Tecno-populismo: todo para el pueblo pero sin el pueblo

Las ideas difundidas por la Ilustración del siglo XVIII (perdón por remontarme a un siglo que parece va a desaparecer de la asignatura de historia de nuestro bachillerato, para pasmo de la Real Academia de la Historia), que atacaban los planteamientos del Antiguo Régimen, fueron asumidas por un grupo de monarcas impulsores del enriquecimiento cultural de sus países, que adoptaron un discurso paternalista desde entonces llamado Despotismo Ilustrado.

Déspotas (más o menos) ilustrados

Carlos III de España, Catalina II de Rusia, Gustavo III de Suecia, José I de Portugal, María Teresa I de Austria y su hijos José II de Austria y Leopoldo II de Austria, Federico II de Prusia y Luis XVI de Francia, fueron algunas de las figuras más conocidas. Se apostaba por un cambio pacífico orientado desde arriba para educar a las masas no ilustradas. Los problemas del Estado absolutista requerían de la colaboración de personas cualificadas y con nuevas ideas, dispuestos a reformar e impulsar el desarrollo político y económico de las naciones, para así lograr una mayor eficiencia del Estado, en beneficio de este y de los súbditos. En definitiva: todo para el pueblo, pero sin el pueblo.

Federico II de Prusia: el Grande

Ecos de este absolutismo paternalista vuelven a resonar en la Rusia contemporánea de Vladimir Putin. Pero en nuestro propio país la tentación del despotismo ilustrado parece recibir un nuevo impulso en lo que se ha bautizado como tecno-populismo.

Todo para el pueblo…

La palabrería populista, sensacionalista y sensiblera es una constante en las declaraciones de las élites políticas servidas diariamente por los medios de “comunicación”. Contamos con dos tipos de “ofertas políticas”: la de los dos partidos mayoritarios, centradas en el “no los votes a ellos que es peor”; y las de los partidos minoritarios, orientadas al “ellos no te representan (nosotros sí)”.

En el primer caso parece que hay un juego del tipo fiestas del pueblo con vaquilla: que me embista a mí y así gano protagonismo. En el PSOE son expertos Adriana Lastra o el ministro Bolaños y en el PP Isabel Díaz Ayuso. Entre los partidos independentistas catalanes la lista sería interminable: desde Gabriel Rufián hasta Carles Puigdemont, pasando por decenas de meritorios. El papel que les queda a las “masas no ilustradas” es aplaudir o abuchear para ser llevadas a votar en consecuencia: “Panem et circenses” como ya dijo el poeta romano Juvenal.

…pero sin el pueblo

Pero una cosa es reclamar el apoyo electoral y otra cosa es intentar conocer los deseos y necesidades de la población y obrar en consecuencia. ¿Y cómo hacerlo?

Una aproximación burda pero al alcance de cualquier político es precisamente lo que la población ha votado en las elecciones. Porque no es de recibo que se aprueben leyes con los votos parlamentarios de quienes no representan sumados ni a la mitad del electorado.

Pero si se quiere “ilustrar a las masas” la vía es poner en marcha mecanismos de control de las cuentas públicas, de transparencia de lo que las Administraciones hacen en cada nivel, de rendición de cuentas de la legión de asesores de las élites políticas, de los gastos discrecionales, etc.

Como ejemplo reciente tenemos el Proyecto de «Ley de institucionalización de la evaluación de políticas públicas en la Administración General del Estado«, tramitado como suele ser ya habitual por el procedimiento de urgencia, y que una entidad tan poco dada a la exageración como es la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), lo califica de “decepcionante, poco ambicioso y confuso” en un reciente informe.

El tecno-populismo, versión moderna del despotismo ilustrado

El ejemplo más reciente lo tenemos en la cruzada emprendida por Yolanda Díaz y su movimiento Sumar, un “movimiento ciudadano que busca un nuevo contrato social”. Como buen movimiento populista su proyecto “no va de partidos ni de siglas, sino de escuchar a la sociedad”.

Hasta aquí nada nuevo. Lo llamativo es la forma de escuchar a la sociedad. Aunque no ha concretado en qué consiste ese contrato social, cabe suponer que una parte fundamental del mismo se referirá a la crisis climática. Por eso la primera “sesión de escucha” consistió en una reunión de hora y media con una selección de 34 jóvenes procedentes de distintas organizaciones climáticas, medioambientales o juveniles, y durante ese rato Yolanda Díaz apuntaba con cuaderno y bolígrafo lo que estaba escuchando de la sociedad, a algo menos de tres minutos por intervención. Sólo la prensa estaba invitada como testigo de lo sucedido, fotos incluidas.

Creo que nadie espera que eso sea realmente escuchar a la sociedad y supongo que el programa medio-ambiental de Yolanda Díaz irá más allá de lo que haya podido recoger en su cuaderno y tendrá que echar mano de algún equipo de tecno-ilustrados, déspotas o no. La historia, incluso la que ya no se va a estudiar en el bachillerato, se repite.

El próximo post, tras el paréntesis veraniego, el martes 6 septiembre 2022

Un panorama cada día más oscuro

El aluvión de problemas

La invasión de Ucrania, la nueva oleada de Covid, la amenaza de hambruna global en la mayor parte de los países menos desarrollados, la crisis energética y su impacto en el retroceso de la lucha por la defensa del entorno medio-ambiental, la inflación desbocada, la masacre de migrantes en la verja de Melilla, el caos veraniego en aeropuertos y aerolíneas, la precariedad endémica del empleo, el incremento de las desigualdades sociales y económicas…

Disculpen esta letanía de calamidades con la que ya nos aturden los medios de “comunicación” o nos “comentan” los tertulianos televisivos, repitiendo de plató en plató las consignas del partido que representan o los apuntes que les han pasado los guionistas del programa, para así “crear debate”. Lejos de mí la intención de calentarle la cabeza a nadie con ese carrusel de a cinco minutos por problema (ya se sabe que en televisión el tiempo manda), para después pasar a hablar de temas tan igualmente trascendentes como el culebrón de Rociíto en Mediaset o la compra de alpargatas de la Señora Biden.

Con este panorama a veces uno se siente como el guerrero agonizante del frontón del templo de Atenea Afaya, en Egina, cuya escultura se conserva en la Gliptoteca de Munich.

…y el chaparrón de “soluciones”

Pero parece que no deberíamos preocuparnos tanto: se amplía la OTAN; la nueva oleada de Covid presenta síntomas más leves; la gendarmería marroquí ya se ocupa de los migrantes sub-saharianos; el impacto de la invasión de Ucrania tendrá menos repercusiones en España que en otros países; la inflación es coyuntural; el retroceso en cuidar del medio-ambiente no es para tanto; si no podemos coger un avión nos iremos a la playa más cercana, eso sí durmiendo sobre la arena; aumentan los contratos laborales indefinidos; la economía española es la que más crece… Sobre el tema de Rociíto confieso que no sé que solución se nos propone.

Un sentimiento de impotencia

Y sin embargo la impresión general es que esto no marcha, que nos están tomando el pelo, que hay gato encerrado. Lo más grave es que nos sentimos impotentes ante la situación: si lo que nos transmite un partido o líder político no nos gusta nos identificamos todavía menos con lo que propone el contrario. Los dos partidos políticos tradicionales españoles parece que desarrollan políticas opuestas a los principios que ellos mismos proclaman, siempre en contra de los que dice el otro partido, mientras los “nuevos” partidos surgidos durante la última década se han ido haciendo el harakiri uno detras de otro.

La tentación del “a mí que me olviden” se hace más fuerte cada día.

También podemos esperar al líder carismático que por fin nos conduzca a la tierra prometida, pero ya sabemos lo que dan de sí este tipo de “soluciones finales”.

Manual para “no héroes”

No estamos llamados a ser héroes. El relato épico de buenos y malos que algunos añorarían no nos lleva a ninguna parte. Las vacías soflamas emotivas y las declaraciones para la galería deben dejar paso a la reflexión desapasionada, el esfuerzo para comprender la situación en la que se encuentran los otros, el análisis crítico de las propuestas de “los nuestros”, el ir más allá de nuestro aquí y ahora.

Se me dirá que eso es cosa de los políticos y los gobernantes y que uno no tiene madera de líder político ni de héroe nacional. Cierto. Pero sí podemos a nivel de cada uno intentar entender mejor, más allá de las pseudo noticias que nos sirven los medios de “comunicación”, lo que sucede a nuestro alrededor -un alrededor que abarca el conjunto del planeta-. Eligiendo una sola noticia al día o incluso a la semana podemos profundizar por nosotros mismos en los hechos en cuestión (en internet tenemos recursos y datos de sobra para hacerlo). El segundo paso es compartir con otras personas, de forma desapasionada, lo que creemos haber descubierto y someterlo al punto de vista del otro. Al principio pueden saltar chispas, pero lo importante de este ejercicio no es convencer a nuestro interlocutor sino cómo el contraste de opiniones nos va a obligar a revisar nuestra postura o simplemente refinarla y mejorarla. La tercera parte es intentar conjugar nuestros planteamientos con las grandes aspiraciones humanas de justicia, libertad, igualdad, concordia y respeto hacia todas las personas.

La revolución de las ideas precede a las revoluciones sociales

A estas alturas quizá más de un lector ha esbozado una sonrisa y está a punto de dejar de leer este escrito. Pero más allá de la explotación económica o del aplastamiento por las armas, la historia nos muestra una y otra vez que las ideas siguen siendo la palanca de los grandes cambios sociales. Esto sí que está más en nuestras manos y no tenemos por qué renunciar a ello.

El próximo post dentro de dos martes, el 19 julio 2022

¿De quién es lo público?

Vistos desde España, los norteamericanos tienen muchas cosas que no nos gustan, pero desde luego nos superan al menos en una cosa: cuando hablan de el gasto público siempre plantean la misma cuestión:

¿qué están haciendo con MIS impuestos?”

En España esta pregunta no se la he oído formular a nadie. Los presupuestos públicos parece que no son cosa nuestra. Pagamos impuestos como si nos robaran dinero, cuyo destino final es algo ajeno a nosotros. La única excepción es ese 0,7 por 100 de la cuota integral de nuestra declaración de la Renta dedicado “al sostenimiento económico de la Iglesia Católica” o a “las actividades previstas en el Real Decreto-Ley 7/2013”.

¿Y no podríamos intervenir en otros capítulos más sustanciales de los Presupuestos de las Administraciones Públicas? Parece que no, tal y como nos desengañaron hace tiempo que Hacienda NO éramos todos.

De ahí que por tanto lo único que nos importa es pagar pocos impuestos y no qué se hace con ellos.

En algunos ayuntamientos se han “ensayado” consultas a los vecinos sobre qué hacer con tal o cual partida del presupuesto, dedicándola a un tema u otro. Pero no nos engañemos, las partidas importantes, los grandes contratos de gestión urbana o servicios sociales se realizan a espaldas de la opinión de los vecinos, en ayuntamientos de un color político u otro.

¿Se roban (nuestros) los impuestos?

Como recuerda el magistrado Joaquim Bosch en su reciente libro La patria en la cartera. Pasado y presente de la corrupción en España, el fenómeno de la corrupción se centra no en los funcionarios públicos sino en los políticos y sus cargos de confianza y que «en España, a nivel penal, sale rentable ser un corrupto». Con este panorama parece difícil no caer en la tentación de meter mano a las arcas públicas. Habría que suponer que en una democracia como la nuestra -o como la que al menos creo que nos merecemos- existen mecanismos para neutralizar ese tipo de tentaciones. Son los famosos “pesos y contrapesos” de una democracia sana, que aportan controles a lo que hacen los gestores públicos.

Y lo que no se roba, ¿qué tal se gestiona?

El primer control sobre los gestores públicos debería venir del poder judicial. Pero si el nombramiento de los miembros de la cúpula judicial es resultado del chalaneo entre los grandes partidos, como señala Rafael Jiménez Asensio en su blog, el órgano controlador se convierte en controlado.

Entre los controles democráticos hay además otros dos de vital importancia: la transparencia y la rendición de cuentas.

A pesar de una Ley de Transparencia aprobada hace ya casi 10 años el gobierno actual, por ejemplo se ha resistido a publicar el sueldo de sus asesores nombrados a dedo, cuyo número de 740 bate el récord de cualquier otro gobierno anterior. Y -curiosidades- aunque se trata de un gobierno paritario los asesores varones duplican el número de asesoras mujeres.

La (no) rendición de cuentas

¿Qué nos ocurriría si un año nos saltamos hacer la declaración de Renta? ¿Y si no lo hacemos durante tres años? ¿Y si no lo hemos hecho en los últimos diez años? Pues o nos vamos a vivir a Abu Dabi o tendremos serios problemas con Hacienda y en general con la justicia.

No ocurre así con las Corporaciones Locales, obligadas a presentar al Tribunal de Cuantas los resultados de cada ejercicio anual: 567 ayuntamientos no han rendido ninguna de sus cuentas de los ejercicios 2018, 2019 y 2020 como informa la Fundación Civio. Al menos diez municipios no lo han hecho desde 2012: “Es el caso de Sacedón (Guadalajara), con Francisco Pérez Torrecilla como alcalde socialista en todo este periodo o Felix (Almería), dirigido por el popular Baldomero Martínez desde 2011 hasta 2019 y cuya alcaldía recuperó hace un año mediante una moción de censura” (idem, Fundación Civio).

Lo público, un chiringuito privado

Parece que lo público se convierte en el premio exclusivo del partido que ha conseguido el triunfo en las urnas para gobernar el ayuntamiento, la Comunidad Autónoma o el conjunto del país. Por eso hay quien propone que habría que reducir lo público a su mínima expresión.

En sentido opuesto algunos sectores de opinión defienden que todo lo público es bueno y cuanto más grande mejor, sin entrar a valorar quién ni cómo lo gestiona.

Pero lo cierto es que los defensores a ultranza de lo privado frente al sector público olvidan que, por ejemplo, grandes sectores económicos como el mundo internet o el sector farmacéutico se han desarrollado sobre los cimientos creados por el esfuerzo público en investigación y desarrollo, tal y como detalla Mariana Mazzucato en su libro El Estado emprendedor. Mitos del sector público frente al privado.

Reconquistar lo público

Queda demasiado por hacer y a veces parece tarea imposible, pero rendirse no es una opción.

El próximo post dentro de dos martes, el 5 julio 2022

Ícaro, Sísifo y nosotros

Espero no quedar muy pedante al echar mano de la mitología griega para abordar algunas encrucijadas de nuestro tiempo. Es una fuente inagotable de lecciones sobre el comportamiento humano y los callejones sin salida en los que muchas veces nos metemos.

Ícaro: no volar demasiado bajo… ni demasiado alto

El inventor Dédalo y su hijo Ícaro consiguieron escapar del laberinto en el que les había encerrado el rey Minos, cuando el primero fabricó unas alas de plumas y cera. Pero aconsejó a su hijo no volar demasiado bajo para que las alas no se mojaran, ni demasiado alto porque el calor del sol derretiría la cera. Pero cuando Ícaro se vio volando con sus nuevas alas literalmente “se vino arriba”, el sol derritió sus alas y se ahogó al caer en el océano.

¿Hemos conocido recientemente a alguien que de forma similar prometió “asaltar el cielo”? Sí, también a Pablo Iglesias se le derritieron sus alas cuando se olvidó del consenso y sólo le quedó el ansia de llegar al poder, dejando esa nueva izquierda más desnortada que nunca. Como nos recuerda José Manuel Naredo en su más reciente libro publicado este mismo año (La crítica agotada) “al igual que suele cosechar derrotas el general que se apresura a entrar en combate sin haber adiestrado a sus tropas, el afán de forzar tomas de poder revolucionarias sin haber revolucionado las ideas ha llevado a recoger fracasos” (p.27).

¿Condenados como Sísifo?

Naredo comienza su libro aludiendo también a la mitología griega con el ejemplo de Sísifo, conocido por el famoso castigo que le fue impuesto: empujar cuesta arriba de una montaña una piedra que, antes de llegar a la cima, volvía a rodar ladera abajo, repitiéndose eternamente el mismo frustrante proceso. Esta sería la situación de las “fuerzas progresistas” actuales, que parece que lo único que les importa es llegar hasta arriba, sin cimentar una base sólida de ciudadanos libres y alianzas sociales. Por eso, al acercarse a la ansiada meta, su edificio se vuelve a desmoronar al estar basado en declaraciones, eslóganes y términos fetiche. En palabras de Naredo ello ocurre

Porque, para ayudarnos a convivir con nuestros males, la mente humana tiende a creer que los problemas pueden solucionarse con reuniones, conjuros institucionales u otros gestos dilatorios, sin necesidad de cambiar el contexto que los genera”


(p.118-9)

Así por ejemplo se nos llena la boca de “desarrollo sostenible” cuando ni siquiera tenemos claro qué es “desarrollo”: ¿es crecimiento? ¿es incremento de la producción? ¿es aumento del PIB?

O criticamos el neo-liberalismo, sin saber qué significa ser “liberal”, o haciendo del mismo una teoría conspiratoria que resume en una solo término todos los males de la humanidad (o sea, ninguno).

Napoleón invadió la España liberal de las Cortes de Cádiz, tratando de implantar un “liberalismo conservador”, más bien absolutista, pero predicando a la vez la Revolución Francesa de la “libertad, igualdad y fraternidad”.

Por eso corremos el peligro de la vacuidad y la verborrea estéril. Como decía El Roto (5 sep 2019): “La lucha contra el cambio climático consiste mayormente en hablar del tiempo: bla… bla… bla…”

Corrupción pública y privada

Otro eslogan hueco es la contraposición acrítica entre lo público y lo privado, como si todo lo público fuera bueno y lo privado lo contrario. Pero instalados en un capitalismo clientelar como el que describe un grupo de autores bajo el pseudónimo colectivo de Sansón Carrasco (Contra el capitalismo clientelar), un sector público grande pero manejado por políticos corruptos permite el saqueo del mismo hacia bolsillos privados, tal y como señala el magistrado Joaquim Bosch. De ahí el singular desarrollo de obra pública en España, eso sí a costes que duplican los de Alemania para idénticas operaciones.

La última tentación: “no hay nada que hacer”

El dominio de las élites político-económicas sobre el conjunto de la ciudadanía tiene un instrumento final: convencernos que, aunque veamos lo que está mal y habría que cambiar nos rindamos porque es imposible modificar la situación. Esta rendición sin haber entrado en combate está muy ligada a considerar al “neo-liberalismo”, al “capitalismo”, etc. como una conspiración universal omnipotente y sin fisuras ante la cual sólo cabe o bien la derrota o bien la victoria total y final. Y cuando aparentemente se ha producido esta última, nos encontramos con una nueva élite dominante, llámese Partido Único del Pueblo, oligarquía, nomenklatura, etc.

Si a Sísifo le hubieran enseñado que entre el pie de la montaña y la cumbre hay estadios intermedios y hubiera sabido buscar ayuda, si Ícaro hubiera seguido el consejo de su padre de volar a alturas intermedias, la situación habría cambiado. Nunca es tarde para comenzar. Para ello es necesario una reflexión más crítica con nuestras propias ideas preconcebidas y abrir un diálogo y unas alianzas en el seno de la ciudadanía.

El próximo post dentro de dos martes, el 21 junio 2022

Expulsados del ciber-paraíso

Desde hace unas semanas colaboro como voluntario en una entidad que imparte talleres de iniciación y uso de los teléfonos móviles a personas mayores, entre otros colectivos. Aunque estos talleres se pueden realizar on-line, prefiero impartirlos de forma presencial ya que la experiencia para ellas -y para mí- es mucho más enriquecedora.

Una experiencia aleccionadora

No he visto colectivo más motivado para aprender el manejo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación que estos grupos de mayores. Pero el choque entre los materiales preparados con antelación para su enseñanza, por un lado, y el nivel de conocimientos y experiencia de los participantes, por el otro, no puede ser más brutal. A la mayoría de las personas mayores que acuden a estos talleres nadie las ha explicado lo que simboliza cada icono que puebla la pantalla de su smartphone. Ni si quiera se les ha ayudado a practicar el pasar la yema del dedo sobre la pantalla, como si fuera un gesto que se les supone natural. Tampoco en ningún momento se les ha explicado que en un menú cualquiera hay casi siempre más opciones que las que aparecen de entrada en la pantalla de su teléfono. Y eso por no hablar de “Ajustes”, “PIN”, “PUK”, “Accesibilidad”, “Password”, “Whatsapp”, “Play Store”, “Apps”, “Android”, “eMail”, etc.

Todo esto sólo se descubre cuando el taller se imparte presencialmente. En una sesión on-line, y peor aún si está pre-grabada, lo más probable es que uno pase por encima de los participantes sin pararse a considerar su experiencia de partida.

Mi primera reacción es la de vergüenza propia. Como se solía decir, “para enseñar matemáticas a Pepito, más que conocer las matemáticas hay que conocer a Pepito”. Pero la inmensa mayoría de las acciones para “incorporar” a los mayores al mundo digital, quizá sepan matemáticas pero desde luego ignoran y desprecian a Pepito. ¿Cómo introducir a una persona en el uso de internet a través de un video en YouTube, si nadie le ha explicado cómo conectarse a la red? Estas acciones parecerían puro sarcasmo si no fuera porque denotan una absoluta falta de sensibilidad. Lo que hacen es profundizar en la discriminación y la exclusión de las personas mayores. Es el llamado “efecto Mateo”, por la parábola de los talentos recogida en el Evangelio de San Mateo, que concluye: «Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará.» (Mateo,13:12)

Dependencia informática

Cuando el acceso a la información, a las gestiones con organismos públicos y privados, a los canales de comunicación con otras personas, etc. van poco a poco migrando al mundo de la informática e internet, quien no tiene práctica en este terreno acentúa su dependencia. Y las barreras van creciendo. Aunque como reza el Código Civil (ar.6.1) «la ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento» el acceso al BOE (“las leyes”) sólo puede realizarse por internet.

Todos los mayores que participan en los talleres que he impartido tienen su smartphone, su cuenta de correo, etc. Y sin embargo son prácticamente analfabetos digitales: Algún familiar cercano “ayuda”. Pero como decía Lao-Tse dan pescado en vez de enseñar a pescar:

– “Mi hija (sobrino, nieta, etc.) me lo ha puesto todo así en el teléfono, pero no tiene paciencia cuando me atasco en algo o le pregunto cosas que no entiendo”

Frases como ésta las oigo repetidamente durante los talleres. Muchas personas de este colectivo necesitarían un/a ciber-cuidador/a personalizado para poco a poco alcanzar un nivel de autonomía suficiente. No estoy hablando de entelequias: es algo que ya se hace en países de nuestro entorno como Portugal (EUSOUDIGITAL) o el Reino Unido (Become an Age UK digital buddy).

El nuevo lugar de los mayores

Una de las transformaciones más radicales de nuestro mundo actual es el terremoto demográfico. No sólo gozamos de una vida más longeva, sino que el esquema familiar y los roles de hombres y mujeres, de jóvenes y mayores han dado un vuelco que nos ha pillado con mentalidades y estructuras sociales e institucionales desfasadas.

Cuando un factor como el aumento de la esperanza de vida o la incorporación de las mujeres al trabajo fuera del hogar cambia, otras “piezas” de nuestra estructura social deben hacerlo también: la redistribución de las tareas entre géneros en el hogar y en la sociedad; el nuevo lugar de los mayores y los ciclos de aprendizaje y de cuidados y ayuda a la dependencia, etc. Es algo que todavía no hemos sabido abordar aunque sea una necesidad cada vez más urgente.

Seguir pensando que las personas mayores de 75 años son una especie de “residuo” social que no hay más remedio que tolerar no sólo es un crimen sino también un error histórico y un lujo que no nos podemos permitir.

La invasión de Ucrania: ¿y a nosotros qué nos importa?

Hasta el pasado mes de febrero Ucrania era un país del que teníamos una vaga idea de su existencia. Sólo las generaciones mayores recordábamos que fue más o menos por allí donde sucedió el accidente más grave en una central nuclear, en Chernóbil hace 36 años y cuando todavía Ucrania era parte de la Unión Soviética. Para parejas más jóvenes Ucrania era conocida como el mercado mundial de la gestación subrogada: los vientres de alquiler.

Y poco más.

¿Hay que tomar partido?

La invasión hace dos meses y medio por parte del ejército ruso ha traído a primer plano, y muy cerca de nosotros españoles y europeos, las atrocidades de una operación de desgaste y destrucción, basada en un supuesto planteamiento de “desnazificación”.

Los españoles -y en general los europeos- somos mayoritariamente antibelicistas, teniendo como tenemos todavía reciente el recuerdo de guerras, civiles o no, que han asolado el continente.

En toda guerra, se sabe cuándo comienza pero nunca cuándo ni cómo se acaba. A lo largo de la misma aparece un número creciente de actores, que aducen para intervenir unos motivos que no siempre coinciden al cien por cien con sus auténticas intenciones.

La mayoría de la opinión pública en los países occidentales y en particular en España, apoya sin reservas a la población ucraniana. Pero van apareciendo dudas sobre si hay que tomar partido de forma tan nítida o caben otras posturas.

Y sobre todo: ¿entre qué opciones hay que elegir? El propio desarrollo bélico parece reducir la cuestión a un ellos o nosotros, separados sólo por la línea del frente de batalla.

Hay quien plantea la invasión como una lucha entre el bien y el mal, aunque cada parte estima que ellos son el bien y los contrarios el mal. Para Putin, Rusia (el bien), está combatiendo a los líderes nazis-ucranianos y sus aliados de la OTAN (el mal). Para muchos en el bando “occidental” es la lucha entre el bien (la democracia) y el mal (la Rusia del Zar-Stalin-Putin).

¿Democracia?

Desde luego hoy por hoy los Estados Unidos no pueden considerarse un modelo de democracia a imitar. Tampoco la situación en nuestro país está como para vanagloriarse. Las democracias occidentales poco a poco se van reduciendo al ritual de las urnas: los partidos políticos convirtiéndose en maquinarias electorales, el poder ejecutivo fagotizando a los poderes legislativo y judicial, las votaciones y componendas ganándose por la mínima, la rendición de cuentas y la transparencia brillando por su ausencia, etc.

Desde luego el régimen autocrático de Putin, que día a día se acerca cada vez más al régimen nazi que dice combatir, no es precisamente una alternativa.

Por eso, esos planteamientos pseudo-misticistas, acompañados por fuertes dosis de emocionalidad, con los que se quiere representar la invasión de Ucrania no deben hacernos olvidar que el conflicto es algo más que un choque bélico: supone también una transformación radical de Europa y su papel actual y futuro, además un replanteamiento de las posiciones de todos los actores mundiales.

En el terreno puramente militar, sin embargo, la invasión rusa es inadmisible y las pruebas que se van conociendo de sus acciones contra la población civil no parecen ofrecer dudas.

¡Qué difícil es luchar sabiendo que lo que defiendes no es cien por cien puro, ni que aquéllos contra los que combates son la personificación del mal!

Pero no nos engañemos. Hoy por hoy no hay otra opción aunque también hay que ser críticos con algunos planteamientos de nuestro propio bando.

En España la opinión mayoritaria en los últimos años ha sido de desconfianza hacia el militarismo norteamericano, plasmado en la guerra de Vietnam, las intervenciones en Panamá, Irak, Afganistán, etc. Algo que el Estado ruso ha reproducido también en Afganistan, Chechenia, Georgia, Siria, Crimea, etc.

Tampoco deberíamos olvidar que las políticas occidentales tras el hundimiento de la Unión Soviética no han ayudado a crear unas relaciones Occidente-Rusia constructivas y estabilizadoras.

Pero, nuevamente, no nos engañemos: el enemigo de mi enemigo no es mi amigo. Puede llegar a convertirse en un enemigo peor, como la historia ha demostrado una y otra vez.

La tentación de inhibirse

Ante este panorama podríamos pensar que esto no va con nosotros. Al fin y al cabo es su guerra, no la nuestra y dado lo que sabemos de los bandos enfrentados “no hay ninguno que se salve”.

Este mirar hacia otro lado sería en primer lugar un error histórico, porque esta invasión nos afecta directamente en el plano energético, económico, geopolítico y militar.

En segundo lugar, y desde el punto de vista humano y de conciencia, imitaríamos el comportamiento inhibitorio de Poncio Pilatos cuando dejó a Jesús de Nazaret en manos del pueblo:

“Tomó agua y se lavó las manos delante de la muchedumbre, diciendo: Yo soy inocente de esta sangre; vosotros veáis”

(Mateo, 27:24)

El próximo post dentro de dos martes, el 24 mayo 2022

Sociología de la invasión de Ucrania

Las guerras también se deciden lejos del campo de batalla y antes incluso de producirse el primer disparo. Un factor crítico es el papel que juega la opinión pública a ambos lados del frente. Y en el caso de la invasión de Ucrania este elemento se está revelando como una pieza fundamental.

En todos los países que de una u otra forma están relacionados con esta situación los dirigentes de turno observan de reojo las corrientes de opinión pública que puedan influir en su toma de decisiones. En ningún caso van a tomar medidas que choquen con el punto de vista mayoritario de sus votantes actuales o potenciales. De ahí la importancia no sólo de lo que se opina, sino también y sobre todo de la expresión pública de esas opiniones en las encuestas o por otras vías.

La opinión pública en la Unión Europea

En el caso de la UE, donde los datos de las encuestas de opinión e intención de voto son lectura obligada para la clase política, la opinión pública se ha mostrado claramente a favor de la causa del pueblo ucraniano.

Tomando como ejemplo el caso español, y según recogía el Barómetro del CIS del mes de abril (pregunta 9), el 86% era partidario de enviar ayuda humanitaria a los ucranianos; el 96% que todos los países europeos, incluida España, acogieran y ayudaran a los refugiados ucranianos; el 92% que había que presionar internacionalmente para que Putin retirara el ejército ruso de Ucrania; el 88% que había que imponer a Rusia y a Putin todo tipo de sanciones económicas para que se retiraran de Ucrania; el 70% que la OTAN tenía que proporcionar a Ucrania material militar, armas o munición, para que pudiera defenderse; o el 77% que Ucrania tenía derecho a entrar en la OTAN, si así lo decidiera libremente su Gobierno y su población.

Otros sondeos, tanto entre los estados miembros de la UE como en un conjunto de países de todo el mundo muestran la preocupación generalizada sobre la invasión y sus consecuencias, así como el apoyo mayoritario, aunque no unánime, al pueblo ucraniano.

El cambio de actitud de los ucranianos

En un post anterior se detalló cómo había evolucionado la opinión pública en Ucrania, debido precisamente a la agresión del ejército ruso. Un ejemplo paradigmático es el de Mijail Dobkin, ex-gobernador prorruso de Jarkov y ahora, en su nueva faceta de sacerdote ortodoxo, furibundo enemigo de la invasión.

Este brusco giro parece que sorprendió al propio Putin que contaba con una opinión pública favorable de modo que, según rumores, el ejército ruso habría transportado sus uniformes de gala para desfilar triunfantemente por la calle principal de Kyiv (Kiev) a los pocos días de la invasión. Parece que Putin tendrá que rectificar, entre otras muchas cosas, sus análisis sociológicos.

La gran incógnita de la opinión pública en Rusia

Las encuestas de opinión relacionadas con la invasión de Ucrania y el nivel de apoyo al Presidente e instituciones rusas muestran un mayoritario respaldo de la población. Se podría decir que no cabe esperar otro resultado pues los dos principales institutos de sondeos –VCIOM y FOM– dependen del gobierno. Pero una entidad independiente como Levada Center arroja resultados similares.

¿Nos sorprende?

Dos factores influyen en estos resultados. El primero es el monopolio estatal de facto de los medios de comunicación que la inmensa mayoría de la población usa como únicas fuentes de información: la televisión y la radio. Sólo los jóvenes buscan otras alternativas, cada vez más difíciles de acceder.

Además Vladimir Putin lleva 23 años gobernando Rusia. En este tiempo ha ido desarrollando un nacionalismo basado: en la añoranza de una supuesta antigua grandeza de Rusia desde la época zarista hasta la soviética de Lenin y Stalin; en la complicidad de la Iglesia Ortodoxa rusa y su Patriarca Cirilo de Moscú; y en señalar a “Occidente” como el enemigo secular deseoso de humillar y empequeñecer a Rusia.

Entender lo que sienten los rusos

¿Está la población rusa en sintonía con Putin?

El hundimiento del régimen soviético trajo la esperanza de vivir en libertad y democracia. Pero pronto el saqueo de las propiedades estatales por parte de los oligarcas del Presidente Yeltsin y después de los reunidos en torno a Putin, sumieron a la población en la pobreza, la crisis demográfica y el sentimiento de pérdida. Este es precisamente el caldo de cultivo ideal para el populismo ultranacionalista de Putin, al estilo del “American First” de Donald Trump. De ahí la buena sintonía entre ambos.

La población rusa no estaría apoyando a Putin, sino más bien estaría “atrapada” en un régimen asfixiante que no deja alternativas.

Quien mejor ha reflejado este sentimiento es la bielorrusa Svetlana Alexievich, Premio Nobel de Literatura en 2015, en cuyos libros recoge las vivencias, sentimientos, esperanzas, desencantos y pesimismo de los rusos durante los últimos decenios.

El próximo post dentro de dos martes, el 10 mayo 2022

Los múltiples frentes de la invasión de Ucrania

Una guerra a medir en años

Desearíamos que esta pesadilla acabara rápidamente. Pero pasados dos meses desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania va quedando cada vez más claro que esta guerra no va a ser ni corta ni localizada. “Creo que este es un conflicto muy prolongado y creo que al menos se mide en años”, declaraba recientemente el general Mark Milley, Jefe del Estado Mayor Conjunto del ejército norteamericano.

Por su parte Bill Browder, probablemente el mejor conocedor del entramado financiero ruso y quizá por eso incluido en la lista de los mayores enemigos de V.Putin, señalaba también que todos estamos atrapados en este conflicto a fuego lento que seguirá durante años.

Los frentes de la guerra

Aunque no nos guste, esta invasión afecta directamente a toda Europa, y con repercusiones de alcance mundial. Los frentes abiertos son muchos, todos ellos con implicación directa en nuestro país. Enumero algunos.

En el terreno militar

Decía recientemente el filósofo marxista francés Étienne Balibar:

“el pacifismo no es una opción. El imperativo inmediato es ayudar a los ucranianos a resistir. No repitamos la ‘no intervención’. De todos modos, la Unión Europea ya está involucrada en la guerra. Aunque no envíe tropas, está entregando armas, y creo que hace bien en hacerlo. Es una forma de intervención”.

(ctxt.es)

Junto a ello un amplio número de países europeos han anunciado la modificación de sus políticas de defensa, tanto en lo que se refiere a los presupuestos militares como a su “realineamiento” en el tablero mundial. En este contexto cobra especial relevancia la cumbre de la OTAN que se celebrará en Madrid a finales de junio.

Los refugiados ucranianos

Los millones de desplazados ucranianos están poniendo a prueba el sistema de acogida europeo de refugiados que acumula más de 15 meses de retraso medio en las solicitudes de asilo. En España la Oficina de Asilo registra 17 meses de trabajo pendiente.

Las loables iniciativas individuales y de voluntariado que se han puesto marcha deben evitar daños no intencionados si se mueven por la emocionalidad más que por la eficacia. Por desgracia una vez más los medios de comunicación están contribuyendo a estas actuaciones. Como señala el profesor de la Universidad de Oviedo Antonio Blanco, “más que la causa, el fin habrá de definir el altruismo. Es necesario superar toda visión caritativa para desarrollar una mirada ‘eficiente’ de la ayuda”.

Las fuentes de energía

Es sabido que la principal arma del presidente Putin es la dependencia europea de los suministros de energías fósiles rusas. El caso más llamativo es el de Alemania. Paul Krugman, premio Nobel de economía, señala cómo Alemania se ha convertido en la facilitadora de Putin: llama la atención la reticencia alemana a hacer sacrificios frente a los que exigió a otros países en la crisis de deuda.

Y sin embargo la cooperación y solidaridad entre países aseguraría el gas en Europa si Rusia cortara el suministro. En el caso español falta saber qué repercusión tendrá el cambio de política de nuestro gobierno en el conflicto del Sahara Occidental-Marruecos-Argelia sobre el suministro de gas. Pero en todo caso tenemos al alcance de todos medidas para que colectivamente seamos menos dependientes del suministro exterior de gas.

Desencadenamiento de una nueva crisis económica mundial

La invasión a puesto fin a la globalización experimentada durante los últimos treinta años. Según el Banco Mundial la economía de Ucrania se contraerá un 45%, pero otras economías sufrirán impactos graves en todo el mundo. A la crisis energética y las distorsiones en las cadenas mundiales de suministros, se añade el impacto en los mercados de granos y fertilizantes, al ser Ucrania y Rusia los principales exportadores mundiales de ambas mercancías. Su efecto en el sector agrícola, en particular en los países menos desarrollados, será severo.

Los oligarcas, el turismo ruso de lujo y las mafias

En España nos hemos beneficiado de la presencia de los oligarcas rusos en nuestras zonas clásicas de veraneo y en general del turismo ruso de lujo. Todo ello acompañado de la presencia creciente de las mafias, cercanas a las actividades de lavado de dinero de aquéllos.

Por ello es significativo que por fin parece que la justicia española ha cambiado de criterio y ha empezado a actuar contra esas mafias. Supongo que la industria española del turismo estará empezando a tomar nota.

Otro tiempos que parecían tan lejanos

Volviendo a Alemania, no puedo sino citar el libro de Paloma Sánchez-GarnicaÚltimos días en Berlín”, finalista del premio Planeta 2021, que describe la lucha por la supervivencia de unos personajes atrapados entre el ascenso del nazismo en Alemania durante los años treinta hasta el brutal asalto del ejército soviético a Berlín al final de la IIª Guerra Mundial en 1945. Ambos extremos de aquella guerra parece que se reproducen nuevamente en la Rusia actual.

El próximo post dentro de dos martes, el 26 abril 2022

Invasión de Ucrania: el papel de las ideas

Entre los distintos frentes abiertos por la invasión de Ucrania el de la guerra ideológica ocupa una posición esencial. Todos los comentaristas han destacado las habilidades comunicativas del Presidente Zelensky, las campañas de desinformación del Kremlin y su legislación contra la libertad de expresión, y la esperanza que las sanciones y protestas occidentales posicionen la opinión pública rusa contra Putin.

La importancia de las ideas

«Las ideas mueven al mundo, pero no antes de transformarse en sentimientos«, decía el controvertido psicólogo social francés Gustave Le Bon.

Durante años Vladimir Putin ha estado cultivando una visión del mundo que combina el misticismo cristiano ortodoxo con las teorías conspirativas antiamericanas, como señala el periodista ruso Mikhail Zygar, autor del libro “Todos los hombres del Kremlin: dentro de la corte de Vladimir Putin”.

Putin ha tratado de combinar estas ideas con un sentimiento de humillación contra la población rusa ejercido supuestamente por Occidente tras el hundimiento del bloque soviético en 1990 y llamando a recuperar la “Gran Rusia”.

El deplorable papel de la(s) Iglesia(s)

Hay que destacar la connivencia del Patriarca de Moscú de la Iglesia Ortodoxa con Vladimir Putin. La idea de matar en nombre de Dios es probablemente tan vieja como la humanidad, aunque no por ello menos deleznable. La religión ha disfrazado conquistas y luchas de poder como las Cruzadas, las guerras de religión en Francia en el siglo XVI, la guerra de los 30 años en Europa de 1618-48 o cualquier otra “guerra santa”. El último ejemplo es la guerra irano-saudí, “vestida” de rivalidad religiosa entre suníes y chiíes.

Pero las iglesias también han apoyado regímenes dictatoriales y/o nacionalistas, como la iglesia católica española durante el franquismo o buena parte de las iglesias vasca y catalana con sus respectivos movimientos independentistas.

El apoyo del Patriarca de Moscú a la causa de Putin ha desencadenado la fractura con otros Patriarcas Ortodoxos, como el de Kyiv (Kiev), Constantinopla, Rumanía o Polonia. Ha llamado también la atención el tono de bajo nivel adoptado por el Papa Francisco sobre la invasión.

La opinión pública en Ucrania

Mucho se está hablando y escribiendo sobre la evolución de los sentimientos y la opinión pública en un país como Ucrania, con una historia tortuosa y llena de sufrimiento, que durante los últimos veinte años ha estado sacudido por protestas y movimientos sociales de gran envergadura: las manifestaciones masivas de 2000-2001, la Revolución naranja de 2004-2005 y la revolución del Euromaidán de 2013-2014. En todos estos casos se produjeron drásticos vuelcos políticos. En el último caso Putin aprovechó la inestabilidad para invadir y anexionar la península de Crimea.

En las elecciones presidenciales de marzo de 2019 un novel en la política como Volodímir Zelenski barrió en segunda vuelta al entonces Presidente, alcanzando un contundente 73% de los votos. Cuatro meses después su partido Servidor del Pueblo, del mismo nombre que su popular comedia televisiva, alcanzó la mayoría absoluta en el Parlamento.

Su mandato parecía estar condenado a la misma suerte que sus antecesores cuando dos años después las encuestas señalaban un notorio descenso en la popularidad de Zelenski: un 65% de la población pensaba que las cosas en Ucrania iban en la dirección equivocada y más de la mitad no confiaba en él.

Con una opinión pública tan desfondada, Putin debió pensar que era el momento de invadir Ucrania. Su error de cálculo se basaba en esperar una (falta de) reacción similar a la encontrada en la invasión de Crimea en 2014. La realidad es que el pueblo ucraniano ha respondido con el apoyo unánime a su Presidente y la voluntad de defender su país a toda costa, como testimonia una encuesta del 1 de marzo pasado.

Los hechos muestran que un acontecimiento trascendental como es la invasión puede galvanizar a un pueblo entero a pesar de las divergencias de años anteriores.

¿Y qué opinan los rusos?

Según un respetado instituto de opinión en febrero de 2022 el respaldo a Putin estaba en su mejor momento desde mayo de 2018: 71%. Dada la deriva autocrática actual en Rusia, podría pensarse que estos niveles de apoyo no son reales. Pero las comprobaciones metodológicas utilizadas no dan pie a esa sospecha. Otros sondeos apuntan en la misma dirección.

Pero con la misma rapidez que la opinión pública ucraniana ha cambiado de rumbo al reaccionar contra la invasión, se podrían observar cambios similares frente a ocasiones históricas, siguiendo los casos analizados por el economista y sociólogo de origen turco Timur Kuran en su libro “Verdades privadas, mentiras públicas. De ahí la importancia del tipo de mensajes que dirigir al pueblo ruso, tal y como grabó recientemente Arnold Schwarzenegger:Tengo un mensaje para mis amigos rusos. La fuerza y el corazón del pueblo ruso siempre me han inspirado. Por eso espero que me dejen contarles la verdad sobre la guerra en Ucrania”.

El próximo post dentro de dos martes, el 12 abril 2022

Por qué hablar de la invasión de Ucrania

Pasadas tres semanas desde su inicio, las palabras del lingüista y filósofo de izquierdas Noam Chomsky son más ciertas que nunca: “Estamos en un momento crucial de la historia de la humanidad. No se puede negar. No se puede ignorar”.

Una muestra de ese “momento crucial” es el hecho del fin del pacifismo de Alemania y de la neutralidad de Suecia y Suiza por la invasión rusa. Pero las reacciones y posicionamientos se han reproducido en todo el globo.

Y continúa Chomsky:

“La invasión rusa de Ucrania es un grave crimen de guerra comparable a la invasión estadounidense de Irak y a la invasión de Polonia por parte de Hitler-Stalin en septiembre de 1939, por poner sólo dos ejemplos relevantes. Es razonable buscar explicaciones, pero no hay ninguna justificación ni atenuante”.

ctxt.es

No puedo entrar aquí en los complejos antecedentes históricos de la invasión rusa: desde la creciente presencia de la OTAN entre los antiguos países del Pacto de Varsovia; la anexión por Putin de Chechenia (1999), Osetia del Sur y Abjasia (2008) y la península de Crimea (2014); las turbulentas relaciones entre Rusia y Ucrania; así como la convulsa historia política reciente de Ucrania, con sus drásticos cambios de rumbo y señales de corrupción. Estos últimos elementos no son ajenos a la poca convicción con que la Unión Europea ha acogido hasta el momento las demandas ucranianas de ingreso en la misma.

¿Qué pretende Putin?

Desde su ascenso al poder, la trayectoria de Putin ha sido la de una galopante deriva hacia el autoritarismo bordeando la dictadura, el forjado de una camarilla de oligarcas a su alrededor, el fomento del nacional-victimismo ruso, el rearme militar y el uso de las fuentes de energía como arma geopolítica de primer orden.

El 1 de octubre de 1939 Winston Churchill, comentando la doble invasión nazisoviética de Polonia -incluida en el vergonzoso acuerdo entre Hitler y Stalin en vísperas de la IIª Guerra Mundial, el Pacto Ribbentrop-Mólotov– formuló su famoso “análisis” de las intenciones rusas:

“No puedo pronosticarles la acción de Rusia. Es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma; pero quizás haya una clave. Esa clave es el interés nacional ruso”.

Churchill’s WW2 Speech to the Nation October 1939

Pero en este caso estamos hablando más bien no de los intereses de una nación sino de los de una pequeña camarilla personificada en Putin y su entorno más estrecho. Algunos analistas estiman que Putin no tiene un “plan B” sino que ha planteado una partida de “todo o nada” en relación a Ucrania. Y cuando sus tropas terrestres se han mostrado poco eficaces sobre el terreno, la única alternativa es el bombardeo sistemático e indiscriminado de entornos urbanos en una suerte de macro-terrorismo creciente. Pero en el mejor escenario para Putin, la toma militar de toda Ucrania, abocaría a un conflicto prolongado en el tiempo y con un coste económico, político y humano incalculable, con repercusiones negativas al interior de Rusia.

Y en el caso contrario de la derrota, «la tradición nacional rusa no perdona los reveses militares…”

Europa metida en el conflicto, nos guste o no

Por la envergadura del invasor, el enclave geográfico en el corazón de Europa y los objetivos planteados por Putin, el continente europeo está nuevamente sumido en una conflagración militar.

Junto al suministro de armas a Ucrania hay otros planos de confrontación: la guerra económica y energética, la ciber-guerra, la batalla de la desinformación y la censura, la crisis humanitaria de muerte y millones de refugiados y desplazados, etc. Excepto en el plano puramente bélico, la Unión Europea y por ende España estamos en guerra.

Por eso es tan importante la unidad del país, que necesariamente exige diálogo y concertación, y avanzar en las políticas energéticas y de coordinación del reparto justo de las cargas que conlleva una economía de guerra (o quasi guerra).

Lo que no debe hacerse

La invasión de Ucrania no puede convertirse en un espectáculo televisivo y sensiblero. No solamente es inmoral sino que los fenómenos mediáticos de alta intensidad desaparecen de nuestras mentes a la misma velocidad que habían surgido, provocando así lo que Susan Moeller describe como la fatiga por compasión en su libro del mismo título.

En fin, hay que desterrar las tentaciones de justificar nuestros fallos políticos echando mano de la existencia de la guerra. Ni la inflación y la crisis energética han sido generadas por la invasión de Ucrania -llevamos unos cuantos meses soportándolas- ni es de recibo justificar el pacto PP-Vox en el gobierno de Castilla y León “por la guerra”.

Sólo un nuevo pacto social dentro de España pero también a nivel de la Unión Europea permitirá salir adelante colectivamente. Los momentos críticos de la historia son también muchas veces los de los grandes avances de la humanidad. Depende de nosotros.

El próximo post dentro de dos martes, el 29 marzo 2022