Enfrentarse: después buscaremos sobre qué

Si hacemos caso a los medios de comunicación, que se hacen eco de las declaraciones de los políticos, que a su vez se hacen eco de lo que aparece en los medios de comunicación, que a su vez… Vivimos en una guerra permanente que no nos deja vivir tranquilos ni un minuto.

​Chocar, chocar…

¿Tiene sentido tanto enfrentamiento? Se nos dirá que cuando un partido o un dirigente hace algo mal hay que criticarlo y denunciarlo: nada que objetar, sino al contrario. Las dudas empiezan cuando el partido X se indigna utilizando argumentos que hace poco tiempo atacaba sin cuartel, y cuando el partido contrario también ha cambiado de postura pero justamente en sentido opuesto. La subida o bajada de impuestos, la política migratoria, los indultos, la mayor o menor autonomía territorial, la demanda de libertades, la (in)dependencia de la justicia, la judicialización de la política, la corrupción, las medidas anti-pandemia, etc. Cualquier asunto vale siempre que sirva para chocar.

​…¿sobre qué?

Los temas objeto de enfrentamiento no se escogen debido a que sean importantes.

Porque si alguna cuestión hay hoy en España que esté por encima casi de cualquier otra es la forma de gestionar los 140.000 millones de euros que el Fondo Next Generation de la Unión Europea ha asignado a España para la recuperación económica.

Nos estamos jugando no sólo la salida de la crisis a corto plazo, sino la posibilidad de crear riqueza en el país apostando por políticas innovadoras y respetuosas con el entorno, que generen puestos de trabajo estables y cualificados para nosotros y para nuestros hijos. Un impacto que se notará no en los próximos años, sino en los próximos decenios.

Cabría esperar que se produjera un debate político de altísimo nivel durante semanas. Nada más lejos de la realidad. La sesión parlamentaria que convalidó las 63 páginas del Real Decreto Ley 36-2020 que se supone plasmaba la forma de gestionar esa mareante cantidad de millones se liquidó en menos de una tarde, cumpliendo así la famosa Ley de C. Northcote Parkinson de la Trivialidad: “El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia“. Pero es que además los argumentos que cada partido esgrimió para votar a favor, en contra o abstenerse se los podían haber intercambiado sin ningún rubor dependiendo de la postura que tocara adoptar.

En realidad, la agenda de cuestiones que se ofrecen a la opinión pública para su “debate está formada por los temas que los grupos de presión -entre ellos los partidos políticos- acomodan en los medios de comunicación (incluidas las redes sociales), siempre y cuando esos temas reúnan ciertas características: que los argumentos a favor o en contra sean simples y no admitan posturas intermedias o matizadas, que contengan una fuerte carga emocional, que den pie a discrepancias agudas entre partidos y que parezcan importantes.

Nuestra atención es un bien escaso y para que la centremos en algo esa agenda tiene que incluir temas cada vez más llamativos y chillones, que pueden atraernos por un breve tiempo, porque rápidamente pasamos a otra cuestión igualmente trascendental y efímera a la vez. Es lo más parecido al carrusel de 18 minutos de anuncios que cadenas como Mediaset o A3Media nos atizan sin avisar, de modo que dejan nuestra mente en blanco y ya no sabemos de qué iba la película que estábamos viendo.

Esa “película” es la de las discretas negociaciones que el gobierno mantiene con grandes empresas y grupos de presión para asignar los 140.000 millones, esta vez a espaldas de la opinión pública.

​Por qué hacen esto nuestros partidos políticos

En primer lugar el tandem entre dirigentes políticos y medios de comunicación monopolizan los temas “importantes para el país” e impiden que otros actores propongan cuestiones diferentes. Es una partida entre dos contendientes, ya que los nuevo enfoques que hace unos años propusieron Ciudadanos y Podemos parecen haber fracasado, debido a la propia ineptitud (y algo más) de sus dirigentes.

La partitocracia española no sólo monopoliza los temas de debate sino también los recursos de las Administraciones Públicas. Los partidos no sólo son remunerados por las arcas del Estado, sino que sus cúpulas dirigentes además viven de los cargos públicos, elegidos o no. Y eso sin hablar de las corruptelas, algunas de las cuales estamos conociendo gracias, eso sí, a que sirven de arma arrojadiza entre partidos.

​Cosas que podemos hacer

Aun así, no hay por qué rendirse. Desde hace años entidades como la Fundación Civio llevan trabajando para sacar a la luz lo que las AAPP y partidos tratan de mantener en la sombra. Por nuestra parte podemos ir más allá del carrusel de anuncios y preguntarnos de qué va en realidad la película y escarbar en lo que de verdad nos estamos jugando.

El próximo post dentro de dos martes, el 22 junio 2021

Libertades Individuales vs. Controles Democráticos

​Nuestras libertades individuales

Estamos entre los países más avanzados del mundo en cuestión de derechos y libertades individuales: además de los consagrados en la Constitución de 1978, contamos con el derecho al divorcio, al aborto, al matrimonio homosexual, al cambio de sexo, a la muerte digna (eutanasia), a la libertad ideológica, religiosa y de culto, etc.

Otros derechos recogidos en la Constitución parecen más difíciles de convertirse en realidad: el derecho al secreto de las comunicaciones (art.18.3), a recibir libremente información veraz (art.20.1d), a acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos (art.23.2), el derecho al trabajo o a una remuneración suficiente (art.35.1), a la protección de la salud (art.43.1) o a una vivienda digna (art.47).

​¿Eso es todo?

La Constitución actualmente en vigor más antigua del mundo es la que las colonias británicas en el Nuevo Mundo se dotaron para crear los Estados Unidos de América en 1787. Su texto no recogía ninguna de las libertades individuales sino que estaba consagrada a los checks and balances, es decir el sistema de separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) y de equilibrio entre instituciones para cortar de raíz las tentaciones autoritarias por medio de rigurosos controles democráticos.

Sólo cuatro años después se añaden los primeros derechos individuales: las llamadas “enmiendas” recogidas en la Carta de Derechos o Bill of Rights. Pero sin controles democráticos el régimen político se resiente gravemente. No hay más que mirar a nuestro alrededor: la independencia del poder judicial en entredicho, deterioro de la transparencia en las acciones de los gobiernos a todos los niveles (el último ejemplo lo tenemos en la gestión de los fondos de rescate europeos), rendición de cuentas en declive, sustitución del debate político por la crispación mediática, etc.

Calidad democrática

Parece que el propio Congreso de los Diputados opinaba lo mismo ya que en 2016 creó la Comisión permanente para la auditoría de la calidad democrática, la lucha contra la corrupción y las reformas institucionales y legales, apoyada por todos los grupos políticos menos la abstención del PNV, y que preside Íñigo Errejón. La ausencia de resultados hasta la fecha nos trae a la mente la frase atribuida a Napoleón Bonaparte:

“Si quieres solucionar un problema, nombra un responsable; si quieres que el problema perdure, nombra una comisión”

Georges Clemenceau, primer ministro durante la Tercera República francesa, abundaba en lo mismo:

“Si quiere usted enterrar un problema, nombre una comisión”

De las libertades individuales a la exacerbación identitaria

Este desequilibrio entre libertades individuales y controles democráticos se ve agravado por la forma en que sectores que se autodenominan progresistas enfocan el desarrollo de las primeras. En efecto el reconocimiento necesario de los derechos de las minorías (y también mayorías) muchas veces no se traduce en una integración en la sociedad sino en un enfrentamiento entre “nosotros” (“nosotras”, “nosotres”) y “ellos”. Se pasa de un planteamiento inclusivo a uno excluyente y que puede llegar a la implantación de censuras de todo tipo. Un ejemplo entre muchos es el atropello del derecho a recibir la educación en la lengua materna, como ocurre en varias comunidades autónomas y bien refleja Mercè Vilarrubias en su libro Por una Ley de Lenguas. Convivencia en el plurilingüismo.

Cuando las libertades individuales no van acompañadas de un diálogo entre sectores de la población y un esfuerzo por llegar a consensos que mejoren la calidad democrática y el control y equilibrio de poderes, se genera una dinámica de consecuencias potencialmente devastadoras.

La tentación identitaria se convierte en un cáncer que corroe a la sociedad civil, de forma que cada vez estamos más fragmentados y enfrentados unos grupos sociales con otros. El sectarismo es el siguiente paso. Mientras tanto el Leviatán del Estado está más fuera de control que nunca y, lo que es peor, se abre la puerta a sueños (o pesadillas) mesiánicos y totalitarios.

El ejemplo más notorio fue la República de Weimar, el régimen político de Alemania de 1918 a 1933, entre la hecatombe de la Primera Guerra Mundial y el advenimiento del nazismo. Una de las características más notables de ese periodo fue el asociacionismo identitario que incrementó la polarización y las tensiones sociales.. El ascenso nazi se apoyó en esa densa y polarizada sociedad civil. Como recuerdan Acemoglu y Robinson en El pasillo estrecho,

“todo esto sucedía de acuerdo con posiciones sectarias. Incluso en los pueblos pequeños las asociaciones estaban divididas entre las de los católicos, los nacionalistas, los comunistas y los socialdemócratas. Un joven con simpatías nacionalistas pertenecería a clubes nacionalistas, acudiría a una iglesia nacionalista y probablemente socializaría y se casaría en el interior de estos círculos nacionalistas”

Ello no quiere decir que olvidemos que de forma natural pertenecemos a grupos sociales, familiares y de proximidad con los que nos sentimos más identificados a gusto. Pero una cosa no debería quitar la otra.

El próximo post dentro de dos martes, el 25 mayo 2021

Indignados de izquierdas y de derechas

​¿Qué ha quedado del 15-M?

Hace ahora diez años, con Zapatero de Presidente de Gobierno y Rubalcaba de Ministro del Interior, estalló el movimiento del 15-M. Los “indignados” -conocidos así en todo el mundo- protestaban por el impacto brutal de la crisis de 2008 y la torpe gestión por parte del gobierno; pero también protestaban por el alejamiento de la clase política: “no nos representan“, gritaban. En las elecciones de ese mismo año el PSOE, con Rubalcaba de candidato, cosechaba su peor derrota electoral en muchos años.

El sociólogo polaco Zigmunt Bauman lo diagnosticó así: “El 15-M es emocional, le falta pensamiento”. Pero su impulso fue aprovechado por una nueva formación política, Podemos, que en algunos momentos llegó a alcanzar en las encuestas electorales hasta un 25% de las preferencias de los españoles. La historia más reciente de Podemos y su líder es bien conocida y no necesita mayores comentarios.

​Indignados “de derechas”

Lo que sí es necesario señalar es que parte de ese “no nos representan” se ha trasladado al otro extremo del espectro político, capitalizado esta vez por Vox, y que en parte se apoya en el rechazo al independentismo que promueven algunos partidos catalanes, que a su vez se aprovecharon de la torpe gestión (otra vez) del gobierno de Zapatero de entonces.

No olvidemos además que la forma dominante de globalización está dejando atrás en los países desarrollados sectores enteros de clases medias y trabajadores cualificados. No perciben ni apoyo ni reconocimiento de su dignidad por parte de gobiernos supuestamente progresistas, y consideran que otros sectores reciben más protección que ellos mismos, hasta acabar sintiéndose extraños en su propia tierra. En Estados Unidos formaban la base de votantes de Donald Trump.

En España estos “patriotas indignados se convierten así en la pieza que faltaba para que la protesta de los de abajo contra los de arriba se reconvierta en la protesta mutua entre extrema izquierda y extrema derecha.

Los líderes de ambos bandos fomentan y manipulan el enfrentamiento como instrumento para mantener la fidelidad de sus seguidores y su cosecha de votos. A esos líderes se les podría aplicar lo que el sociólogo norteamericano Charles Wright Mills denominaba los “administradores del descontento“.

​El modelo mesiánico

La retórica populista utilizada por los dos extremos no es nueva sino que se apoya en el esquema bíblico-mesiánico que siguió el pueblo judío en su camino desde Egipto a la tierra de Canaán, a saber: pueblo oprimido > pueblo escogido > líder carismático > travesía por el desierto > conquista de la tierra prometida, según el excelente análisis del filósofo y politólogo Michael Walzer en su obra Exodus and Revolution.

Esta idea de considerarse el pueblo escogido por Dios no ha sido de utilidad sólo para los judíos. El espíritu calvinista expansionista de los holandeses en el Siglo XVII o el de los norteamericanos en el momento del su independencia y su “conquista” del Oeste sigue las mismas pautas, siendo la creación del actual estado de Israel el último ejemplo en la reciente historia. Una y otra vez el “derecho” a la tierra prometida justifica la expulsión o aniquilación de los habitantes que hubiera en ese momento.

​Mesianismo en la política actual

Indignación y mesianismo van muchas veces de la mano. Resulta cómodo arropar un sentimiento de ira con la agradable sensación de que “Dios está con nosotros“. Nos quita la angustia de que quizá estemos obrando mal. Además nos hace sentirnos que formamos parte de algo más grande y por encima de nuestras voluntades individuales. Por eso encaja muy bien con algunas formas de actuar en política.

Así, la palabrería bíblica ya era utilizada profusamente por los anarquistas del siglo XIX, en una amalgama de mesianismo y propaganda.

En el Siglo XX son notorios los tintes bíblicos de las letras de las canciones denuncia de alguien como Bob Dylan, judío de nacimiento, convertido al cristianismo y Premio Nobel de Literatura.

Más cerca de nosotros, es conocido el discurso con tintes bíblicos de Pablo Iglesias, tal y como señala el historiador hispanista Ian Gibson, esta vez mezclando el mesianismo con la arrogancia y soberbia que aquél confesaba hace años, actitudes no tan lejanas de un mesianismo útil.

Ejemplos de mesianismo, por desgracia, no faltan. Pero quizá en el caso español algunos protagonistas no puedan deshacerse de ese tufillo eclesiástico, arrastrados por sus propios apellidos (Iglesias vs. Monasterio).

​Ir más allá de la indignación y, de paso, del mesianismo

La pasión es el carburante de todo movimiento social. Pero si dejamos que esa pasión la guíe otro estamos perdidos. Si dejamos que nos seleccionen con quién podemos hablar, a qué medios de comunicación acceder, qué emisores de mensajes escuchar… estaremos siempre a merced de otros. Sólo un espíritu crítico, pero abierto y dialogante, romperá las ataduras.

El próximo post dentro de dos martes, el 11 mayo 2021

Votando con el corazón [roto]

En una democracia es consustancial acudir a las urnas periódicamente. Hay quien creen que votamos demasiadas veces y hay quien piensa lo contrario. Pero a la hora de hablar sobre por qué votamos lo que votamos las discrepancias se disparan más y el debate se hace pasional. Se dice, aunque no comparto, que “nos merecemos los dirigentes que tenemos”, lo que viene a querer decir que votamos torpemente y después pasa lo que pasa.

Uno: por qué votamos lo que votamos

Existe toda una cadena causal que desemboca en la papeleta que elegimos.

En primer lugar nuestra capacidad para sopesar los pros y contras de cada opción electoral es bastante limitada, y eso suponiendo que cada partido hubiera explicado previamente cómo piensa lidiar con los principales problemas económicos, sociales o políticos.

Sólo un ejemplo. ¿Qué propone cada partido político sobre los 140.000 millones de euros (sí: 140.000.000.000 de euros; la propia cifra ya marea) que el Instrumento Europeo de Recuperación, «Next Generation EU» (NGEU) asigna a España para los próximos años? El NGEU marcará nuestra situación económica y de bienestar personal actual y futura, y la de nuestro entorno. ¿Cuántas discusiones familiares con nuestro cuñado “fachoso” o nuestra sobrina “podemita” hemos dedicado a este tema? Claro que el Parlamento español tampoco invirtió mucho más tiempo para debatir el Real Decreto-Ley que lo regula.

Dos: los temas públicos de debate

Las declaraciones de los políticos y los ecos cruzados continuos en los medios de comunicación y redes sociales nos marcan al común de los mortales la agenda de cuáles son los temas “de actualidad” que hay que debatir: desde Rocío Carrasco (Rociíto) hasta la familia real británica, pasando por la campaña de vacunación o las elecciones a la Comunidad de Madrid. Los temas que se nos ofrecen no son los que elegimos sino más bien los que puedan llamar más nuestra atención, en una espiral cada vez más sensacionalista, porque ya sabemos que la atención es un bien escaso y encima nos piden que la “prestemos“.

A partir de este carrusel mediático es como nos formamos una imagen de lo que ofrece cada alternativa política. Nuestras capacidades cognitivas son tan escasas como nuestra atención, además de sesgadas, por lo que sólo podemos retener unas pocas pinceladas para dibujar dicha imagen. ¿Qué rasgos seleccionar? Aquí viene el tercer elemento.

Y tres: las emociones como herramienta para tomar partido

No estamos para florituras, matizaciones o distingos. Tenemos que poder elegir con sencillez a qué carta quedarnos y el instrumento más socorrido para ello es echar mano de las emociones: nos gusta un partido o no nos gusta; nos cae bien o nos cae mal; estamos a favor o en contra; etc. Y si estamos a favor de un partido en un tema concreto casi seguro que estaremos también de acuerdo con él en cualquier otra cuestión; aunque lo habitual es estar más “en contra de…” que “a favor de…“. Esto viene alimentado por la crispación que políticos y medio de comunicación fomentan permanentemente.

En consecuencia al final votamos con el corazón, a pesar de que muchas veces el corazón no quede totalmente satisfecho.

​Por eso necesitamos representantes [políticos]…

Con este panorama es imposible que 47 millones de españoles nos pongamos de acuerdo ni siquiera en las cosas más básicas. De ahí la necesidad de elegir quien represente mejor los principales enfoques sociales y políticos (aunque sean emocionales), para que después esas personas lleguen a acuerdos y compromisos que hagan posible la gestión de los bienes comunes de toda la sociedad.

​…aunque no sea suficiente

¿Cómo es posible pasar del “me cae bien o me cae mal” a gestionar los 140 mil millones y muchísimas cosas fundamentales más, que ponemos en manos de nuestros representantes políticos? Es un salto en el vacío que da vértigo. Por eso hacen falta también otros ingredientes.

Se habla en primer lugar de un Estado de Derecho, es decir de fijar unas reglas democráticas que deben ser cumplidas por todos, empezando en particular por los representantes políticos. Y aquí hay que incluir una regulación más estricta de los propios partidos políticos que son en España excesivamente poderosos y poco democráticos externa e internamente.

En segundo lugar se habla de las “virtudes democráticas” que Levitsky y Ziblatt en su libro Cómo mueren las democracias denominan los dos guarda-raíles de la democracia; a saber: el respeto mutuo y la contención. ¿Qué nota sacan nuestros políticos en respeto mutuo y contención? Además hay que añadir los deberes de transparencia y rendición de cuentas ante los votantes ¿Qué tal por este lado?

Pero también tenemos nuestros deberes: la sociedad civil debe “atar más en corto” al Estado, por medio del asociacionismo y la participación. No insisto aquí más sobre este punto.

El próximo post dentro de dos martes, el 27 abril 2021

Ser o no ser… una democracia

El hecho de que un vicepresidente de gobierno ponga en duda la calidad democrática del país que él mismo gobierna habría supuesto una tormenta política de primera magnitud en cualquier país del mundo… menos en España. El que además el presidente del gobierno polemice con su vicepresidente sobre esa cuestión habría provocado la ruptura inmediata del gabinete… menos en España. ¿Nos estaremos acostumbrando a vivir en una especie de twitter-democracia, una platóTV-democracia o algo por el estilo?

No soy de los que piensan que “tenemos los gobernantes que nos merecemos”, pero eso no nos exime de esforzarnos por superar esta situación, por complicada que sea.

​Y ¿por qué lo dicen?

La mejor manera de avanzar en este enredo es ir más allá de lo que dicen y preguntar por qué lo dicen. Según el vicepresidente Pablo Iglesias “no hay una situación de plena normalidad política y democrática en España cuando los líderes de los dos partidos que gobiernan Cataluña, uno está en prisión y el otro en Bruselas”. Y alude también a la salida de España del rey emérito o el caso Bárcenas. Es decir parece que el problema es que la justicia haya actuado contra algunos algunos políticos (Puigdemont y Junqueras) o -al revés- que no haya actuado (el rey emérito) lo suficiente (Bárcenas), todo según el punto de vista de Iglesias claro.

Con esa misma “coherencia” el vicepresidente critica el que -según él- se reprima la libertad de expresión del rapero Hasél a la vez que reclama el control de los medios de comunicación.

​Pero ¿somos o no somos una democracia plena?

Más allá de los informes y clasificaciones internacionales como el Freedom in the World 2020, (Freedom House, Washington), The Global State of Democracy 2019 (International IDEA, Estocolmo), el V-Dem Annual Democracy Report 2021 (Univ. Gotemburgo) o el Democracy Index 2020 (EIU, The Economist), debemos examinar los ingredientes clave que constituyen un sistema democrático pleno.

En el haber tenemos un amplio abanico de libertades civiles individuales, probablemente uno de los países más avanzados del mundo en este terreno. También existen elecciones libres y periódicas a los órganos de representación democrática. En fin, contamos con medios de comunicación libres y plurales (mal que le pese al Sr. Iglesias).

En el debe tenemos una separación de poderes cada vez más escasa. El poder judicial, tan protagonista en los últimos años, está supeditado a los repartos entre los principales partidos políticos. El poder legislativo (parlamento) se ha reducido a una aritmética de votos entre partidos, donde el debate real ha sido sustituido por una refriega de declaraciones para la galería. El poder real reside en los partidos políticos (partitocracia), o más aún en sus cúpulas que hacen y deshacen listas electorales cerradas y bloqueadas y reparten cargos públicos entre sus leales. Otros organismos estatales que deberían funcionar como frenos y contrapesos para evitar la acumulación de poder son colonizados por esas mismas élites partitocráticas.

El funcionamiento de las administraciones públicas sin el más mínimo control por parte de la sociedad civil permite que aquéllas se salten a la torera la legislación vigente y las sentencias de los tribunales (ley de morosidad en las operaciones comerciales, ley de transparencia, “normalización” lingüística en Cataluña, y un largo etcétera) o que fomenten un capitalismo clientelar, versión moderna del caciquismo decimonónico.

El resultado es que el Leviatán del Estado está más desatado que nunca, como señalan los economistas Acemoglu y Robinson en su libro El pasillo estrecho, el primero de los cuales ya señaló que “el tejido institucional español necesita una reforma radical.

Que tu mano izquierda no sepa…

Lo paradójico del caso es que el vicepresidente del gobierno denuncie por un lado la baja calidad democrática y con su otra mano reclame controlar los medios de comunicación o controlar [más] el poder judicial.

Esta pirueta no es nueva. Se lleva practicando en España desde hace varios decenios por parte de gobiernos centrales y autonómicos de todo tipo de colores políticos.

La confusión deriva del hecho de que a la par que se avanza en derechos sociales individuales se nos sustraen los derechos colectivos y de control sobre los gobiernos y los partidos políticos. El caso más emblemático -aunque no el primero ni el último- lo protagonizó el Sr. Rodríguez Zapatero que la vez que avanzaba en el terreno de los derechos sociales individuales reformó la Constitución de 1978 (¡sí, ya ha sido reformada una vez!) a espaldas del pueblo soberano, evitando convocar un referéndum porque sabía que lo perdería.

Pero incluso el desarrollo de esos derechos sociales individuales se está produciendo en buena parte tomando como base rasgos identitarios de ciertos sectores de la población, lo que a veces en vez de fomentar la inclusión se subraya el antagonismo de géneros, de orientaciones sexuales, de vivencias personales o de rasgos lingüísticos o territoriales.

El próximo post dentro de dos martes, el 30 marzo 2021

Lo que nos espera después de la pandemia

Reconozco que este título tiene una doble trampa, porque ni hay un después ni hay nada que nos espera. Me explico.

​¿No hay un después?

En primer lugar no tenemos pruebas que la tercera ola de la Covid-19sea la última, ni que las nuevas variantes del virus estén bajo control, ni que las vacunas actuales o futuras cierren definitivamente el paso a la pandemia.

Muchos especialistas alertan que esta enfermedad pueda convertirse en recurrente o que nuevos virus de origen similar nos obliguen a drásticas medidas como las que estamos sufriendo.

Es decir, no creamos que hay un después. Más bien que ya hoy hay una nueva realidad que está entre nosotros. No estamos viviendo dentro de un paréntesis sino que estamos ya en otra fase de evolución de nuestras sociedades, muchos de cuyos cambios estamos empezando a notar y frente a los cuales debemos construir otras formas de actuar personal y colectivamente, tanto en el terreno sanitario como en el de la economía, el del trabajo o el de las interacciones sociales y comportamientos personales.

​Nada nos espera que no esté ya ocurriendo ahora

Los efectos económicos y sociales de la pandemia no hacen sino acelerar los cambios que se venían produciendo en los últimos años.

1. Al nivel más básico, la Covid-19 muestra la fragilidad de la condición humana en nuestra relación con el entorno natural. Definitivamente, la naturaleza NO ha sido conquistada por la raza humana.

2. El centro de gravedad de la economía mundial da un paso más hacia las economía emergentes de Asia, en particular de China, mostrando los problemas de avance en Estados Unidos y en la Unión Europea, además del ahora devinculado Reino Unido.

3. Los países occidentales no logran trasladar la revolución informática a un incremento de productividad de sus economías. Como escribió el premio Nobel de economía Paul Krugman en 1994: “La productividad no lo es todo, pero a la larga lo es casi todo. La capacidad de un país para mejorar su nivel de vida a lo largo del tiempo depende casi por completo de su capacidad para aumentar su producción por trabajador.” (The Age of Diminished Expectations). En el caso español todos los análisis apuntan a una situación muy por debajo incluso que las demás economías europeas.

4. Aunque todavía no se dispone de datos suficientes para corroborarlo, es previsible que la pandemia actual esté provocando un nuevo agravamiento del problema demográfico de los países avanzados. Sabemos que España registra un alto ritmo de envejecimiento de su población y un índice de fecundidad que es el segundo más bajo de Europa, sólo por detrás de Malta. Las consecuencias actuales y futuras de estas tendencias son uno de los temas de discusión más agudos en el momento presente.

5. ¿Cuál es la situación de las empresas en España? Muchos sectores atraviesan un momento crítico por las restricciones sanitarias, pero también por la fuerte contracción del consumo y las distorsiones en las cadenas de suministro mundiales. En coyunturas de crisis se producen vuelcos drásticos del tejido empresarial, y en la presente las entidades con mejor futuro son aquéllas que aceleran su digitalización y su flexibilidad de adaptación. Para el conjunto de la economía si los negocios que cierran estuvieran compensados por la creación de nuevas empresas, la transición sería dolorosa pero con futuro. Es lo que el economista Joseph Schumpeter llamaba la destrucción creativa. Para ello es indispensable facilitar la creación de nuevas empresas. A ese respecto las trabas existentes en nuestro país son enormes: estamos en el puesto 97 dentro de un ranking mundial de 190 países en cuanto a facilidades para fundar un negocio. Además, para Peter Howitt, reciente Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, «más que destrucción creativa, con el covid está habiendo destrucción a secas».

6. El mercado laboral español está sufriendo un segundo “punch”, cuando intentaba recuperarse del golpe recibido por la crisis económica de 2008. Es preocupante que en vez de crecer el número de puestos de trabajo, crezca el numero de personas y hogares dependientes de subvenciones públicas, y ni siquiera esto a un ritmo suficiente. La dependencia de subvenciones no crea riqueza, ni fomenta el consumo -debido a la incertidumbre de su continuidad-, ni recualifica a los desempleados y además obliga a aumentar la presión fiscal sobre capas más extensas de la población. Es un parche que si se cronifica degenera en un clientelismo paralizante y destructor.

Javier Cavanna, Director ejecutivo de la Fundación Compromiso y Transparencia, ha alertado recientemente del peligro real de que este clientelismo se reproduzca a la hora de asignar los fondos Next Generation de la Unión Europea para luchar contra la crisis de la covid-19, fondos que pueden ser el último tren que no podemos perder para invertir en investigación y desarrollo.

​¿Debemos reaccionar?

Sin duda.

El próximo post dentro de dos martes, el 2 marzo 2021

¿Denunciar o construir?

Día tras día, sean cuales sean nuestros puntos de vista políticos o sociales, vemos situaciones y comportamientos que no nos gustan y deberían corregirse. La reacción consiguiente es la denuncia de esas situaciones como primer paso para que algo cambie.

Pero ¿qué hacer cuando el volumen de casos es ingente?

​”Equipo de investigación” en TV: de la denuncia a la parodia

Desde hace diez años se emite en televisión el programa Equipo de investigación, que ha convertido la denuncia en un espectáculo de puro entretenimiento. A lo largo de 366 programas, con el inefable tonillo de voz de su presentadora, nos han presentado un catálogo de casos a veces esperpénticos que se han convertido en carne de parodia, como puede verse aquí, aquí, aquí, aquí, aquí o aquí por recoger sólo algunos casos.

¿Cuál es el resultado? la banalización de la denuncia, el hartazgo de la audiencia (el programa ha pasado del 12% de cuota de pantalla al 5,2%) y la degradación del acto de denunciar.

​Necesidad de denunciar

Y sin embargo no se pueden dejar impunes situaciones que entendemos injustas, que degradan a las personas, que atropellan derechos o generan desigualdades. De hecho las denuncias hechas con seriedad siguen saltando a los medios de comunicación. Recibimos diariamente pronunciamientos, proclamas, llamamientos, apelaciones, cartas abiertas, etc. en los medios tradicionales y en especial en las redes sociales.

Pero, ¿qué efectos nos producen? Un gran número de veces son denuncias en una dirección política determinada, que vienen a reforzar nuestras propias convicciones y perpetúan la crispación social y política en la que vivimos.

En otros casos nos abren los ojos a nuevas situaciones, pero el aluvión de casos pueden producir el efecto contrario: la “fatiga denunciatoria“, al igual que ocurre con la fatiga de la compasión, o embotamiento que nos acaba insensibilizando ante tanta injusticia.

​¿Por qué se produce?

En primer lugar existe un exceso de “didactismo“, es decir suponemos una conciencia adormilada de la gente que tenemos que despertar, pero sin habernos parado a preguntarles por sus opiniones o vivencias. Nos erigimos en emisores de “mensajes reveladores” pero en una sola dirección: desde nosotros hacia los demás, sin información de vuelta.

Por otro lado, el hecho de multiplicar acciones individuales de denuncia provocan una resultante global contraria, en una dinámica que va de los “micro-motivos” en una dirección, a los “macro-resultados” en dirección contraria. Un triste ejemplo de este fenómeno se produce cuando salta la alarma en un local cerrado atestado de gente: las acciones individuales para salvarse corriendo hacia la salida de emergencia lo que provocan muchas veces es la muerte por aplastamiento.

En publicidad se habla tradicionalmente de la estrategia AIDA: Atención, Interés, Deseo y Acción. Parece que la práctica denunciatoria actual no pasa de la primera fase -la Atención- que además es un bien escaso en nuestro mundo actual que está saturado de canales de comunicación.

Un fenómeno muy extendido en la actualidad es el de “El día internacional de…“. Pues bien contamos con 643 Días Internacionales y Mundiales, bastante más que días del año (curiosamente la fecha de hoy -19 de enero- está todavía vacante). Si a eso añadimos que el año 2021 es Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible, el Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil, el Año Internacional de la Paz y la Confianza, y el Año Internacional de las Frutas y Verduras, nuestra capacidad de atención corre el riesgo de quedar completamente bloqueada.

En fin, a falta de otro recorrido muchas denuncias se convierten en denuncias ante los tribunales. Sin menospreciar su relevancia cuando es procedente, corremos el peligro de judicializar la acción social o política cuando es ésta la única alternativa puesta en juego.

​Una alternativa: construir

Para ir más allá de la saturación denunciatoria es necesario poner en marcha otro tipo de mecanismos. Se trata en primer lugar de contar con la gente a la que nos dirigimos. ¿Sabemos de su situación, sus opiniones y sus deseos? ¿Existen canales para que participen en esa acción? ¿Qué pasa cuando lo que expresan no coincide con lo que nosotros creemos que hay que hacer? ¿Aceptamos que no somos los únicos depositarios de la verdad?

Sólo creando conexiones entre las personas, construyendo relaciones, fomentando asociaciones, se contará con bases sólidas para avanzar y pasar de las denuncias en el aire al impulso del cambio. ¿Sencillo? Nadie dijo que lo fuera. ¿Rápido? Tampoco. ¿Imprescindible? Sí.

Pero hay que ir más allá. No basta contar solamente “con los nuestros“. Si tenemos en cuenta también a “los otros“, es decir otros colectivos diferentes, de otros sectores de población, con otras formas de ver las cosas -muchas veces complementarias-, crearemos bases realmente sólidas y además reduciremos la polarización y crispación social.

El próximo post dentro de dos martes, el 2 febrero 2021

Advenimiento de la vacuna

El inicio de la distribución de las primeras vacunas contra el coronavirus coincide con otro advenimiento, dentro de la religión cristiana, el tiempo de la Navidad.

Adviento: la espera activa

En el ciclo litúrgico cristiano la Navidad viene antecedida por cuatro semanas de preparación activa, el Adviento. No se trata de esperar pasivamente a que alguien venga a sacarnos de nuestro marasmo y ruina, sino que nos hace también sujetos activos necesarios preparándonos para lo que viene (al menos en la interpretación católica).

“El que espera desespera”

Este refrán, según el Centro Virtual Cervantes, “alude al sufrimiento que padece quien vive en una esperanza incierta de conseguir lo que desea”. La peor situación se da cuando a la falta de certeza que se produzca el acontecimiento añadimos además una espera pasiva. El Adviento vimos que invitaba a una espera activa, que además tiene fecha fija.

¿Qué pasa si no se sabe cuándo acabará la espera? Peor aún es si nos dan una fecha, pero varios días después nos anuncian otra posterior o se desdicen de lo anunciado. ¿No sería una tortura que el 23 de diciembre nos dijeran que la Navidad “está a punto de llegar, pero se retrasará unos días“, “que nunca dijimos que fuera a ser el 25” o que “sin duda llegará a lo largo del primer semestre de 2021, al menos para la mayoría de la población“?

Todo esto recuerda a la obra de teatro de Samuel BeckettEsperando a Godot“: varios personajes consumidos de inanición esperan en los dos actos de la obra a que llegue un tal Godot, aunque no nos dicen ni quién es, ni por qué ni para qué. En ambos actos un niño llega con un mismo mensaje de Godot: “aparentemente, no vendrá hoy, pero vendrá mañana por la tarde“. Y así la obra podría continuar actos y actos… Lo llamaron teatro del absurdo, aunque no parece tan lejano al momento actual.

​Qué significa en nuestro caso esperar ACTIVAMENTE

En primer lugar se trata de reclamar transparencia informativa -aunque suene a broma- de los organismos y personas responsables de los recursos públicos: qué vacuna o vacunas se van a administrar; cuál es la operativa (número de dosis necesarias, tiempo de demora en sus efectos); grado de protección y porcentajes positivos esperados; efectos secundarios y colectivos incompatibles; ¿protege de todo tipo de mutaciones del virus?; ¿los vacunados pueden todavía contagiar?; etc. Nuevamente la falta de información fiable, sustituida por declaraciones realizadas al vuelo o uso de Twitter alimentan la desconfianza.

Pero si algo positivo puede quedarnos de esta pandemia es que estamos aprendiendo, nos guste o no, que nuestra supervivencia y la de los que nos rodean depende más que nunca de nosotros mismos. La cascada de “delegaciones” (gobierno central > gobiernos autonómicos > ayuntamientos > centros de atención primaria > nosotros) a la hora de poner en marcha medidas antivirus deja en nuestras manos el kit de supervivencia.

Desde luego es algo a lo que no estamos muy acostumbrados. Cuando nos encontramos con un problema existe el impulso inicial de apelar a las instancias de la nación, cuanto más altas mejor. En la tradición norteamericana, por ejemplo, la tendencia es la contraria. Primero intento resolver el problema yo mismo, después con mis allegados, después con mi comunidad local, mi condado, mi estado, hasta llegar en caso extremo al gobierno federal. Este enfoque, no exento de inconvenientes, tiene sin embargo una gran ventaja: nos hace protagonistas activos en un movimiento de abajo arriba.

​Siente un vacunado a su mesa

En fechas navideñas, es un tema recurrente las campañas solidarias con los pobres y desfavorecidos. Por eso resulta escandaloso que, según la Universidad de Duke, Unicef y Airfinity, la Unión Europea haya reservado dosis para poder vacunar dos veces a su población, Gran Bretaña y EE.UU. cuatro veces a las suyas y Canadá hasta seis veces (The New York Times, 16 diciembre 2020).

En el otro extremo los países con rentas medias y bajas a penas llegarán a vacunar a un máximo del 40% de su población a finales de 2021, según expertos de la Johns Hopkins, eso sin hablar de los problemas de organización y logística.

No puedo dejar de evocar la obra maestra del cine español, la película Plácido, de Luis García Barlanga y Luis Azcona: un grupo de “bien-pensantes” de la España de la época organizan la campaña navideña “Siente un pobre a su mesa“, para hacer “obras de caridad”. Pero el protagonista, Plácido, intenta sin éxito que alguien le ayude a pagar el primer plazo de su motocarro, su único medio de vida, que finalmente le confiscan a pesar del uso abusivo que los “bien-pensantes” hacen de él en la cabalgata navideña.

La película está más de actualidad que nunca en este mundo globalizado.

El próximo post dentro de dos martes, el 5 enero 2021.

¿Vacunados…? de espanto

Si algo está meridianamente probado es la dificultad por conocer el origen, comportamiento, difusión y efectos del coronavirus. Los artículos que van apareciendo en revistas de reconocido prestigio científico nos van dando piezas sueltas -no siempre contrastadas- de un puzzle inmenso del que tardaremos años en obtener una fotografía (provisional) de conjunto. Las leyes del avance científico son machaconas a este respecto, a pesar de todos los Tweets del mundo.

Disparando a ciegas

No nos distinguimos en España por contar con un análisis fiable de lo que son las políticas públicas. La opacidad de las administraciones a todos los niveles, la facilidad para decir hoy una cosa y mañana la contraria por parte de quienes están al frente de las mismas, el anuncio de planes a bombo y platillo que no sabemos en qué quedan, etc., obligan a ser desconfiados sobre la eficacia de las medidas tomadas contra la pandemia.

No existe ninguna prueba seria sobre la relación entre las medidas de confinamiento perimetral y toques de queda y la evolución de las cifras de contagiados, hospitalizados o fallecidos en cada área donde se han decretado: NINGUNA. Lo que sí ocurre es que cuando sube el número de contagios se decretan medidas, sólo de prohibir que no de actuar proactivamente, y más pronto o más tarde las cifras bajarán. ¿Hay una relación causa-efecto? Si el tema no fuera tan serio, habría que reírse.

No existe el menor rigor a la hora de comparar los resultados de unas áreas con otras. Los efectos son erráticos y pueden llegar incluso a ser contraproducentes.

Podemos tomar como el ejemplo el caso de los confinamientos perimetrales en la Comunidad de Madrid durante los “puentes” de noviembre, que provocaron un aumento de los contagios en los municipios de su zona norte, debido a la afluencia de visitantes de la capital. Otro efecto no esperado es el pico de viandantes a las 6 de la mañana en el centro de Madrid, que es la hora a la que muchos deben esperar para volver a casa, en vez de a las 2 ó 3 habitual los fines de semana. Mientras tanto ha habido que “confinarse” en casa de un amigo debido al toque de queda. ¿Más seguridad?

De las dudas científicas a la desinformación oficial

La última oleada desinformativa gira en torno al advenimiento “ya mismo” de un supuesto diluvio de vacunas anti Covid-19.

“Cada vez que Donald Trump, Vladimir Putin o Pedro Sánchez anuncian la inminencia de una vacuna salgo corriendo a la farmacia a comprar mascarillas y después encerrarme en casa”

Las primeras reacciones entre la opinión pública son más bien de recelo, como prueban los sondeos de opinión realizados en España y otros países de nuestro entorno.

¿Es que somos anti-vacunas? De hecho España es uno de los países donde se tiene una mayor confianza en los progresos y avances científicos y el movimiento anti-vacunas es casi inexistente.

No entraré aquí en repetir lo que los foros de la comunidad científica reflejan en torno a lo que hasta ahora se sabe de cada una de la vacunas. Pero lo que sí echa a uno para atrás es precisamente ese ruido mediático que sólo favorece a la cotización de las acciones de las multinacionales farmacéuticas: entre los anuncios -que no informes científicos- de los aspirantes a su fabricación, los medios de comunicación preparados para otro tsunami de junk news y los responsables políticos promotores (y a la vez supuestos vigilantes) de la desinformación, no es de extrañar que un número creciente de personas candidatas a recibir la vacuna prefiera “esperar y ver”. Con la información actual, creo que es la postura más coherente.

Pero es que además las promesas televisadas de un futuro de rosas casi a la vuelta de la esquina socavan el esfuerzo necesario HOY de mantener comportamientos adecuados anti-pandemia y que no arrasen a la vez con el tejido económico.

El kit personal que sí funciona

Mientras tanto es necesario mantener nuestro programa preventivo para nosotros mismos y nuestro entorno.

  1. Como el principal medio de transmisión del coronavirus son los aerosoles (partículas microscópicas que permanecen en el aire durante horas), lo primero es frecuentar ambientes con aire renovado con frecuencia, bien porque nosotros los ventilamos o porque lo hacen otros. Ejemplo: autobuses y metro están bastante más ventilados que los supermercados. Por la misma razón, huir de las aglomeraciones.
  2. Las mascarillas siguen siendo imprescindibles, utilizadas correctamente.
  3. Lavarnos BIEN las manos: es muy difícil controlar cuándo nos tocamos ojos, nariz o boca.

No hay herramienta única o perfecta, pero el uso combinado de las anteriores reduce significativamente el riesgo de contagio.

P.S.:

He omitido los enlaces, citas y bibliografía que apoyan lo escrito con el fin de no sobrecargar el texto, aunque están a disposición de quien lo desee.

El próximo post dentro de dos martes, el 8 diciembre 2020

¿Son adecuadas las medidas contra la Covid-19?

Incompletas

Asistimos a una escalada en las medidas para combatir la segunda ola de Covid-19. En el mejor de los casos son medidas muy incompletas. Es como si construyéramos un taburete con dos patas o incluso con una sola. El batacazo está garantizado. Repasemos.

Aerosoles

La comunidad científica (no cargaré esto de citas, aunque están a disposición de quien las solicite) ha demostrado hasta la saciedad que un elemento clave de la transmisión del virus son los aerosoles, partículas microscópicas que transportan el virus y perduran flotando durante horas en el aire que podemos respirar.

Mascarillas

Por eso es clave el uso correcto de mascarillas, pero todavía estamos esperando indicaciones claras, uniformes y oficiales sobre sus tipos, protección que brindan, uso y reciclaje. El Ministerio de Consumo prometió hace un mes poner un poco de orden en la comercialización de mascarillas. Pero van un poco atrasados…

Aire limpio

Otra pieza clave complementaria es la renovación del aire en todo tipo de locales, no sólo las aulas de los colegios. Confieso que he adquirido un pequeño aparato que mide entre otras cosas las partes por millón (ppm) de CO2 en el aire, que es un indicador bastante aproximado de la calidad del mismo. Todavía no he encontrado ningún supermercado o local de aforos permitidos que presente cifras mínimamente “decorosas” de la calidad de su aire. Quizá muevan el aire, pero desde luego no se renueva, lo que indica con claridad que los aerosoles pululan a sus anchas, con su carga probable de virus.

En realidad donde estaríamos más seguros es al aire libre. pero la recomendación (o futura obligación) es precisamente la contraria: quedarse en casa o salir sólo para ir y volver de algún supermercado o local similar con esas “purezas” de aire.

Entonces, ¿por qué los gobiernos tienen solo una medida “estrella”, el confinamiento?

Aunque no existe prueba ninguna que el confinamiento per se frene la pandemia, lo que se hace es matar moscas a cañonazos. Lo más probable es que tenga una reducida eficacia si se trata una medida aislada: sin mejoras en los datos epidemiológicos, sin trazadores de los contagios o sin reforzamiento de los servicios sanitarios. Se nos queda el taburete con una sola pata.

Pero es la medida más cómoda. En vez de poner en marcha de forma proactiva recursos coordinados, lo más fácil es prohibir a la población hacer cosas. En España tenemos costumbre de pseudo-combatir los problemas a base de “aumentar las penas” incluidas en la legislación en vez de poner medios para su cumplimiento.

Además está el argumento infalible: lo hacen todos los gobiernos de países comparables. Ya sabemos que los gobiernos sólo reaccionan cuando tienen un problema en las manos que se convierte en político al ser susceptible de crítica por parte de la oposición, de los medios de comunicación o de la opinión pública. Pero, ¿quién se atreve a meterse a la vez con Pedro Sánchez, Angel Merkel, Emmanuel Macron, Boris Johnson, etc?

Contraproducentes

No hace falta ser un experto en ciencias sociales y del comportamiento para saber que las sociedades son sistemas cuyas partes están conectadas entre sí. Cuando se modifica un elemento, otros se recolocarán de forma muchas veces no prevista. Por ejemplo: si se decreta un confinamiento perimetral, las interacciones dentro de ese perímetro es probable que se hagan más intensas. Si las formas de ocio no se canalizan de forma adecuada sino simplemente se prohíben, las reacciones pueden ser sorpresivas. Si se vislumbra la amenaza de un confinamiento domiciliario, se disparará la adquisición de productos “de primera necesidad”. Si no existe una comunicación clara proveniente de una autoridad en la que se confíe, las redes sociales y otros medios de comunicación se llena de noticias falsas. Si no puedo salir al campo con los niños me los llevo al centro comercial. Etc.

Practicar una escalada de confinamientos cada vez más exigentes sin tener en cuenta los efectos colaterales es actuar de forma inconsciente e incluso temeraria.

Agotamiento y falsa seguridad

Medidas tan restrictivas y prolongadas, y sin compensaciones en el terreno del ocio y de los comportamientos de relación con los demás, colman nuestra capacidad colectiva de resistencia (lejos quedaron los aplausos de las 8 de la tarde). Cargar las tintas en las medidas de confinamiento como la única estrategia de facto provoca el estricto cumplimiento en esa faceta y la relajación en las demás: cumplo con lo que me obligan y del resto ya veré.

¿Y la economía?

Esos cañonazos no sólo matan moscas, sino también una economía como la nuestra en la que los servicios ocupan una importancia esencial, y en donde autónomos y pequeñas empresas cargan con la mayor parte de la generación de empleo.

Esta vez no hablaré de las alternativas.

El próximo post dentro de dos martes, el 24 noviembre 2020