Navidad sin Navidades: ¿qué nos queda?

Ya estamos avisados de lo que NO podemos hacer estas Navidades (omito la lista para no comerme todo el espacio de este post). En el “frente” comercial ya hemos ido transitando por algunas fechas importadas de Estados Unidos como el Black Friday, el Small Business Saturday, el Cyber Monday y el Giving Tuesday; todo ello con mayor pena que gloria, sobre todo cuando la OCU nos previene que las supuestas rebajas en realidad están bastante amañadas.

Por otra parte continuamos con la persistente lluvia de promesas, ahora centradas en la vacunas para el Covid-19. El resultado es un aumento de desconfianza entre la población española. Así según el Barómetro del CIS correspondiente al mes de noviembre (pregunta 6) sólo el 37% de la población estaría dispuesta a vacunarse inmediatamente cuando se tenga la vacuna, frente a un 47% que se niega a hacerlo y un 16% que albergan dudas.

En otra encuesta también del CIS en el mismo mes de noviembre sobre los Efectos y consecuencias del coronavirus (II), las respuestas obtenidas son más claras (pregunta 8): sólo el 32,5% estaría dispuesto a vacunarse inmediatamente, frente al 55,2% que preferiría esperar a conocer los efectos o el 8,4% que no estaría dispuesto a vacunarse en ningún caso.

No obstante, quizá no haya que ser tan pesimistas. Este tipo de opiniones suele evolucionar hacia una mayor aceptación a medida que las campañas de vacunación se despliegan y se va despejando la nube de la desinformación.

¡Felices sombrías fiestas!

Pero más cerca en el tiempo se acerca una Navidad sin grandes reuniones familiares, sin pasar unos días en la segunda residencia o en la costa, sin fiestorros en Fin de Año, sin…, sin… Ya que este verano no ha sido lo que esperábamos, teníamos la vaga esperanza de una Navidades como las de toda la vida.

El gran problema es que llueve sobre mojado. Arrastramos una temporada en la que al coste en vidas y económico se añade un impacto psicológico y relacional que puede dejar una dolorosa y profunda huella.

Según la encuesta del CIS antes citada sobre los Efectos y consecuencias del coronavirus (II), un 42% de las personas entrevistadas declaran que la crisis del coronavirus ha afectado a su familia en sus relaciones y formas de vivir, y un 34% en aspectos emocionales (pregunta 2aMT).

El impacto a nivel más personal está siendo también devastador (pregunta 4): el 62% de los entrevistados se sienten más ansiosos; el 48% más irritables; el 64% más agobiados; el 74% más intranquilos; el 49% más asustados; el 28% con más insomnio o dificultades para dormir; el 49% más temerosos o con miedo; el 58% más desilusionados; o el 38% más apáticos. Sin embargo sólo el 27% declara que su salud [física] ha empeorado (pregunta 6).

¿Y los jóvenes?

Según esta misma encuesta el 63% piensa que los sectores de población más afectados son los mayores o las personas de edad intermedia. Menos de un 8% cree que los más afectados son los jóvenes (pregunta 3). Es más, un 62% cree que son los jóvenes los más indisciplinados con las normas de protección del coronavirus (pregunta 21).

Siento discrepar de la opinión mayoritaria.

Aunque los medios de comunicación son muy dados a airear las fiestas clandestinas en las que no se respeta ninguna de las pautas anti-Covid-19, en su inmensa mayoría no están protagonizadas por jóvenes sino más bien por individuos en edad madura. Los pocos datos estadísticos fiables sobre situaciones en las que ha habido contagios colectivos se refieren en su mayoría a acontecimientos familiares de diverso tipo y no reuniones de jóvenes.

Añadamos a ello el desmoronamiento de las oportunidades de trabajo para los jóvenes, las disfunciones en la vida académica y la reducción o desaparición de los entornos habituales de socialización para los jóvenes, y comprobaremos el altísimo impacto que la pandemia está ejerciendo sobre este colectivo.

No es de extrañar que los jóvenes entre 18 y 24 años se sientan tanto o más ansiosos, irritables, agobiados, intranquilos, asustados, temerosos, desilusionados o apáticos que el resto de la población, como refleja la encuesta comentada. Incluso declaran que su salud [física] ha empeorado en el 32% de los casos, frente al 27,5% del conjunto de la población.

Diversos estudios internacionales [las referencias están a disposición de quien lo desee] apuntan en la misma dirección.

Entonces, ¿qué nos queda?

Pues nos queda todo lo que había quedado sepultado bajo la avalancha comercial, mediática y de apariencias que parece que nos exigía mostrarnos “felices y con buenos sentimientos” por ser LAS NAVIDADES. Parecerá un tópico, pero no lo es. Porque además no es sencillo, entre otras cosas porque no estamos acostumbrados a ello. ¿Y qué es eso que había quedado debajo? La respuesta, en manos de cada uno.

El próximo post dentro de dos martes, el 22 diciembre 2020

¿Vacunados…? de espanto

Si algo está meridianamente probado es la dificultad por conocer el origen, comportamiento, difusión y efectos del coronavirus. Los artículos que van apareciendo en revistas de reconocido prestigio científico nos van dando piezas sueltas -no siempre contrastadas- de un puzzle inmenso del que tardaremos años en obtener una fotografía (provisional) de conjunto. Las leyes del avance científico son machaconas a este respecto, a pesar de todos los Tweets del mundo.

Disparando a ciegas

No nos distinguimos en España por contar con un análisis fiable de lo que son las políticas públicas. La opacidad de las administraciones a todos los niveles, la facilidad para decir hoy una cosa y mañana la contraria por parte de quienes están al frente de las mismas, el anuncio de planes a bombo y platillo que no sabemos en qué quedan, etc., obligan a ser desconfiados sobre la eficacia de las medidas tomadas contra la pandemia.

No existe ninguna prueba seria sobre la relación entre las medidas de confinamiento perimetral y toques de queda y la evolución de las cifras de contagiados, hospitalizados o fallecidos en cada área donde se han decretado: NINGUNA. Lo que sí ocurre es que cuando sube el número de contagios se decretan medidas, sólo de prohibir que no de actuar proactivamente, y más pronto o más tarde las cifras bajarán. ¿Hay una relación causa-efecto? Si el tema no fuera tan serio, habría que reírse.

No existe el menor rigor a la hora de comparar los resultados de unas áreas con otras. Los efectos son erráticos y pueden llegar incluso a ser contraproducentes.

Podemos tomar como el ejemplo el caso de los confinamientos perimetrales en la Comunidad de Madrid durante los “puentes” de noviembre, que provocaron un aumento de los contagios en los municipios de su zona norte, debido a la afluencia de visitantes de la capital. Otro efecto no esperado es el pico de viandantes a las 6 de la mañana en el centro de Madrid, que es la hora a la que muchos deben esperar para volver a casa, en vez de a las 2 ó 3 habitual los fines de semana. Mientras tanto ha habido que “confinarse” en casa de un amigo debido al toque de queda. ¿Más seguridad?

De las dudas científicas a la desinformación oficial

La última oleada desinformativa gira en torno al advenimiento “ya mismo” de un supuesto diluvio de vacunas anti Covid-19.

“Cada vez que Donald Trump, Vladimir Putin o Pedro Sánchez anuncian la inminencia de una vacuna salgo corriendo a la farmacia a comprar mascarillas y después encerrarme en casa”

Las primeras reacciones entre la opinión pública son más bien de recelo, como prueban los sondeos de opinión realizados en España y otros países de nuestro entorno.

¿Es que somos anti-vacunas? De hecho España es uno de los países donde se tiene una mayor confianza en los progresos y avances científicos y el movimiento anti-vacunas es casi inexistente.

No entraré aquí en repetir lo que los foros de la comunidad científica reflejan en torno a lo que hasta ahora se sabe de cada una de la vacunas. Pero lo que sí echa a uno para atrás es precisamente ese ruido mediático que sólo favorece a la cotización de las acciones de las multinacionales farmacéuticas: entre los anuncios -que no informes científicos- de los aspirantes a su fabricación, los medios de comunicación preparados para otro tsunami de junk news y los responsables políticos promotores (y a la vez supuestos vigilantes) de la desinformación, no es de extrañar que un número creciente de personas candidatas a recibir la vacuna prefiera “esperar y ver”. Con la información actual, creo que es la postura más coherente.

Pero es que además las promesas televisadas de un futuro de rosas casi a la vuelta de la esquina socavan el esfuerzo necesario HOY de mantener comportamientos adecuados anti-pandemia y que no arrasen a la vez con el tejido económico.

El kit personal que sí funciona

Mientras tanto es necesario mantener nuestro programa preventivo para nosotros mismos y nuestro entorno.

  1. Como el principal medio de transmisión del coronavirus son los aerosoles (partículas microscópicas que permanecen en el aire durante horas), lo primero es frecuentar ambientes con aire renovado con frecuencia, bien porque nosotros los ventilamos o porque lo hacen otros. Ejemplo: autobuses y metro están bastante más ventilados que los supermercados. Por la misma razón, huir de las aglomeraciones.
  2. Las mascarillas siguen siendo imprescindibles, utilizadas correctamente.
  3. Lavarnos BIEN las manos: es muy difícil controlar cuándo nos tocamos ojos, nariz o boca.

No hay herramienta única o perfecta, pero el uso combinado de las anteriores reduce significativamente el riesgo de contagio.

P.S.:

He omitido los enlaces, citas y bibliografía que apoyan lo escrito con el fin de no sobrecargar el texto, aunque están a disposición de quien lo desee.

El próximo post dentro de dos martes, el 8 diciembre 2020

¿Son adecuadas las medidas contra la Covid-19?

Incompletas

Asistimos a una escalada en las medidas para combatir la segunda ola de Covid-19. En el mejor de los casos son medidas muy incompletas. Es como si construyéramos un taburete con dos patas o incluso con una sola. El batacazo está garantizado. Repasemos.

Aerosoles

La comunidad científica (no cargaré esto de citas, aunque están a disposición de quien las solicite) ha demostrado hasta la saciedad que un elemento clave de la transmisión del virus son los aerosoles, partículas microscópicas que transportan el virus y perduran flotando durante horas en el aire que podemos respirar.

Mascarillas

Por eso es clave el uso correcto de mascarillas, pero todavía estamos esperando indicaciones claras, uniformes y oficiales sobre sus tipos, protección que brindan, uso y reciclaje. El Ministerio de Consumo prometió hace un mes poner un poco de orden en la comercialización de mascarillas. Pero van un poco atrasados…

Aire limpio

Otra pieza clave complementaria es la renovación del aire en todo tipo de locales, no sólo las aulas de los colegios. Confieso que he adquirido un pequeño aparato que mide entre otras cosas las partes por millón (ppm) de CO2 en el aire, que es un indicador bastante aproximado de la calidad del mismo. Todavía no he encontrado ningún supermercado o local de aforos permitidos que presente cifras mínimamente “decorosas” de la calidad de su aire. Quizá muevan el aire, pero desde luego no se renueva, lo que indica con claridad que los aerosoles pululan a sus anchas, con su carga probable de virus.

En realidad donde estaríamos más seguros es al aire libre. pero la recomendación (o futura obligación) es precisamente la contraria: quedarse en casa o salir sólo para ir y volver de algún supermercado o local similar con esas “purezas” de aire.

Entonces, ¿por qué los gobiernos tienen solo una medida “estrella”, el confinamiento?

Aunque no existe prueba ninguna que el confinamiento per se frene la pandemia, lo que se hace es matar moscas a cañonazos. Lo más probable es que tenga una reducida eficacia si se trata una medida aislada: sin mejoras en los datos epidemiológicos, sin trazadores de los contagios o sin reforzamiento de los servicios sanitarios. Se nos queda el taburete con una sola pata.

Pero es la medida más cómoda. En vez de poner en marcha de forma proactiva recursos coordinados, lo más fácil es prohibir a la población hacer cosas. En España tenemos costumbre de pseudo-combatir los problemas a base de “aumentar las penas” incluidas en la legislación en vez de poner medios para su cumplimiento.

Además está el argumento infalible: lo hacen todos los gobiernos de países comparables. Ya sabemos que los gobiernos sólo reaccionan cuando tienen un problema en las manos que se convierte en político al ser susceptible de crítica por parte de la oposición, de los medios de comunicación o de la opinión pública. Pero, ¿quién se atreve a meterse a la vez con Pedro Sánchez, Angel Merkel, Emmanuel Macron, Boris Johnson, etc?

Contraproducentes

No hace falta ser un experto en ciencias sociales y del comportamiento para saber que las sociedades son sistemas cuyas partes están conectadas entre sí. Cuando se modifica un elemento, otros se recolocarán de forma muchas veces no prevista. Por ejemplo: si se decreta un confinamiento perimetral, las interacciones dentro de ese perímetro es probable que se hagan más intensas. Si las formas de ocio no se canalizan de forma adecuada sino simplemente se prohíben, las reacciones pueden ser sorpresivas. Si se vislumbra la amenaza de un confinamiento domiciliario, se disparará la adquisición de productos “de primera necesidad”. Si no existe una comunicación clara proveniente de una autoridad en la que se confíe, las redes sociales y otros medios de comunicación se llena de noticias falsas. Si no puedo salir al campo con los niños me los llevo al centro comercial. Etc.

Practicar una escalada de confinamientos cada vez más exigentes sin tener en cuenta los efectos colaterales es actuar de forma inconsciente e incluso temeraria.

Agotamiento y falsa seguridad

Medidas tan restrictivas y prolongadas, y sin compensaciones en el terreno del ocio y de los comportamientos de relación con los demás, colman nuestra capacidad colectiva de resistencia (lejos quedaron los aplausos de las 8 de la tarde). Cargar las tintas en las medidas de confinamiento como la única estrategia de facto provoca el estricto cumplimiento en esa faceta y la relajación en las demás: cumplo con lo que me obligan y del resto ya veré.

¿Y la economía?

Esos cañonazos no sólo matan moscas, sino también una economía como la nuestra en la que los servicios ocupan una importancia esencial, y en donde autónomos y pequeñas empresas cargan con la mayor parte de la generación de empleo.

Esta vez no hablaré de las alternativas.

El próximo post dentro de dos martes, el 24 noviembre 2020

Sociedad con Covid-19 (V): la bolsa o la vida

La elección

En plena pandemia se nos obliga a elegir entre hundir sectores económicos enteros o condenarnos a un contagio masivo y en buena parte letal por Covid-19.

Esta disyuntiva me recuerda la película, y novela, La decisión de Sophie: en pleno holocausto judío un oficial nazi obliga a una madre polaca a “elegir” a cual de sus dos hijos enviar a la muerte para evitar que maten a los dos. Con una magistral interpretación de Meryl Streep, la escena cumbre de la película puede verse aquí. Lo grave no es solamente que uno de los hijos perezca sino que Sophie queda marcada para siempre por una culpa moralmente imposible pero real.

Más recientemente hemos sido sometidos a otra elección tramposa cuando en la crisis de 2008 se nos planteó “elegir” entre austeridad o colapso económico. Pero lo que en realidad tuvimos fue austeridad MÁS colapso económico.

Salud o economía

¿De verdad tenemos que “elegir” entre salvar la economía o salvar nuestras vidas? Los datos disponibles sobre la experiencia en distintos países nos dicen que no son opciones alternativas, sino que -como el caso español muestra hasta ahora- se puede perder a la vez la batalla en la sanidad y en la economía.

Existe un abanico de actuaciones en positivo que pueden llevarse a cabo para luchar en ambos frentes y que hasta el momento han brillado por su ausencia. Pero empecemos antes por lo que que es necesario erradicar.

Torpezas a evitar

Hay quien todavía cree que “lanzar mensajes de optimismo” es una buena política, algo que recuerda la famosa frase de Zapatero en 2008: “No hay riesgo de crisis económica”.

La segunda torpeza es gastar las ayudas económicas de forma indiscriminada, sin planes estructurales para combatir la temporalidad y el desempleo, como ha señalado recientemente la AIRef.

La desinformación mata; también al consumo

La tercera torpeza es la negligencia en emitir información oficial, veraz y contrastada sobre la evolución de la pandemia y los instrumentos para combatirla. Dejar que este terreno sea ocupado por mensajes en Twitter, tertulianos de televisión o la polución desinformativa de los medios de comunicación y las redes sociales es crear incertidumbre, miedo, ansiedad y desconfianza.

En el terreno sanitario se producen comportamientos equivocados: mal uso de las mascarillas (¿sabemos ya lo que dura cada tipo de mascarillas?), o no respeto de las normas de interacción social, movilidad, protección personal y grupal, etc.

En el terreno económico el primer efecto del desconcierto es el frenazo brusco del consumo de los hogares. Como ya sucedió en 2008 la primera reacción es “ahorrar para lo que pueda venir”. El riesgo al despido en un empleo fijo, tener un trabajo temporal, ser autónomo o depender de un subsidio son situaciones que empujan a reducir el consumo en todos los capítulos posibles.

Recuperación económica: en V, en L o en K

Mucho se está hablando sobre la potencial recuperación económica post-Covid. Los economistas plantean varios modelos, simbolizados por letras. No incluyo la U o la W para no liarlo más.

La recuperación en V -la más optimista- contempla un rebote casi instantáneo, para volver a la situación de partida, a la “nueva normalidad”. Esta visión no sólo es incierta, en particular para el caso español, sino que fomenta el quietismo (las cosas volverán a su cauce por sí mismas) y la ansiedad porque el rebote no acaba de llegar.

La recuperación en L pronostica unos duros años económicos por delante, arrastrándonos por el suelo de la crisis económica durante no se sabe cuánto tiempo.

La recuperación en K prevé que habrá ganadores -trazo de la K hacia arriba- y perdedores pues esta crisis dará un nuevo vuelco a sectores enteros de la economía. ¿De qué depende situarse en el trazo ascendente o descendente de la K?

La pasividad mata la economía

Dependerá de la puesta en marcha de políticas activas y coordinadas, basadas en acuerdos políticos y sociales. No nos engañemos: estamos ante una crisis económica igual o más grave que la de 2008. Y para que tras aquella estocada la actual no sea la puntilla el esfuerzo de concertación social y política debe ser sustancial.

La concertación debería tener dos ejes. El primero se basa en el apoyo decidido tanto a los sectores que pueden liderar la recuperación como a los que exigirán una restructuración importante (digitalización, reasignación de recursos a actividades más productivas, etc.). Ello debería ir acompañado de una acción gubernamental que modernice la creación de nuevas empresas, el acceso al crédito de las Pymes y autónomos, etc.

El segundo eje debería dirigirse a dotar de cobertura asistencial a los sectores de población que más están sufriendo el impacto: recualificación laboral, subsidios en tiempo y forma…

¿Estaremos a la altura de la tarea?

El próximo post dentro de dos martes, el 10 noviembre 2020

Sociedad con Covid-19 (IV): acciones colectivas

Estamos peor

Desde el punto de vista sanitario la segunda ola del Covid-19 parece ser más grave que la sufrida en primavera. A ello se añaden dos factores que la empeoran: la polarización entre partidos políticos y el agotamiento y hartazgo en amplios sectores de la sociedad.

No, dada la trifulca interminable entre las formaciones políticas, sinceramente no puede esperarse mucho de ellas a la hora de combatir la pandemia del Covid-19; al menos hasta que un cambio en el sistema representativo-electoral permita supervisar de verdad a los votados por parte de los votantes. Es como si nos hubiéramos quedado huérfanos.

Así, a la mayoría de los entrevistados en el Barómetro del CIS de este mes de septiembre, la política que estaba siguiendo el Gobierno actual para luchar contra el COVID-19 (pregunta 8) les merecía poca o ninguna confianza (56,8%), frente al 31,6% que les merecía mucha o bastante.

Los psicoanalistas hablarían de “la muerte del padre”, pero no es mi caso. Yo hablaría de un vacío social que se puede y se debe llenar. ¿Por quién? Por nosotros.

Es la hora de remontar construyendo

Se han realizado multitud de pronunciamientos por parte de asociaciones profesionales y ciudadanas, incluyendo críticas y llamamientos a gobernantes y partidos políticos para hacer las cosas de otra manera. Por desgracia sin resultados.

Hay que ir más allá y salir al paso de carencias que literalmente están segando vidas, impactando severamente en la salud de miles y miles de personas, hundiendo económicamente a centenares de miles de pequeñas empresas, trabajadores autónomos y hogares, horadando la confianza social y deteriorando la convivencia cotidiana y el bienestar personal.

Hemos hecho gestos solidarios con el personal sanitario y con los colectivos más vulnerables a la pandemia; hemos clamado por una acción positiva y coordinada de los poderes públicos. ¿Podemos hacer algo más? Sí, pero no de cualquier manera.

Creo que es el momento de plantear la batalla contra la pandemia a partir de redes de colaboración desde dentro de la sociedad civil y a dos niveles: el del asociacionismo y el de la incorporación de nuevos comportamientos grupales y colectivos.

Asociaciones civiles: ¡a sus puestos!

Echo en falta -más allá de los necesarios pronunciamientos- recibir de entidades solventes información clara y confiable sobre las medidas sanitarias que puedan frenar la expansión del virus, controlar sus efectos y reducir su impacto en el bienestar de las personas. ¿Alguien -me refiero a sociedades médicas o similares, no a tertulianos de televisión- ha explicado la eficacia de cada tipo de mascarilla, su mantenimiento adecuado, su uso cotidiano y su duración? Mi experiencia consultando media docena de farmacias cercanas a mi domicilio fue más deprimente… ¿Son más seguros los espacios al aire libre o las viviendas de 60 m2 de reducida ventilación donde conviven familias numerosas?

Echo también en falta información sencilla, asequible y solvente sobre la normativa dictada por las diferentes administraciones sobre confinamientos, uso de espacios colectivos, acceso a centros de salud, actuación en caso de contacto con personas contagiadas, cuarentenas, etc.

Junto a quienes pueden aportar la información citada existen también asociaciones de vecinos, de mayores y jubilados, de familias con hijos escolarizados, de profesionales de distintas ramas, etc. que podrían canalizar entre sus miembros las orientaciones recibidas. Pero la verdad es que carecemos de forma sistemática de esos canales transversales de colaboración. No contamos con un diálogo fluido entre las asociaciones de personal sanitario y las que agrupan a los usuarios del sistema de salud.

En otra página de esta web estoy incorporando poco a poco el listado de asociaciones y entidades que creo podrían ir tejiendo esa red de colaboraciones, en particular en lo que se refiere a la lucha contra el Covid-19. Todas las sugerencias serán bienvenidas.

Nuevos comportamientos sociales

El segundo nivel parte de la constatación de que los hábitos de protección contra la pandemia sólo se adquieren de forma grupal, no individual. Necesitamos apoyos sociales para mejorar comportamientos, no condenas. No pueden decirnos sin más que si hemos tenido contacto cercano con una persona contagiada nos confinemos en nuestro domicilio y ya está. ¿Y nuestro trabajo? ¿Quién lleva a los hijos al colegio? ¿Quién realiza las mil y una gestiones cotidianas? Facilitemos los hábitos y medidas saludables, evitando señalar a las víctimas como si fueran también culpables.

En el caso de nuestros país existe una significativa carencia de análisis e intervenciones serias sobre la dimensión grupal de la propagación del virus y las herramientas psico-sociológicas o conductuales para su contención. Las epidemias son fenómenos tan sociales como sanitarios. Pero, aparte de algunas encuestas de opinión, desconozco la existencia de esfuerzos por calibrar los mecanismos colectivos que intervienen o que pueden ponerse en práctica. No es ciencia infusa. Varios premios Nobel en los últimos años están dedicados a ello.

El próximo post dentro de dos martes, el 27 octubre 2020

Sociedad con Covid-19 (III): ¿de la solidaridad a la desconfianza?

Fuimos los más solidarios…

A pesar de la desinformación sistemática tanto en noticias como en datos… a pesar del penoso espectáculo de descoordinación entre administraciones públicas… a pesar del duro coste en vidas humanas, en particular entre los más vulnerables en residencias de mayores… a pesar del sacrificado trabajo del personal sanitario… a pesar del coste educativo, laboral y económico de sectores enteros… hemos sido el país más (esta vez sí) disciplinado del mundo en el confinamiento en el domicilio y el uso de mascarillas.

pero hemos tenido una gestión pública irresponsable

El juego interesado entre los partidos políticos -agravando las tensiones entre las CCAA y el gobierno central- desembocó en una dejación escalonada de las obligaciones de unos y otros, provocando un desconfinamiento irresponsable al comienzo del verano. Así lo señala un reciente estudio comparativo de nueve países publicado en la revista The Lancet, que señala al Reino Unido y a España como los países con peor gestión de la pandemia. Otro reciente artículo, esta vez del New York Times, se titula precisamente “La incompetencia de los políticos españoles puede ser tan mortal como la COVID-19“.

Nuestras reacciones post-confinamiento: de la sensación de liberación…

Tras las duras condiciones durante la primavera, la llegada del verano se ha vivido como una liberación, como una recompensa al sacrificio, como la vuelta a la “nueva normalidad“. Todo ello en el mismo contexto de desinformación y de guerra entre unos partidos políticos cuyo campo de batalla sigue siendo los medios de comunicación y los gobiernos central y autonómicos.

…al choque con la segunda ola de la pandemia…

Pero la realidad del Covid-19 ha tornado con mayor virulencia en un escenario mucho más complicado -comienzo del curso escolar, crisis económica, crispación política más aún si cabe- y descubriendo que las contingencias prometidas por las Administraciones Públicas habían quedado en papel mojado.

…a los comportamientos dispares…

Carlos Marx escribió hace más de siglo y medio que…

Los hombres [ahora se diría también “y las mujeres”] hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidos por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado.

El 18 Brumario de Luis Bonaparte, cap.1

Esto es aplicable a nuestra actual situación en la que seguimos sin tener informaciones y directrices claras sobre cómo actuar. Recientemente lo he comprobado yo mismo cuando al preguntar en media docena de farmacias sobre qué tipo de mascarillas utilizar he obtenido seis respuestas totalmente dispares. Pero los ejemplos son continuos desde políticos y tertulianos, canalizados por los llamados medios de comunicación y las redes sociales.

No es de extrañar pues que los comportamientos de autoprotección ante el Covid-19 estén condicionados fuertemente por circunstancias socio-demográficas, tal y como señala un reciente estudio. Por eso antes de culpabilizar a unos u otros, más valdría conocer esas circunstancias y aplicar las medidas apropiadas. No será por falta de guías para ello (ver aquí, aquí o aquí).

…y a la desconfianza

Cuando se forma parte de un grupo social al que los medios de comunicación y redes sociales culpabilizan de la expansión del Covid-19 (jóvenes, mayores, migrantes, etc.) o temen consecuencias negativas (cuarentena domiciliaria o pérdida de actividad económica), la reacción inmediata puede ser el ocultamiento de las conductas o de los posibles síntomas, incluyendo el rechazo a pasar el test correspondiente.

Se alimenta así la espiral de la desconfianza, no sólo respecto a las Administraciones Públicas sino entre grupos sociales diferenciados. Las actitudes sociales negativas pueden ser incluso hacia quienes no lleven mascarilla u otros comportamientos externos. Según un estudio reciente en el Reino Unido, la fractura social derivada de esta dinámica está siendo más profunda que la que generó el referéndum del Brexit.

¿Vacunación?

No hay en España un estudio similar, pero sí conocemos las opiniones sobre una eventual vacunación. En una encuesta realizada para la FECYT, fundación pública del Ministerio de Ciencia e Innovación, sólo un 32% de los encuestados se muestra totalmente favorable a recibirla, el 36% estaría en una posición favorable, aunque con algunas reticencias, y el 23% muestra un nivel de reserva alto. Cifras parecidas ofrece el Barómetro del CIS de este mes de septiembre, cuando (pregunta 7) sólo el 44% dice estar dispuesto/a a vacunarse inmediatamente cuando se tenga la vacuna, frente a un 40% que responde negativamente.

Impacto social diferente del Covid-19 según cada país

En fin, no todos los países han visto su cohesión social afectada por el Coronavirus de la misma forma. Entre 14 países desarrollados una encuesta internacional del Pew Research Center revela que en España el 59% de la población piensa que el país está ahora más dividido que antes de la pandemia, pesimismo solamente superado por los Estados Unidos de Donald Trump.

¿Podemos hacer algo?

Sí.

El próximo post dentro de dos martes, el 13 octubre 2020

Sociedad con Covid-19 (II): por qué Radar Covid no funcionará

La anunciada App Radar Covid, ideada para teléfonos móviles con objeto de facilitar el rastreo de contagios entre personas, no va a dar resultado. Un experto en nuevas tecnologías tan reconocido como Enrique Dans se mostraba enfadado por el escaso eco que ha tenido en países como Japón, Italia, Australia, Francia Reino Unido o India. Creo que su enfado va a ser aún mayor en el caso de España.

¿Causas técnicas?

Como siempre, hay una confluencia de factores que se combinan para desembocar en el fracaso que se vislumbra.

Técnicamente la App requiere usar un smartpone con el Bluetooth siempre activado y, en el caso de teléfonos con Android, el geolocalizador también activado. Para que un teléfono así intercambie un código secreto con otro, han de estar al menos 15 minutos seguidos a una distancia menor de 2 metros. Se trata de condiciones algo restrictivas pero entendibles para no sobrecargar el sistema y que se acumulen los llamados falsos positivos.

En el caso de un segmento de edad de riesgo como es la población de mayores, la penetración de teléfonos móviles y en particular de smartphones es todavía insuficiente. Por otra parte “las graves deficiencias de accesibilidad de la aplicación …, que excluye de su uso a determinadas personas con discapacidad”, han sido también denunciadas por el CERMI.

En fin, a estas alturas ni siquiera es compatible con las Apps de otros países europeos.

Los problemas “antes de”

Buena parte de las Administraciones Públicas vienen en realidad “arrastrando los pies” con el Radar Covid. Me sorprende en primer lugar que sea el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital quien haya liderado su implantación y no el Ministerio de Sanidad, aunque en las CCAA sean los departamentos de Salud los encargados de su gestión. Pero además se ha hecho de rogar para liberar su código fuente, retraso inaudito en este tipo de casos.

De igual forma en muchas de estas CCAA, al menos las que contabilizan un gran porcentaje de la población española, la actitud ha sido cualquier cosa menos entusiasta: esquiva -como en Euskadi, con una App “propia”-, dilatoria -como en Cataluña, Comunidad Valenciana o Madrid– o, a fecha de hoy “sin noticias” (Galicia, …)

No menos importante, la ausencia de una información completa, clara y oficial del funcionamiento de la App, en particular sobre cómo debemos actuar si recibimos un aviso, ha dado paso nuevamente a una riada de noticias heterogéneas, incompletas y a veces preocupantes en los medios de comunicación.

Los problemas “después de”

Una vez puedan quedar solventadas las cuestiones citadas más arriba, supongamos haber recibido en nuestro smartpone un aviso que indica que alguien con quien hemos estado en las dos últimas semanas a menos de dos metros de distancia y durante más de quince minutos, ha emitido el aviso de haber dado positivo en un test sobre el Covid-19. ¿Qué hacer?

Menudo marrón, he recibido una alerta de posible contagio”. Ante nosotros se abre un abismo de toma de decisiones. El primer paso sería dirigirse a nuestro Centro de Atención Primaria (CAP) para comunicar nuestra situación. Para que los CAP no se colapsen, como ya se temen en Madrid o en la Comunidad Valenciana, casi seguro que no nos citarán para un PCR sino más bien que observemos una cuarentena de dos semanas en nuestro domicilio. ¿Lo haríamos? ¿Qué pasa con nuestro trabajo? ¿Y hay que avisar a las personas con las que hemos tenido contacto recientemente, empezando por nuestros familiares y amigos?

Si en otro caso nos han hecho una prueba y ésta ha resultado positiva, debemos solicitar al CAP que pida al gobierno central un código que introduciríamos en nuestro smartphone. Así se emite una señal para que los contactos (últimas dos semanas X dos metros X quince minutos) reciban el “marrón“. Los primeros serán nuestros familiares y amigos cercanos, con la correspondiente “mala conciencia” por nuestra parte.

Entre la sensación de culpabilidad y la falsa seguridad

En conjunto, la dinámica que se crea no es la de “arrimar el hombro todo el mundo” para mejorar la trazabilidad del virus, sino más bien la sensación de que recae en nuestras manos solitarias la responsabilidad de que no se propague.

En el otro extremo el confiar la tarea a un artefacto tecnológico como es la App Radar Covid puede hacernos incurrir en el sesgo de ilusión de control: la App ya se encarga de todo y por eso podemos relajar nuestro estado de alerta personal.

Una vez más, el comportamiento individual es responsabilidad de cada uno, pero cambiar los comportamientos colectivos es tarea del conjunto de la sociedad y de los administradores de los recursos públicos.

El próximo “post” dentro de dos martes, el 29 septiembre 2020

Sociología contra coronavirus. 2ª parte


La paradoja de la pandemia

La fulminante extensión del coronavirus ha revelado que vivimos en un mundo globalizado, nos guste o no. Pero a la vez, ésta es la paradoja, estamos más separados que nunca unos de otros, no sólo físicamente confinados sino también y sobre todo fragmentados en nuestras sociedades nacionales, nuestras organizaciones supranacionales (Unión Europea) o mundiales.

Entre la Aldea global de la que nos hablaba hace más de medio siglo el sociólogo Marshall McLuhan y las acciones aisladas de los individuos, queda un vacío cada vez más profundo, desprovisto de relaciones Comunitarias Constructivas de Colaboración y Cooperación. Tomemos la situación española que estos días vivimos.

Valerosos gestos individuales…

Sé que la gente es solidaria y mantiene una gran empatía hacia sus semejantes, cuando cada tarde a las ocho oigo los aplausos desde centenares de ventanas y balcones expresando el apoyo al personal sanitario y de otro tipo que están en primera línea de la lucha contra el coronavirus. Tiene además el efecto positivo de reforzar nuestro sentimiento de pertenencia a un colectivo, de lo que ya nos hablaba el psicólogo Abraham Maslow, más allá de estrechas miras identitarias.

Sé que en nuestra sociedad hay imaginación e iniciativas con un gran potencial cuando me llegan centenares (literalmente) de videos, consejos y propuestas individuales para sobrellevar y superar los mil y un problemas que la pandemia nos plantea.

…pero hay que ir más allá delentre todos lo superaremos”. Sí pero ¿cómo?

Lo anterior es necesario… pero insuficiente. Las acciones corales, como los aplausos, y las iniciativas personales se quedan a medio camino de la Construcción Colectiva. Consiste en crear algo nuevo que cada uno individualmente no podríamos llevar a cabo. Hay que establecer nuevas relaciones basadas en valores compartidos, donde cada uno aporte su contribución diferencial a ese colectivo. Al ser más que la suma de las partes, podremos encontrar soluciones a problemas antes irresolubles. En una palabra, se trata de asociarse. Para el pensador y político francés Alexis de Tocqueville,

“Resulta evidente que si cada ciudadano, a medida que se va haciendo individualmente más débil y, por consiguiente, más incapaz de preservar por sí solo su libertad, no aprende el arte de unirse a sus semejantes para defenderla, la tiranía crecerá necesariamente con la igualdad.”

La democracia en América, vol. 2, parte 2, cap. 5

Sí, pero ¿el qué?

A los inicios del coronavirus en una comunidad de vecinos de mi barrio, con casi cien viviendas y un altísimo porcentaje de población “senior”, se le propuso a su Presidente organizarse para mantener desinfectadas las zonas de uso común (portal, pasillos, botones), usar individualmente los ascensores, etc. La respuesta fue que “no era su misión”. En contraste, algunas personas de ese mismo vecindario, en particular jóvenes (¿quién dijo que no eran solidarios?), se han ofrecido para ayudar a sus convecinos a la hora de hacer la compra, ir a la farmacia u otras tareas.

Estas pequeñas iniciativas de auto-organización, que ofrecen una simbiosis entre las habilidades y las aportaciones de cada uno nos harán ir más lejos y estar más unidos que nunca. Otros ejemplos podrían ser:

  • organizarse para mantener canales de comunicación limpios de “fake news”
  • apoyo empático a través de las redes sociales ¡o del simple teléfono!
  • crear redes que mantengan el contacto de lo que antes hacíamos cara a cara: desde las actividades del centro de mayores hasta los clubs de lectura; por no hablar más que de las relacionadas con la población mayor, hoy más vulnerable y aislada

Más allá del asociacionismo identitario

Una última nota de advertencia. Tenemos tendencia, y en los últimos tiempos más que nunca, a asociarnos con quienes son “como nosotros” (por género, etnia, lengua, edad, origen social o territorial). Nos empobreceríamos personal y socialmente, perdiendo la oportunidad de incrementar lo que los sociólogos llaman “capital social“.

El asociacionismo identitario incrementa la polarización y las tensiones sociales, de las que por desgracia estamos “sobrados” en nuestro país.

La República de Weimar fue el régimen político de Alemania entre 1918 y 1933, es decir entre la hecatombe de la Primera Guerra Mundial y el advenimiento del nazismo. Una de las características más notables de ese periodo fue la floreciente vida asociativa. Pero, señalan Acemoglu y Robinson,

“todo esto sucedía de acuerdo con posiciones sectarias. Incluso en los pueblos pequeños las asociaciones estaban divididas entre las de los católicos, los nacionalistas, los comunistas y los socialdemócratas. Un joven con simpatías nacionalistas pertenecería a clubes nacionalistas, acudiría a una iglesia nacionalista y probablemente socializaría y se casaría en el interior de estos círculos nacionalistas”

El pasillo estrecho, p.503-4

El ascenso de los nazis se aprovechó de esta densa y polarizada sociedad civil (idem, n.357)

El próximo post dentro de dos martes, el 14 abril 2020

Sociología contra el coronavirus

Por desgracia la forma como se ha encarado hasta hace poco la pandemia del coronavirus ha sido francamente mejorable, por decirlo con suavidad. Pero la sociología puede ayudar en esta situación y de eso va este post.

Factores sociológicos explican la diferente expansión del virus

El ritmo de expansión del coronavirus se calcula con el llamado número básico de reproducción (R) que es el producto de cuatro factores, uno de los cuales es el número de contactos sociales (piel con piel o intercambio de conversación a poca distancia) que una persona infectada tenga con otras personas. En un estudio realizado hace doce años en ocho países europeos se midió el número diario de contactos sociales de las personas. En Italia, por ejemplo, este número era más del doble que en Alemania, lo que puede en parte explicar el diferencial entre ambos países. España no estaba incluida en el estudio, aunque supongo que nos parecemos más a los italianos que a los alemanes.

Pero además de para analizar, la sociología sirve también para actuar.

Primera medida: reducir la exposición… ¡a los medios de comunicación!

Entre los medios de comunicación hay que incluir no sólo las cadenas de televisión sino también internet en todas sus formas: páginas web de periódicos, twitter, facebook, grupos de WhatsApp o blogs como éste. Internet tiene el peligro añadido sobre el periódico en papel de cada día que se mezclan “noticias” de diferentes fechas, de modo que mensajes contradictorios emitidos en tiempos distintos comparten la misma página web.

Los medios de comunicación compiten para atraer nuestra atención a base de pseudo-informaciones improvisadas (tertulianos), noticias más alarmantes que las de los otros medios y todo en forma de bombardeo constante. Esto nos provoca sucesivas fases: a) pánico; b) aturdimiento; y c) hartazgo. Todas ellas TÓXICAS.

Mis consejos:

  • Bloquear la exposición a noticias y medios de comunicación que nos generen miedo
  • Reducir el seguimiento a pocos medios: no nos traguemos todos los telediarios, por favor
  • Los dos puntos anteriores nos permitirán sacar tiempo para chequear las fuentes y saber quién emite el mensaje: no hay que fiarse sólo de los de “nuestra cuerda”, sino tratar de combinar fuentes opuestas y así formar nuestro propio criterio
  • En fin, rechazar toda imagen (personas, preferiblemente de rasgos orientales, con mascarillas en vías públicas) que nos invite a señalar culpables de la pandemia. No sólo es un crimen, también es un error. La epidemiología también ha mostrado que el famoso paciente cero no existe.

Segunda medida: estrategias para incorporar a nuestra vida cotidiana hábitos de prevención

Como muestra este vídeo, es muy difícil erradicar viejos hábitos (tocarse la cara) o incorporar otros nuevos (lavarse la cara y mantener distancias entre personas):

Pero se puede hacer. Mis consejos:

  • Crearnos registros (notas en papel) para conocer con objetividad las veces y circunstancias en las que nos hemos vuelto a tocar la cara, etc.
  • En nuestro entorno cercano: ayudarnos mutuamente a incorporar rutinas, como recordarnos el lavado de manos en momentos específicos acordados por todos
  • Adjuntar a rutinas cotidianas que ya tengamos (cada uno busque las suyas) los nuevos hábitos a incorporar

Tercera medida: la hora de la comunidad

Entre los “paquetes” de medidas gubernamentales y las acciones individuales hay un espacio a cubrir por las comunidades a las que pertenecemos.

Las autoridades de turno han pasado de la suficiencia (Nuestro sistema sanitario está perfectamente preparado”) a responsabilizarnos de lo que nos pueda pasar: (“¡No se toquen la cara!”,“¡no se den la mano!”), aunque haya quien como el primer ministro de Holanda demuestre tomarse a chiste lo que predica:

Pero además de lo que hagamos cada uno individualmente la acción colectiva en las organizaciones, empresas, servicios comunes y comunidades, es un factor esencial. Aquí van algunos ejemplos:

  • Las entidades bancarias deberían asegurarse que las pantallas táctiles de los cajeros automáticos no son fuente de transmisión del virus
  • Los supermercados deben ayudar para que los clientes no se aglomeren en las cajas o agarren las barras de los carritos de la compra con las manos desnudas
  • Las comunidades de vecinos deberían actuar sobre las zonas comunes evitando por ejemplo, que se comparta el ascensor entre personas de diferentes viviendas, o desinfectando con frecuencia picaportes del portal, botones de ascensor, pasamanos, etc.

Última medida: cambiando nuestra vida por un tiempo

La estrategia de “aplanamiento de la curva de contagio” con objeto de no colapsar los servicios sanitarios significa que el ciclo de crecimiento-decrecimiento de la pandemia se alarga en el tiempo. Por eso debemos poner en marcha nuevos contenidos en nuestra vida para nosotros y nuestro entorno, en particular la población más joven, con objeto de llenar los tiempos de ocio forzado y no acabar de los nervios.

El próximo post dentro de dos martes, el 31 de marzo