta.

Por otro lado, el hecho de multiplicar acciones individuales de denuncia provocan una resultante global contraria, en una dinámica que va de los “micro-motivos” en una dirección, a los “macro-resultados” en dirección contraria. Un triste ejemplo de este fenómeno se produce cuando salta la alarma en un local cerrado atestado de gente: las acciones individuales para salvarse corriendo hacia la salida de emergencia lo que provocan muchas veces es la muerte por aplastamiento.

En publicidad se habla tradicionalmente de la estrategia AIDA: Atención, Interés, Deseo y Acción. Parece que la práctica denunciatoria actual no pasa de la primera fase -la Atención- que además es un bien escaso en nuestro mundo actual que está saturado de canales de comunicación.

Un fenómeno muy extendido en la actualidad es el de “El día internacional de…“. Pues bien contamos con 643 Días Internacionales y Mundiales, bastante más que días del año (curiosamente la fecha de hoy -19 de enero- está todavía vacante). Si a eso añadimos que el año 2021 es Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible, el Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil, el Año Internacional de la Paz y la Confianza, y el Año Internacional de las Frutas y Verduras, nuestra capacidad de atención corre el riesgo de quedar completamente bloqueada.

En fin, a falta de otro recorrido muchas denuncias se convierten en denuncias ante los tribunales. Sin menospreciar su relevancia cuando es procedente, corremos el peligro de judicializar la acción social o política cuando es ésta la única alternativa puesta en juego.

​Una alternativa: construir

Para ir más allá de la saturación denunciatoria es necesario poner en marcha otro tipo de mecanismos. Se trata en primer lugar de contar con la gente a la que nos dirigimos. ¿Sabemos de su situación, sus opiniones y sus deseos? ¿Existen canales para que participen en esa acción? ¿Qué pasa cuando lo que expresan no coincide con lo que nosotros creemos que hay que hacer? ¿Aceptamos que no somos los únicos depositarios de la verdad?

Sólo creando conexiones entre las personas, construyendo relaciones, fomentando asociaciones, se contará con bases sólidas para avanzar y pasar de las denuncias en el aire al impulso del cambio. ¿Sencillo? Nadie dijo que lo fuera. ¿Rápido? Tampoco. ¿Imprescindible? Sí.

Pero hay que ir más allá. No basta contar solamente “con los nuestros“. Si tenemos en cuenta también a “los otros“, es decir otros colectivos diferentes, de otros sectores de población, con otras formas de ver las cosas -muchas veces complementarias-, crearemos bases realmente sólidas y además reduciremos la polarización y crispación social.

El próximo post dentro de dos martes, el 2 febrero 2021

¿Qué propósitos para el Nuevo Año?

Uno de los clásicos hitos de las Navidades es el momento de formular nuestros propósitos para el Nuevo Año.

Sorprende esta vez que en los medios de [des]información y memes de WhatsApp apenas encontremos consejos u orientaciones para hacer nuestra lista. En su lugar hay una riada de lúgubres pronósticos para 2021 o expresiones de haber salido exhaustos y derrengados de 2020… ¡y gracias! Todo esto son invitaciones al pesimismo y la inactividad tanto en nuestras vidas como en nuestra sociedad: ¿para qué proponernos adelgazar los consabidos 10 kilos si no podemos ni ir al gimnasio?

Aprovechando este vacío, quiero proponer una forma distinta de formular (y llevar a la práctica) los propósitos de Nuevo Año, que esté en consonancia con el título de este blog: Es la hora de Remontar Construyendo.

Otro tipo de propósitos para el Nuevo Año y errores a evitar

1. Un error común consiste, paradójicamente, en fijarse metas a alcanzar. Me explico. Solemos decirnos “De este año no pasa que aprenda definitivamente inglés” o “Voy a quitarme los diez kilos que me sobran” o “Ahorraré el dinero necesario para cambiar de coche“, etc.

La psicología cognitiva nos enseña además que un sesgo común en nuestra toma de decisiones es el sesgo optimista, es decir la tendencia sistemática a ser demasiado optimistas sobre los beneficios que reportará cualquier acción planeada. De este modo fijamos unos propósitos de Nuevo Año con los que nos vamos a comer el mundo, para al poco tiempo constatar que nos hemos atragantado al primer bocado.

Así nuestro exceso de optimismo nos aboca a jugarnos a cara o cruz el alcanzar esas metas, cuando lo más habitual es que la moneda caiga en cruz.

Por eso el propósito a plantearnos debe ser practicar una tarea para un fin, en vez de fijar una meta. Por ejemplo, no se trata de dominar el inglés sino de comenzar a practicarlo con algo o alguien: ver canales de TV o películas en inglés, webs de intercambio de idiomas con extranjeros, etc. Tampoco se trata de adelgazar X kilos sino de introducir en la vida cotidiana pequeños cambios acumulativos de alimentación, de ejercicio físico, etc.

Es decir los propósitos del Nuevo Año no son fijar objetivos que alcanzaremos o no, sino crear nuevas prácticas que incorporamos a nuestra vida.

2. Nuestros propósitos más eficaces y positivos son los que consisten en crear algo con los demás y para los demás. Desde acordar con un grupo de amigos o conocidos jugar todas las semanas al pádel hasta llegar allí donde nuestros deseos nos lleven. Este tipo de prácticas tiene además ventajas evidentes: el apoyo mutuo nos estimula y enriquece; creamos conexiones entre personas; hacemos algo también por los demás; etc. Asociarse es siempre avanzar.

3. Llevamos los últimos meses -o quizá más- siguiendo instrucciones de otros y contemplando pasivamente peleas de gallos entre políticos y responsables de la cosa pública. ¿Podemos para el Nuevo Año proponernos empezar a hacer algo partiendo de nosotros mismos y de nuestro entorno más cercano? ¿Nos queda todavía ese espacio de iniciativa y creatividad para construir nuevos hábitos, nuevas relaciones, nuevos contenidos, aunque no sepamos de antemano adónde nos van a acabar llevando?

Por último un error habitual es fijarse una fecha (para más adelante) en la que empezar: “Del lunes no pasa que…“, o “El mes que viene empiezo…” o “En cuanto pasen las Navidades…“, etc.

¿Y cómo hacer?

[Cojo prestadas de Seth Godin algunas pistas]

EMPEZAR: “Hoy en día no empezar es muchísimo peor que equivocarse. Si empiezas, tienes la oportunidad de evolucionar y corregir para convertir tu equivocación en un acierto. Si no empiezas nada, nunca tendrás esa oportunidad

YA: “El mejor momento era el año pasado. El segundo mejor momento es ahora

CON DECISIÓN: “La cuestión no es si es posible hacerlo. Hoy la pregunta clave es: ¿te decidirás a hacerlo?

CON VALENTÍA: “Si te asusta, podría ser bueno intentarlo

CON INICIATIVA: “Es imposible tener una moneda de una sola cara. No puedes tener cara sin tener cruz. La innovación es así, la iniciativa y el arte también. No puedes tener éxito si no estás preparado para el fracaso

SIN INTERMEDIARIOS: “Imagina un mundo sin intermediarios, sin editores, sin jefes, sin responsables de recursos humanos, sin nadie que te diga lo que no puedes hacer. Si vivieras en ese mundo, ¿Qué harías? Hazlo

CON LO QUE TENEMOS A MANO: “No pierdas el tiempo buscando un lápiz mejor: aprende a escribir mejor

SIN MIEDO AL ESFUERZO: “El reto está en centrarse en el trabajo, no en el miedo que te causa hacerlo

SIN MIEDO AL RESULTADO: “El coste de equivocarse es menor que el coste de no hacer nada

El próximo post dentro de dos martes, el 19 enero 2021.

Por error hace unos días se “publicó” una versión antigua y no válida de este post. Mis disculpas.

Advenimiento de la vacuna

El inicio de la distribución de las primeras vacunas contra el coronavirus coincide con otro advenimiento, dentro de la religión cristiana, el tiempo de la Navidad.

Adviento: la espera activa

En el ciclo litúrgico cristiano la Navidad viene antecedida por cuatro semanas de preparación activa, el Adviento. No se trata de esperar pasivamente a que alguien venga a sacarnos de nuestro marasmo y ruina, sino que nos hace también sujetos activos necesarios preparándonos para lo que viene (al menos en la interpretación católica).

“El que espera desespera”

Este refrán, según el Centro Virtual Cervantes, “alude al sufrimiento que padece quien vive en una esperanza incierta de conseguir lo que desea”. La peor situación se da cuando a la falta de certeza que se produzca el acontecimiento añadimos además una espera pasiva. El Adviento vimos que invitaba a una espera activa, que además tiene fecha fija.

¿Qué pasa si no se sabe cuándo acabará la espera? Peor aún es si nos dan una fecha, pero varios días después nos anuncian otra posterior o se desdicen de lo anunciado. ¿No sería una tortura que el 23 de diciembre nos dijeran que la Navidad “está a punto de llegar, pero se retrasará unos días“, “que nunca dijimos que fuera a ser el 25” o que “sin duda llegará a lo largo del primer semestre de 2021, al menos para la mayoría de la población“?

Todo esto recuerda a la obra de teatro de Samuel BeckettEsperando a Godot“: varios personajes consumidos de inanición esperan en los dos actos de la obra a que llegue un tal Godot, aunque no nos dicen ni quién es, ni por qué ni para qué. En ambos actos un niño llega con un mismo mensaje de Godot: “aparentemente, no vendrá hoy, pero vendrá mañana por la tarde“. Y así la obra podría continuar actos y actos… Lo llamaron teatro del absurdo, aunque no parece tan lejano al momento actual.

​Qué significa en nuestro caso esperar ACTIVAMENTE

En primer lugar se trata de reclamar transparencia informativa -aunque suene a broma- de los organismos y personas responsables de los recursos públicos: qué vacuna o vacunas se van a administrar; cuál es la operativa (número de dosis necesarias, tiempo de demora en sus efectos); grado de protección y porcentajes positivos esperados; efectos secundarios y colectivos incompatibles; ¿protege de todo tipo de mutaciones del virus?; ¿los vacunados pueden todavía contagiar?; etc. Nuevamente la falta de información fiable, sustituida por declaraciones realizadas al vuelo o uso de Twitter alimentan la desconfianza.

Pero si algo positivo puede quedarnos de esta pandemia es que estamos aprendiendo, nos guste o no, que nuestra supervivencia y la de los que nos rodean depende más que nunca de nosotros mismos. La cascada de “delegaciones” (gobierno central > gobiernos autonómicos > ayuntamientos > centros de atención primaria > nosotros) a la hora de poner en marcha medidas antivirus deja en nuestras manos el kit de supervivencia.

Desde luego es algo a lo que no estamos muy acostumbrados. Cuando nos encontramos con un problema existe el impulso inicial de apelar a las instancias de la nación, cuanto más altas mejor. En la tradición norteamericana, por ejemplo, la tendencia es la contraria. Primero intento resolver el problema yo mismo, después con mis allegados, después con mi comunidad local, mi condado, mi estado, hasta llegar en caso extremo al gobierno federal. Este enfoque, no exento de inconvenientes, tiene sin embargo una gran ventaja: nos hace protagonistas activos en un movimiento de abajo arriba.

​Siente un vacunado a su mesa

En fechas navideñas, es un tema recurrente las campañas solidarias con los pobres y desfavorecidos. Por eso resulta escandaloso que, según la Universidad de Duke, Unicef y Airfinity, la Unión Europea haya reservado dosis para poder vacunar dos veces a su población, Gran Bretaña y EE.UU. cuatro veces a las suyas y Canadá hasta seis veces (The New York Times, 16 diciembre 2020).

En el otro extremo los países con rentas medias y bajas a penas llegarán a vacunar a un máximo del 40% de su población a finales de 2021, según expertos de la Johns Hopkins, eso sin hablar de los problemas de organización y logística.

No puedo dejar de evocar la obra maestra del cine español, la película Plácido, de Luis García Barlanga y Luis Azcona: un grupo de “bien-pensantes” de la España de la época organizan la campaña navideña “Siente un pobre a su mesa“, para hacer “obras de caridad”. Pero el protagonista, Plácido, intenta sin éxito que alguien le ayude a pagar el primer plazo de su motocarro, su único medio de vida, que finalmente le confiscan a pesar del uso abusivo que los “bien-pensantes” hacen de él en la cabalgata navideña.

La película está más de actualidad que nunca en este mundo globalizado.

El próximo post dentro de dos martes, el 5 enero 2021.

Navidad sin Navidades: ¿qué nos queda?

Ya estamos avisados de lo que NO podemos hacer estas Navidades (omito la lista para no comerme todo el espacio de este post). En el “frente” comercial ya hemos ido transitando por algunas fechas importadas de Estados Unidos como el Black Friday, el Small Business Saturday, el Cyber Monday y el Giving Tuesday; todo ello con mayor pena que gloria, sobre todo cuando la OCU nos previene que las supuestas rebajas en realidad están bastante amañadas.

Por otra parte continuamos con la persistente lluvia de promesas, ahora centradas en la vacunas para el Covid-19. El resultado es un aumento de desconfianza entre la población española. Así según el Barómetro del CIS correspondiente al mes de noviembre (pregunta 6) sólo el 37% de la población estaría dispuesta a vacunarse inmediatamente cuando se tenga la vacuna, frente a un 47% que se niega a hacerlo y un 16% que albergan dudas.

En otra encuesta también del CIS en el mismo mes de noviembre sobre los Efectos y consecuencias del coronavirus (II), las respuestas obtenidas son más claras (pregunta 8): sólo el 32,5% estaría dispuesto a vacunarse inmediatamente, frente al 55,2% que preferiría esperar a conocer los efectos o el 8,4% que no estaría dispuesto a vacunarse en ningún caso.

No obstante, quizá no haya que ser tan pesimistas. Este tipo de opiniones suele evolucionar hacia una mayor aceptación a medida que las campañas de vacunación se despliegan y se va despejando la nube de la desinformación.

¡Felices sombrías fiestas!

Pero más cerca en el tiempo se acerca una Navidad sin grandes reuniones familiares, sin pasar unos días en la segunda residencia o en la costa, sin fiestorros en Fin de Año, sin…, sin… Ya que este verano no ha sido lo que esperábamos, teníamos la vaga esperanza de una Navidades como las de toda la vida.

El gran problema es que llueve sobre mojado. Arrastramos una temporada en la que al coste en vidas y económico se añade un impacto psicológico y relacional que puede dejar una dolorosa y profunda huella.

Según la encuesta del CIS antes citada sobre los Efectos y consecuencias del coronavirus (II), un 42% de las personas entrevistadas declaran que la crisis del coronavirus ha afectado a su familia en sus relaciones y formas de vivir, y un 34% en aspectos emocionales (pregunta 2aMT).

El impacto a nivel más personal está siendo también devastador (pregunta 4): el 62% de los entrevistados se sienten más ansiosos; el 48% más irritables; el 64% más agobiados; el 74% más intranquilos; el 49% más asustados; el 28% con más insomnio o dificultades para dormir; el 49% más temerosos o con miedo; el 58% más desilusionados; o el 38% más apáticos. Sin embargo sólo el 27% declara que su salud [física] ha empeorado (pregunta 6).

¿Y los jóvenes?

Según esta misma encuesta el 63% piensa que los sectores de población más afectados son los mayores o las personas de edad intermedia. Menos de un 8% cree que los más afectados son los jóvenes (pregunta 3). Es más, un 62% cree que son los jóvenes los más indisciplinados con las normas de protección del coronavirus (pregunta 21).

Siento discrepar de la opinión mayoritaria.

Aunque los medios de comunicación son muy dados a airear las fiestas clandestinas en las que no se respeta ninguna de las pautas anti-Covid-19, en su inmensa mayoría no están protagonizadas por jóvenes sino más bien por individuos en edad madura. Los pocos datos estadísticos fiables sobre situaciones en las que ha habido contagios colectivos se refieren en su mayoría a acontecimientos familiares de diverso tipo y no reuniones de jóvenes.

Añadamos a ello el desmoronamiento de las oportunidades de trabajo para los jóvenes, las disfunciones en la vida académica y la reducción o desaparición de los entornos habituales de socialización para los jóvenes, y comprobaremos el altísimo impacto que la pandemia está ejerciendo sobre este colectivo.

No es de extrañar que los jóvenes entre 18 y 24 años se sientan tanto o más ansiosos, irritables, agobiados, intranquilos, asustados, temerosos, desilusionados o apáticos que el resto de la población, como refleja la encuesta comentada. Incluso declaran que su salud [física] ha empeorado en el 32% de los casos, frente al 27,5% del conjunto de la población.

Diversos estudios internacionales [las referencias están a disposición de quien lo desee] apuntan en la misma dirección.

Entonces, ¿qué nos queda?

Pues nos queda todo lo que había quedado sepultado bajo la avalancha comercial, mediática y de apariencias que parece que nos exigía mostrarnos “felices y con buenos sentimientos” por ser LAS NAVIDADES. Parecerá un tópico, pero no lo es. Porque además no es sencillo, entre otras cosas porque no estamos acostumbrados a ello. ¿Y qué es eso que había quedado debajo? La respuesta, en manos de cada uno.

El próximo post dentro de dos martes, el 22 diciembre 2020

¿Vacunados…? de espanto

Si algo está meridianamente probado es la dificultad por conocer el origen, comportamiento, difusión y efectos del coronavirus. Los artículos que van apareciendo en revistas de reconocido prestigio científico nos van dando piezas sueltas -no siempre contrastadas- de un puzzle inmenso del que tardaremos años en obtener una fotografía (provisional) de conjunto. Las leyes del avance científico son machaconas a este respecto, a pesar de todos los Tweets del mundo.

Disparando a ciegas

No nos distinguimos en España por contar con un análisis fiable de lo que son las políticas públicas. La opacidad de las administraciones a todos los niveles, la facilidad para decir hoy una cosa y mañana la contraria por parte de quienes están al frente de las mismas, el anuncio de planes a bombo y platillo que no sabemos en qué quedan, etc., obligan a ser desconfiados sobre la eficacia de las medidas tomadas contra la pandemia.

No existe ninguna prueba seria sobre la relación entre las medidas de confinamiento perimetral y toques de queda y la evolución de las cifras de contagiados, hospitalizados o fallecidos en cada área donde se han decretado: NINGUNA. Lo que sí ocurre es que cuando sube el número de contagios se decretan medidas, sólo de prohibir que no de actuar proactivamente, y más pronto o más tarde las cifras bajarán. ¿Hay una relación causa-efecto? Si el tema no fuera tan serio, habría que reírse.

No existe el menor rigor a la hora de comparar los resultados de unas áreas con otras. Los efectos son erráticos y pueden llegar incluso a ser contraproducentes.

Podemos tomar como el ejemplo el caso de los confinamientos perimetrales en la Comunidad de Madrid durante los “puentes” de noviembre, que provocaron un aumento de los contagios en los municipios de su zona norte, debido a la afluencia de visitantes de la capital. Otro efecto no esperado es el pico de viandantes a las 6 de la mañana en el centro de Madrid, que es la hora a la que muchos deben esperar para volver a casa, en vez de a las 2 ó 3 habitual los fines de semana. Mientras tanto ha habido que “confinarse” en casa de un amigo debido al toque de queda. ¿Más seguridad?

De las dudas científicas a la desinformación oficial

La última oleada desinformativa gira en torno al advenimiento “ya mismo” de un supuesto diluvio de vacunas anti Covid-19.

“Cada vez que Donald Trump, Vladimir Putin o Pedro Sánchez anuncian la inminencia de una vacuna salgo corriendo a la farmacia a comprar mascarillas y después encerrarme en casa”

Las primeras reacciones entre la opinión pública son más bien de recelo, como prueban los sondeos de opinión realizados en España y otros países de nuestro entorno.

¿Es que somos anti-vacunas? De hecho España es uno de los países donde se tiene una mayor confianza en los progresos y avances científicos y el movimiento anti-vacunas es casi inexistente.

No entraré aquí en repetir lo que los foros de la comunidad científica reflejan en torno a lo que hasta ahora se sabe de cada una de la vacunas. Pero lo que sí echa a uno para atrás es precisamente ese ruido mediático que sólo favorece a la cotización de las acciones de las multinacionales farmacéuticas: entre los anuncios -que no informes científicos- de los aspirantes a su fabricación, los medios de comunicación preparados para otro tsunami de junk news y los responsables políticos promotores (y a la vez supuestos vigilantes) de la desinformación, no es de extrañar que un número creciente de personas candidatas a recibir la vacuna prefiera “esperar y ver”. Con la información actual, creo que es la postura más coherente.

Pero es que además las promesas televisadas de un futuro de rosas casi a la vuelta de la esquina socavan el esfuerzo necesario HOY de mantener comportamientos adecuados anti-pandemia y que no arrasen a la vez con el tejido económico.

El kit personal que sí funciona

Mientras tanto es necesario mantener nuestro programa preventivo para nosotros mismos y nuestro entorno.

  1. Como el principal medio de transmisión del coronavirus son los aerosoles (partículas microscópicas que permanecen en el aire durante horas), lo primero es frecuentar ambientes con aire renovado con frecuencia, bien porque nosotros los ventilamos o porque lo hacen otros. Ejemplo: autobuses y metro están bastante más ventilados que los supermercados. Por la misma razón, huir de las aglomeraciones.
  2. Las mascarillas siguen siendo imprescindibles, utilizadas correctamente.
  3. Lavarnos BIEN las manos: es muy difícil controlar cuándo nos tocamos ojos, nariz o boca.

No hay herramienta única o perfecta, pero el uso combinado de las anteriores reduce significativamente el riesgo de contagio.

P.S.:

He omitido los enlaces, citas y bibliografía que apoyan lo escrito con el fin de no sobrecargar el texto, aunque están a disposición de quien lo desee.

El próximo post dentro de dos martes, el 8 diciembre 2020

¿Son adecuadas las medidas contra la Covid-19?

Incompletas

Asistimos a una escalada en las medidas para combatir la segunda ola de Covid-19. En el mejor de los casos son medidas muy incompletas. Es como si construyéramos un taburete con dos patas o incluso con una sola. El batacazo está garantizado. Repasemos.

Aerosoles

La comunidad científica (no cargaré esto de citas, aunque están a disposición de quien las solicite) ha demostrado hasta la saciedad que un elemento clave de la transmisión del virus son los aerosoles, partículas microscópicas que transportan el virus y perduran flotando durante horas en el aire que podemos respirar.

Mascarillas

Por eso es clave el uso correcto de mascarillas, pero todavía estamos esperando indicaciones claras, uniformes y oficiales sobre sus tipos, protección que brindan, uso y reciclaje. El Ministerio de Consumo prometió hace un mes poner un poco de orden en la comercialización de mascarillas. Pero van un poco atrasados…

Aire limpio

Otra pieza clave complementaria es la renovación del aire en todo tipo de locales, no sólo las aulas de los colegios. Confieso que he adquirido un pequeño aparato que mide entre otras cosas las partes por millón (ppm) de CO2 en el aire, que es un indicador bastante aproximado de la calidad del mismo. Todavía no he encontrado ningún supermercado o local de aforos permitidos que presente cifras mínimamente “decorosas” de la calidad de su aire. Quizá muevan el aire, pero desde luego no se renueva, lo que indica con claridad que los aerosoles pululan a sus anchas, con su carga probable de virus.

En realidad donde estaríamos más seguros es al aire libre. pero la recomendación (o futura obligación) es precisamente la contraria: quedarse en casa o salir sólo para ir y volver de algún supermercado o local similar con esas “purezas” de aire.

Entonces, ¿por qué los gobiernos tienen solo una medida “estrella”, el confinamiento?

Aunque no existe prueba ninguna que el confinamiento per se frene la pandemia, lo que se hace es matar moscas a cañonazos. Lo más probable es que tenga una reducida eficacia si se trata una medida aislada: sin mejoras en los datos epidemiológicos, sin trazadores de los contagios o sin reforzamiento de los servicios sanitarios. Se nos queda el taburete con una sola pata.

Pero es la medida más cómoda. En vez de poner en marcha de forma proactiva recursos coordinados, lo más fácil es prohibir a la población hacer cosas. En España tenemos costumbre de pseudo-combatir los problemas a base de “aumentar las penas” incluidas en la legislación en vez de poner medios para su cumplimiento.

Además está el argumento infalible: lo hacen todos los gobiernos de países comparables. Ya sabemos que los gobiernos sólo reaccionan cuando tienen un problema en las manos que se convierte en político al ser susceptible de crítica por parte de la oposición, de los medios de comunicación o de la opinión pública. Pero, ¿quién se atreve a meterse a la vez con Pedro Sánchez, Angel Merkel, Emmanuel Macron, Boris Johnson, etc?

Contraproducentes

No hace falta ser un experto en ciencias sociales y del comportamiento para saber que las sociedades son sistemas cuyas partes están conectadas entre sí. Cuando se modifica un elemento, otros se recolocarán de forma muchas veces no prevista. Por ejemplo: si se decreta un confinamiento perimetral, las interacciones dentro de ese perímetro es probable que se hagan más intensas. Si las formas de ocio no se canalizan de forma adecuada sino simplemente se prohíben, las reacciones pueden ser sorpresivas. Si se vislumbra la amenaza de un confinamiento domiciliario, se disparará la adquisición de productos “de primera necesidad”. Si no existe una comunicación clara proveniente de una autoridad en la que se confíe, las redes sociales y otros medios de comunicación se llena de noticias falsas. Si no puedo salir al campo con los niños me los llevo al centro comercial. Etc.

Practicar una escalada de confinamientos cada vez más exigentes sin tener en cuenta los efectos colaterales es actuar de forma inconsciente e incluso temeraria.

Agotamiento y falsa seguridad

Medidas tan restrictivas y prolongadas, y sin compensaciones en el terreno del ocio y de los comportamientos de relación con los demás, colman nuestra capacidad colectiva de resistencia (lejos quedaron los aplausos de las 8 de la tarde). Cargar las tintas en las medidas de confinamiento como la única estrategia de facto provoca el estricto cumplimiento en esa faceta y la relajación en las demás: cumplo con lo que me obligan y del resto ya veré.

¿Y la economía?

Esos cañonazos no sólo matan moscas, sino también una economía como la nuestra en la que los servicios ocupan una importancia esencial, y en donde autónomos y pequeñas empresas cargan con la mayor parte de la generación de empleo.

Esta vez no hablaré de las alternativas.

El próximo post dentro de dos martes, el 24 noviembre 2020

Sociedad con Covid-19 (V): la bolsa o la vida

La elección

En plena pandemia se nos obliga a elegir entre hundir sectores económicos enteros o condenarnos a un contagio masivo y en buena parte letal por Covid-19.

Esta disyuntiva me recuerda la película, y novela, La decisión de Sophie: en pleno holocausto judío un oficial nazi obliga a una madre polaca a “elegir” a cual de sus dos hijos enviar a la muerte para evitar que maten a los dos. Con una magistral interpretación de Meryl Streep, la escena cumbre de la película puede verse aquí. Lo grave no es solamente que uno de los hijos perezca sino que Sophie queda marcada para siempre por una culpa moralmente imposible pero real.

Más recientemente hemos sido sometidos a otra elección tramposa cuando en la crisis de 2008 se nos planteó “elegir” entre austeridad o colapso económico. Pero lo que en realidad tuvimos fue austeridad MÁS colapso económico.

Salud o economía

¿De verdad tenemos que “elegir” entre salvar la economía o salvar nuestras vidas? Los datos disponibles sobre la experiencia en distintos países nos dicen que no son opciones alternativas, sino que -como el caso español muestra hasta ahora- se puede perder a la vez la batalla en la sanidad y en la economía.

Existe un abanico de actuaciones en positivo que pueden llevarse a cabo para luchar en ambos frentes y que hasta el momento han brillado por su ausencia. Pero empecemos antes por lo que que es necesario erradicar.

Torpezas a evitar

Hay quien todavía cree que “lanzar mensajes de optimismo” es una buena política, algo que recuerda la famosa frase de Zapatero en 2008: “No hay riesgo de crisis económica”.

La segunda torpeza es gastar las ayudas económicas de forma indiscriminada, sin planes estructurales para combatir la temporalidad y el desempleo, como ha señalado recientemente la AIRef.

La desinformación mata; también al consumo

La tercera torpeza es la negligencia en emitir información oficial, veraz y contrastada sobre la evolución de la pandemia y los instrumentos para combatirla. Dejar que este terreno sea ocupado por mensajes en Twitter, tertulianos de televisión o la polución desinformativa de los medios de comunicación y las redes sociales es crear incertidumbre, miedo, ansiedad y desconfianza.

En el terreno sanitario se producen comportamientos equivocados: mal uso de las mascarillas (¿sabemos ya lo que dura cada tipo de mascarillas?), o no respeto de las normas de interacción social, movilidad, protección personal y grupal, etc.

En el terreno económico el primer efecto del desconcierto es el frenazo brusco del consumo de los hogares. Como ya sucedió en 2008 la primera reacción es “ahorrar para lo que pueda venir”. El riesgo al despido en un empleo fijo, tener un trabajo temporal, ser autónomo o depender de un subsidio son situaciones que empujan a reducir el consumo en todos los capítulos posibles.

Recuperación económica: en V, en L o en K

Mucho se está hablando sobre la potencial recuperación económica post-Covid. Los economistas plantean varios modelos, simbolizados por letras. No incluyo la U o la W para no liarlo más.

La recuperación en V -la más optimista- contempla un rebote casi instantáneo, para volver a la situación de partida, a la “nueva normalidad”. Esta visión no sólo es incierta, en particular para el caso español, sino que fomenta el quietismo (las cosas volverán a su cauce por sí mismas) y la ansiedad porque el rebote no acaba de llegar.

La recuperación en L pronostica unos duros años económicos por delante, arrastrándonos por el suelo de la crisis económica durante no se sabe cuánto tiempo.

La recuperación en K prevé que habrá ganadores -trazo de la K hacia arriba- y perdedores pues esta crisis dará un nuevo vuelco a sectores enteros de la economía. ¿De qué depende situarse en el trazo ascendente o descendente de la K?

La pasividad mata la economía

Dependerá de la puesta en marcha de políticas activas y coordinadas, basadas en acuerdos políticos y sociales. No nos engañemos: estamos ante una crisis económica igual o más grave que la de 2008. Y para que tras aquella estocada la actual no sea la puntilla el esfuerzo de concertación social y política debe ser sustancial.

La concertación debería tener dos ejes. El primero se basa en el apoyo decidido tanto a los sectores que pueden liderar la recuperación como a los que exigirán una restructuración importante (digitalización, reasignación de recursos a actividades más productivas, etc.). Ello debería ir acompañado de una acción gubernamental que modernice la creación de nuevas empresas, el acceso al crédito de las Pymes y autónomos, etc.

El segundo eje debería dirigirse a dotar de cobertura asistencial a los sectores de población que más están sufriendo el impacto: recualificación laboral, subsidios en tiempo y forma…

¿Estaremos a la altura de la tarea?

El próximo post dentro de dos martes, el 10 noviembre 2020