Ícaro, Sísifo y nosotros

Espero no quedar muy pedante al echar mano de la mitología griega para abordar algunas encrucijadas de nuestro tiempo. Es una fuente inagotable de lecciones sobre el comportamiento humano y los callejones sin salida en los que muchas veces nos metemos.

Ícaro: no volar demasiado bajo… ni demasiado alto

El inventor Dédalo y su hijo Ícaro consiguieron escapar del laberinto en el que les había encerrado el rey Minos, cuando el primero fabricó unas alas de plumas y cera. Pero aconsejó a su hijo no volar demasiado bajo para que las alas no se mojaran, ni demasiado alto porque el calor del sol derretiría la cera. Pero cuando Ícaro se vio volando con sus nuevas alas literalmente “se vino arriba”, el sol derritió sus alas y se ahogó al caer en el océano.

¿Hemos conocido recientemente a alguien que de forma similar prometió “asaltar el cielo”? Sí, también a Pablo Iglesias se le derritieron sus alas cuando se olvidó del consenso y sólo le quedó el ansia de llegar al poder, dejando esa nueva izquierda más desnortada que nunca. Como nos recuerda José Manuel Naredo en su más reciente libro publicado este mismo año (La crítica agotada) “al igual que suele cosechar derrotas el general que se apresura a entrar en combate sin haber adiestrado a sus tropas, el afán de forzar tomas de poder revolucionarias sin haber revolucionado las ideas ha llevado a recoger fracasos” (p.27).

¿Condenados como Sísifo?

Naredo comienza su libro aludiendo también a la mitología griega con el ejemplo de Sísifo, conocido por el famoso castigo que le fue impuesto: empujar cuesta arriba de una montaña una piedra que, antes de llegar a la cima, volvía a rodar ladera abajo, repitiéndose eternamente el mismo frustrante proceso. Esta sería la situación de las “fuerzas progresistas” actuales, que parece que lo único que les importa es llegar hasta arriba, sin cimentar una base sólida de ciudadanos libres y alianzas sociales. Por eso, al acercarse a la ansiada meta, su edificio se vuelve a desmoronar al estar basado en declaraciones, eslóganes y términos fetiche. En palabras de Naredo ello ocurre

Porque, para ayudarnos a convivir con nuestros males, la mente humana tiende a creer que los problemas pueden solucionarse con reuniones, conjuros institucionales u otros gestos dilatorios, sin necesidad de cambiar el contexto que los genera”


(p.118-9)

Así por ejemplo se nos llena la boca de “desarrollo sostenible” cuando ni siquiera tenemos claro qué es “desarrollo”: ¿es crecimiento? ¿es incremento de la producción? ¿es aumento del PIB?

O criticamos el neo-liberalismo, sin saber qué significa ser “liberal”, o haciendo del mismo una teoría conspiratoria que resume en una solo término todos los males de la humanidad (o sea, ninguno).

Napoleón invadió la España liberal de las Cortes de Cádiz, tratando de implantar un “liberalismo conservador”, más bien absolutista, pero predicando a la vez la Revolución Francesa de la “libertad, igualdad y fraternidad”.

Por eso corremos el peligro de la vacuidad y la verborrea estéril. Como decía El Roto (5 sep 2019): “La lucha contra el cambio climático consiste mayormente en hablar del tiempo: bla… bla… bla…”

Corrupción pública y privada

Otro eslogan hueco es la contraposición acrítica entre lo público y lo privado, como si todo lo público fuera bueno y lo privado lo contrario. Pero instalados en un capitalismo clientelar como el que describe un grupo de autores bajo el pseudónimo colectivo de Sansón Carrasco (Contra el capitalismo clientelar), un sector público grande pero manejado por políticos corruptos permite el saqueo del mismo hacia bolsillos privados, tal y como señala el magistrado Joaquim Bosch. De ahí el singular desarrollo de obra pública en España, eso sí a costes que duplican los de Alemania para idénticas operaciones.

La última tentación: “no hay nada que hacer”

El dominio de las élites político-económicas sobre el conjunto de la ciudadanía tiene un instrumento final: convencernos que, aunque veamos lo que está mal y habría que cambiar nos rindamos porque es imposible modificar la situación. Esta rendición sin haber entrado en combate está muy ligada a considerar al “neo-liberalismo”, al “capitalismo”, etc. como una conspiración universal omnipotente y sin fisuras ante la cual sólo cabe o bien la derrota o bien la victoria total y final. Y cuando aparentemente se ha producido esta última, nos encontramos con una nueva élite dominante, llámese Partido Único del Pueblo, oligarquía, nomenklatura, etc.

Si a Sísifo le hubieran enseñado que entre el pie de la montaña y la cumbre hay estadios intermedios y hubiera sabido buscar ayuda, si Ícaro hubiera seguido el consejo de su padre de volar a alturas intermedias, la situación habría cambiado. Nunca es tarde para comenzar. Para ello es necesario una reflexión más crítica con nuestras propias ideas preconcebidas y abrir un diálogo y unas alianzas en el seno de la ciudadanía.

El próximo post dentro de dos martes, el 21 junio 2022

El misterio del votante cabreado

Cuando el 2 de diciembre de 2018 casi 400.000 andaluces votaron a Vox en las elecciones al parlamento andaluz (el 11% de los votos) el mismísimo Pablo Iglesias decretó una “alerta antifascista” y llamó a la movilización contra los “post-franquistas” de Vox.

Un programa del canal de televisión “La Sexta” se lo tomó en serio y en días posteriores se dedicó a localizar a los 44 votantes de ese partido en el “comunista” pueblo de Marinaleda. Pocos días después Cristina Pardo, directora del programa, no tuvo más remedio que pedir disculpas por semejante desatino.

​¿Hay 400.000 fascistas en Andalucía?

Quizá ese sea el contenido de las pesadillas que le asaltan a Pablo Iglesias por las noches. Aunque también parecería que fuera el sueño dorado que le permitiera decretar una alerta de tonos épicos contra el fascismo.

Pero la realidad parece ser más prosaica. Probablemente sean 400.000 andaluces hartos de un sistema democrático en el que la participación ciudadana se reduce a votar entre las alternativas pre-diseñadas por las cúpulas de los (dos) partidos políticos y nada más.

A posteriori es difícil saber si el color político del gobierno salido de cada convocatoria electoral se traduce en políticas, en especial en el terreno de la economía, diferentes a las que habría puesto en marcha un gobierno de color contrario.

​El votante cabreado

Estamos no ante el votante fascista sino ante el votante cabreado.

Este fenómeno no nace en diciembre de 2018, sino en mayo de 2014 cuando Podemos sorprendió en las elecciones al Parlamento Europeo al alcanzar el 8% de los votos. Este fue el primer aviso que el electorado español lanzaba contra el encorsetado sistema político-electoral.

En meses posteriores -diciembre de 2014- la media de encuestas otorgaba a Podemos su techo en intención de voto hasta alcanzar un 28%, situándose así en la elección preferida por parte de los encuestados.

No ha sido el único partido en ser el transmisor del cabreo electoral. En junio de 2018 la opción favorita de la media de encuestas recaía en Ciudadanos, con 27% de intención de voto.

​¿Qué fue de estos nuevos partidos?

La torpeza política de sus respectivos dirigentes sitúa a Unidas Podemos con una intención de voto del 11,6%, a fecha del 25 de febrero de 2022, y a Ciudadanos del 3,6%. Aunque en diferente cuantía, el hecho de que unos partidos nuevos llegaran en cierto momento a ser la opción preferida por los encuestados muestra que existe un sustancial cabreo de fondo entre los posibles votantes, Por desgracia la esperanza depositada en su día no encontró correspondencia en la talla política y el cumplimiento de promesas de aquéllos.

​¿Y Vox?

Con una intención actual de voto en torno al 19% según la media de encuestas, en mi opinión está cercano a su techo electoral, que yo sitúo no más allá del 20%. Debo decir que no es mi opción electoral preferida, pero lo que sí es seguro es que ese 20% no corresponde al porcentaje de fascistas en España: no hay más que echar una ojeada a cualquier encuesta de opinión sobre el régimen político preferido en nuestro país. Y lo más probable es que la trayectoria de Vox siga el mismo camino de ascenso-descenso de los dos casos anteriores.

​El misterio del votante cabreado

Lo que sí creo que constituye un misterio no es que esos porcentajes tan altos de intención de voto hayan ido a parar a partidos políticos con una historia tan reciente. Lo que de verdad es un misterio es que a pesar del fiasco protagonizado por éstos y la decadencia democrática del bipartidismo clásico todavía el votante español se siga acercando a las urnas cada vez que se le convoca.

Porque el problema no está en elegir a un partido o a otro. El problema reside en que los mecanismos de juego democrático, de transparencia y equilibrio de poderes, de independencia del poder judicial, de separación entre el legislativo y el ejecutivo están cada vez más oxidados. Porque cuando, por ejemplo, Unidas Podemos no aboga por la independencia del poder legislativo sino por “meter también la cuchara” en el reparto a dedo de magistrados del Consejo General del Poder Judicial, no vamos en la buena dirección.

Cuando el Senado no legisla sino que pide al Gobierno que lo haga, estamos claramente saliéndonos del camino adecuado. Si este último lo hace a golpe de Real-Decreto Ley, posteriormente plebiscitado por las Cortes, tampoco es algo positivo.

Por eso no es de extrañar que en el Índice de Democracia elaborado anualmente por la EIU de The Economist, el año 2021 hayamos descendido a segunda división, situándonos ahora en el grupo de las Democracias deficientes.

No puedo acabar este post sin añadirme al apoyo al pueblo ucraniano en su lucha contra el invasor ruso.

El próximo post dentro de dos martes, el 15 marzo 2022

Encerrados en un “Escape Room”

En España nos sentimos encerrados en una situación social y política desilusionante, contemplando día tras día el espectáculo de las mismas peleas de gallos en el Parlamento y los platós de televisión, bombardeados por las las mismas pseudo-noticias en los medios de comunicación, constatando la misma falta de soluciones para atajar el desempleo y la desigualdad social, el mismo despilfarro y arbitrariedad en la gestión de los bienes públicos, la creciente polarización entre ofendiditos de un color y otro… Y no, no es “culpa” de la pandemia. Un catálogo aún más extenso de síntomas de nuestra situación nos lo ofrece Rafael Jiménez Asensio en la última entrada de su blog.

Por eso no puede sorprendernos ese goteo continuo de personas que se decantan por “soluciones” radicales, también de un color y otro.

​Como en un “Escape Room”

Quienes hayan estado en algún Escape Room, tan popular en estos años, pueden haber vivido situaciones que recuerdan a lo apuntado más arriba. Metidos en una habitación de la que hay que salir en un tiempo determinado, un grupo de personas debe descifrar enigmas o acertijos para lograrlo: pero muchas veces no sabemos por dónde buscar o en qué fijarse; tenemos la sensación de que el resto del “equipo” no colabora o incluso es un incordio; y los ánimos se van caldeando o se hunden…

Pero quien ha participado en estos juegos sabe muy bien que para superar la prueba con éxito es necesario poner en práctica ciertas formas de actuar que son útiles también en el caso de nuestra sociedad española. ¿Cómo hacerlo? Hay dos reglas básicas.

​Primera: indagar en lo que nos rodea sin caer en trampas emocionales

Tim Harford, en su reciente libro 10 reglas para comprender el mundo, nos brinda la primera pista:

“Debemos aprender a concedernos un segundo y fijarnos en nuestra reacción emocional ante una afirmación, en lugar de aceptarla o rechazarla por lo que nos hace sentir”

La habitación del Escape Room está llena de pistas falsas u ocultas y nuestra atención es reclamada por lo que nos gusta o nos disgusta, es decir hacia lo que nuestras emociones positivas o negativas dirigen nuestra atención. El ruido mediático y las fake-news matan nuestra capacidad para entender objetivamente el mundo que nos rodea. Pero como dice este autor, “debemos mantener la mente abierta, preguntarnos en qué podemos estar equivocados”.

El carrusel de mensajes emocionales que recibimos nos mantiene siempre en la superficie de las cosas, sin que intentemos siquiera indagar qué hay detrás. Nuevamente Tim Harford nos lo resume: “Sé curioso”. La curiosidad es la llave maestra para un Escape Room… y para manejarse en el mundo de hoy. Hay que probar una posibilidad tras otra, innovar, no dar nada por sentado, no tener miedo a ensayar nuevos enfoques…

​Segunda: sin colaboración no hay éxito

Cuando el tiempo va corriendo y no sentimos que avanzamos en el Escape Room, empezamos a pensar que hemos elegido mal nuestros compañeros de juego: se dedican a perder el tiempo, no buscan con la misma intensidad, no comparten la información, se están convirtiendo en una carga en vez de una ayuda…

Pero la verdad es que cualquier persona es tan buena o tan mala como cualquier otra cuando estamos encerrados en un Escape Room. Junto a la primera regla, la segunda consiste en repartirse el trabajo, intercambiar la información, comentar lo que se ve o no se ve, etc.

Cuando nos echamos en brazos del “American First”, el Brexit o el procés català estamos renunciando a una herramienta indispensable para salir del atolladero.

Los Escape Room no están diseñados para que los disfrute una persona en solitario; exigen muchas veces actuar de modo simultáneo en distintos rincones o sobre varios elementos a la vez y, por supuesto, compartir información.

En nuestra sociedad nadie tiene el cien por cien de los conocimientos y recursos, ni tampoco el cero por ciento. Sólo se construye y se avanza cuando se comparten las propuestas, las experiencias y los conocimientos; pero no de una forma “buenista” (=todo vale) sino analizando, examinando o si es necesario criticando lo que no nos parezca correcto, pero sabiendo que siempre nuestro interlocutor tiene razón en algo, que hay que descubrir e incorporar.

​¿Fácil?

Claro que no. Pero el esfuerzo merece la pena.

La psicóloga norteamericana Carol Dweck nos recuerda en su muy visionada Charla TED que no conseguir nuestro objetivo hoy no es haber fracasado, sino más bien no haberlo alcanzado todavía. “La fortuna favorece a los que se atreven” (Audentis Fortuna iuvat) escribió Virgilio en la Eneida (Libro X, verso 284). Si un jubilado valenciano ha puesto nerviosos a los bancos españoles, lo escrito por Virgilio parece que funciona.

El próximo post dentro de dos martes, el 1 marzo 2022

Paradojas electorales

De vez en cuando los medios de comunicación nos sorprenden con titulares como éste:

Colau ganaría hoy las elecciones en Barcelona siendo la quinta líder mejor valorada”

¿Cómo es posible que habiendo cuatro candidatos mejor valorados que ella, los pueda superar en unas hipotéticas elecciones? Como es habitual, hay un conjunto de elementos que se combinan para dar ese resultado.

​Polarización a favor y en contra

En las encuestas que piden la opinión sobre los líderes políticos se suele preguntar si se les conoce o no y en caso afirmativo valorarlos con una escala que va de 0 a 10. Y cuanto más conocido un líder más se polarizan las opiniones. Así Ada Colau obtiene un 47,3% de “aprobados” -segundo mejor porcentaje de todos los líderes- y un 48,8% de “suspensos”, lo que arroja una media penosa. Los demás líderes pasan “más desapercibidos”, lo que les proporciona menos seguidores (“followers”) pero también menos detractores (“haters”).

​¿Gobernar para todos?

Aunque se proclame hipócritamente que se va a “gobernar para todos”, la realidad es que quien gana unas elecciones lo hace con la calculadora en la mano, con objeto de conseguir en el Parlamento de turno una mayoría simple de votos favorables para sus propuestas.

En mi opinión los representantes políticos deben negociar y alcanzar acuerdos. Pero limitarse a conseguir la mitad más uno de los votos es en el mejor de los casos gobernar para un escaso 50% de la población. Casi nunca se llega ni siquiera a ese porcentaje, debido al sistema de asignación de escaños basado en el Sistema D’Hondt que suele favorecer a las candidaturas mayoritarias.

Pero además, quien gobierna así acapara para los suyos no ya el 50 sino el 100% de los cargos públicos a dedo, las subvenciones para sus entidades afines y otros cuantos beneficios que se suman a la propia victoria electoral.

En el caso de Ada Colau la opinión sobre su gestión ni siquiera llega al 50% de aprobados, pero la aritmética de los escaños que podría conseguir cada candidatura electoral probablemente le permitiría seguir gobernando “para todos”. No es el único caso. Por desgracia el rodillo parlamentario -imponer la mitad más uno- es un viejo conocido de nuestro régimen legislativo y practicado sin distinción de color político.

Como cantaba el grupo musical ABBAEl ganador se lo lleva todo” (The winner takes it all).

​El mercado electoral: albaricoques o melocotones

¿Qué podemos hacer los ciudadanos de a pie? El instrumento habitual que tenemos en nuestra mano es la papeleta de votación. Pero la demanda democrática se estrella contra la oferta de alternativas políticas, ninguna de las cuales ha mostrado el menor interés por gobernar para más allá del 50% de los votantes.

Añádase que las listas electorales, cerradas y bloqueadas, son confeccionadas por la mano de hierro de la cúpula de cada partido y que quien gobierna escoge el momento para llamar a las urnas, según sus propios cálculos demoscópicos. En realidad no elegimos: votamos a los que otros han elegido. La alternativa está entre “albaricoques o melocotones” y si no nos gustan ni los unos ni los otros alguien ajeno pondrá en nuestro carrito de la compra la fruta que toque.

Sobre formas complementarias de participación electoral como la convocatoria de un referéndum, ya señalé en otro lugar el tremendo margen de trilerismo que brinda para quien lo convoca… cuando le interesa convocarlo.

​La España vaciada: ¿nectarinas en Castilla y León?

El enésimo ejemplo de manipulación electoral lo tenemos en la convocatoria anticipada a las Cortes de Castilla y León. Con gobiernos del Partido Popular desde 1987, el adelanto es un intento por parte de éste de marcar tendencia electoral”, que compense su continua pérdida en intención de voto y pensando en las elecciones de 2023 que se acercan. De hecho estamos en campaña electoral continua, como una forma de distraer de los problemas que el país tiene por delante.

Castilla y León reúne a muchas de las provincias incluidas en el movimiento de la España Vaciada. Esas provincias son, por su demografía y por el sistema de circunscripciones electorales, las que requieren menos votos para conseguir cada escaño. Y por su reducido número de escaños, las que acentúan más la desproporción entre partidos mayoritarios y minoritarios. En definitiva la base ideal del bipartidismo.

La paradoja es que esas “cómodas” provincias para los grandes partidos han salido respondonas. Las primeras reacciones no se han hecho esperar. Pablo Casado, líder del PP, ha calificado a la España Vaciada como “marca blanca del PSOE”. Como viene siendo la tónica en nuestro mercado electoral se opta por denigrar la opción contraria, o que amenaza con quitarnos votos, antes que realzar la opción propia.

El 13 de febrero las urnas emitirán su veredicto. Pero ese día no se acaba la cuestión. Las carencias de nuestro sistema democrático-electoral siguen presentes.

El próximo post dentro de dos martes, el 18 enero 2022

El sentimiento de pérdida en Cataluña

​Emociones contra razones

En el año 2016 asistimos a tres conflictos políticos donde chocaron planteamientos emocionales con planteamientos racionales: las elecciones norteamericanas con la victoria de Donald Trump, la votación del Brexit, con la separación del reino Unido de la UE, y el momento más candente del conflicto en Cataluña, con el nombramiento de Carles Puigdemont como Presidente de la Generalitat de Catalunya y la posterior convocatoria unilateral del pseudo-referéndum.

En los tres casos el impulso emocional fue el de un sentimiento de pérdida. Perder es mucho más doloroso que no ganar -la llamada aversión a la pérdida– como mostraron Daniel Kahneman (Premio Nobel de Economía) y Amos Tversky, impulsores de la economía conductual.

En el caso norteamericano millones de trabajadores manuales sentían cómo su estatus y dignidad laboral se perdía frente a la globalización que impulsaban las grandes multinacionales norteamericanas, sentimiento que recogía Arlie R. Hochschild en su libro Extraños en su propia tierra.

En el Reino Unido, el Brexit aspiraba a revertir un proceso secular de pérdida: del imperio, de las colonias, del poderío naval-militar, de su soberanía frente al continente europeo…

¿Culpables? El populismo de extrema derecha siempre ha señalado a los demás: para empezar los migrantes, pero también cualquier otra personas que no sea “de nosotros”.

¿Y en el caso de Cataluña?

​Cataluña: pérdidas seculares

Tres significativos hitos históricos: la Guerra de Sucesión, la Segunda Guerra Carlista y el actual “procés”.

La Guerra de Sucesión

Cuando en 1700 murió sin descendencia Carlos II, el último rey español de la dinastía de los Austrias, estalló la Guerra de Sucesión. El trono era pretendido por el Archiduque Carlos de Habsburgo, apoyado desde Cataluña, frente al finalmente vencedor Felipe V de Borbón. La guerra se zanjó con el Tratado de Utrecht en 1713, pero la contienda continuó en el entonces Principado de Cataluña, hasta que se produjo el bombardeo de Barcelona el 11 de septiembre de 1714, convirtiéndose desde entonces esa fecha en la Diada de Catalunya.

Los Decretos de Nueva Planta posteriores abolieron los privilegios de origen medieval de todos los territorios partidarios del pretendiente austriaco, impulsando la construcción del Estado Absolutista-centralista. Sin embargo respetaron los privilegios/fueros de Navarra, País Vasco y Valle de Arán, ya que fueron territorios que habían apoyado Felipe V. Ello no le impidió a Felipe V establecer poco después medidas proteccionistas favorecedoras de la industria textil catalana.

La Segunda Guerra Carlista

Conocida como guerra “dels Matiners” (de los madrugadores) se desarrolló sobre todo en Cataluña entre 1846 y 1849. Un conjunto de causas (políticas económicas, fiscales y sociales del Estado Absolutista, desmantelamiento de las propiedades comunales, crisis agraria, etc.) provocaron un fuerte malestar agrario y rural. Aparecieron partidas armadas que hostigaban a las tropas gubernamentales de madrugada, basadas en la ideología del carlismo reaccionario y aliadas con los “trabucaires, antiguas partidas de carlistas/bandoleros. Pero la Revolución obrera de 1848 en Francia propició la creación de otras partidas muy alejadas del ideario carlista, y con ideas progresistas y republicanas. Hubo así una alianza coyuntural entre lo “reaccionario” y lo “revolucionario (ahora diríamos entre la extrema derecha y la extrema izquierda) contra un Estado Absolutista-centralista que había mostrado su incapacidad de crear una sociedad capitalista moderna.

Una vez más, la Segunda Guerra Carlista se resolvió en Cataluña con una nueva derrota. Aun así la Tercera Guerra Carlista presenció la creación de la Generalitat Carlista en 1874-75, con idéntica ideología e idéntico resultado.

El “procés”

Diversos analistas han señalado la coincidencia entre las áreas catalanas de mayor implantación carlista y las del independentismo actual, incluyendo el lugar de nacimiento de sus dirigentes.

En la Cataluña independentista se reproduce la antigua alianza entre lo “reaccionario” y lo “revolucionario, donde se idealiza esa arcadia rural y campesina de la Cataluña interior de payeses y masías, y se reclama una independencia basada en una imagen sublimada de lo que fueron los derechos locales medievales.

Ahora la pérdida está ligada al ocaso del capitalismo agrario e industrial en favor del capitalismo financiero y de servicios, que favorece la economía madrileña en comparación con la catalana. La única institución financiera importante, la Banca Catalana directamente relacionada con Jordi Pujol, se hundió en 1982 en medio de un escándalo cerrado en falso.

Pero hay más…

La crisis económica de 2008 y su pésima gestión por parte de la mayoría de los gobiernos occidentales, en particular del español, creó unas heridas sociales que no se han restañado y han tentado a muchos colectivos a buscar soluciones por su cuenta, ante la falta de soluciones a otro nivel.

En fin, la evolución de los sistemas sociales y económicos siempre deja ganadores y perdedores si no se actúa solidariamente. De ahí la importancia de construir un nuevo contrato social, tal y como propone Minouche Shafik en su reciente libro.

Y siempre, siempre los sentimientos de pérdida deberían ser respetados aunque no los compartamos.

El próximo post dentro de dos martes, el 23 noviembre 2021

El cáncer identitario y los ciber-inquisidores

Los tres ganadores del reciente Premio Planeta han utilizado como pseudónimo colectivo el de Carmen Mola. Los pseudónimos son corrientes en los premios literarios, en particular cuando se trata de más de un autor. Pero algunas personas han puesto el grito en el cielo por el hecho de haber usado un pseudónimo femenino por parte de tres varones.

​El cáncer identitario

El 28 de agosto de 1963 más de 300.000 personas participaron en la Marcha sobre Washington reclamando la igualdad de derechos entre negros y blancos. Al finalizar Martin Luther King Jr. pronunció su famoso discurso “I have a Dream” (Yo tengo un sueño). En él declaraba:

“Yo tengo el sueño de que un día (…) niños negros y niñas negras podrán unir sus manos con niños blancos y niñas blancas como hermanos y hermanas”.

Más de medio siglo después, ciertas corrientes de opinión niegan la posibilidad de unirse “como hermanos y hermanas”, y no me refiero sólo a los supremacistas blancos. Los negros serían radicalmente diferentes de los blancos, las mujeres de los varones, los homosexuales de los heteros, los transgénero de los cisgénero, los islamistas de los cristianos y los judíos, los catalanes…

Lejos de exigir la igualdad basada en el respeto a la diferencia, se proclama la imposibilidad de ser tratados como iguales. Raza, etnia, género, creencia religiosa, orientación sexual, lengua materna, etc. definirían identidades incompatibles y excluyentes.

El siguiente peligro es comparar las identidades. ¿Cuál es superior? Como señala Francis Fukuyama, “ese deseo de igual reconocimiento [por parte de grupos que han sido marginados por sus sociedades] puede deslizarse fácilmente hacia una demanda de reconocimiento de la superioridad del grupo. Ésta es gran parte de la historia del nacionalismo y la identidad nacional, así como de ciertas formas de política religiosa extremista en nuestros días” (Identidad. La demanda de dignidad y las políticas de resentimiento, p.38).

Este cáncer identitario es el que está destruyendo al movimiento progresista norteamericano:

“Los liberales (…) se lanzaron hacia las políticas del movimiento de la identidad y perdieron la noción de lo que compartimos como individuos y de lo que nos une como nación” (Mark Lilla, El regreso liberal. Más allá de la política de la identidad p.19)

Lo que en principio quiere ser un enfoque liberador se convierte en una ideología que justifica posturas y políticas simplemente reaccionarias.

​Los nuevos inquisidores

En el seno de un número creciente de universidades norteamericanas “liberales” el cáncer identitario ha pasado a la acción. Los “ofendidos” lanzan campañas en las que señalan, boicotean, censuran y expulsan de la universidad o de sus puestos de trabajo a quienes simplemente emiten una opinión discrepante. Es una caza de brujas alimentada en las redes sociales pero que puede llegar hasta la persecución personal y la violencia, tal y como denunciaron más de 150 intelectuales en una carta publicada en la revista Harper’s.

Esta intransigencia sólo genera una espiral de odios mutuos y resentimientos que alimentan el extremismo identitario contrario, tal y como supo explotar con habilidad Donald Trump en su día.

El enrarecimiento del clima universitario en Estados Unidos está empezando a calar también en universidades francesas o en Cataluña. Y cuando los Rolling Stones se autocensuran para evitar la ciber-inquisición, más valdría pensar qué está pasando.

​La acusación de “apropiación cultural”

La intolerancia va más allá, cuando se prohíbe que alguien que no forme parte de mi grupo identitario hable o se solidarice con el mismo o incorpore en su vida o en su actuación elementos relacionados con ese grupo. Un blanco no puede criticar el racismo contra los negros porque no es negro. Aparentemente no lo puede entender ni tiene derecho siquiera a interesarse por la cuestión o solidarizarse. Sólo podría humillarse, pedir perdón y sentirse culpable. Esto se puede aplicar a las diferencias de género, de orientación sexual, de creencias religiosas, etc.

Ni si quiera se puede incorporar en una obra de arte elementos de otras culturas o grupos. Según los nuevos inquisidores eso es apropiación cultural.

Caroline Fourest, conocida feminista, luchadora por los derechos de los homosexuales, y en contra de los fundamentalismos religiosos, el antisemitismo y el extremismo político, escribe con ironía:

“Si ya no podemos interpretar un personaje que no tenga la misma identidad que nosotros, si los trans solo pueden hacer de trans, los homosexuales de homosexuales y los heterosexuales de heterosexuales, si los discapacitados deben actuar de discapacitados, ¿cómo hacemos con las películas de ciencia ficción? ¿Habrá que encontrar a un hombre azul para que actúe en Star Trek? Y sobre todo, ¿quiénes harán de zombis?”

(Generación ofendida. De la policía cultural a la policía del pensamiento, p.104)

Lo que es seguro es que estas dinámicas sólo desembocan en crispación y radicalismo, que favorecen a…

¿Son entonces los ganadores del Premio Planeta culpables de apropiación cultural?

El próximo post dentro de dos martes, el 9 noviembre 2021

Élites políticas… televisiones… redes sociales…

​Todo empezó en 1988…

…cuando de la mano de Felipe González la televisión privada aterrizó en España. Y fue en las elecciones generales de 1993 y 1996, cuando los partidos mayoritarios descubrieron el poder de la televisión, superior al tradicional de la prensa escrita. Pero los partidos fueron más allá. Poco a poco la relación que mantenían con la sociedad por medio de sus afiliados o las asociaciones afines (sindicatos, etc.) fue sustituida por la emisión de mensajes a través de los medios de comunicación, en particular la televisión. El camino lo mostró Richard Nixon en su exitosa campaña electoral de 1968.

La vuelta de tuerca del dominio de las televisiones privadas la aportó Rodríguez Zapatero en 2005, permitiendo la creación de Cuatro y La Sexta, que fueron poco después engullidas por Mediaset y Atresmedia respectivamente, consolidando así el duopolio televisivo en España.

​Las reglas de atención mediática

Pero utilizar los medios de comunicación (privados) como herramienta de comunicación de los partidos políticos con la sociedad tiene sus servidumbres. Al fin y al cabo las televisiones son un negocio que busca el lucro a base de comprar audiencia y vender publicidad.

Y ¡cómo se “compra” audiencia? Luis Arroyo Martínez nos explica las reglas que siguen las noticias (¿?) para aparecer en los medios de comunicación. Éstas se centran en:

  1. lo personal y lo privado
  2. la competición, la lucha por el estatus y la rivalidad personal
  3. lo nuevo, lo inesperado, lo anormal, lo extraordinario y lo exótico
  4. los síntomas de crisis, la violencia, el dolor y las amenazas al sistema

¿No es lo que nos sirven diariamente los medios de comunicación, sobre todo las televisiones?

​Hiperliderazgos políticos

Nuestros líderes políticos parecen sentirse a gusto en este formato, como traje a medida para lo se que ha venido a llamar hiperliderazgos:

Algo está cambiando en la manera en que muchos líderes democráticos ejercen el poder. (…) los hiperlíderes gestionan sus gobiernos con un añadido de centralidad y personalismo. (…) La emocionalidad substituye a la racionalidad como factor central en la comunicación y fomenta un contacto directo entre el hiperlíder y la sociedad que gobierna.”

(CIDOB Report nº 4)

Como señala Félix Ortega, “lo decisivo no es ya el encuentro directo del líder político con sus seguidores sino el acceso al gran público a través de los mass media. Estos son la real correa de transmisión entre los partidos y sus electores”. (“Del auge del periodismo”, Claves de la Razón Práctica, n.º 72, pp.53-58)

Tenemos hiperlíderes bien conocidos: Pablo Iglesias, Isabel Díaz Ayuso, Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Casado, etc. Ahora no sabemos lo que cada partido hace o propone: sólo lo que su líder dice. Y para hacerse notar tienen que seguir las reglas de atención mediática: polemizar continuamente, es decir crispar la opinión pública.

​La esperanza (truncada) en Internet

Hace años creímos que Internet traería un espacio de comunicación distinto al de los medios tradicionales, donde nos podríamos expresar libremente, creando redes colectivas de mensajes. Así sucedió en España con ocasión de los atentados del 11-M (“Pásalo”) o el movimiento 15-M.

Este nuevo espacio mediático sirvió en su momento para lanzar nuevos partidos. El ejemplo más claro es el de Podemos que demostró el dominio del márketing político moderno, con el uso de diversas herramientas telemáticas como Appgreee, Reddit o Agora Voting, además de Facebook y Twitter. Aunque hoy en día ha sido superado con creces por Vox.

Pero las redes sociales son negocios privados, con una lógica mercantil y manipuladora tal y como muestra el caso de Cambridge Analytics o las dudosas prácticas de Facebook. Son también los mejores vehículos para los bulos y mensajes de odio.

Y los partidos políticos españoles no han dudado en utilizarlas para canalizar la desinformación como arma política: A los rasgos clásicos de personificación, emocionalidad y polarización, se una ahora la viralidad que otorgan las redes sociales y su apariencia de espontaneidad.

​Puertas giratorias

Quizá por eso entre líderes políticos y medios de comunicación hay unas puertas giratorias fluidas. El desembarco de políticos en los medios de comunicación, en particular pero no sólo como “tertulianos” de platós de televisión, se ha agudizado en los últimos meses.

También ha habido trayectorias desde las televisiones a la política como es el caso de Pablo Montesinos (PP), Isabel Rábago (PP) o Begoña Villacís (Cs). (No hablaré aquí de la reina Letizia)

Pero quien ostenta el número uno en esta puerta giratoria es sin duda Pablo Iglesias: desde el programa televisivo “La Tuerka”, pasando por platós de TV, hasta la Vicepresidencia del Gobierno para volver otra vez a los medios, sobre los que había pedido un “control democrático”. No es extraño que en su momento declarara que «El debate parlamentario no sirve; los verdaderos parlamentos son los platós de televisión«. Es una persona joven y la puerta seguir girando…

El próximo “post” dentro de dos martes, el 26 octubre 2021.

Enfrentarse: después buscaremos sobre qué

Si hacemos caso a los medios de comunicación, que se hacen eco de las declaraciones de los políticos, que a su vez se hacen eco de lo que aparece en los medios de comunicación, que a su vez… Vivimos en una guerra permanente que no nos deja vivir tranquilos ni un minuto.

​Chocar, chocar…

¿Tiene sentido tanto enfrentamiento? Se nos dirá que cuando un partido o un dirigente hace algo mal hay que criticarlo y denunciarlo: nada que objetar, sino al contrario. Las dudas empiezan cuando el partido X se indigna utilizando argumentos que hace poco tiempo atacaba sin cuartel, y cuando el partido contrario también ha cambiado de postura pero justamente en sentido opuesto. La subida o bajada de impuestos, la política migratoria, los indultos, la mayor o menor autonomía territorial, la demanda de libertades, la (in)dependencia de la justicia, la judicialización de la política, la corrupción, las medidas anti-pandemia, etc. Cualquier asunto vale siempre que sirva para chocar.

​…¿sobre qué?

Los temas objeto de enfrentamiento no se escogen debido a que sean importantes.

Porque si alguna cuestión hay hoy en España que esté por encima casi de cualquier otra es la forma de gestionar los 140.000 millones de euros que el Fondo Next Generation de la Unión Europea ha asignado a España para la recuperación económica.

Nos estamos jugando no sólo la salida de la crisis a corto plazo, sino la posibilidad de crear riqueza en el país apostando por políticas innovadoras y respetuosas con el entorno, que generen puestos de trabajo estables y cualificados para nosotros y para nuestros hijos. Un impacto que se notará no en los próximos años, sino en los próximos decenios.

Cabría esperar que se produjera un debate político de altísimo nivel durante semanas. Nada más lejos de la realidad. La sesión parlamentaria que convalidó las 63 páginas del Real Decreto Ley 36-2020 que se supone plasmaba la forma de gestionar esa mareante cantidad de millones se liquidó en menos de una tarde, cumpliendo así la famosa Ley de C. Northcote Parkinson de la Trivialidad: «El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia«. Pero es que además los argumentos que cada partido esgrimió para votar a favor, en contra o abstenerse se los podían haber intercambiado sin ningún rubor dependiendo de la postura que tocara adoptar.

En realidad, la agenda de cuestiones que se ofrecen a la opinión pública para su “debate está formada por los temas que los grupos de presión -entre ellos los partidos políticos- acomodan en los medios de comunicación (incluidas las redes sociales), siempre y cuando esos temas reúnan ciertas características: que los argumentos a favor o en contra sean simples y no admitan posturas intermedias o matizadas, que contengan una fuerte carga emocional, que den pie a discrepancias agudas entre partidos y que parezcan importantes.

Nuestra atención es un bien escaso y para que la centremos en algo esa agenda tiene que incluir temas cada vez más llamativos y chillones, que pueden atraernos por un breve tiempo, porque rápidamente pasamos a otra cuestión igualmente trascendental y efímera a la vez. Es lo más parecido al carrusel de 18 minutos de anuncios que cadenas como Mediaset o A3Media nos atizan sin avisar, de modo que dejan nuestra mente en blanco y ya no sabemos de qué iba la película que estábamos viendo.

Esa “película” es la de las discretas negociaciones que el gobierno mantiene con grandes empresas y grupos de presión para asignar los 140.000 millones, esta vez a espaldas de la opinión pública.

​Por qué hacen esto nuestros partidos políticos

En primer lugar el tandem entre dirigentes políticos y medios de comunicación monopolizan los temas “importantes para el país” e impiden que otros actores propongan cuestiones diferentes. Es una partida entre dos contendientes, ya que los nuevo enfoques que hace unos años propusieron Ciudadanos y Podemos parecen haber fracasado, debido a la propia ineptitud (y algo más) de sus dirigentes.

La partitocracia española no sólo monopoliza los temas de debate sino también los recursos de las Administraciones Públicas. Los partidos no sólo son remunerados por las arcas del Estado, sino que sus cúpulas dirigentes además viven de los cargos públicos, elegidos o no. Y eso sin hablar de las corruptelas, algunas de las cuales estamos conociendo gracias, eso sí, a que sirven de arma arrojadiza entre partidos.

​Cosas que podemos hacer

Aun así, no hay por qué rendirse. Desde hace años entidades como la Fundación Civio llevan trabajando para sacar a la luz lo que las AAPP y partidos tratan de mantener en la sombra. Por nuestra parte podemos ir más allá del carrusel de anuncios y preguntarnos de qué va en realidad la película y escarbar en lo que de verdad nos estamos jugando.

El próximo post dentro de dos martes, el 22 junio 2021

Libertades Individuales vs. Controles Democráticos

​Nuestras libertades individuales

Estamos entre los países más avanzados del mundo en cuestión de derechos y libertades individuales: además de los consagrados en la Constitución de 1978, contamos con el derecho al divorcio, al aborto, al matrimonio homosexual, al cambio de sexo, a la muerte digna (eutanasia), a la libertad ideológica, religiosa y de culto, etc.

Otros derechos recogidos en la Constitución parecen más difíciles de convertirse en realidad: el derecho al secreto de las comunicaciones (art.18.3), a recibir libremente información veraz (art.20.1d), a acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos (art.23.2), el derecho al trabajo o a una remuneración suficiente (art.35.1), a la protección de la salud (art.43.1) o a una vivienda digna (art.47).

​¿Eso es todo?

La Constitución actualmente en vigor más antigua del mundo es la que las colonias británicas en el Nuevo Mundo se dotaron para crear los Estados Unidos de América en 1787. Su texto no recogía ninguna de las libertades individuales sino que estaba consagrada a los checks and balances, es decir el sistema de separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) y de equilibrio entre instituciones para cortar de raíz las tentaciones autoritarias por medio de rigurosos controles democráticos.

Sólo cuatro años después se añaden los primeros derechos individuales: las llamadas «enmiendas» recogidas en la Carta de Derechos o Bill of Rights. Pero sin controles democráticos el régimen político se resiente gravemente. No hay más que mirar a nuestro alrededor: la independencia del poder judicial en entredicho, deterioro de la transparencia en las acciones de los gobiernos a todos los niveles (el último ejemplo lo tenemos en la gestión de los fondos de rescate europeos), rendición de cuentas en declive, sustitución del debate político por la crispación mediática, etc.

Calidad democrática

Parece que el propio Congreso de los Diputados opinaba lo mismo ya que en 2016 creó la Comisión permanente para la auditoría de la calidad democrática, la lucha contra la corrupción y las reformas institucionales y legales, apoyada por todos los grupos políticos menos la abstención del PNV, y que preside Íñigo Errejón. La ausencia de resultados hasta la fecha nos trae a la mente la frase atribuida a Napoleón Bonaparte:

“Si quieres solucionar un problema, nombra un responsable; si quieres que el problema perdure, nombra una comisión”

Georges Clemenceau, primer ministro durante la Tercera República francesa, abundaba en lo mismo:

«Si quiere usted enterrar un problema, nombre una comisión»

De las libertades individuales a la exacerbación identitaria

Este desequilibrio entre libertades individuales y controles democráticos se ve agravado por la forma en que sectores que se autodenominan progresistas enfocan el desarrollo de las primeras. En efecto el reconocimiento necesario de los derechos de las minorías (y también mayorías) muchas veces no se traduce en una integración en la sociedad sino en un enfrentamiento entre «nosotros» («nosotras», «nosotres») y «ellos». Se pasa de un planteamiento inclusivo a uno excluyente y que puede llegar a la implantación de censuras de todo tipo. Un ejemplo entre muchos es el atropello del derecho a recibir la educación en la lengua materna, como ocurre en varias comunidades autónomas y bien refleja Mercè Vilarrubias en su libro Por una Ley de Lenguas. Convivencia en el plurilingüismo.

Cuando las libertades individuales no van acompañadas de un diálogo entre sectores de la población y un esfuerzo por llegar a consensos que mejoren la calidad democrática y el control y equilibrio de poderes, se genera una dinámica de consecuencias potencialmente devastadoras.

La tentación identitaria se convierte en un cáncer que corroe a la sociedad civil, de forma que cada vez estamos más fragmentados y enfrentados unos grupos sociales con otros. El sectarismo es el siguiente paso. Mientras tanto el Leviatán del Estado está más fuera de control que nunca y, lo que es peor, se abre la puerta a sueños (o pesadillas) mesiánicos y totalitarios.

El ejemplo más notorio fue la República de Weimar, el régimen político de Alemania de 1918 a 1933, entre la hecatombe de la Primera Guerra Mundial y el advenimiento del nazismo. Una de las características más notables de ese periodo fue el asociacionismo identitario que incrementó la polarización y las tensiones sociales.. El ascenso nazi se apoyó en esa densa y polarizada sociedad civil. Como recuerdan Acemoglu y Robinson en El pasillo estrecho,

«todo esto sucedía de acuerdo con posiciones sectarias. Incluso en los pueblos pequeños las asociaciones estaban divididas entre las de los católicos, los nacionalistas, los comunistas y los socialdemócratas. Un joven con simpatías nacionalistas pertenecería a clubes nacionalistas, acudiría a una iglesia nacionalista y probablemente socializaría y se casaría en el interior de estos círculos nacionalistas»

Ello no quiere decir que olvidemos que de forma natural pertenecemos a grupos sociales, familiares y de proximidad con los que nos sentimos más identificados a gusto. Pero una cosa no debería quitar la otra.

El próximo post dentro de dos martes, el 25 mayo 2021

Indignados de izquierdas y de derechas

​¿Qué ha quedado del 15-M?

Hace ahora diez años, con Zapatero de Presidente de Gobierno y Rubalcaba de Ministro del Interior, estalló el movimiento del 15-M. Los «indignados» -conocidos así en todo el mundo- protestaban por el impacto brutal de la crisis de 2008 y la torpe gestión por parte del gobierno; pero también protestaban por el alejamiento de la clase política: «no nos representan«, gritaban. En las elecciones de ese mismo año el PSOE, con Rubalcaba de candidato, cosechaba su peor derrota electoral en muchos años.

El sociólogo polaco Zigmunt Bauman lo diagnosticó así: “El 15-M es emocional, le falta pensamiento”. Pero su impulso fue aprovechado por una nueva formación política, Podemos, que en algunos momentos llegó a alcanzar en las encuestas electorales hasta un 25% de las preferencias de los españoles. La historia más reciente de Podemos y su líder es bien conocida y no necesita mayores comentarios.

​Indignados «de derechas»

Lo que sí es necesario señalar es que parte de ese «no nos representan» se ha trasladado al otro extremo del espectro político, capitalizado esta vez por Vox, y que en parte se apoya en el rechazo al independentismo que promueven algunos partidos catalanes, que a su vez se aprovecharon de la torpe gestión (otra vez) del gobierno de Zapatero de entonces.

No olvidemos además que la forma dominante de globalización está dejando atrás en los países desarrollados sectores enteros de clases medias y trabajadores cualificados. No perciben ni apoyo ni reconocimiento de su dignidad por parte de gobiernos supuestamente progresistas, y consideran que otros sectores reciben más protección que ellos mismos, hasta acabar sintiéndose extraños en su propia tierra. En Estados Unidos formaban la base de votantes de Donald Trump.

En España estos «patriotas indignados« se convierten así en la pieza que faltaba para que la protesta de los de abajo contra los de arriba se reconvierta en la protesta mutua entre extrema izquierda y extrema derecha.

Los líderes de ambos bandos fomentan y manipulan el enfrentamiento como instrumento para mantener la fidelidad de sus seguidores y su cosecha de votos. A esos líderes se les podría aplicar lo que el sociólogo norteamericano Charles Wright Mills denominaba los «administradores del descontento«.

​El modelo mesiánico

La retórica populista utilizada por los dos extremos no es nueva sino que se apoya en el esquema bíblico-mesiánico que siguió el pueblo judío en su camino desde Egipto a la tierra de Canaán, a saber: pueblo oprimido > pueblo escogido > líder carismático > travesía por el desierto > conquista de la tierra prometida, según el excelente análisis del filósofo y politólogo Michael Walzer en su obra Exodus and Revolution.

Esta idea de considerarse el pueblo escogido por Dios no ha sido de utilidad sólo para los judíos. El espíritu calvinista expansionista de los holandeses en el Siglo XVII o el de los norteamericanos en el momento del su independencia y su «conquista» del Oeste sigue las mismas pautas, siendo la creación del actual estado de Israel el último ejemplo en la reciente historia. Una y otra vez el «derecho» a la tierra prometida justifica la expulsión o aniquilación de los habitantes que hubiera en ese momento.

​Mesianismo en la política actual

Indignación y mesianismo van muchas veces de la mano. Resulta cómodo arropar un sentimiento de ira con la agradable sensación de que «Dios está con nosotros«. Nos quita la angustia de que quizá estemos obrando mal. Además nos hace sentirnos que formamos parte de algo más grande y por encima de nuestras voluntades individuales. Por eso encaja muy bien con algunas formas de actuar en política.

Así, la palabrería bíblica ya era utilizada profusamente por los anarquistas del siglo XIX, en una amalgama de mesianismo y propaganda.

En el Siglo XX son notorios los tintes bíblicos de las letras de las canciones denuncia de alguien como Bob Dylan, judío de nacimiento, convertido al cristianismo y Premio Nobel de Literatura.

Más cerca de nosotros, es conocido el discurso con tintes bíblicos de Pablo Iglesias, tal y como señala el historiador hispanista Ian Gibson, esta vez mezclando el mesianismo con la arrogancia y soberbia que aquél confesaba hace años, actitudes no tan lejanas de un mesianismo útil.

Ejemplos de mesianismo, por desgracia, no faltan. Pero quizá en el caso español algunos protagonistas no puedan deshacerse de ese tufillo eclesiástico, arrastrados por sus propios apellidos (Iglesias vs. Monasterio).

​Ir más allá de la indignación y, de paso, del mesianismo

La pasión es el carburante de todo movimiento social. Pero si dejamos que esa pasión la guíe otro estamos perdidos. Si dejamos que nos seleccionen con quién podemos hablar, a qué medios de comunicación acceder, qué emisores de mensajes escuchar… estaremos siempre a merced de otros. Sólo un espíritu crítico, pero abierto y dialogante, romperá las ataduras.

El próximo post dentro de dos martes, el 11 mayo 2021