Advenimiento de la vacuna

El inicio de la distribución de las primeras vacunas contra el coronavirus coincide con otro advenimiento, dentro de la religión cristiana, el tiempo de la Navidad.

Adviento: la espera activa

En el ciclo litúrgico cristiano la Navidad viene antecedida por cuatro semanas de preparación activa, el Adviento. No se trata de esperar pasivamente a que alguien venga a sacarnos de nuestro marasmo y ruina, sino que nos hace también sujetos activos necesarios preparándonos para lo que viene (al menos en la interpretación católica).

“El que espera desespera”

Este refrán, según el Centro Virtual Cervantes, “alude al sufrimiento que padece quien vive en una esperanza incierta de conseguir lo que desea”. La peor situación se da cuando a la falta de certeza que se produzca el acontecimiento añadimos además una espera pasiva. El Adviento vimos que invitaba a una espera activa, que además tiene fecha fija.

¿Qué pasa si no se sabe cuándo acabará la espera? Peor aún es si nos dan una fecha, pero varios días después nos anuncian otra posterior o se desdicen de lo anunciado. ¿No sería una tortura que el 23 de diciembre nos dijeran que la Navidad “está a punto de llegar, pero se retrasará unos días“, “que nunca dijimos que fuera a ser el 25” o que “sin duda llegará a lo largo del primer semestre de 2021, al menos para la mayoría de la población“?

Todo esto recuerda a la obra de teatro de Samuel BeckettEsperando a Godot“: varios personajes consumidos de inanición esperan en los dos actos de la obra a que llegue un tal Godot, aunque no nos dicen ni quién es, ni por qué ni para qué. En ambos actos un niño llega con un mismo mensaje de Godot: “aparentemente, no vendrá hoy, pero vendrá mañana por la tarde“. Y así la obra podría continuar actos y actos… Lo llamaron teatro del absurdo, aunque no parece tan lejano al momento actual.

​Qué significa en nuestro caso esperar ACTIVAMENTE

En primer lugar se trata de reclamar transparencia informativa -aunque suene a broma- de los organismos y personas responsables de los recursos públicos: qué vacuna o vacunas se van a administrar; cuál es la operativa (número de dosis necesarias, tiempo de demora en sus efectos); grado de protección y porcentajes positivos esperados; efectos secundarios y colectivos incompatibles; ¿protege de todo tipo de mutaciones del virus?; ¿los vacunados pueden todavía contagiar?; etc. Nuevamente la falta de información fiable, sustituida por declaraciones realizadas al vuelo o uso de Twitter alimentan la desconfianza.

Pero si algo positivo puede quedarnos de esta pandemia es que estamos aprendiendo, nos guste o no, que nuestra supervivencia y la de los que nos rodean depende más que nunca de nosotros mismos. La cascada de “delegaciones” (gobierno central > gobiernos autonómicos > ayuntamientos > centros de atención primaria > nosotros) a la hora de poner en marcha medidas antivirus deja en nuestras manos el kit de supervivencia.

Desde luego es algo a lo que no estamos muy acostumbrados. Cuando nos encontramos con un problema existe el impulso inicial de apelar a las instancias de la nación, cuanto más altas mejor. En la tradición norteamericana, por ejemplo, la tendencia es la contraria. Primero intento resolver el problema yo mismo, después con mis allegados, después con mi comunidad local, mi condado, mi estado, hasta llegar en caso extremo al gobierno federal. Este enfoque, no exento de inconvenientes, tiene sin embargo una gran ventaja: nos hace protagonistas activos en un movimiento de abajo arriba.

​Siente un vacunado a su mesa

En fechas navideñas, es un tema recurrente las campañas solidarias con los pobres y desfavorecidos. Por eso resulta escandaloso que, según la Universidad de Duke, Unicef y Airfinity, la Unión Europea haya reservado dosis para poder vacunar dos veces a su población, Gran Bretaña y EE.UU. cuatro veces a las suyas y Canadá hasta seis veces (The New York Times, 16 diciembre 2020).

En el otro extremo los países con rentas medias y bajas a penas llegarán a vacunar a un máximo del 40% de su población a finales de 2021, según expertos de la Johns Hopkins, eso sin hablar de los problemas de organización y logística.

No puedo dejar de evocar la obra maestra del cine español, la película Plácido, de Luis García Barlanga y Luis Azcona: un grupo de “bien-pensantes” de la España de la época organizan la campaña navideña “Siente un pobre a su mesa“, para hacer “obras de caridad”. Pero el protagonista, Plácido, intenta sin éxito que alguien le ayude a pagar el primer plazo de su motocarro, su único medio de vida, que finalmente le confiscan a pesar del uso abusivo que los “bien-pensantes” hacen de él en la cabalgata navideña.

La película está más de actualidad que nunca en este mundo globalizado.

El próximo post dentro de dos martes, el 5 enero 2021.

¿Vacunados…? de espanto

Si algo está meridianamente probado es la dificultad por conocer el origen, comportamiento, difusión y efectos del coronavirus. Los artículos que van apareciendo en revistas de reconocido prestigio científico nos van dando piezas sueltas -no siempre contrastadas- de un puzzle inmenso del que tardaremos años en obtener una fotografía (provisional) de conjunto. Las leyes del avance científico son machaconas a este respecto, a pesar de todos los Tweets del mundo.

Disparando a ciegas

No nos distinguimos en España por contar con un análisis fiable de lo que son las políticas públicas. La opacidad de las administraciones a todos los niveles, la facilidad para decir hoy una cosa y mañana la contraria por parte de quienes están al frente de las mismas, el anuncio de planes a bombo y platillo que no sabemos en qué quedan, etc., obligan a ser desconfiados sobre la eficacia de las medidas tomadas contra la pandemia.

No existe ninguna prueba seria sobre la relación entre las medidas de confinamiento perimetral y toques de queda y la evolución de las cifras de contagiados, hospitalizados o fallecidos en cada área donde se han decretado: NINGUNA. Lo que sí ocurre es que cuando sube el número de contagios se decretan medidas, sólo de prohibir que no de actuar proactivamente, y más pronto o más tarde las cifras bajarán. ¿Hay una relación causa-efecto? Si el tema no fuera tan serio, habría que reírse.

No existe el menor rigor a la hora de comparar los resultados de unas áreas con otras. Los efectos son erráticos y pueden llegar incluso a ser contraproducentes.

Podemos tomar como el ejemplo el caso de los confinamientos perimetrales en la Comunidad de Madrid durante los “puentes” de noviembre, que provocaron un aumento de los contagios en los municipios de su zona norte, debido a la afluencia de visitantes de la capital. Otro efecto no esperado es el pico de viandantes a las 6 de la mañana en el centro de Madrid, que es la hora a la que muchos deben esperar para volver a casa, en vez de a las 2 ó 3 habitual los fines de semana. Mientras tanto ha habido que “confinarse” en casa de un amigo debido al toque de queda. ¿Más seguridad?

De las dudas científicas a la desinformación oficial

La última oleada desinformativa gira en torno al advenimiento “ya mismo” de un supuesto diluvio de vacunas anti Covid-19.

“Cada vez que Donald Trump, Vladimir Putin o Pedro Sánchez anuncian la inminencia de una vacuna salgo corriendo a la farmacia a comprar mascarillas y después encerrarme en casa”

Las primeras reacciones entre la opinión pública son más bien de recelo, como prueban los sondeos de opinión realizados en España y otros países de nuestro entorno.

¿Es que somos anti-vacunas? De hecho España es uno de los países donde se tiene una mayor confianza en los progresos y avances científicos y el movimiento anti-vacunas es casi inexistente.

No entraré aquí en repetir lo que los foros de la comunidad científica reflejan en torno a lo que hasta ahora se sabe de cada una de la vacunas. Pero lo que sí echa a uno para atrás es precisamente ese ruido mediático que sólo favorece a la cotización de las acciones de las multinacionales farmacéuticas: entre los anuncios -que no informes científicos- de los aspirantes a su fabricación, los medios de comunicación preparados para otro tsunami de junk news y los responsables políticos promotores (y a la vez supuestos vigilantes) de la desinformación, no es de extrañar que un número creciente de personas candidatas a recibir la vacuna prefiera “esperar y ver”. Con la información actual, creo que es la postura más coherente.

Pero es que además las promesas televisadas de un futuro de rosas casi a la vuelta de la esquina socavan el esfuerzo necesario HOY de mantener comportamientos adecuados anti-pandemia y que no arrasen a la vez con el tejido económico.

El kit personal que sí funciona

Mientras tanto es necesario mantener nuestro programa preventivo para nosotros mismos y nuestro entorno.

  1. Como el principal medio de transmisión del coronavirus son los aerosoles (partículas microscópicas que permanecen en el aire durante horas), lo primero es frecuentar ambientes con aire renovado con frecuencia, bien porque nosotros los ventilamos o porque lo hacen otros. Ejemplo: autobuses y metro están bastante más ventilados que los supermercados. Por la misma razón, huir de las aglomeraciones.
  2. Las mascarillas siguen siendo imprescindibles, utilizadas correctamente.
  3. Lavarnos BIEN las manos: es muy difícil controlar cuándo nos tocamos ojos, nariz o boca.

No hay herramienta única o perfecta, pero el uso combinado de las anteriores reduce significativamente el riesgo de contagio.

P.S.:

He omitido los enlaces, citas y bibliografía que apoyan lo escrito con el fin de no sobrecargar el texto, aunque están a disposición de quien lo desee.

El próximo post dentro de dos martes, el 8 diciembre 2020

¿Son adecuadas las medidas contra la Covid-19?

Incompletas

Asistimos a una escalada en las medidas para combatir la segunda ola de Covid-19. En el mejor de los casos son medidas muy incompletas. Es como si construyéramos un taburete con dos patas o incluso con una sola. El batacazo está garantizado. Repasemos.

Aerosoles

La comunidad científica (no cargaré esto de citas, aunque están a disposición de quien las solicite) ha demostrado hasta la saciedad que un elemento clave de la transmisión del virus son los aerosoles, partículas microscópicas que transportan el virus y perduran flotando durante horas en el aire que podemos respirar.

Mascarillas

Por eso es clave el uso correcto de mascarillas, pero todavía estamos esperando indicaciones claras, uniformes y oficiales sobre sus tipos, protección que brindan, uso y reciclaje. El Ministerio de Consumo prometió hace un mes poner un poco de orden en la comercialización de mascarillas. Pero van un poco atrasados…

Aire limpio

Otra pieza clave complementaria es la renovación del aire en todo tipo de locales, no sólo las aulas de los colegios. Confieso que he adquirido un pequeño aparato que mide entre otras cosas las partes por millón (ppm) de CO2 en el aire, que es un indicador bastante aproximado de la calidad del mismo. Todavía no he encontrado ningún supermercado o local de aforos permitidos que presente cifras mínimamente “decorosas” de la calidad de su aire. Quizá muevan el aire, pero desde luego no se renueva, lo que indica con claridad que los aerosoles pululan a sus anchas, con su carga probable de virus.

En realidad donde estaríamos más seguros es al aire libre. pero la recomendación (o futura obligación) es precisamente la contraria: quedarse en casa o salir sólo para ir y volver de algún supermercado o local similar con esas “purezas” de aire.

Entonces, ¿por qué los gobiernos tienen solo una medida “estrella”, el confinamiento?

Aunque no existe prueba ninguna que el confinamiento per se frene la pandemia, lo que se hace es matar moscas a cañonazos. Lo más probable es que tenga una reducida eficacia si se trata una medida aislada: sin mejoras en los datos epidemiológicos, sin trazadores de los contagios o sin reforzamiento de los servicios sanitarios. Se nos queda el taburete con una sola pata.

Pero es la medida más cómoda. En vez de poner en marcha de forma proactiva recursos coordinados, lo más fácil es prohibir a la población hacer cosas. En España tenemos costumbre de pseudo-combatir los problemas a base de “aumentar las penas” incluidas en la legislación en vez de poner medios para su cumplimiento.

Además está el argumento infalible: lo hacen todos los gobiernos de países comparables. Ya sabemos que los gobiernos sólo reaccionan cuando tienen un problema en las manos que se convierte en político al ser susceptible de crítica por parte de la oposición, de los medios de comunicación o de la opinión pública. Pero, ¿quién se atreve a meterse a la vez con Pedro Sánchez, Angel Merkel, Emmanuel Macron, Boris Johnson, etc?

Contraproducentes

No hace falta ser un experto en ciencias sociales y del comportamiento para saber que las sociedades son sistemas cuyas partes están conectadas entre sí. Cuando se modifica un elemento, otros se recolocarán de forma muchas veces no prevista. Por ejemplo: si se decreta un confinamiento perimetral, las interacciones dentro de ese perímetro es probable que se hagan más intensas. Si las formas de ocio no se canalizan de forma adecuada sino simplemente se prohíben, las reacciones pueden ser sorpresivas. Si se vislumbra la amenaza de un confinamiento domiciliario, se disparará la adquisición de productos “de primera necesidad”. Si no existe una comunicación clara proveniente de una autoridad en la que se confíe, las redes sociales y otros medios de comunicación se llena de noticias falsas. Si no puedo salir al campo con los niños me los llevo al centro comercial. Etc.

Practicar una escalada de confinamientos cada vez más exigentes sin tener en cuenta los efectos colaterales es actuar de forma inconsciente e incluso temeraria.

Agotamiento y falsa seguridad

Medidas tan restrictivas y prolongadas, y sin compensaciones en el terreno del ocio y de los comportamientos de relación con los demás, colman nuestra capacidad colectiva de resistencia (lejos quedaron los aplausos de las 8 de la tarde). Cargar las tintas en las medidas de confinamiento como la única estrategia de facto provoca el estricto cumplimiento en esa faceta y la relajación en las demás: cumplo con lo que me obligan y del resto ya veré.

¿Y la economía?

Esos cañonazos no sólo matan moscas, sino también una economía como la nuestra en la que los servicios ocupan una importancia esencial, y en donde autónomos y pequeñas empresas cargan con la mayor parte de la generación de empleo.

Esta vez no hablaré de las alternativas.

El próximo post dentro de dos martes, el 24 noviembre 2020

Sociedad con Covid-19 (V): la bolsa o la vida

La elección

En plena pandemia se nos obliga a elegir entre hundir sectores económicos enteros o condenarnos a un contagio masivo y en buena parte letal por Covid-19.

Esta disyuntiva me recuerda la película, y novela, La decisión de Sophie: en pleno holocausto judío un oficial nazi obliga a una madre polaca a “elegir” a cual de sus dos hijos enviar a la muerte para evitar que maten a los dos. Con una magistral interpretación de Meryl Streep, la escena cumbre de la película puede verse aquí. Lo grave no es solamente que uno de los hijos perezca sino que Sophie queda marcada para siempre por una culpa moralmente imposible pero real.

Más recientemente hemos sido sometidos a otra elección tramposa cuando en la crisis de 2008 se nos planteó “elegir” entre austeridad o colapso económico. Pero lo que en realidad tuvimos fue austeridad MÁS colapso económico.

Salud o economía

¿De verdad tenemos que “elegir” entre salvar la economía o salvar nuestras vidas? Los datos disponibles sobre la experiencia en distintos países nos dicen que no son opciones alternativas, sino que -como el caso español muestra hasta ahora- se puede perder a la vez la batalla en la sanidad y en la economía.

Existe un abanico de actuaciones en positivo que pueden llevarse a cabo para luchar en ambos frentes y que hasta el momento han brillado por su ausencia. Pero empecemos antes por lo que que es necesario erradicar.

Torpezas a evitar

Hay quien todavía cree que “lanzar mensajes de optimismo” es una buena política, algo que recuerda la famosa frase de Zapatero en 2008: “No hay riesgo de crisis económica”.

La segunda torpeza es gastar las ayudas económicas de forma indiscriminada, sin planes estructurales para combatir la temporalidad y el desempleo, como ha señalado recientemente la AIRef.

La desinformación mata; también al consumo

La tercera torpeza es la negligencia en emitir información oficial, veraz y contrastada sobre la evolución de la pandemia y los instrumentos para combatirla. Dejar que este terreno sea ocupado por mensajes en Twitter, tertulianos de televisión o la polución desinformativa de los medios de comunicación y las redes sociales es crear incertidumbre, miedo, ansiedad y desconfianza.

En el terreno sanitario se producen comportamientos equivocados: mal uso de las mascarillas (¿sabemos ya lo que dura cada tipo de mascarillas?), o no respeto de las normas de interacción social, movilidad, protección personal y grupal, etc.

En el terreno económico el primer efecto del desconcierto es el frenazo brusco del consumo de los hogares. Como ya sucedió en 2008 la primera reacción es “ahorrar para lo que pueda venir”. El riesgo al despido en un empleo fijo, tener un trabajo temporal, ser autónomo o depender de un subsidio son situaciones que empujan a reducir el consumo en todos los capítulos posibles.

Recuperación económica: en V, en L o en K

Mucho se está hablando sobre la potencial recuperación económica post-Covid. Los economistas plantean varios modelos, simbolizados por letras. No incluyo la U o la W para no liarlo más.

La recuperación en V -la más optimista- contempla un rebote casi instantáneo, para volver a la situación de partida, a la “nueva normalidad”. Esta visión no sólo es incierta, en particular para el caso español, sino que fomenta el quietismo (las cosas volverán a su cauce por sí mismas) y la ansiedad porque el rebote no acaba de llegar.

La recuperación en L pronostica unos duros años económicos por delante, arrastrándonos por el suelo de la crisis económica durante no se sabe cuánto tiempo.

La recuperación en K prevé que habrá ganadores -trazo de la K hacia arriba- y perdedores pues esta crisis dará un nuevo vuelco a sectores enteros de la economía. ¿De qué depende situarse en el trazo ascendente o descendente de la K?

La pasividad mata la economía

Dependerá de la puesta en marcha de políticas activas y coordinadas, basadas en acuerdos políticos y sociales. No nos engañemos: estamos ante una crisis económica igual o más grave que la de 2008. Y para que tras aquella estocada la actual no sea la puntilla el esfuerzo de concertación social y política debe ser sustancial.

La concertación debería tener dos ejes. El primero se basa en el apoyo decidido tanto a los sectores que pueden liderar la recuperación como a los que exigirán una restructuración importante (digitalización, reasignación de recursos a actividades más productivas, etc.). Ello debería ir acompañado de una acción gubernamental que modernice la creación de nuevas empresas, el acceso al crédito de las Pymes y autónomos, etc.

El segundo eje debería dirigirse a dotar de cobertura asistencial a los sectores de población que más están sufriendo el impacto: recualificación laboral, subsidios en tiempo y forma…

¿Estaremos a la altura de la tarea?

El próximo post dentro de dos martes, el 10 noviembre 2020

Noticias basura – Junk News

Las fake news (noticias falsas) son hoy en día tema recurrente, pero tanto o más importante es hablar también de sus parientes cercanos: las noticias basura o junk news.

¿Qué son?

La inmensa mayoría de lo que se nos ofrece como “noticia” en los medios de comunicación son en realidad contenidos con una bajísima carga informativa, por no decir tóxica. Basta dar un pequeño repaso por los diarios “serios” en su versión digital (sólo recojo “El País”, “El Mundo”. “Expansión” y “Cinco Días”) para encontrarnos titulares como los siguientes:

Medios de comunicación que se retroalimentan

La primera característica es que el mercado de las noticias se retroalimenta continuamente: las televisiones comentan lo que aparece en los periódicos, en twitter se critica lo dicho en televisión, otras redes sociales se hacen eco de lo (re)twitteado, personajes y organismos salen al paso de lo que resuena en la redes, los periódicos publican esas declaraciones… y vuelta a empezar. Y en medio de esa cámara de ecos estamos nosotros, a punto de (y a veces deseando) quedarnos sordos.

El fenómeno no es nuevo. Hace casi treinta años la historia de los “líos de faldas” del Presidente Clinton recorrió los flujos de información de entonces de forma soterrada para de golpe convertirse en noticia que se hinchó hasta el extremo, como cuenta Steven Johnson:

“La cobertura de una historia trae consigo más cobertura hasta llegar a una especie de salón de los espejos donde los pequeños incidentes o las mínimas acusaciones se amplifican hasta convertirse en Grandes Acontecimientos”

Sistemas emergentes. O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software, c.4

Por desgracia tenemos un ejemplo cercano, aunque en otro campo: el Covid-19. En efecto, los procesos de brote, difusión, contagio y amplificación son similares a los que siguen las pandemias, tal y como explicaba el matemático y epidemiólogo Adam Kucharski en su premonitorio libro The Rules of Contagion. Why Things Spread – and Why They Stop.

A más ruido, menos contenido

Cuanto más alto es el volumen, menos son los sonidos (ruidos) en los que poder centrar nuestra atención. Tampoco esto es nuevo. El premio Nobel de economía Herbert Simon escribía hace medio siglo:

“En un mundo abundante en información, la riqueza de información se traduce en una escasez de otra cosa: una escasez de aquello que la información consume. Lo que consume es bastante obvio: la atención de sus destinatarios. Por ello, una riqueza de información crea una pobreza de atención y una necesidad de asignar esa atención eficientemente entre la sobreabundancia de fuentes de información que podrían consumirla”.

Designing Organizations For An Information-Rich World, 1971

La delgada línea entre información y propaganda

Cuando los contenidos son pocos, pobres y muy repetidos, ¿qué tenemos? Ahora me remonto un siglo:

“Toda propaganda eficaz debe concretarse sólo a muy pocos puntos y saberlos explotar como apotegmas hasta que el último hijo del pueblo pueda formarse una idea de aquello que se persigue. En el momento en que la propaganda sacrifique ese principio o quiera hacerse múltiple, quedará debilitada su eficacia por la sencilla razón de que la masa no es capaz de retener ni asimilar todo lo que se le ofrece. Y con esto sufre detrimento el éxito, para acabar a la larga por ser completamente nulo.”

Adolf Hitler, Mi lucha, V1,c6

Lo que Hitler hacía con la radio lo repitió Richard Nixon con la televisión -pocas cosas pero muy repetidas- según escribió hace medio siglo Joe McGinniss en su best-seller de marketing político Cómo se vende un presidente.

La política actual parece seguir estando en el mismo escenario que entonces. Así, para Pablo Iglesias, líder de Podemos, “el debate parlamentario no sirve; los verdaderos parlamentos son los platós de televisión“. Pablo Iglesias añadió las redes sociales a la televisión, como hizo en su día Barak Obama y posteriormente Donald Trump con la ayuda, rayando en lo criminal, de Facebook y Cambridge Analytica.

Dos remedios

Al ser consumidores de noticias deberíamos seguir el consejo de los nutricionistas: adoptar una dieta variada y equilibrada. Por un lado no nos sobre-expongamos al ruido mediático. Igual que nos aconsejan “no picotear entre comidas” debemos fijarnos de antemano en qué momentos vamos a ver las tele-noticias o leer el periódico digital y no estar continuamente bombardeados.

Por otro lado introduzcamos en nuestro menú alguna diversidad, es decir una fuente de información de orientación ideológica distinta a las nuestras habituales. Este ejercicio intelectual nos hará ganar una perspectiva más amplia, muy necesaria en los tiempos actuales.

El otro remedio que propongo es que, al menos un vez a la semana, tratemos de remontarnos a la fuente originaria de una noticia que haya corrido como la pólvora por los distintos medios. En esta labor de investigación nos encontraremos con muchas sorpresas.

El próximo post dentro de dos martes, el 7 julio 2020