Sociedad con Covid-19 (V): la bolsa o la vida

La elección

En plena pandemia se nos obliga a elegir entre hundir sectores económicos enteros o condenarnos a un contagio masivo y en buena parte letal por Covid-19.

Esta disyuntiva me recuerda la película, y novela, La decisión de Sophie: en pleno holocausto judío un oficial nazi obliga a una madre polaca a “elegir” a cual de sus dos hijos enviar a la muerte para evitar que maten a los dos. Con una magistral interpretación de Meryl Streep, la escena cumbre de la película puede verse aquí. Lo grave no es solamente que uno de los hijos perezca sino que Sophie queda marcada para siempre por una culpa moralmente imposible pero real.

Más recientemente hemos sido sometidos a otra elección tramposa cuando en la crisis de 2008 se nos planteó “elegir” entre austeridad o colapso económico. Pero lo que en realidad tuvimos fue austeridad MÁS colapso económico.

Salud o economía

¿De verdad tenemos que “elegir” entre salvar la economía o salvar nuestras vidas? Los datos disponibles sobre la experiencia en distintos países nos dicen que no son opciones alternativas, sino que -como el caso español muestra hasta ahora- se puede perder a la vez la batalla en la sanidad y en la economía.

Existe un abanico de actuaciones en positivo que pueden llevarse a cabo para luchar en ambos frentes y que hasta el momento han brillado por su ausencia. Pero empecemos antes por lo que que es necesario erradicar.

Torpezas a evitar

Hay quien todavía cree que “lanzar mensajes de optimismo” es una buena política, algo que recuerda la famosa frase de Zapatero en 2008: “No hay riesgo de crisis económica”.

La segunda torpeza es gastar las ayudas económicas de forma indiscriminada, sin planes estructurales para combatir la temporalidad y el desempleo, como ha señalado recientemente la AIRef.

La desinformación mata; también al consumo

La tercera torpeza es la negligencia en emitir información oficial, veraz y contrastada sobre la evolución de la pandemia y los instrumentos para combatirla. Dejar que este terreno sea ocupado por mensajes en Twitter, tertulianos de televisión o la polución desinformativa de los medios de comunicación y las redes sociales es crear incertidumbre, miedo, ansiedad y desconfianza.

En el terreno sanitario se producen comportamientos equivocados: mal uso de las mascarillas (¿sabemos ya lo que dura cada tipo de mascarillas?), o no respeto de las normas de interacción social, movilidad, protección personal y grupal, etc.

En el terreno económico el primer efecto del desconcierto es el frenazo brusco del consumo de los hogares. Como ya sucedió en 2008 la primera reacción es “ahorrar para lo que pueda venir”. El riesgo al despido en un empleo fijo, tener un trabajo temporal, ser autónomo o depender de un subsidio son situaciones que empujan a reducir el consumo en todos los capítulos posibles.

Recuperación económica: en V, en L o en K

Mucho se está hablando sobre la potencial recuperación económica post-Covid. Los economistas plantean varios modelos, simbolizados por letras. No incluyo la U o la W para no liarlo más.

La recuperación en V -la más optimista- contempla un rebote casi instantáneo, para volver a la situación de partida, a la “nueva normalidad”. Esta visión no sólo es incierta, en particular para el caso español, sino que fomenta el quietismo (las cosas volverán a su cauce por sí mismas) y la ansiedad porque el rebote no acaba de llegar.

La recuperación en L pronostica unos duros años económicos por delante, arrastrándonos por el suelo de la crisis económica durante no se sabe cuánto tiempo.

La recuperación en K prevé que habrá ganadores -trazo de la K hacia arriba- y perdedores pues esta crisis dará un nuevo vuelco a sectores enteros de la economía. ¿De qué depende situarse en el trazo ascendente o descendente de la K?

La pasividad mata la economía

Dependerá de la puesta en marcha de políticas activas y coordinadas, basadas en acuerdos políticos y sociales. No nos engañemos: estamos ante una crisis económica igual o más grave que la de 2008. Y para que tras aquella estocada la actual no sea la puntilla el esfuerzo de concertación social y política debe ser sustancial.

La concertación debería tener dos ejes. El primero se basa en el apoyo decidido tanto a los sectores que pueden liderar la recuperación como a los que exigirán una restructuración importante (digitalización, reasignación de recursos a actividades más productivas, etc.). Ello debería ir acompañado de una acción gubernamental que modernice la creación de nuevas empresas, el acceso al crédito de las Pymes y autónomos, etc.

El segundo eje debería dirigirse a dotar de cobertura asistencial a los sectores de población que más están sufriendo el impacto: recualificación laboral, subsidios en tiempo y forma…

¿Estaremos a la altura de la tarea?

El próximo post dentro de dos martes, el 10 noviembre 2020

Sociedad con Covid-19 (IV): acciones colectivas

Estamos peor

Desde el punto de vista sanitario la segunda ola del Covid-19 parece ser más grave que la sufrida en primavera. A ello se añaden dos factores que la empeoran: la polarización entre partidos políticos y el agotamiento y hartazgo en amplios sectores de la sociedad.

No, dada la trifulca interminable entre las formaciones políticas, sinceramente no puede esperarse mucho de ellas a la hora de combatir la pandemia del Covid-19; al menos hasta que un cambio en el sistema representativo-electoral permita supervisar de verdad a los votados por parte de los votantes. Es como si nos hubiéramos quedado huérfanos.

Así, a la mayoría de los entrevistados en el Barómetro del CIS de este mes de septiembre, la política que estaba siguiendo el Gobierno actual para luchar contra el COVID-19 (pregunta 8) les merecía poca o ninguna confianza (56,8%), frente al 31,6% que les merecía mucha o bastante.

Los psicoanalistas hablarían de “la muerte del padre”, pero no es mi caso. Yo hablaría de un vacío social que se puede y se debe llenar. ¿Por quién? Por nosotros.

Es la hora de remontar construyendo

Se han realizado multitud de pronunciamientos por parte de asociaciones profesionales y ciudadanas, incluyendo críticas y llamamientos a gobernantes y partidos políticos para hacer las cosas de otra manera. Por desgracia sin resultados.

Hay que ir más allá y salir al paso de carencias que literalmente están segando vidas, impactando severamente en la salud de miles y miles de personas, hundiendo económicamente a centenares de miles de pequeñas empresas, trabajadores autónomos y hogares, horadando la confianza social y deteriorando la convivencia cotidiana y el bienestar personal.

Hemos hecho gestos solidarios con el personal sanitario y con los colectivos más vulnerables a la pandemia; hemos clamado por una acción positiva y coordinada de los poderes públicos. ¿Podemos hacer algo más? Sí, pero no de cualquier manera.

Creo que es el momento de plantear la batalla contra la pandemia a partir de redes de colaboración desde dentro de la sociedad civil y a dos niveles: el del asociacionismo y el de la incorporación de nuevos comportamientos grupales y colectivos.

Asociaciones civiles: ¡a sus puestos!

Echo en falta -más allá de los necesarios pronunciamientos- recibir de entidades solventes información clara y confiable sobre las medidas sanitarias que puedan frenar la expansión del virus, controlar sus efectos y reducir su impacto en el bienestar de las personas. ¿Alguien -me refiero a sociedades médicas o similares, no a tertulianos de televisión- ha explicado la eficacia de cada tipo de mascarilla, su mantenimiento adecuado, su uso cotidiano y su duración? Mi experiencia consultando media docena de farmacias cercanas a mi domicilio fue más deprimente… ¿Son más seguros los espacios al aire libre o las viviendas de 60 m2 de reducida ventilación donde conviven familias numerosas?

Echo también en falta información sencilla, asequible y solvente sobre la normativa dictada por las diferentes administraciones sobre confinamientos, uso de espacios colectivos, acceso a centros de salud, actuación en caso de contacto con personas contagiadas, cuarentenas, etc.

Junto a quienes pueden aportar la información citada existen también asociaciones de vecinos, de mayores y jubilados, de familias con hijos escolarizados, de profesionales de distintas ramas, etc. que podrían canalizar entre sus miembros las orientaciones recibidas. Pero la verdad es que carecemos de forma sistemática de esos canales transversales de colaboración. No contamos con un diálogo fluido entre las asociaciones de personal sanitario y las que agrupan a los usuarios del sistema de salud.

En otra página de esta web estoy incorporando poco a poco el listado de asociaciones y entidades que creo podrían ir tejiendo esa red de colaboraciones, en particular en lo que se refiere a la lucha contra el Covid-19. Todas las sugerencias serán bienvenidas.

Nuevos comportamientos sociales

El segundo nivel parte de la constatación de que los hábitos de protección contra la pandemia sólo se adquieren de forma grupal, no individual. Necesitamos apoyos sociales para mejorar comportamientos, no condenas. No pueden decirnos sin más que si hemos tenido contacto cercano con una persona contagiada nos confinemos en nuestro domicilio y ya está. ¿Y nuestro trabajo? ¿Quién lleva a los hijos al colegio? ¿Quién realiza las mil y una gestiones cotidianas? Facilitemos los hábitos y medidas saludables, evitando señalar a las víctimas como si fueran también culpables.

En el caso de nuestros país existe una significativa carencia de análisis e intervenciones serias sobre la dimensión grupal de la propagación del virus y las herramientas psico-sociológicas o conductuales para su contención. Las epidemias son fenómenos tan sociales como sanitarios. Pero, aparte de algunas encuestas de opinión, desconozco la existencia de esfuerzos por calibrar los mecanismos colectivos que intervienen o que pueden ponerse en práctica. No es ciencia infusa. Varios premios Nobel en los últimos años están dedicados a ello.

El próximo post dentro de dos martes, el 27 octubre 2020