El misterio del votante cabreado

Cuando el 2 de diciembre de 2018 casi 400.000 andaluces votaron a Vox en las elecciones al parlamento andaluz (el 11% de los votos) el mismísimo Pablo Iglesias decretó una “alerta antifascista” y llamó a la movilización contra los “post-franquistas” de Vox.

Un programa del canal de televisión “La Sexta” se lo tomó en serio y en días posteriores se dedicó a localizar a los 44 votantes de ese partido en el “comunista” pueblo de Marinaleda. Pocos días después Cristina Pardo, directora del programa, no tuvo más remedio que pedir disculpas por semejante desatino.

​¿Hay 400.000 fascistas en Andalucía?

Quizá ese sea el contenido de las pesadillas que le asaltan a Pablo Iglesias por las noches. Aunque también parecería que fuera el sueño dorado que le permitiera decretar una alerta de tonos épicos contra el fascismo.

Pero la realidad parece ser más prosaica. Probablemente sean 400.000 andaluces hartos de un sistema democrático en el que la participación ciudadana se reduce a votar entre las alternativas pre-diseñadas por las cúpulas de los (dos) partidos políticos y nada más.

A posteriori es difícil saber si el color político del gobierno salido de cada convocatoria electoral se traduce en políticas, en especial en el terreno de la economía, diferentes a las que habría puesto en marcha un gobierno de color contrario.

​El votante cabreado

Estamos no ante el votante fascista sino ante el votante cabreado.

Este fenómeno no nace en diciembre de 2018, sino en mayo de 2014 cuando Podemos sorprendió en las elecciones al Parlamento Europeo al alcanzar el 8% de los votos. Este fue el primer aviso que el electorado español lanzaba contra el encorsetado sistema político-electoral.

En meses posteriores -diciembre de 2014- la media de encuestas otorgaba a Podemos su techo en intención de voto hasta alcanzar un 28%, situándose así en la elección preferida por parte de los encuestados.

No ha sido el único partido en ser el transmisor del cabreo electoral. En junio de 2018 la opción favorita de la media de encuestas recaía en Ciudadanos, con 27% de intención de voto.

​¿Qué fue de estos nuevos partidos?

La torpeza política de sus respectivos dirigentes sitúa a Unidas Podemos con una intención de voto del 11,6%, a fecha del 25 de febrero de 2022, y a Ciudadanos del 3,6%. Aunque en diferente cuantía, el hecho de que unos partidos nuevos llegaran en cierto momento a ser la opción preferida por los encuestados muestra que existe un sustancial cabreo de fondo entre los posibles votantes, Por desgracia la esperanza depositada en su día no encontró correspondencia en la talla política y el cumplimiento de promesas de aquéllos.

​¿Y Vox?

Con una intención actual de voto en torno al 19% según la media de encuestas, en mi opinión está cercano a su techo electoral, que yo sitúo no más allá del 20%. Debo decir que no es mi opción electoral preferida, pero lo que sí es seguro es que ese 20% no corresponde al porcentaje de fascistas en España: no hay más que echar una ojeada a cualquier encuesta de opinión sobre el régimen político preferido en nuestro país. Y lo más probable es que la trayectoria de Vox siga el mismo camino de ascenso-descenso de los dos casos anteriores.

​El misterio del votante cabreado

Lo que sí creo que constituye un misterio no es que esos porcentajes tan altos de intención de voto hayan ido a parar a partidos políticos con una historia tan reciente. Lo que de verdad es un misterio es que a pesar del fiasco protagonizado por éstos y la decadencia democrática del bipartidismo clásico todavía el votante español se siga acercando a las urnas cada vez que se le convoca.

Porque el problema no está en elegir a un partido o a otro. El problema reside en que los mecanismos de juego democrático, de transparencia y equilibrio de poderes, de independencia del poder judicial, de separación entre el legislativo y el ejecutivo están cada vez más oxidados. Porque cuando, por ejemplo, Unidas Podemos no aboga por la independencia del poder legislativo sino por “meter también la cuchara” en el reparto a dedo de magistrados del Consejo General del Poder Judicial, no vamos en la buena dirección.

Cuando el Senado no legisla sino que pide al Gobierno que lo haga, estamos claramente saliéndonos del camino adecuado. Si este último lo hace a golpe de Real-Decreto Ley, posteriormente plebiscitado por las Cortes, tampoco es algo positivo.

Por eso no es de extrañar que en el Índice de Democracia elaborado anualmente por la EIU de The Economist, el año 2021 hayamos descendido a segunda división, situándonos ahora en el grupo de las Democracias deficientes.

No puedo acabar este post sin añadirme al apoyo al pueblo ucraniano en su lucha contra el invasor ruso.

El próximo post dentro de dos martes, el 15 marzo 2022

Respeto al mundo rural

De pronto la “España vaciada”, las explotaciones agrícolas y ganaderas o “el mundo rural” ocupan titulares en los medios de comunicación, son tema de debate-espectáculo en las tertulias televisivas y se utilizan como armas arrojadizas entre los líderes políticos.

La última polémica prefabricada gira en torno a la “macro-granjas”, aprovechando el tirón mediático antes apuntado y, sobre todo, la proximidad de las elecciones autonómicas en Castilla y León.

Desfiladero de La Hermida (Picos de Europa), mayo 2017

​Cómo cocinar un “problema” político

No entraré en los detalles de la polémica sino más bien en los ingredientes que se han aportado a la misma.

  • El primer elemento utilizado ha sido cambiar la discusión de ideas por un choque entre personas, en este caso en torno a la inenarrable figura del ministro de Consumo Alberto Garzón.
  • El segundo elemento es acentuar al máximo el carácter emocional del enfrentamiento: ya no es un problema económico o de calidad de la carne sino una afrenta al país -declaraciones a un medio de comunicación extranjero, The Guardian,-; un atropello a los pobres viejecitos del mundo rural y vaciado; etc.
  • El tercer elemento es la simplificación de los términos del debate: la crítica a las macro-granjas se convierte en un ataque al mundo rural en su conjunto, como si fuera un bloque uniforme, que sólo encuentra “defensor” en Pablo Casado (PP).
  • En fin, todo esto se tiene que traducir en un choque partidista en las trincheras: los neo-pijos de izquierdas y pseudo-ecologistas de Unidas Podemos frente a los nuevos Robin Hood rurales del Partido Popular.

​Lo que de verdad se juegan…

En realidad, el porqué de todo este “problema” hay que buscarlo en el hecho de que estamos inmersos en una doble campaña electoral.

A corto plazo las elecciones autonómicas en Castilla y León son el escenario de la aparición de varias candidaturas de la “España vaciada” que podrían restar votos en particular al Partido Popular, precisamente cuando este partido intenta convertir esa convocatoria electoral en el punto de inflexión de su forcejeo con el PSOE.

A medio plazo, el enfrentamiento entre Unidas Podemos (UP) y el Partido Popular (PP) restaría protagonismo al PSOE en beneficio de UP y PP, pues al fin y al cabo estamos también inmersos en la casi permanente campaña electoral para las generales de dentro de dos años. De ahí la situación incómoda de los socialistas y el enfado de su ministro de Agricultura.

​…y de lo que no hablan

Pero si se quisieran abordar de verdad los problemas del mundo rural habría que empezar hablando de la desaparición de los servicios básicos (escuelas, centros médicos, bancos, etc) o del brutal encarecimiento de los costes de producción de las explotaciones agrícolas y ganaderas. Pero todos los partidos pasan por esos temas como sobre ascuas, a pesar de las protestas populares y el malestar ciudadano.

Pero hay más.

​El segundo asalto al mundo rural

Cuando Carlos Marx en su obra central El Capital analizaba el paso de la agricultura al capitalismo industrial señalaba que “todo progreso, realizado en la agricultura capitalista, no es solamente un progreso en el arte de esquilmar al obrero, sino también en el arte de esquilmar la tierra” (Tomo 1, cap. XIII).

En la actualidad asistimos a una revolución que está transformando el sector primario (agricultura, ganadería y pesca) no en beneficio de la población rural o los trabajadores de estos sectores sino más bien a costa de ellos, yendo hacia “una agricultura sin agricultores«.

​Políticas medio-ambientales contraproducentes

A este asalto no son ajenas las muchas veces torpes y contradictorias políticas medio-ambientales que se están desplegando en Europa y en particular en España. Como señala por ejemplo un reciente informe del BBVA “la tributación medioambiental en España parece seguir un objetivo más recaudatorio que desincentivador de las conductas contaminantes. Así, los sectores que más contaminan no siempre son los que más pagan”.

En idéntico sentido las mega-instalaciones fotovoltaicas y eólicas invaden los entornos rurales ignorando su negativo impacto en el paisaje, en la economía rural y en la biodiversidad. Tampoco se escapa de la invasión el entorno marino.

​Del mundo rural al turismo (¿rural?)

Haciendo senderismo hace unos años nos disponíamos a recorrer la conocida Ruta del Alba del asturiano Parque Natural de Redes. La temporada turística había acabado y éramos los únicos “turistas” ese día. Al atravesar Soto del Agues la aldea de partida de la Ruta, una “paisana” menudita, entrada en años y algo encorvada salió de una de las casas, toda vestida de negro y calzando sus madreñas (los llamados zuecos en otras regiones).

La imagen era sorprendente para unos “urbanitas” como nosotros y una amiga que nos acompañaba me preguntó: “¿Ha salido vestida así por nosotros?” Sentí lo alejados que estamos del mundo rural y cómo la vía de aproximación pasa necesariamente por el respeto.

El próximo post dentro de dos martes, el 1 febrero 2022

Paradojas electorales

De vez en cuando los medios de comunicación nos sorprenden con titulares como éste:

Colau ganaría hoy las elecciones en Barcelona siendo la quinta líder mejor valorada”

¿Cómo es posible que habiendo cuatro candidatos mejor valorados que ella, los pueda superar en unas hipotéticas elecciones? Como es habitual, hay un conjunto de elementos que se combinan para dar ese resultado.

​Polarización a favor y en contra

En las encuestas que piden la opinión sobre los líderes políticos se suele preguntar si se les conoce o no y en caso afirmativo valorarlos con una escala que va de 0 a 10. Y cuanto más conocido un líder más se polarizan las opiniones. Así Ada Colau obtiene un 47,3% de “aprobados” -segundo mejor porcentaje de todos los líderes- y un 48,8% de “suspensos”, lo que arroja una media penosa. Los demás líderes pasan “más desapercibidos”, lo que les proporciona menos seguidores (“followers”) pero también menos detractores (“haters”).

​¿Gobernar para todos?

Aunque se proclame hipócritamente que se va a “gobernar para todos”, la realidad es que quien gana unas elecciones lo hace con la calculadora en la mano, con objeto de conseguir en el Parlamento de turno una mayoría simple de votos favorables para sus propuestas.

En mi opinión los representantes políticos deben negociar y alcanzar acuerdos. Pero limitarse a conseguir la mitad más uno de los votos es en el mejor de los casos gobernar para un escaso 50% de la población. Casi nunca se llega ni siquiera a ese porcentaje, debido al sistema de asignación de escaños basado en el Sistema D’Hondt que suele favorecer a las candidaturas mayoritarias.

Pero además, quien gobierna así acapara para los suyos no ya el 50 sino el 100% de los cargos públicos a dedo, las subvenciones para sus entidades afines y otros cuantos beneficios que se suman a la propia victoria electoral.

En el caso de Ada Colau la opinión sobre su gestión ni siquiera llega al 50% de aprobados, pero la aritmética de los escaños que podría conseguir cada candidatura electoral probablemente le permitiría seguir gobernando “para todos”. No es el único caso. Por desgracia el rodillo parlamentario -imponer la mitad más uno- es un viejo conocido de nuestro régimen legislativo y practicado sin distinción de color político.

Como cantaba el grupo musical ABBAEl ganador se lo lleva todo” (The winner takes it all).

​El mercado electoral: albaricoques o melocotones

¿Qué podemos hacer los ciudadanos de a pie? El instrumento habitual que tenemos en nuestra mano es la papeleta de votación. Pero la demanda democrática se estrella contra la oferta de alternativas políticas, ninguna de las cuales ha mostrado el menor interés por gobernar para más allá del 50% de los votantes.

Añádase que las listas electorales, cerradas y bloqueadas, son confeccionadas por la mano de hierro de la cúpula de cada partido y que quien gobierna escoge el momento para llamar a las urnas, según sus propios cálculos demoscópicos. En realidad no elegimos: votamos a los que otros han elegido. La alternativa está entre “albaricoques o melocotones” y si no nos gustan ni los unos ni los otros alguien ajeno pondrá en nuestro carrito de la compra la fruta que toque.

Sobre formas complementarias de participación electoral como la convocatoria de un referéndum, ya señalé en otro lugar el tremendo margen de trilerismo que brinda para quien lo convoca… cuando le interesa convocarlo.

​La España vaciada: ¿nectarinas en Castilla y León?

El enésimo ejemplo de manipulación electoral lo tenemos en la convocatoria anticipada a las Cortes de Castilla y León. Con gobiernos del Partido Popular desde 1987, el adelanto es un intento por parte de éste de marcar tendencia electoral”, que compense su continua pérdida en intención de voto y pensando en las elecciones de 2023 que se acercan. De hecho estamos en campaña electoral continua, como una forma de distraer de los problemas que el país tiene por delante.

Castilla y León reúne a muchas de las provincias incluidas en el movimiento de la España Vaciada. Esas provincias son, por su demografía y por el sistema de circunscripciones electorales, las que requieren menos votos para conseguir cada escaño. Y por su reducido número de escaños, las que acentúan más la desproporción entre partidos mayoritarios y minoritarios. En definitiva la base ideal del bipartidismo.

La paradoja es que esas “cómodas” provincias para los grandes partidos han salido respondonas. Las primeras reacciones no se han hecho esperar. Pablo Casado, líder del PP, ha calificado a la España Vaciada como “marca blanca del PSOE”. Como viene siendo la tónica en nuestro mercado electoral se opta por denigrar la opción contraria, o que amenaza con quitarnos votos, antes que realzar la opción propia.

El 13 de febrero las urnas emitirán su veredicto. Pero ese día no se acaba la cuestión. Las carencias de nuestro sistema democrático-electoral siguen presentes.

El próximo post dentro de dos martes, el 18 enero 2022

Élites políticas… televisiones… redes sociales…

​Todo empezó en 1988…

…cuando de la mano de Felipe González la televisión privada aterrizó en España. Y fue en las elecciones generales de 1993 y 1996, cuando los partidos mayoritarios descubrieron el poder de la televisión, superior al tradicional de la prensa escrita. Pero los partidos fueron más allá. Poco a poco la relación que mantenían con la sociedad por medio de sus afiliados o las asociaciones afines (sindicatos, etc.) fue sustituida por la emisión de mensajes a través de los medios de comunicación, en particular la televisión. El camino lo mostró Richard Nixon en su exitosa campaña electoral de 1968.

La vuelta de tuerca del dominio de las televisiones privadas la aportó Rodríguez Zapatero en 2005, permitiendo la creación de Cuatro y La Sexta, que fueron poco después engullidas por Mediaset y Atresmedia respectivamente, consolidando así el duopolio televisivo en España.

​Las reglas de atención mediática

Pero utilizar los medios de comunicación (privados) como herramienta de comunicación de los partidos políticos con la sociedad tiene sus servidumbres. Al fin y al cabo las televisiones son un negocio que busca el lucro a base de comprar audiencia y vender publicidad.

Y ¡cómo se “compra” audiencia? Luis Arroyo Martínez nos explica las reglas que siguen las noticias (¿?) para aparecer en los medios de comunicación. Éstas se centran en:

  1. lo personal y lo privado
  2. la competición, la lucha por el estatus y la rivalidad personal
  3. lo nuevo, lo inesperado, lo anormal, lo extraordinario y lo exótico
  4. los síntomas de crisis, la violencia, el dolor y las amenazas al sistema

¿No es lo que nos sirven diariamente los medios de comunicación, sobre todo las televisiones?

​Hiperliderazgos políticos

Nuestros líderes políticos parecen sentirse a gusto en este formato, como traje a medida para lo se que ha venido a llamar hiperliderazgos:

Algo está cambiando en la manera en que muchos líderes democráticos ejercen el poder. (…) los hiperlíderes gestionan sus gobiernos con un añadido de centralidad y personalismo. (…) La emocionalidad substituye a la racionalidad como factor central en la comunicación y fomenta un contacto directo entre el hiperlíder y la sociedad que gobierna.”

(CIDOB Report nº 4)

Como señala Félix Ortega, “lo decisivo no es ya el encuentro directo del líder político con sus seguidores sino el acceso al gran público a través de los mass media. Estos son la real correa de transmisión entre los partidos y sus electores”. (“Del auge del periodismo”, Claves de la Razón Práctica, n.º 72, pp.53-58)

Tenemos hiperlíderes bien conocidos: Pablo Iglesias, Isabel Díaz Ayuso, Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Casado, etc. Ahora no sabemos lo que cada partido hace o propone: sólo lo que su líder dice. Y para hacerse notar tienen que seguir las reglas de atención mediática: polemizar continuamente, es decir crispar la opinión pública.

​La esperanza (truncada) en Internet

Hace años creímos que Internet traería un espacio de comunicación distinto al de los medios tradicionales, donde nos podríamos expresar libremente, creando redes colectivas de mensajes. Así sucedió en España con ocasión de los atentados del 11-M (“Pásalo”) o el movimiento 15-M.

Este nuevo espacio mediático sirvió en su momento para lanzar nuevos partidos. El ejemplo más claro es el de Podemos que demostró el dominio del márketing político moderno, con el uso de diversas herramientas telemáticas como Appgreee, Reddit o Agora Voting, además de Facebook y Twitter. Aunque hoy en día ha sido superado con creces por Vox.

Pero las redes sociales son negocios privados, con una lógica mercantil y manipuladora tal y como muestra el caso de Cambridge Analytics o las dudosas prácticas de Facebook. Son también los mejores vehículos para los bulos y mensajes de odio.

Y los partidos políticos españoles no han dudado en utilizarlas para canalizar la desinformación como arma política: A los rasgos clásicos de personificación, emocionalidad y polarización, se una ahora la viralidad que otorgan las redes sociales y su apariencia de espontaneidad.

​Puertas giratorias

Quizá por eso entre líderes políticos y medios de comunicación hay unas puertas giratorias fluidas. El desembarco de políticos en los medios de comunicación, en particular pero no sólo como “tertulianos” de platós de televisión, se ha agudizado en los últimos meses.

También ha habido trayectorias desde las televisiones a la política como es el caso de Pablo Montesinos (PP), Isabel Rábago (PP) o Begoña Villacís (Cs). (No hablaré aquí de la reina Letizia)

Pero quien ostenta el número uno en esta puerta giratoria es sin duda Pablo Iglesias: desde el programa televisivo “La Tuerka”, pasando por platós de TV, hasta la Vicepresidencia del Gobierno para volver otra vez a los medios, sobre los que había pedido un “control democrático”. No es extraño que en su momento declarara que «El debate parlamentario no sirve; los verdaderos parlamentos son los platós de televisión«. Es una persona joven y la puerta seguir girando…

El próximo “post” dentro de dos martes, el 26 octubre 2021.

¿Nos estamos hundiendo? II: remontar

La economista egipcia Minouche Shafik, directora de la prestigiosa London School of Economics acaba de publicar un compendio de las cuestiones esenciales que países como el nuestro debería plantearse a la hora de alcanzar a un nuevo y necesario contrato social, y así remontar la actual situación.

​Un nuevo contrato social

En la formulación que propuso Rousseau hace más de 250 años, un contrato social incluye los derechos y los deberes que los individuos establecen entre sí, como forma indispensable para superar el llamado “estado de naturaleza” en el que reina la lucha de todos contra todos.

El contrato social determina lo que se debe aportar a la colectividad y por parte de quién: el Estado, las familias, la iniciativa privada, etc. Para ello hay que llegar a un nuevo consenso en temas fundamentales como:

  • Quién se encarga de la reproducción y el cuidado de los nacidos (¿las mujeres, las familias, el Estado, las entidades privadas,…?) que mantienen el futuro demográfico de las sociedades
  • Cuánta educación, cuándo y de qué tipo hay que ofrecer y a qué sectores de la población; quién lo suministra y qué precio…
  • Qué sanidad garantizar a la población; qué servicios incluir; para quiénes; hasta cuándo; a cargo de quién…
  • Cuál debe ser el punto de equilibrio entre la protección y la flexibilidad en el trabajo, su remuneración y la garantía o no de un ingreso mínimo; qué ayuda debe prestarse a quienes ven sus cualificaciones obsoletas debido al cambio tecnológico
  • Cómo abordar la situación de las personas mayores, su pensión (desde qué edad, sus modalidades, cuantía mínima, quién se hace cargo…); los cuidados cuando comienzan a no poder valerse por sí mismas, etc.
  • Cómo gestionar la distribución de recursos entre las generaciones actuales y las futuras, entre disfrutar ahora o invertir para los años venideros; qué niveles de protección medio-ambiental son necesarios para asegurar un planeta que no quede irremisiblemente dañado en su suelo, su entorno atmosférico o su biodiversidad

Somos interdependientes

Si algo ha quedado bien demostrado con la pandemia de la Covid-19 es que dependemos los unos de los otros para bien o para mal. (Paradójicamente aquellas personas que durante los meses de restricciones en actividades económicas trabajaban en sectores declarados como esenciales eran -y siguen siendo- las que sufren mayor precariedad en el empleo: sanidad, transportes, cuidados personales, etc.)

Abordar los contenidos del nuevo contrato social significa que distintos sectores sociales, con puntos de partida diferentes, tienen que llegar a acuerdos sobre lo que debe aportar cada uno al conjunto de la sociedad. Llegar a ese nuevo consenso no sólo es más justo sino que es también más eficaz y productivo.

​Cambiar las reglas de juego y cambiar de protagonistas

¿Quién debe promover y formular las bases de ese nuevo contrato social? Caben tres posibles protagonistas: la Administración del Estado, los partidos políticos o la sociedad civil.

¿La Administración del Estado? Sólo un ejemplo reciente: el Tribunal Constitucional ha sentenciado que el Estado de Emergencia impuesto durante los primeros meses de pandemia no se ajustaba a derecho y por tanto las multas impuestas a particulares por esa razón no son legales. ¿Nos devolverá la Administración los importes? No, habría que reclamarlos, incurriendo en gastos que seguro superan aquellos importes. ¿Dejaremos en manos de esta Administración del Estado la consecución del contrato social?

¿Los partidos políticos? En un reciente libro titulado Caciques y caciquismo en España (1834-2020) Carmelo Romero dedica el último capítulo precisamente a los partidos políticos: a diferencia del clásico caciquismo decimonónico los políticos se encuentran hoy con otros desafíos y ya no pueden contar con la sumisión de los votantes. Estrategias más sutiles (propaganda electoral, listas cerradas, dominio de los aparatos de los partidos…) son algunas de las manifestaciones presentes del prolífico sistema clientelar. No parecen buenos protagonistas.

Nosotros, la sociedad civil. Ya sé que esto parece una utopía, pero las revoluciones que la historia nos ha ido mostrando no se han hecho desde arriba hacia abajo, sino al revés. Pero para ello debemos partir que toda la ciudadanía es necesaria, que no se trata de un “ellos” y “nosotros”, sino que es una dinámica “inclusiva” como se dice en los tiempos actuales. Cada persona, partiendo de su situación particular, de la de su grupo de referencia y de la del sector social en el que está incluida, debe (debemos) formular colectivamente las mejores soluciones a cada uno de los retos incluidos al principio de este post y que formarían parte del nuevo contrato social.

La vía asociativa y la del diálogo entre segmentos sociales diversos es un camino que parece largo y costoso, aunque a veces la historia nos sorprende con acelerones inesperados, pero que son fruto del trabajo silencioso -o no tanto- y colectivo de mucha gente.

El próximo post a la vuelta del verano, el martes 14 septiembre 2021

Enfrentarse: después buscaremos sobre qué

Si hacemos caso a los medios de comunicación, que se hacen eco de las declaraciones de los políticos, que a su vez se hacen eco de lo que aparece en los medios de comunicación, que a su vez… Vivimos en una guerra permanente que no nos deja vivir tranquilos ni un minuto.

​Chocar, chocar…

¿Tiene sentido tanto enfrentamiento? Se nos dirá que cuando un partido o un dirigente hace algo mal hay que criticarlo y denunciarlo: nada que objetar, sino al contrario. Las dudas empiezan cuando el partido X se indigna utilizando argumentos que hace poco tiempo atacaba sin cuartel, y cuando el partido contrario también ha cambiado de postura pero justamente en sentido opuesto. La subida o bajada de impuestos, la política migratoria, los indultos, la mayor o menor autonomía territorial, la demanda de libertades, la (in)dependencia de la justicia, la judicialización de la política, la corrupción, las medidas anti-pandemia, etc. Cualquier asunto vale siempre que sirva para chocar.

​…¿sobre qué?

Los temas objeto de enfrentamiento no se escogen debido a que sean importantes.

Porque si alguna cuestión hay hoy en España que esté por encima casi de cualquier otra es la forma de gestionar los 140.000 millones de euros que el Fondo Next Generation de la Unión Europea ha asignado a España para la recuperación económica.

Nos estamos jugando no sólo la salida de la crisis a corto plazo, sino la posibilidad de crear riqueza en el país apostando por políticas innovadoras y respetuosas con el entorno, que generen puestos de trabajo estables y cualificados para nosotros y para nuestros hijos. Un impacto que se notará no en los próximos años, sino en los próximos decenios.

Cabría esperar que se produjera un debate político de altísimo nivel durante semanas. Nada más lejos de la realidad. La sesión parlamentaria que convalidó las 63 páginas del Real Decreto Ley 36-2020 que se supone plasmaba la forma de gestionar esa mareante cantidad de millones se liquidó en menos de una tarde, cumpliendo así la famosa Ley de C. Northcote Parkinson de la Trivialidad: «El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia«. Pero es que además los argumentos que cada partido esgrimió para votar a favor, en contra o abstenerse se los podían haber intercambiado sin ningún rubor dependiendo de la postura que tocara adoptar.

En realidad, la agenda de cuestiones que se ofrecen a la opinión pública para su “debate está formada por los temas que los grupos de presión -entre ellos los partidos políticos- acomodan en los medios de comunicación (incluidas las redes sociales), siempre y cuando esos temas reúnan ciertas características: que los argumentos a favor o en contra sean simples y no admitan posturas intermedias o matizadas, que contengan una fuerte carga emocional, que den pie a discrepancias agudas entre partidos y que parezcan importantes.

Nuestra atención es un bien escaso y para que la centremos en algo esa agenda tiene que incluir temas cada vez más llamativos y chillones, que pueden atraernos por un breve tiempo, porque rápidamente pasamos a otra cuestión igualmente trascendental y efímera a la vez. Es lo más parecido al carrusel de 18 minutos de anuncios que cadenas como Mediaset o A3Media nos atizan sin avisar, de modo que dejan nuestra mente en blanco y ya no sabemos de qué iba la película que estábamos viendo.

Esa “película” es la de las discretas negociaciones que el gobierno mantiene con grandes empresas y grupos de presión para asignar los 140.000 millones, esta vez a espaldas de la opinión pública.

​Por qué hacen esto nuestros partidos políticos

En primer lugar el tandem entre dirigentes políticos y medios de comunicación monopolizan los temas “importantes para el país” e impiden que otros actores propongan cuestiones diferentes. Es una partida entre dos contendientes, ya que los nuevo enfoques que hace unos años propusieron Ciudadanos y Podemos parecen haber fracasado, debido a la propia ineptitud (y algo más) de sus dirigentes.

La partitocracia española no sólo monopoliza los temas de debate sino también los recursos de las Administraciones Públicas. Los partidos no sólo son remunerados por las arcas del Estado, sino que sus cúpulas dirigentes además viven de los cargos públicos, elegidos o no. Y eso sin hablar de las corruptelas, algunas de las cuales estamos conociendo gracias, eso sí, a que sirven de arma arrojadiza entre partidos.

​Cosas que podemos hacer

Aun así, no hay por qué rendirse. Desde hace años entidades como la Fundación Civio llevan trabajando para sacar a la luz lo que las AAPP y partidos tratan de mantener en la sombra. Por nuestra parte podemos ir más allá del carrusel de anuncios y preguntarnos de qué va en realidad la película y escarbar en lo que de verdad nos estamos jugando.

El próximo post dentro de dos martes, el 22 junio 2021

Votando con el corazón [roto]

En una democracia es consustancial acudir a las urnas periódicamente. Hay quien creen que votamos demasiadas veces y hay quien piensa lo contrario. Pero a la hora de hablar sobre por qué votamos lo que votamos las discrepancias se disparan más y el debate se hace pasional. Se dice, aunque no comparto, que «nos merecemos los dirigentes que tenemos», lo que viene a querer decir que votamos torpemente y después pasa lo que pasa.

Uno: por qué votamos lo que votamos

Existe toda una cadena causal que desemboca en la papeleta que elegimos.

En primer lugar nuestra capacidad para sopesar los pros y contras de cada opción electoral es bastante limitada, y eso suponiendo que cada partido hubiera explicado previamente cómo piensa lidiar con los principales problemas económicos, sociales o políticos.

Sólo un ejemplo. ¿Qué propone cada partido político sobre los 140.000 millones de euros (sí: 140.000.000.000 de euros; la propia cifra ya marea) que el Instrumento Europeo de Recuperación, «Next Generation EU» (NGEU) asigna a España para los próximos años? El NGEU marcará nuestra situación económica y de bienestar personal actual y futura, y la de nuestro entorno. ¿Cuántas discusiones familiares con nuestro cuñado «fachoso» o nuestra sobrina «podemita» hemos dedicado a este tema? Claro que el Parlamento español tampoco invirtió mucho más tiempo para debatir el Real Decreto-Ley que lo regula.

Dos: los temas públicos de debate

Las declaraciones de los políticos y los ecos cruzados continuos en los medios de comunicación y redes sociales nos marcan al común de los mortales la agenda de cuáles son los temas «de actualidad» que hay que debatir: desde Rocío Carrasco (Rociíto) hasta la familia real británica, pasando por la campaña de vacunación o las elecciones a la Comunidad de Madrid. Los temas que se nos ofrecen no son los que elegimos sino más bien los que puedan llamar más nuestra atención, en una espiral cada vez más sensacionalista, porque ya sabemos que la atención es un bien escaso y encima nos piden que la «prestemos«.

A partir de este carrusel mediático es como nos formamos una imagen de lo que ofrece cada alternativa política. Nuestras capacidades cognitivas son tan escasas como nuestra atención, además de sesgadas, por lo que sólo podemos retener unas pocas pinceladas para dibujar dicha imagen. ¿Qué rasgos seleccionar? Aquí viene el tercer elemento.

Y tres: las emociones como herramienta para tomar partido

No estamos para florituras, matizaciones o distingos. Tenemos que poder elegir con sencillez a qué carta quedarnos y el instrumento más socorrido para ello es echar mano de las emociones: nos gusta un partido o no nos gusta; nos cae bien o nos cae mal; estamos a favor o en contra; etc. Y si estamos a favor de un partido en un tema concreto casi seguro que estaremos también de acuerdo con él en cualquier otra cuestión; aunque lo habitual es estar más «en contra de…» que «a favor de…«. Esto viene alimentado por la crispación que políticos y medio de comunicación fomentan permanentemente.

En consecuencia al final votamos con el corazón, a pesar de que muchas veces el corazón no quede totalmente satisfecho.

​Por eso necesitamos representantes [políticos]…

Con este panorama es imposible que 47 millones de españoles nos pongamos de acuerdo ni siquiera en las cosas más básicas. De ahí la necesidad de elegir quien represente mejor los principales enfoques sociales y políticos (aunque sean emocionales), para que después esas personas lleguen a acuerdos y compromisos que hagan posible la gestión de los bienes comunes de toda la sociedad.

​…aunque no sea suficiente

¿Cómo es posible pasar del «me cae bien o me cae mal» a gestionar los 140 mil millones y muchísimas cosas fundamentales más, que ponemos en manos de nuestros representantes políticos? Es un salto en el vacío que da vértigo. Por eso hacen falta también otros ingredientes.

Se habla en primer lugar de un Estado de Derecho, es decir de fijar unas reglas democráticas que deben ser cumplidas por todos, empezando en particular por los representantes políticos. Y aquí hay que incluir una regulación más estricta de los propios partidos políticos que son en España excesivamente poderosos y poco democráticos externa e internamente.

En segundo lugar se habla de las «virtudes democráticas» que Levitsky y Ziblatt en su libro Cómo mueren las democracias denominan los dos guarda-raíles de la democracia; a saber: el respeto mutuo y la contención. ¿Qué nota sacan nuestros políticos en respeto mutuo y contención? Además hay que añadir los deberes de transparencia y rendición de cuentas ante los votantes ¿Qué tal por este lado?

Pero también tenemos nuestros deberes: la sociedad civil debe «atar más en corto» al Estado, por medio del asociacionismo y la participación. No insisto aquí más sobre este punto.

El próximo post dentro de dos martes, el 27 abril 2021

Asociarse: por qué, para qué y cómo

Últimamente he insistido en la necesidad de asociarse para que la ciudadanía pueda intervenir con eficacia en la gestión de los asuntos públicos. Y se me ha preguntado que «cómo se come eso».


«Defender nuestras instituciones democráticas»

En estos tiempos de populismo, discursos de odio, radicalización y crispación políticas surgen múltiples voces en «defensa de nuestras instituciones democráticas«. Pero esto dicho sin más es algo que se entiende mal, sobre todo cuando esas instituciones aparecen como vaciadas, ineficaces y desconectadas con los problemas y aspiraciones de la gente.

Propongo en cambio promover el diálogo y entendimiento entre grupos sociales, como fundamento y cimiento de esas instituciones democráticas. Se trata de recomponer la sociedad civil, estableciendo ese diálogo entre sectores sociales DIRECTAMENTE y no a través de la mediación viciada de los representantes políticos actuales. Fortaleceríamos así las bases de unas instituciones democráticas más sanas.

Mi muchas veces citado Alexis de Tocqueville decía:

«el despotismo, peligroso en todos los tiempos, resulta mucho más temible en los democráticos. No hay país donde las asociaciones sean más necesarias para impedir el despotismo de los partidos o la arbitrariedad del príncipe, que aquel cuyo estado social es democrático».

La democracia en América

¿Asociarse? ¿Para qué?

No tenemos en España fama de ser muy dados a asociarnos, aunque es algo que se produce con más frecuencia de lo que parece. En general lo que hay es un asociacionismo basado en rasgos compartidos: los de mi profesión, los de mi edad, los de mi pueblo, los de mi equipo de fútbol, etc.

Esta dinámica es normal que se produzca, aunque no está exenta de peligros. Asociarse así puede llevar a excluir a quienes no comparten mis rasgos, a la falta de comunicación y al enfrentamiento entre grupos. Como he comentado en otro sitio, el asociacionismo identitario incrementa la polarización y las tensiones sociales. El ejemplo más notorio fue la República de Weimar, el régimen político de Alemania de 1918 a 1933, entre la hecatombe de la Primera Guerra Mundial y el advenimiento del nazismo. Una de las características más notables de ese periodo fue la floreciente vida asociativa. El ascenso nazi se apoyó en esa densa y polarizada sociedad civil.

De DEFENDER mis intereses a ATACAR los problemas

Mi propuesta es desarrollar la COLABORACIÓN TRANSVERSAL ENTRE ASOCIACIONES «naturales«.

Me explico con un ejemplo. ¿Cómo abordar el terrible drama de la muerte masiva de personas en las residencias de ancianos de estos meses? Habría cuatro maneras:

  • dejar en manos de los (partidos) políticos la búsqueda de soluciones: lo más probable es que se convierta en la enésima refriega de reproches mutuos y otro espectáculo bochornoso en los órganos de «representación» y medios de comunicación (mi voto en contra)
  • que los familiares de las personas afectadas inicien los procedimientos judiciales o no para pedir aclaraciones y responsabilidades (necesario, merecedor de todo nuestro apoyo, pero insuficiente debido al «atomismo»)
  • que las asociaciones que representan a los colectivos afectados pongan en marcha pronunciamientos, movilizaciones y acciones para la defensa de sus intereses: familiares de fallecidos, sindicatos del personal de las residencias, asociación de empresarios del ramo, médicos geriatras, colectivos de mayores, etc. (respetable, aunque se corre el riesgo del corporativismo, el choque entre bloques y caer en la trampa «identitaria«)
  • pero creo que es necesario la colaboración TRANSVERSAL ENTRE LOS COLECTIVOS Y ASOCIACIONES antes mencionados, de forma que se gane en fortaleza basada en la diversidad y en la amplitud de enfoques. Sin olvidar los intereses de cada colectivo, habría que ir más allá atacando los problemas y buscando soluciones justas y de consenso.

¿Se siguen necesitando entonces los (partidos) políticos?

La respuesta es . El asociacionismo «civil» no excluye la construcción para el conjunto de la sociedad de consensos políticos, por medio de los acuerdos entre partidos, y la creación de equipos (gobiernos) que administren la cosa pública.

Pero hay que poner en práctica dos reglas no escritas, que Levitsky y Ziblatt llaman «guardarraíles de la democracia«: la tolerancia mutua y la contención institucional.

«La tolerancia mutua alude a la idea de que, siempre que nuestros adversarios acaten las reglas constitucionales, aceptamos que tienen el mismo derecho a existir, competir por el poder y gobernar que nosotros».
(…)
«Una segunda norma crítica para la supervivencia de la democracia es lo que hemos venido en llamar «contención institucional«. «Contención» significa «autocontrol paciente, templanza y tolerancia» o «la acción de refrenarse de ejercer un derecho legal». Para los fines que nos ocupan, podemos concebir la contención institucional como el evitar realizar acciones que, si bien respetan la ley escrita, vulneran a todas luces su espíritu».

Cómo mueren las democracias

En los EE.UU. de Trump o la Rusia de Putin estos guardarraíles han saltado hechos pedazos. ¿Y en España?

El próximo post dentro de dos martes, el 21 julio 2020

Sociología política del coronavirus

Un mismo virus, un impacto diferente

El coronavirus se ha extendido por todo el mundo y sin embargo sus efectos van a ser -están siendo- muy distintos de un país a otro. Y no me refiero sólo a las tasas de contagio y mortalidad sino también a sus efectos en cadena en otros ámbitos.

Por qué los efectos son distintos

Aunque a menor escala (por ahora) el COVID-19 es lo que Acemoglu y Robinson definen como una coyuntura crítica:

«Es un gran acontecimiento o una confluencia de factores que trastorna el equilibrio económico o político existente en la sociedad. Una coyuntura crítica es una arma de doble filo que puede provocar un giro decisivo en la trayectoria de un país. (…) El hecho de comprender cómo la historia y las coyunturas críticas perfilan el camino de las instituciones económicas y políticas nos permite tener una teoría más completa de los orígenes de las diferencias en pobreza y prosperidad.»

Por qué fracasan los países, p.127

Así pues, los efectos dependen de las instituciones económicas y políticas de cada país en el momento del impacto.

Cómo nos ha pillado en el caso español

Pues con un gobierno débil (esto ya lo sabíamos desde el día que se constituyó), una institución monárquica en shock post-traumático, una sanidad que resultó no ser la mejor del mundo, un Estado de las Autonomías tensionado al máximo, una Unión Europea más invertebrada que nunca, una dolorosa remontada de la crisis económica del 2008, un mercado de trabajo precarizado y con más de un 13% de desempleo antes de la pandemia, un aparato judicial en la UCI, unas economías familiares maltrechas y una crispación política sin precedentes.

Dadas estas circunstancias no supone una sorpresa:

  • que el gobierno esté ejerciendo un liderazgo en ocasiones errático y contradictorio, con preocupantes ramalazos autoritarios;
  • que la única forma de que todas las Comunidades Autónomas actuaran en la misma (relativa) dirección haya sido decretando el Estado de Emergencia; (de esto hablaré más otro día)
  • que el seguimiento epidemiológico de la pandemia siga careciendo de datos fiables;
  • que el impacto en el sistema sanitario, en la tasa de contagios entre su personal y el número de fallecimientos en las residencias de ancianos haya sido devastador;
  • que nuestras preocupaciones empiecen a bascular del miedo a la pandemia al miedo a una nueva crisis económica.

Es como el boxeador que tras recibir un primer gancho que le ha dejado de rodillas sobre la lona recibiera ahora un segundo puñetazo.

Inseguridad, «depender de…» y los nuevos pobres

Este segundo puñetazo crearía un dramático impacto en la economía de los hogares. No se trata sólo de situaciones de deprivación sino también, y algunas veces sobre todo, la inseguridad y el no poder contar con medios propios: autónomos y pequeños empresarios abocados al cierre, asalariados en precario o amenazados de ERTEs, EREs o simplemente despidos.

Para muchos sectores tradicionales de trabajadores y clases medias empobrecidas no valen Rentas Básicas Universales o Ingresos Mínimos Vitales. Sienten que se les ha arrebatado la dignidad que provenía del esfuerzo que venían realizando estos últimos años y que merecía un reconocimiento social mejor. Son los llamados nuevos pobres creados por la crisis de 2008 y que pueden recibir un severo agravamiento en profundidad y extensión en la crisis que viene. Si además sienten que otros «más pobres» son los que reciben las ayudas, subvenciones y apoyos encontramos a los que la socióloga norteamericana Arlie Hochschild describía en su libro Extraños en su propia tierra: los «dejados atrás» que van alimentando una respuesta emocional no exenta de amargura. En Estados Unidos son los principales apoyos del Tea Party y del voto a Donald Trump.

¿Qué hacer?

A Napoleón Bonaparte se le atribuye la frase:

“Si quieres solucionar un problema, nombra un responsable; si quieres que el problema perdure, nombra una comisión”

Georges Clemenceau, primer ministro durante la Tercera República francesa, abundaba en lo mismo:

«Si quiere usted enterrar un problema, nombre una comisión»

En España esa comisión suele ser parlamentaria, ¿como la que se pretende para los «segundos Pactos de la Moncloa»?

Pero si el «responsable» que dice Napoleón es algún tipo de caudillo, que no cuenten conmigo.

¿Qué hacemos entonces? Necesitamos que desde la propia sociedad construyamos una coalición de sectores sociales que sume esfuerzos e intereses. No habrá pacto nacional sin una presión social que obligue a la mayor parte de nuestros representantes a buscar de verdad un consenso. Busquemos entre todos (jubilados, trabajadores, autónomos, pequeños y medianos empresarios y también grandes empresas si son ciertas sus declaraciones de estas semanas). Creemos asociaciones, estados de opinión, conversaciones, propuestas a discutir y negociar y facilitemos el pacto de la aludida comisión parlamentaria.

La tarea no es sencilla pero creo que no hay otro camino.

El próximo post dentro de dos martes, el 26 mayo 2020

En tu partido o en el mío

La pandemia del COVID-19 está poniendo en revisión muchos aspectos de nuestra convivencia, incluyendo la actuación de los partidos políticos y nuestra relación con ellos. De acuerdo, poca gente en España considera que «tiene» un partido político. Pero casi siempre hay alguno por el que sentimos menos antipatía y al que acabamos votando, aunque sólo sea para que no salga otro.

Nuestras emociones políticas

En los Barómetros del CIS no se pregunta cuál es el partido cuyo ideario u objetivos nos parecen más adecuados sino por cuál «sentimos más simpatía», apelando a nuestras emociones no a un cálculo más o menos frío y racional. Estamos próximos a tal o cual partido porque nos sentimos… [«vascos», «progresistas», «españoles», «de nuestro pueblo», «feministas», «cristianos», «libertarios», etc.]. Tenemos además la ventaja que el abanico de partidos políticos es lo suficientemente amplio como para que la mayoría encuentre un acomodo emocional en alguno de ellos.

Hasta aquí todo bien, pero…

¿Qué haces con mi voto?

Cuando votamos al partido por el que «sentimos más simpatía» estamos también eligiendo a quien NOS REPRESENTA en los Parlamentos, Ayuntamientos o Cabildos. Estos representantes tienen el mandato de negociar políticas con otros partidos y/o gestionar los bienes colectivos. De un representante cabría esperar que de vez en cuando nos dijera qué está haciendo con nuestro voto (y con nuestros impuestos). Y no hablo de grandilocuentes programas gubernamentales sino de si están cumpliendo con su mandato. Me temo que, al menos en el Parlamento nacional, lo que contemplamos son peleas de guiñol que intentan jalear a los espectadores en vez de buscar acuerdos constructivos.

Partitocracia

El problema reside en que los partidos políticos tienen en España un poder excesivo: acaparan el poder legislativo (parlamentos), ejecutivo (gobiernos emanados de los parlamentos) y judicial (controlan el Consejo General del Poder Judicial y la Fiscalía General).

Pero además los partidos gobernantes en cada nivel acumulan cargos públicos y «asesores» hasta niveles desproporcionados, gozan de aforamientos, se financian en su mayor parte de las arcas públicas, y sus élites dirigentes gobiernan con mano de hierro sus organizaciones: control férreo de las listas electorales, control aún más férreo de los órganos internos de gobierno, de los dirigentes territoriales, etc. Se me dirá que la mayoría eligen al líder en «primarias», pero después éste actúa casi como un reyezuelo: que cada uno piense en la actuación del líder del partido al que ha votado en las últimas elecciones. Más preocupante aún es que este comportamiento se reproduzca también en los «partidos nuevos« (UP, Cs o Vox) o los nacionalistas.

Luz y taquígrafos: transparencia y rendición de cuentas

Hay quien concluiría que los partidos políticos deberían desaparecer. No puedo estar más en desacuerdo. Sería un error prescindir de nuestros representantes, y dejar la gestión de la política ¿en manos de quién…?

«Un gran poder conlleva una gran responsabilidad»

F.D. Roosevelt

Lo dicho por Roosevelt, en la recta final de la II Guerra Mundial y poco antes de su propia muerte, no se lo aplican nuestros partidos políticos. Pero la única forma de que la desafección de la ciudadanía hacia el sistema político en general y los partidos en particular no siga creciendo es contando con dos elementos de los cuales ya hablé en otra ocasión: la transparencia en lo que hacen como nuestros representantes y la responsabilización en las actuaciones.

No cambies de partido: cambia tu partido

Se puede hacer más. Quienes sean miembros de un partido político pueden reclamar que funcione hacia adentro como un organismo democrático, superando los modos autoritarios y de clientelismo interno que hoy día contemplamos.

Y los votantes preguntemos a nuestros representantes, en el Congreso de Diputados, en el Senado, en las cámaras autonómicas (por ejemplo, la Asamblea de Madrid) o los ayuntamientos (por ejemplo, Donostia-SanSebastián): «¿Qué haces con mi voto?»

Propongo enviar nuestras preguntas por correo a quien encabezara la candidatura que en su día votamos en cualquiera de los ámbitos aquí señalados. Espero que su dirección de correo electrónico esté disponible, no como ocurría con numerosos Diputados del Congreso, como ya señalé aquí. ¿Nos contestarán?

Ante el riesgo de despotismo asociémonos los ciudadanos, como aconsejaba Tocqueville en su visita a la entonces joven nación norteamericana:

«El despotismo … llama turbulentos e inquietos a los que tratan de unir sus fuerzas para la común prosperidad, y, cambiando el sentido natural de las palabras, denomina buenos ciudadanos a los que se encierran por entero en sí mismos. (…) El despotismo, peligroso en todos los tiempos, resulta mucho más temible en los democráticos.»

«No hay país donde las asociaciones sean más necesarias para impedir el despotismo de los partidos o la arbitrariedad del príncipe, que aquel cuyo estado social es democrático»

La democracia en América, v.2-p.2-c.4 y v.1-p.2-c.4

El próximo post dentro de dos martes, el 12 mayo 2020