Sociedad con Covid-19 (II): por qué Radar Covid no funcionará

La anunciada App Radar Covid, ideada para teléfonos móviles con objeto de facilitar el rastreo de contagios entre personas, no va a dar resultado. Un experto en nuevas tecnologías tan reconocido como Enrique Dans se mostraba enfadado por el escaso eco que ha tenido en países como Japón, Italia, Australia, Francia Reino Unido o India. Creo que su enfado va a ser aún mayor en el caso de España.

¿Causas técnicas?

Como siempre, hay una confluencia de factores que se combinan para desembocar en el fracaso que se vislumbra.

Técnicamente la App requiere usar un smartpone con el Bluetooth siempre activado y, en el caso de teléfonos con Android, el geolocalizador también activado. Para que un teléfono así intercambie un código secreto con otro, han de estar al menos 15 minutos seguidos a una distancia menor de 2 metros. Se trata de condiciones algo restrictivas pero entendibles para no sobrecargar el sistema y que se acumulen los llamados falsos positivos.

En el caso de un segmento de edad de riesgo como es la población de mayores, la penetración de teléfonos móviles y en particular de smartphones es todavía insuficiente. Por otra parte «las graves deficiencias de accesibilidad de la aplicación …, que excluye de su uso a determinadas personas con discapacidad», han sido también denunciadas por el CERMI.

En fin, a estas alturas ni siquiera es compatible con las Apps de otros países europeos.

Los problemas «antes de»

Buena parte de las Administraciones Públicas vienen en realidad «arrastrando los pies» con el Radar Covid. Me sorprende en primer lugar que sea el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital quien haya liderado su implantación y no el Ministerio de Sanidad, aunque en las CCAA sean los departamentos de Salud los encargados de su gestión. Pero además se ha hecho de rogar para liberar su código fuente, retraso inaudito en este tipo de casos.

De igual forma en muchas de estas CCAA, al menos las que contabilizan un gran porcentaje de la población española, la actitud ha sido cualquier cosa menos entusiasta: esquiva -como en Euskadi, con una App «propia»-, dilatoria -como en Cataluña, Comunidad Valenciana o Madrid– o, a fecha de hoy «sin noticias» (Galicia, …)

No menos importante, la ausencia de una información completa, clara y oficial del funcionamiento de la App, en particular sobre cómo debemos actuar si recibimos un aviso, ha dado paso nuevamente a una riada de noticias heterogéneas, incompletas y a veces preocupantes en los medios de comunicación.

Los problemas «después de»

Una vez puedan quedar solventadas las cuestiones citadas más arriba, supongamos haber recibido en nuestro smartpone un aviso que indica que alguien con quien hemos estado en las dos últimas semanas a menos de dos metros de distancia y durante más de quince minutos, ha emitido el aviso de haber dado positivo en un test sobre el Covid-19. ¿Qué hacer?

Menudo marrón, he recibido una alerta de posible contagio”. Ante nosotros se abre un abismo de toma de decisiones. El primer paso sería dirigirse a nuestro Centro de Atención Primaria (CAP) para comunicar nuestra situación. Para que los CAP no se colapsen, como ya se temen en Madrid o en la Comunidad Valenciana, casi seguro que no nos citarán para un PCR sino más bien que observemos una cuarentena de dos semanas en nuestro domicilio. ¿Lo haríamos? ¿Qué pasa con nuestro trabajo? ¿Y hay que avisar a las personas con las que hemos tenido contacto recientemente, empezando por nuestros familiares y amigos?

Si en otro caso nos han hecho una prueba y ésta ha resultado positiva, debemos solicitar al CAP que pida al gobierno central un código que introduciríamos en nuestro smartphone. Así se emite una señal para que los contactos (últimas dos semanas X dos metros X quince minutos) reciban el «marrón«. Los primeros serán nuestros familiares y amigos cercanos, con la correspondiente «mala conciencia» por nuestra parte.

Entre la sensación de culpabilidad y la falsa seguridad

En conjunto, la dinámica que se crea no es la de «arrimar el hombro todo el mundo» para mejorar la trazabilidad del virus, sino más bien la sensación de que recae en nuestras manos solitarias la responsabilidad de que no se propague.

En el otro extremo el confiar la tarea a un artefacto tecnológico como es la App Radar Covid puede hacernos incurrir en el sesgo de ilusión de control: la App ya se encarga de todo y por eso podemos relajar nuestro estado de alerta personal.

Una vez más, el comportamiento individual es responsabilidad de cada uno, pero cambiar los comportamientos colectivos es tarea del conjunto de la sociedad y de los administradores de los recursos públicos.

El próximo «post» dentro de dos martes, el 29 septiembre 2020

Covid-19 impactando en nuestro Estado de las Autonomías

Un entierro y tres Comunidades Autónomas

23 febrero 2020: casi un centenar de personas se congregan en el cementerio de El Salvador de Vitoria-Gasteiz para velar y el día siguiente enterrar a un hombre de 40 años. Los asistentes, que coinciden con una pareja llegada de Italia, vuelven después a sus lugares de residencia: Vitoria-Gasteiz en Álava, Casalarreina y Haro en La Rioja, y posteriormente Miranda de Ebro en Burgos. El coronavirus se extiende casi a la vez por tres Comunidades Autónomas. ¿Se coordinaron entonces los tres servicios sanitarios o posteriormente los de todas las CCAA? No (ver El País, 31 marzo 2020). ¿Por qué?

Lo cierto es que existe mejor coordinación a nivel europeo con una única Tarjeta Sanitaria Europea, válida en 31 países, que en España donde la tarjeta sanitaria de una Comunidad Autónoma no es operativa en ninguna de las otras 16. Eso sin hablar de las diferentes coberturas, medios y requisitos para una atención sanitaria que presume de ser «universal». ¿Cómo es posible que el teléfono único de emergencias para toda Europa e incluso algunos países latinoamericanos sea el 112 y sin embargo tengamos un teléfono diferente para consultas sobre el coronavirus en cada una de las CCAA?

Sí, el señor Torra tenía razón

Claro que el estado de alarma invade competencias de las Comunidades Autónomas en materia de sanidad. El problema es que la ausencia de coordinación y entendimiento entre las mismas y con el gobierno central NO DEJABA OTRA ALTERNATIVA. Es que ni siquiera en esta situación se ha producido el menor esfuerzo o mostrado el menor interés de unos y otros por avanzar en una coordinación y consenso. En vez de coordinación sólo hay ordeno y mando poco eficaz del gobierno de Pedro Sánchez y por eso mismo los resultados son decepcionantes, cuando no trágicos para sanitarios, personas mayores, desempleados, autónomos, PyMEs, etc.

El ejemplo de Alemania

Alemania es el único país que según el Regional Authority Index goza de una descentralización superior a la española. Sin necesidad de estados de alarma han tomado decisiones unánimes entre el gobierno federal y los gobiernos regionales (Länder). Este «milagro«, como lo calificó la propia Angela Merkel, ha permitido poner en marcha políticas sanitarias más eficaces que en la mayoría de los países europeos. Pero no es un milagro. Es el resultado de años de coordinación en la sanidad y otros campos, de claridad en la distribución de competencias, de un Consejo Federal de los Länder que funciona y, sobre todo de sentirse un único país.

En España los gobiernos autonómicos controlan el 92,6% del gasto sanitario público, (datos 2018), que supone del 25% al 39% de los presupuestos de cada CCAA. ¿Se traduce esto en una atención sanitaria a la ciudadanía de más calidad y eficacia?

El Estado de las Autonomías: defectos y virtudes

De un gran ciclista ganador del Tour de Francia se decía, no sin cierta mala uva, que tenía todos los defectos de un gran campeón y ninguna de sus virtudes. De igual forma, nuestro Estado de las Autonomías parece tener todos los defectos de la descentralización y ninguna de sus virtudes.

El Estado de las Autonomías debería significar:

  • una mayor cercanía de la ciudadanía a la gestión de lo público,
  • una simplificación de los procedimientos de esa gestión,
  • un mayor reconocimiento a los distintos colectivos y sus rasgos propios, sean mayorías o minorías, y por todo ello
  • un enriquecimiento del conjunto de España derivado de la diversidad dentro de la lógica coordinación, respeto, solidaridad y suma de esfuerzos.

No hay espacio aquí para explorar los obstáculos que entorpecen la construcción de un Estado de las Autonomías enriquecedor. Sólo enumeraré varios problemas que trataré en futuras entregas:

  • Descentralización no equivale per se a más democracia
  • Gobiernos autónomos y locales están peor fiscalizados en su gestión por parte de la ciudadanía. De ahí que la corrupción de los políticos, no los funcionarios, haya estado mucho más extendida a esos niveles que a nivel central
  • Cargos y «asesores de confianza» en municipios, diputaciones y gobiernos autónomos se convierten en botín de los partidos políticos gobernantes, más cerca del caciquismo decimonónico que del gobierno de la ciudadanía
  • La izquierda española (si todavía tiene sentido hablar de izquierda hoy en día) ha caído de lleno en la trampa identitaria, ensalzando diferencias como rasgos excluyentes en vez de diversidades que suman
  • ¿Por qué es tan raquítico el número de «convenios» y «acuerdos de cooperación» horizontales entre CC.AA., que define el Art.145.2 de la Constitución?
  • Se ha dejado la política lingüística en manos del independentismo, que utiliza la lengua como instrumento segregador, con la pasividad cómplice de los sucesivos gobiernos centrales, como bien señala Mercè Vilarrubias (Por una Ley de Lenguas. Convivencia en el plurilingüismo).

Continuará.

Sociología política del coronavirus

Un mismo virus, un impacto diferente

El coronavirus se ha extendido por todo el mundo y sin embargo sus efectos van a ser -están siendo- muy distintos de un país a otro. Y no me refiero sólo a las tasas de contagio y mortalidad sino también a sus efectos en cadena en otros ámbitos.

Por qué los efectos son distintos

Aunque a menor escala (por ahora) el COVID-19 es lo que Acemoglu y Robinson definen como una coyuntura crítica:

«Es un gran acontecimiento o una confluencia de factores que trastorna el equilibrio económico o político existente en la sociedad. Una coyuntura crítica es una arma de doble filo que puede provocar un giro decisivo en la trayectoria de un país. (…) El hecho de comprender cómo la historia y las coyunturas críticas perfilan el camino de las instituciones económicas y políticas nos permite tener una teoría más completa de los orígenes de las diferencias en pobreza y prosperidad.»

Por qué fracasan los países, p.127

Así pues, los efectos dependen de las instituciones económicas y políticas de cada país en el momento del impacto.

Cómo nos ha pillado en el caso español

Pues con un gobierno débil (esto ya lo sabíamos desde el día que se constituyó), una institución monárquica en shock post-traumático, una sanidad que resultó no ser la mejor del mundo, un Estado de las Autonomías tensionado al máximo, una Unión Europea más invertebrada que nunca, una dolorosa remontada de la crisis económica del 2008, un mercado de trabajo precarizado y con más de un 13% de desempleo antes de la pandemia, un aparato judicial en la UCI, unas economías familiares maltrechas y una crispación política sin precedentes.

Dadas estas circunstancias no supone una sorpresa:

  • que el gobierno esté ejerciendo un liderazgo en ocasiones errático y contradictorio, con preocupantes ramalazos autoritarios;
  • que la única forma de que todas las Comunidades Autónomas actuaran en la misma (relativa) dirección haya sido decretando el Estado de Emergencia; (de esto hablaré más otro día)
  • que el seguimiento epidemiológico de la pandemia siga careciendo de datos fiables;
  • que el impacto en el sistema sanitario, en la tasa de contagios entre su personal y el número de fallecimientos en las residencias de ancianos haya sido devastador;
  • que nuestras preocupaciones empiecen a bascular del miedo a la pandemia al miedo a una nueva crisis económica.

Es como el boxeador que tras recibir un primer gancho que le ha dejado de rodillas sobre la lona recibiera ahora un segundo puñetazo.

Inseguridad, «depender de…» y los nuevos pobres

Este segundo puñetazo crearía un dramático impacto en la economía de los hogares. No se trata sólo de situaciones de deprivación sino también, y algunas veces sobre todo, la inseguridad y el no poder contar con medios propios: autónomos y pequeños empresarios abocados al cierre, asalariados en precario o amenazados de ERTEs, EREs o simplemente despidos.

Para muchos sectores tradicionales de trabajadores y clases medias empobrecidas no valen Rentas Básicas Universales o Ingresos Mínimos Vitales. Sienten que se les ha arrebatado la dignidad que provenía del esfuerzo que venían realizando estos últimos años y que merecía un reconocimiento social mejor. Son los llamados nuevos pobres creados por la crisis de 2008 y que pueden recibir un severo agravamiento en profundidad y extensión en la crisis que viene. Si además sienten que otros «más pobres» son los que reciben las ayudas, subvenciones y apoyos encontramos a los que la socióloga norteamericana Arlie Hochschild describía en su libro Extraños en su propia tierra: los «dejados atrás» que van alimentando una respuesta emocional no exenta de amargura. En Estados Unidos son los principales apoyos del Tea Party y del voto a Donald Trump.

¿Qué hacer?

A Napoleón Bonaparte se le atribuye la frase:

“Si quieres solucionar un problema, nombra un responsable; si quieres que el problema perdure, nombra una comisión”

Georges Clemenceau, primer ministro durante la Tercera República francesa, abundaba en lo mismo:

«Si quiere usted enterrar un problema, nombre una comisión»

En España esa comisión suele ser parlamentaria, ¿como la que se pretende para los «segundos Pactos de la Moncloa»?

Pero si el «responsable» que dice Napoleón es algún tipo de caudillo, que no cuenten conmigo.

¿Qué hacemos entonces? Necesitamos que desde la propia sociedad construyamos una coalición de sectores sociales que sume esfuerzos e intereses. No habrá pacto nacional sin una presión social que obligue a la mayor parte de nuestros representantes a buscar de verdad un consenso. Busquemos entre todos (jubilados, trabajadores, autónomos, pequeños y medianos empresarios y también grandes empresas si son ciertas sus declaraciones de estas semanas). Creemos asociaciones, estados de opinión, conversaciones, propuestas a discutir y negociar y facilitemos el pacto de la aludida comisión parlamentaria.

La tarea no es sencilla pero creo que no hay otro camino.

El próximo post dentro de dos martes, el 26 mayo 2020

Sociología contra coronavirus. 2ª parte


La paradoja de la pandemia

La fulminante extensión del coronavirus ha revelado que vivimos en un mundo globalizado, nos guste o no. Pero a la vez, ésta es la paradoja, estamos más separados que nunca unos de otros, no sólo físicamente confinados sino también y sobre todo fragmentados en nuestras sociedades nacionales, nuestras organizaciones supranacionales (Unión Europea) o mundiales.

Entre la Aldea global de la que nos hablaba hace más de medio siglo el sociólogo Marshall McLuhan y las acciones aisladas de los individuos, queda un vacío cada vez más profundo, desprovisto de relaciones Comunitarias Constructivas de Colaboración y Cooperación. Tomemos la situación española que estos días vivimos.

Valerosos gestos individuales…

Sé que la gente es solidaria y mantiene una gran empatía hacia sus semejantes, cuando cada tarde a las ocho oigo los aplausos desde centenares de ventanas y balcones expresando el apoyo al personal sanitario y de otro tipo que están en primera línea de la lucha contra el coronavirus. Tiene además el efecto positivo de reforzar nuestro sentimiento de pertenencia a un colectivo, de lo que ya nos hablaba el psicólogo Abraham Maslow, más allá de estrechas miras identitarias.

Sé que en nuestra sociedad hay imaginación e iniciativas con un gran potencial cuando me llegan centenares (literalmente) de videos, consejos y propuestas individuales para sobrellevar y superar los mil y un problemas que la pandemia nos plantea.

…pero hay que ir más allá del «entre todos lo superaremos». Sí pero ¿cómo?

Lo anterior es necesario… pero insuficiente. Las acciones corales, como los aplausos, y las iniciativas personales se quedan a medio camino de la Construcción Colectiva. Consiste en crear algo nuevo que cada uno individualmente no podríamos llevar a cabo. Hay que establecer nuevas relaciones basadas en valores compartidos, donde cada uno aporte su contribución diferencial a ese colectivo. Al ser más que la suma de las partes, podremos encontrar soluciones a problemas antes irresolubles. En una palabra, se trata de asociarse. Para el pensador y político francés Alexis de Tocqueville,

«Resulta evidente que si cada ciudadano, a medida que se va haciendo individualmente más débil y, por consiguiente, más incapaz de preservar por sí solo su libertad, no aprende el arte de unirse a sus semejantes para defenderla, la tiranía crecerá necesariamente con la igualdad.»

La democracia en América, vol. 2, parte 2, cap. 5

Sí, pero ¿el qué?

A los inicios del coronavirus en una comunidad de vecinos de mi barrio, con casi cien viviendas y un altísimo porcentaje de población «senior», se le propuso a su Presidente organizarse para mantener desinfectadas las zonas de uso común (portal, pasillos, botones), usar individualmente los ascensores, etc. La respuesta fue que «no era su misión». En contraste, algunas personas de ese mismo vecindario, en particular jóvenes (¿quién dijo que no eran solidarios?), se han ofrecido para ayudar a sus convecinos a la hora de hacer la compra, ir a la farmacia u otras tareas.

Estas pequeñas iniciativas de auto-organización, que ofrecen una simbiosis entre las habilidades y las aportaciones de cada uno nos harán ir más lejos y estar más unidos que nunca. Otros ejemplos podrían ser:

  • organizarse para mantener canales de comunicación limpios de «fake news»
  • apoyo empático a través de las redes sociales ¡o del simple teléfono!
  • crear redes que mantengan el contacto de lo que antes hacíamos cara a cara: desde las actividades del centro de mayores hasta los clubs de lectura; por no hablar más que de las relacionadas con la población mayor, hoy más vulnerable y aislada

Más allá del asociacionismo identitario

Una última nota de advertencia. Tenemos tendencia, y en los últimos tiempos más que nunca, a asociarnos con quienes son «como nosotros» (por género, etnia, lengua, edad, origen social o territorial). Nos empobreceríamos personal y socialmente, perdiendo la oportunidad de incrementar lo que los sociólogos llaman «capital social«.

El asociacionismo identitario incrementa la polarización y las tensiones sociales, de las que por desgracia estamos «sobrados» en nuestro país.

La República de Weimar fue el régimen político de Alemania entre 1918 y 1933, es decir entre la hecatombe de la Primera Guerra Mundial y el advenimiento del nazismo. Una de las características más notables de ese periodo fue la floreciente vida asociativa. Pero, señalan Acemoglu y Robinson,

«todo esto sucedía de acuerdo con posiciones sectarias. Incluso en los pueblos pequeños las asociaciones estaban divididas entre las de los católicos, los nacionalistas, los comunistas y los socialdemócratas. Un joven con simpatías nacionalistas pertenecería a clubes nacionalistas, acudiría a una iglesia nacionalista y probablemente socializaría y se casaría en el interior de estos círculos nacionalistas»

El pasillo estrecho, p.503-4

El ascenso de los nazis se aprovechó de esta densa y polarizada sociedad civil (idem, n.357)

El próximo post dentro de dos martes, el 14 abril 2020

Sociología contra el coronavirus

Por desgracia la forma como se ha encarado hasta hace poco la pandemia del coronavirus ha sido francamente mejorable, por decirlo con suavidad. Pero la sociología puede ayudar en esta situación y de eso va este post.

Factores sociológicos explican la diferente expansión del virus

El ritmo de expansión del coronavirus se calcula con el llamado número básico de reproducción (R) que es el producto de cuatro factores, uno de los cuales es el número de contactos sociales (piel con piel o intercambio de conversación a poca distancia) que una persona infectada tenga con otras personas. En un estudio realizado hace doce años en ocho países europeos se midió el número diario de contactos sociales de las personas. En Italia, por ejemplo, este número era más del doble que en Alemania, lo que puede en parte explicar el diferencial entre ambos países. España no estaba incluida en el estudio, aunque supongo que nos parecemos más a los italianos que a los alemanes.

Pero además de para analizar, la sociología sirve también para actuar.

Primera medida: reducir la exposición… ¡a los medios de comunicación!

Entre los medios de comunicación hay que incluir no sólo las cadenas de televisión sino también internet en todas sus formas: páginas web de periódicos, twitter, facebook, grupos de WhatsApp o blogs como éste. Internet tiene el peligro añadido sobre el periódico en papel de cada día que se mezclan «noticias» de diferentes fechas, de modo que mensajes contradictorios emitidos en tiempos distintos comparten la misma página web.

Los medios de comunicación compiten para atraer nuestra atención a base de pseudo-informaciones improvisadas (tertulianos), noticias más alarmantes que las de los otros medios y todo en forma de bombardeo constante. Esto nos provoca sucesivas fases: a) pánico; b) aturdimiento; y c) hartazgo. Todas ellas TÓXICAS.

Mis consejos:

  • Bloquear la exposición a noticias y medios de comunicación que nos generen miedo
  • Reducir el seguimiento a pocos medios: no nos traguemos todos los telediarios, por favor
  • Los dos puntos anteriores nos permitirán sacar tiempo para chequear las fuentes y saber quién emite el mensaje: no hay que fiarse sólo de los de «nuestra cuerda», sino tratar de combinar fuentes opuestas y así formar nuestro propio criterio
  • En fin, rechazar toda imagen (personas, preferiblemente de rasgos orientales, con mascarillas en vías públicas) que nos invite a señalar culpables de la pandemia. No sólo es un crimen, también es un error. La epidemiología también ha mostrado que el famoso paciente cero no existe.

Segunda medida: estrategias para incorporar a nuestra vida cotidiana hábitos de prevención

Como muestra este vídeo, es muy difícil erradicar viejos hábitos (tocarse la cara) o incorporar otros nuevos (lavarse la cara y mantener distancias entre personas):

Pero se puede hacer. Mis consejos:

  • Crearnos registros (notas en papel) para conocer con objetividad las veces y circunstancias en las que nos hemos vuelto a tocar la cara, etc.
  • En nuestro entorno cercano: ayudarnos mutuamente a incorporar rutinas, como recordarnos el lavado de manos en momentos específicos acordados por todos
  • Adjuntar a rutinas cotidianas que ya tengamos (cada uno busque las suyas) los nuevos hábitos a incorporar

Tercera medida: la hora de la comunidad

Entre los «paquetes» de medidas gubernamentales y las acciones individuales hay un espacio a cubrir por las comunidades a las que pertenecemos.

Las autoridades de turno han pasado de la suficiencia («Nuestro sistema sanitario está perfectamente preparado») a responsabilizarnos de lo que nos pueda pasar: («¡No se toquen la cara!»,«¡no se den la mano!»), aunque haya quien como el primer ministro de Holanda demuestre tomarse a chiste lo que predica:

Pero además de lo que hagamos cada uno individualmente la acción colectiva en las organizaciones, empresas, servicios comunes y comunidades, es un factor esencial. Aquí van algunos ejemplos:

  • Las entidades bancarias deberían asegurarse que las pantallas táctiles de los cajeros automáticos no son fuente de transmisión del virus
  • Los supermercados deben ayudar para que los clientes no se aglomeren en las cajas o agarren las barras de los carritos de la compra con las manos desnudas
  • Las comunidades de vecinos deberían actuar sobre las zonas comunes evitando por ejemplo, que se comparta el ascensor entre personas de diferentes viviendas, o desinfectando con frecuencia picaportes del portal, botones de ascensor, pasamanos, etc.

Última medida: cambiando nuestra vida por un tiempo

La estrategia de «aplanamiento de la curva de contagio» con objeto de no colapsar los servicios sanitarios significa que el ciclo de crecimiento-decrecimiento de la pandemia se alarga en el tiempo. Por eso debemos poner en marcha nuevos contenidos en nuestra vida para nosotros y nuestro entorno, en particular la población más joven, con objeto de llenar los tiempos de ocio forzado y no acabar de los nervios.

El próximo post dentro de dos martes, el 31 de marzo