El mundo al borde de…

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El secuestro del Presidente de Venezuela por parte del ejército norteamericano ha provocado un torrente de comentarios sobre hacia dónde camina el mundo actual y los interrogantes que se abren.

En realidad llevamos varios decenios acumulando problemas de diverso tipo que se nos están haciendo bola: la crisis económica de 2008, la pandemia de 2020, el envejecimiento demográfico, el impacto laboral de la manera como se aplican las nuevas tecnologías, la invasión rusa de Ucrania, el calentamiento global, el declive industrial de la Unión Europea, el comportamiento autocrático del actual Presidente de Estados Unidos, el ascenso de China, etc.

Muchos comentaristas coinciden en señalar que se está cerrando la época de estabilidad que arrancó al terminar la IIª Guerra Mundial y que la crisis actual nos llevará a un orden mundial diferente. Como advertía el pensador italiano Antonio Gramsci, “el viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Uno de estos monstruos sería claramente Donald Trump, que parece actuar a su antojo por encima de cualquier regla establecida y que ha desempolvado la famosa diplomacia de las cañoneras. Otro monstruo sería Vladimir Putin, con su uso extensivo de la llamada guerra híbrida contra Europa, que también practica Trump.

Aunque el mundo financiero no muestra una gran preocupación.

Ingredientes de la crisis

El imperio americano parece encontrarse en su fase de declive y el mundo se mueve hacia un nuevo reparto de áreas de influencia entre las grandes potencias. Lo que no sabemos muy bien es cuándo ni cómo, ni qué pinta tendrá el nuevo escenario. Hay muchos elementos que intervienen: desde el dominio de las fuentes de energía hasta el peso demográfico de cada país, pasando por el liderazgo tecnológico, la habilidad para forjar nuevas alianzas o la modernización de la capacidad militar.

Cómo no actuar

¿Qué debemos hacer? ¿Con quién hay que aliarse? ¿Contra quién hay que luchar? Antes de nada convendría tener presente que los momentos de crisis y decadencia pueden durar siglos. Y en ese tiempo los actores, sus alianzas y sus rupturas suelen atravesar profundas modificaciones.

Eso nos recuerda, por ejemplo, que en la historia del Antiguo Egipto el paso desde el Imperio Antiguo al Imperio Medio tardó unos caóticos 130 años. Del Imperio Medio al Imperio Nuevo la pesadilla duró 230 años. Y el declive final se alargó más de 400 años. Por tanto una idea a descartar es esperar pacientemente a que por sí mismo el “nuevo mundo aparezca”.

Pero desempolvar precedentes históricos de crisis anteriores, para tener pistas de lo que volvería a suceder en la actualidad tiene dos inconvenientes. El primero es no darse cuenta que las circunstancias son otras y por tanto el resultado puede ser totalmente distinto en nuestra situación. La historia NO se repite, aunque estemos tentados de creerlo y así reducir la incertidumbre y nuestra ansiedad.

El segundo error es creer que los acontecimientos corren inexorablemente en una dirección determinada y que no cabe que las personas podamos cambiar su curso. Carlos Marx nos advertía: Los hombres hacen su propia historia, aunque no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidos por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado.”

Un buen ejemplo lo expone el historiador Volker Ulrich en su libro El fracaso de la república de Weimar, donde muestra cómo los distintos actores en la Alemania previa al ascenso de Hitler al poder tuvieron en sus manos la posibilidad de emprender un rumbo diferente.

Otro enfoque equivocado es el llamado preparacionismo: movimiento social de individuos o grupos que se preparan para todo tipo de emergencias, incluidas las perturbaciones sociales o políticas, haciendo hincapié en la autosuficiencia, e incluso construyendo refugios para sobrevivir a catástrofes del tipo que sean.

Una cosa es tener planes de acción para afrontar colectivamente catástrofes -naturales o no- y otra es centrarse en la supervivencia individualista, dando por sentado que es la única vía en los momentos de crisis; todo ello acompañado de un tufillo romántico que evoca películas tipo Mad Max.

Incertidumbre radical

El libro Incertidumbre radical El arte de tomar decisiones ante un futuro incierto, publicado ahora en España, puede guiarnos para actuar.

Una situación de incertidumbre se parece a cuando estamos metidos en una habitación sin luz y sólo los pequeños pasos, la atención a nuevos elementos y el no dar nada por sentado nos ayudarán a ir avanzando, a tientas sí, pero acercándonos poco a poco a la salida. En particular, no estar abiertos a lo nuevo es muchas veces la antesala del fracaso.

Debemos huir de dogmatismos y buscar la colaboración y no el enfrentamiento, que no tiene nada que ver con rendirse o dejarse llevar.

No es fácil, ya pero ¿alguna vez lo fue?

El próximo post dentro de dos martes, el 3 febrero 2026

Jubilados vs. Retirados

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El “baile” del Año Nuevo

Hace unos días hemos comenzado oficialmente un Nuevo Año. Recalco lo de oficial porque en verdad lo único nuevo al dar las doce en el reloj de la Puerta del Sol es la entrada en vigor de nuevas normas administrativas de diverso tipo, aunque la realidad social por sí misma no habría cambiado.

Esos cambios oficiales no se han producido a la vez en todos lados. Por ejemplo Canarias entró en el Nuevo Año una hora después que la Península y Baleares. Nueva Zelanda lo había hecho 12 horas antes y Nueva York 6 horas después.

Más aún. Para 1.400 millones de chinos el año nuevo comienza el 17 de febrero. 2.000 millones de musulmanes estrenan año el 17 de junio y 1.200 millones de hindúes no celebrarán el Dwali o Año Nuevo hasta el 8 de noviembre.

El año escolar comienza en septiembre y no enero y muchas empresas cierran sus cuentas anuales el día 31 pero no del mes de diciembre sino de marzo.

El calendario y nuestra vida

Todo esto viene a cuento porque en las sociedades occidentales las normativas oficiales basadas meramente en el calendario y la cronología tienen un impacto drástico en la realidad de muchas personas. De hecho todo el transcurso de nuestra vida está dividido en tres grandes etapas cronológicas: la de formación, la de producción y la de retiro.

La primera etapa está centrada en prepararnos laboral, personal y socialmente para entrar en la siguiente. Esta fase central -la más importante en las sociedades capitalistas- es la del trabajo y la creación de un nuevo hogar. Finalmente, el momento de la jubilación supone un nuevo giro radical en nuestras vidas.

Pero año tras año las transiciones entre esas etapas se hacen cada vez más borrosas. Y sin embargo seguimos encorsetados en derechos y obligaciones atribuidos a cada una de ellas. Por ejemplo, a partir de cierta edad se supone que ya hay que estar trabajando, haberse emancipado de los padres, tener pareja, ir pensando en tener hijos, etc. No se espera que uno siga estudiando o no cumpla alguno de los requisitos anteriores..

Jubilados = inútiles

Para muchos, la jubilación es el momento de comenzar a no hacer nada, al menos algo productivo o positivo. Así se ven a sí mismos -y también son vistos por otros- un número creciente de personas, número que no deja de aumentar dada la evolución demográfica.

Se les acusa de ser una carga, con pensiones que se llevan la parte del león de los Presupuestos Generales del Estado y con necesidades de cuidados que acaparan los recursos públicos sanitarios y los de su entorno familiar.

Sólo resultarían útiles como simples consumidores de productos y servicios de la llamada “economía plateada”: empresas privadas dedicadas a viajes tipo Imserso, cuidados personales, seguros de vida, hipotecas inversas, cremas de rejuvenecimiento, tecnologías de monitorización domiciliaria de personas dependientes, etc. El objetivo -nada filantrópico- es como siempre el beneficio empresarial.

Actitudes de renuncia

Es absurdo creer que el abandono del mercado de trabajo asalariado significa el fin de la capacidad de aportar y ser útil a la sociedad más allá del papel de consumidor “plateado”. Además de ser expulsados de muchos ámbitos sociales (“No es país para viejos”) los propios interesados pueden interiorizar esa exclusión de dos modos. El primero es echándose a un lado de forma voluntaria porque ya hemos hecho bastante: “los problemas se los dejo a los que vengan detrás; yo a disfrutar de mi bien ganada jubilación”.

La segunda forma es pensar que ya nunca volveremos a estar en la cumbre que en su día alcanzamos. Y por tanto es mejor que nos retiremos porque nos compararíamos negativamente con nuestro yo triunfador de entonces.

Ese triunfo tiene fechas diferentes según la profesión. Un deportista alcanza la cumbre antes de cumplir cuarenta años. Muchos Premios Nobel hacen su “gran” aportación en los primeros años de su carrera. Pero el instante de la jubilación nada tiene que ver con la evolución de nuestras capacidades.

Según investigaciones recientes no hay una única forma de inteligencia humana. La inteligencia fluida se refiere a las operaciones mentales usadas para resolver problemas novedosos y se deteriora con la edad a partir de los 20 años.

La inteligencia cristalizada usaría métodos de resolución de problemas previamente adquiridos y a menudo culturalmente definidos. Se adquiere a través de la educación y las experiencias vividas. Se mantiene más o menos estable hasta los 40 años donde puede incrementarse o no dependiendo de los conocimientos adquiridos a lo largo de la vida.

La madurez es entender en qué fase estamos y ser capaces de reorientar nuestra actividad aprovechando mejor una u otra inteligencia. Cierto, hay que reciclarse. Pero mejoraríamos nuestro bienestar personal y nuestra aportación a la sociedad si al menos lo intentamos.

El próximo post dentro de dos martes, el 20 enero 2026

¿Estamos erradicando las desigualdades?


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Cuando la televisión se llena de anuncios de colonias o de publicidad moña de niños abrazando a sus tiernos abuelitos, sabemos que ya estamos sumergidos en la “magia” de la Navidad. También las ONGs aprovechan para pedirnos nuestra aportación monetaria, recordándonos la pobreza en el tercer mundo y las desigualdades en todo el planeta.

De hecho no pasa una semana sin que los medios de comunicación reseñen informes, estudios o encuestas sobre la precariedad que golpea a tal o cual colectivo. Pero con este bombardeo mediático ya no sé si nos estamos concienciando o nos estamos insensibilizando.

Porque no basta con constatar esas situaciones. Hay que ir más allá y analizar los mecanismos que generan y mantienen las desigualdades sociales y, sobre todo, poner en marcha soluciones que sean congruentes.

Leer entre estadísticas

Lo primero es entender bien lo que revelan las estadísticas sobre desigualdad, cómo se seleccionan y cómo hay que interpretarlas.

Hans Rosling -médico sueco, experto en salud internacional y estadístico- fue el autor principal de un libro que rápidamente se convirtió en best-seller, titulado Factfulness. Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo. Y por qué las cosas están mejor de lo que piensas.

En este libro, Rosling mostraba cómo en los últimos decenios la humanidad había progresado en lo que respecta a la situación socio-económica global, en contra de lo que se suele pensar. Dadas las pequeñas pero sustanciales mejoras de miles de millones de personas en países menos desarrollados de África y de Asia tenía razón… si miramos la situación en su conjunto.

La otra cara de la moneda, expuesta por economistas como Thomas Piketty, es que durante ese mismo tiempo las desigualdades habían crecido hasta extremos brutales y que una élite mundial había ido apropiándose de una parte cada vez mayor de la riqueza y de los resortes que perpetúan tales desigualdades.

Ambas dinámicas se han producido a la vez. Mientras millones de hogares en países del llamado Tercer Mundo han multiplicado por dos sus ingresos diarios -muchas veces desde uno a dos euros- el 1% de la élite mundial ha multiplicado su ya elevada riqueza por varios miles.

Pero solemos olvidarnos de la población que está entre uno y otro extremo. Se trata de los millones de personas de las clases medias y trabajadoras de los países occidentales. Son los grandes perjudicados por la dinámica económica instaurada desde los años 80 para acá: los que han visto cómo su capital profesional y laboral quedaba obsoleto, pero como no se les supone en riesgo de pobreza no son acreedores de recibir ayudas de las Administraciones Públicas; son los que esperaban progresar socialmente en el llamado Estado del Bienestar prometido tras la 2ª Guerra Mundial. Son los que se sienten dolorosamente olvidados.

A quién hay que dar la bofetada

Ahora viene la parte más difícil: saber quién es el culpable y por tanto cuál es la solución. Lo más simple es centrarse en el desigual reparto de riqueza y tratar de enderezarlo con una solución tipo Robin Hood: poner impuestos mayores a los super-ricos y así generar fondos para nutrir la denominada Renta Básica Universal o Ingreso Mínimo Vital. Desde luego, los desequilibrios de riqueza son escandalosos, reforzados por políticas fiscales regresivas que ahondan en vez de corregir tal desigualdad.

Como Hans Rosling alertaba en el capítulo 9 de su libro, centrarse en el quién pero no en el cómo de esta dinámica es en el mejor de los casos poner un parche estéril. Acabaríamos dando una bofetada a nuestra propia abuela por haber invertido sus pequeños ahorros en un fondo de inversión internacional.

¿El salario mínimo como solución?

Fijar un salario mínimo digno es de justicia. Pero si se toca únicamente esta tecla, los efectos en el conjunto de retribuciones salariales pueden ser nefastos. En el caso español, está provocando que un volumen creciente de trabajadores reciban salarios cada vez más cercanos al mínimo, independientemente de su preparación profesional o sus años de experiencia. No sólo es una injusticia. Es también un error que fomenta el sentirse olvidados y que alimenta actitudes políticas cercanas a la extrema derecha.

Soluciones despreciadas, pero imprescindibles

Se echa la culpa a las nuevas tecnologías. Pero éstas por sí mismas no crean efectos positivos o negativos. Depende de quién lidere sus aplicaciones, en qué campos y qué fines persigan. Si se deja en manos de las grandes multinacionales tecnológicas el resultado es una pérdida de puestos de trabajo cualificados y semi-cualificados.

Habría un camino diferente si los gobiernos -apoyados en un nuevo pacto social- impulsaran y encabezaran políticas alternativas, invirtiendo en programas de innovación, con apoyo a sectores coyunturalmente desfavorecidos, reciclaje profesional para todas las edades, políticas activas de fomento del empleo, servicios de colocación, etc.

Nada de esto estamos viendo en Europa y menos en nuestro país.

El próximo post dentro de dos martes, el 6 enero 2026

Por qué hay tanta corrupción en España

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No pasa un día sin que los medios de comunicación nos traigan nuevos casos de corrupción, sobre todo en el ámbito político. Sus protagonistas cubren todo el espectro de orientaciones ideológicas. A veces se les intenta tratar como “manzanas podridas” aunque también se habla de corrupción generalizada de entidades o partidos.

Y no se trata sólo de casos de enriquecimiento individual. Porque cuando el dinero va a parar a las arcas de un partido o al círculo de sus allegados el beneficio para el líder o la cúpula directiva es evidente. Ese fue el caso del famoso escándalo de los EREs en Andalucía.

Si fuera tan fácil…

Hay quien quiere reducir la cuestión simplemente a que existen algunos “individuos malos” –líderes políticos o no- y nada más. Con detenerlos, juzgarlos y encarcelarlos, problema resuelto.

También hay quien dice que el problema es que todos somos corruptos, cuando por ejemplo pagamos en negro al fontanero. Estaríamos entonces ante un “problema sociológico”: por tanto no habría nada que hacer excepto resignarnos… y seguir pagando en negro.

Las bases de la corrupción

Pero si se quiere acabar con esta lacra o al menos reducirla, debemos transformar algunos elementos que hoy por hoy forman parte del funcionamiento político español.

Lo público (ya) no es de todos

El primer elemento es el hecho de la apropiación partidista de lo público. Cuando un partido político se hace con el poder ejecutivo -a nivel nacional, autonómico o municipal- cree que desde ese momento todo el aparato y los recursos administrativos son suyos y de nadie más. La transparencia, la rendición de cuentas, el sometimiento a organismos independientes fiscalizadores, etc. de pronto van desapareciendo.

Además tales Administraciones vuelven la espalda al ciudadano de a pie por medio de la ciber-burocracia, las citas previas imposibles de conseguir o la forma secreta como operan los algoritmos que deciden por ejemplo quién tiene derecho y quién no a recibir el bono social.

Lo público ya no es de todos.

Hace ahora diez años durante el juicio contra Iñaki Urdangarían, la Fiscalía del Estado argumentaba que eso de que “Hacienda somos todos”no era más que un slogan publicitario sin ninguna implicación jurídica. Hacienda es sólo del gobierno y los suyos.

La única institución que hoy por hoy parece entender que su legitimidad se basa en la soberanía del pueblo español es el actual monarca, no el anterior.

Reducir la democracia a las urnas

El segundo elemento que facilita la corrupción es considerar que la victoria en las urnas -o la coalición que se monte- otorga una patente de corso al gobierno resultante para que haga y deshaga a su antojo: las urnas me legitiman para todo, incluyendo la corrupción.

Si no existen los llamados pesos y contrapesos de un sistema democrático las urnas pueden ser antesala de una autocracia o, como en Alemania en 1933, de una dictadura.

Por desgracia el partido que se encuentra en la oposición y reclama elecciones no nos promete un cambio de funcionamiento en este terreno, sino más bien más de lo mismo.

La polarización y los nuestros

¿Pero es que los votantes de un partido, sea al que sea, no ven que los integrantes de su cúpula dirigente tienen las manos manchadas? O menos aún, ¿no ven que lo que prometieron durante la campaña electoral o cuando estaban en la oposición ha desaparecido de su quehacer actual?

Según los teóricos del sistema democrático basado en el llamado “votante racional” esos votantes castigarían tales comportamientos dejando de votar a “su” partido.

Eso podría ocurrir si los votantes estuvieran informados de las propuestas y programas electorales. Pero la realidad es que la adhesión a la figura del líder y el peso de los componentes emocionales y la orientación ideológica se imponen por encima de la más mínima reflexión sobre las propuestas de programas, actuaciones o políticas.

España es uno de los países más enfangados en la polarización de la vida política, junto a sonados casos como el de Estados Unidos.

No hay debates políticos, sólo criticas a la conducta personal del oponente. Se profundiza en lo que va fracturando la sociedad: cultivando el frentismo, erigiendo “cordones sanitarios contra…”, resucitando los fantasmas de la guerra civil o del dictador casi olvidado…

La fusión de la política y los medios de comunicación

Si algo ha quedado claro durante la celebración del juicio oral contra el Fiscal General del Estado (FGE) es que política y medios de comunicación se han soldado para formar una sola pieza donde se juegan las grandes batallas entre partidos y bloques ideológicos.

Los testigos cruciales han sido periodistas de uno u otro perfil, de modo que a las ya habituales respuestas de testigos e investigados del tipo “No lo recuerdo” o “No me consta” se ha ha añadido la de “Me acojo al secreto profesional”. Ya no hay periodistas neutrales, sino “de los nuestros” o “de ellos”.

De la verdad al relato

Porque lo importante no es descubrir la verdad sino conseguir que nuestro discurso se imponga al de los contrarios. Como escribía en uno de sus más famosos mensajes el FGE “si dejamos pasar el momento nos van a ganar el relato”.

Y para ganar el relato, el dominio de los medios de comunicación es esencial. Éstos tienen una gran influencia en determinar de qué temas se hablan y llegan al publico, el enfoque que reciben y la forma en que se van configurando las opiniones.

Monopolizar el oído de la audiencia es hoy en día la batalla más importante. El escritor Oscar Wilde, famoso más allá de su obra literaria por la agudeza de sus citas ampliamente difundidas, sentenciaba: “que hablen de uno es espantoso. Que no hablen, es peor”. Y el pintor español Salvador Dalí añadía: «que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí aunque confieso que me gusta que hablen mal porque eso significa que las cosas me van muy bien».

Desde el gobierno a las redes sociales

Por eso hay que dedicar más tiempo a tuitear que a trabajar en el Ministerio que nos corresponda. Esto lo tiene claro el ministro Oscar Puente, famoso por su “trabajo” en X, antes Twitter. En sus primeros 19 días al frente del Ministerio había publicado ya 100 tweets. Su estilo es el clásico de este medio: no tiene reparo en usar una foto del metro de París para criticar el metro de Madrid; usa varias cuentas para auto-alabarse; emplea un estilo bravucón: «en las redes se juega duro y, si no lo haces, pasas desapercibido y eres irrelevante», dice; etc.

Oscar Puente, sin embargo, está muy lejos del maestro tuitero: Donald Trump. El Presidente norteamericano creó su propia red social al estilo Twitter: Truth Social. La “producción” de Trump en esta plataforma es abrumadora, aunque parece que no escribe más que el 5% de los tuits. Sus posts utilizan habitualmente inteligencia artificial y un lenguaje agrio y despectivo para intimidar a quienes no están de acuerdo con él.

TikTok en alza

Sin embargo, la tendencia actual va más allá de los clásicos tuits. Eso lo ha entendido perfectamente el otro guardia de corps del Presidente de Gobierno: el Ministro Bolaños, o “Super-Bolaños” como se auto-nombra en su reciente actuación en TikTok, un vídeo que rompe moldes y unas cuantas cosas más.

TikTok se ha convertido en la red social con mayor relevancia y presencia de “influencers” y todo tipo de personas deseosas de producir un impacto, en particular entre las generaciones jóvenes. Un reciente estudio ha analizado el estilo y alcance de los líderes políticos europeos en esta plataforma. No siempre ganan los que tienen más seguidores. Lo que importa en la práctica política en TikTok no es el tamaño de la marca política, sino la capacidad de crear contenidos que encajen en la lógica del algoritmo. Destacan figuras de la extrema derecha, como Giorgia Meloni o Viktor Orbán, pero también (¡o sorpresa!) Pedro Sánchez. El truco no es hablar de política sino de los temas que en cada momento son virales, como el cambio de hora, el último disco de Rosalía, etc.

TikTok y la extrema derecha suelen ir bien de la mano, como parece ocurrir también en Finlandia o en Suecia. Según el diario El País en España Vox tiene unos 750.000 seguidores en TikTok, más del doble que PSOE (150.000), Sumar (85.000) y PP (70.000) juntos.

En fin, tampoco despreciemos las tertulias televisivas

El número de horas de televisión acaparadas por tertulianos es abrumador, sólo comparable con el tiempo dedicado a los concursos sobre conocimientos simples y básicos o los realities.

Para Pablo Iglesias, líder de Podemos, la cuestión está clara: «el debate parlamentario no sirve; los verdaderos parlamentos son los platós de televisión«. Más aún, recientemente reconoció que había negociado con el Gobierno para situar en tertulias de RTVE a trabajadores de su empresa Canal Red.

Habida cuenta del espectáculo -cada vez más claramente orquestado- de las sesiones parlamentarias en nuestro país, parece que hay un intento consciente de emigrar del Congreso de los Diputados a TikTok y similares. Incluso blogs como éste empiezan a oler a viejunos.

El próximo post dentro de dos martes, el 9 diciembre 2025

Elecciones vs. Democracia

Para una persona no habituada al espectáculo cotidiano de declaraciones y contra-declaraciones políticas en los medios de comunicación españoles, supongo que será una sorpresa encontrarse con la aparente coincidencia de posturas de los dos principales partidos políticos españoles: ambos reclaman elecciones anticipadas, sobre la base de constatar que el gobierno de turno se encuentra en fase terminal o está corrompido. El PSOE lo reclama en la Comunidad Valenciana y el PP respecto al gobierno central.

El argumento sería impecable si no fuera porque se exigen elecciones allí donde, además de estar en ese momento en la oposición, las encuestas vaticinan que mejorará el porcentaje de votos que apoyan las posiciones propias. Casualmente, allí donde se ocupa la posición de poder aquel argumento se desdeña y ningunea.

No nos encontramos con políticos con espíritu democrático sino políticos con intereses mezquinos de medrar o -al revés- de mantener el sillón a toda costa.

Cuando las elecciones no son democracia

La mera convocatoria a las urnas no significa de ningún modo que estemos gozando de un régimen democrático. Si no hay mecanismos para controlar lo que hacen las Administraciones Públicas, si los gobiernos no están sometidos al escrutinio de organismos independientes, si no existe separación real de poderes, si no hay transparencia, etc. esto no es un régimen democrático. Sólo votar cada cierto tiempo no garantiza la democracia.

Además, en el caso español la utilización de papeletas cerradas y bloqueadas significa que no estamos eligiendo a nuestros representantes, sino sólo votando a quienes las cúpulas de los partidos realmente han elegido, es decir “a los nuestros” (= a los suyos).

La alternancia (¿?) en el poder

Se argumenta también que una forma de controlar lo que hacen los gobiernos es la amenaza de perder las siguientes elecciones si no ponen en marcha actuaciones por el bien de la ciudadanía.

Por desgracia este mecanismo indirecto de control democrático ha dejado de ser relevante, si es que alguna vez lo fue. En primer lugar porque el día siguiente de la fecha de los comicios comienza la campaña para la siguiente convocatoria a las urnas. Este estado permanente de confrontación electoral no ayuda mucho al debate sereno de políticas reales para avanzar. Y como lo importante no son las actuaciones sino los “relatos” que llenan los medios de comunicación, al ciudadano de a pie se le ocultan los hechos bajo una maraña de declaraciones y contra-declaraciones, tertulias televisivas, bulos, etc. Todo ello con el objetivo de polarizar las opiniones, que es la forma más sencilla de atacar y defenderse; aunque la más dañina para un sistema democrático.

De alternancias en el poder tenemos en España una gran experiencia. Durante la Restauración monárquica del Siglo XIX (1871-1921) los partidos conservador y liberal se turnaban en el gobierno, apoyándose en un sistema que hundía sus raíces en la corrupción electoral, el clientelismo y el caciquismo, algunos de cuyos ecos resuenan en nuestros oídos actuales. Desde luego, democracia había poca, aunque hubiera votaciones en urnas.

Políticas ¿diferentes?

En otro lugar ya señalé que los grandes ejes de las políticas del PSOE y el PP -no las declaraciones para la galería, sino las actuaciones de verdad- en áreas como las relaciones internacionales, las políticas económicas, los mecanismos de participación ciudadana, etc. se parecen más de lo que aparentan los medios de comunicación. Fácilmente PP y PSOE compartirían un 90% de su ADN.

El 10% restante, en particular en el terreno de los derechos individuales basados en rasgos identitarios de unos y otros grupos sociales, se exacerba al máximo para tratar de ofrecer un “perfil diferente” para el consumo de las bases de cada partido. Una vez más esta polarización carcome las bases de un sistema democrático.

Cambio de época

Esta situación en España es en muchos aspectos similar a la que encontramos en otros países europeos de nuestro entorno, pero también en el norte y el sur de América. Son sociedades cuyos años de prosperidad tras las Segunda Guerra Mundial están tocando a su fin, dando paso a partir de la década de los 80 a un creciente empobrecimiento de muchas capas de trabajadores antes cualificados y también de una buena parte de las llamadas “clases medias”. Se genera un sentimiento de pérdida cuando no perciben que los poderes públicos y otros segmentos sociales son sensibles a su situación, alimentando así posiciones políticas radicales, en particular hacia la derecha.

Precisamente gran parte de las bases electorales de PSOE y PP “pertenecen” a aquella época de bienestar, mientras que las nuevas generaciones de jóvenes ven pero no participan de tal prosperidad, sea cual sea la explicación que cada uno quiera dar.

Este proceso no es imparable. Requiere un nuevo “contrato social” entre distintos sectores sociales, cuya articulación debería ser tarea de las formaciones políticas, en vez de jugar con las urnas.

El próximo post dentro de dos martes, el 25 noviembre 2025

Los mayores y las nuevas tecnologías, ¿aprender o someterse?

Quién domina a quién

Byung-Chul Han, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, en su discurso de aceptación al hablar la tecnología afirmaba: «No habría problema si lo usáramos como instrumento. Lo que ocurre es que, en realidad, nos hemos convertido en instrumentos de los smartphones. Es el teléfono inteligente el que nos utiliza a nosotros, y no al revés».

Llevo varios años impartiendo talleres para grupos de personas mayores sobre nuevas tecnologías. El objetivo de mis talleres es que la gente pierda el miedo al teléfono, que digan ”yo domino el móvil y no es el móvil el que me domina a mí”.

Pero este enfoque no es el mayoritario y ahí tenemos un grave problema.

Pedagogía equivocada

Existe una muy extendida oferta de materiales y cursos destinados a que los mayores utilicen cada vez más las nuevas tecnologías, en especial el teléfono móvil. En la práctica totalidad de los casos la finalidad es “animar” a los mayores sobre las ventajas que tiene el uso de las nuevas tecnologías: entretenimiento, gestiones, contactos, etc. Es como si en las autoescuelas, en vez de enseñar a dominar el automóvil se mostrara la cantidad de sitios interesantes a los que se puede ir en coche.

Además se transmite la idea de que si no se usan las nuevas tecnologías la culpa es de la persona interesada, que además es un fósil del paleolítico.

Otra modalidad “pedagógica” es acumular centenares de videos y píldoras formativas en una página web, animando a los mayores a entrar en la misma para “auto-formarse” en esa jungla de contenidos sin estructurar -excepto con la lupa de “buscar”- y muchas veces obsoletos, incompletos o engañosos.

En fin, resulta más bien chocante que muchos de los programas de formación dirigidos a personas mayores estén financiados por Fundaciones de grandes bancos, empresas tecnológicas y otras entidades públicas o privadas, primeras beneficiarias en la intensificación del uso de las nuevas tecnologías y su consiguiente ahorro en los recursos que tendrían que dedicar para atender de forma “analógica” a la población.

Se trata de acciones formativas menos filantrópicas de lo que podría parecer y más cercanas a un ”lavado de cara social” o incluso a un simple cálculo de control de gastos y rentabilidad comercial.

Ignorando lo esencial

Siempre digo en mis talleres que los mayores no somo nativos digitales, NI FALTA QUE NOS HACE: es decir el mundo es sobre todo analógico, aunque el mundo digital puede ser una herramienta muy útil y eficaz, como complemento del anterior no como sustituto. Focalizarse sólo en el smartphone es un grave error.

El mundo digital exige que la persona usuaria asuma tareas que anteriormente le venían suministradas por servicios externos a ella. Antiguamente, íbamos con nuestra cartilla de ahorro a la ventanilla del banco, el cajero (físico) nos entregaba un efectivo con el que realizábamos la compra. Hoy necesitamos una cuenta corriente, un smartphone, un contrato con la empresa de telecomunicaciones, una dirección de correo electrónico, una aplicación instalada en el smartphone, un anti-virus, el uso de la tecnología NFC, la actualización permanente del software, etc.

Todos estos elementos requieren un agente que los conecte entre sí y garantice que el conjunto funcione. Ese agente somos nosotros. Hemos pasado de la economía de servicios a la economía del auto-servicio, con unos altos costes fijos y unos riesgos asumidos por nosotros mismos. Para una persona cuyos primeros 65 años los ha vivido en un entorno analógico la curva de aprendizaje es muy empinada.

Empezar por lo básico

Conozco personas mayores que cuando se les indica que toquen un icono en la pantalla de su móvil, aprietan la misma como si estuvieran tocando el timbre de la puerta. Naturalmente el efecto producido no es el esperado.

Interaccionar con el móvil a través de la pantalla, por gestos, por toques, con iconos, menús sucesivos, descubriendo nuevas pantallas, ajustando permisos y notificaciones, instalando nuevas Apps, aprendiendo el torrente continuo de nuevas funcionalidades, esquivando mensajes maliciosos, etc. es meterse de cabeza en un mundo completamente desconocido que a veces se puede parecer erróneamente a mecanismos que conocemos del mundo analógico (como tocar el timbre de la puerta).

No conozco ningún manual de usuario ni programa de formación que empiece por ayudar a las personas a avanzar en estos elementos básicos. Es como aprender un nuevo idioma, con su vocabulario, su sintaxis, su práctica interactiva y su entorno cultural que da sentido a muchos de los elementos de ese idioma.

En su lugar se nos ofrece una pantalla de ordenador con la lupa de buscar, una sesión online de dos horas, un fichero de 146 páginas en .pdf o alternativas similares.

Pero ese esfuerzo de muchas personas mayores por dominar su móvil y no ser dominados por él debería ser un ejemplo a seguir por mucha gente.

El próximo post dentro de dos martes, el 11 noviembre 2025

Europa ante su declive

Un Premio Nobel para el apocalipsis

El Nobel de literatura de 2025 ha sido otorgado al húngaro László Krasznahorkai “por su obra cautivadora y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte”. En sus obras los personajes se mueven entre el miedo y el odio para desembocar en estallidos de violencia que no acaban resolviendo nada. De alguna forma es la descripción pesimista del futuro distópico que el autor vislumbra para su país pero también para el conjunto de Europa y la UE.

Europa: saltan las costuras

La bonanza vivida en Europa durante más de medio siglo tras la Segunda Guerra Mundial ha dado paso a la aparición de alarmas que se tenían por superadas y olvidadas. Algunas son las siguientes:

  • la crisis económico-industrial en un sector tan “europeo” como la industria del automóvil
  • la incapacidad de construir un futuro económico que conjugue el respecto al medio ambiente y reduzca las desigualdades sociales y territoriales
  • el cada creciente retraso en el ámbito del desarrollo de las nuevas tecnologías respecto a EEUU y China
  • el choque entre las políticas monetarias restrictivas y el estado del bienestar
  • la debilidad de los gobiernos de la mayoría de los países miembros, que impide el desarrollo de políticas económicas y sociales activas a nivel de Unión Europea y en cada uno de esos países
  • la amenaza militar de la Rusia de Putin tras su invasión de Ucrania, contra la que exhibe una preocupante incapacidad y división

Un ejemplo reciente: la cumbre europea de Copenhague

El 1 y 2 de octubre pasados la cumbre que reunió en dicha capital a los 27 miembros de la UE tenía como punto “estrella” de su agenda la constante amenaza de los drones rusos sobre territorio del bloque comunitario europeo: la denominada “guerra híbrida” desatada por la Rusia de Putin, orientada a indagar la capacidad de respuesta -o no- de los países europeos ante sus amenazas militares crecientes.

¿El resultado de la cumbre? Bochornoso. “Cuanto más se acerca la guerra híbrida de Rusia a las capitales europeas, menos parecen ponerse de acuerdo los líderes de la UE sobre cómo responder. Esa, al menos, fue la preocupante impresión que dejó una disonante cumbre de la UE en Copenhague”, comentaba el analista Paul Taylor en el periódico The Guardian. Y añadía: “La reunión fue una exhibición vergonzosa de las guerras territoriales, las disputas políticas y las agendas ocultas que plagan los intentos de construir una defensa europea coherente”.

Pero no estamos ante un hecho aislado. La trifulca en torno al nuevo sistema europeo de defensa, que incluye el caza de nueva generación (FCAS) enfrenta a Francia contra sus (ex)socios España y Alemania. Por su parte Italia hace también la guerra por su cuenta, en alianza con el Reino Unido y Japón, con un propósito similar.

La Unión Europea se muestra más desunida y débil que nunca en un momento crucial de su historia.

A las críticas procedentes desde el exterior de UE sobre su énfasis casi exclusivo en la regulación burocrática de la actividad económica (la denostada red tape) se unen últimamente voces internas que van desde los agricultores a los industriales alemanes o las empresas de telecomunicaciones.

Pero la carga burocrática no es el peor obstáculo. Es más bien la ausencia de iniciativa de los gobiernos por llevar adelante políticas económicas activas que lideren el desarrollo en tecnologías punta, con una población mejor formada y protegida socialmente. Es algo que hace más de un año señaló el Informe Dragui y que nadie ha hecho caso.

Sólo falta saber la velocidad a la que se producirá este declive y, en caso de un hundimiento rápido, su causa inmediata desencadenante. Porque como señalaba el Nobel de literatura Krasznahorkai “vivimos un cambio de época similar al fin de Roma, y es posible que triunfe la barbarie”.

¿San Benito al rescate?

No es una broma.

Tras el hundimiento del Imperio Romano, en su vertiente occidental, el caos se adueñó del panorama económico, social, político y militar. En medio de esta ruina cabía la posibilidad que el acerbo cultural, filosófico y artístico del saber greco-romano fuera barrido para siempre, bajo las patas de los caballos de los distintos pueblos godos asentados en la Península Itálica y en toda la cuenca occidental del Mediterráneo.

Durante el Siglo VI, en plena Alta Edad Media, Benito de Nursia inició la vida monástica basada en cuatro pilares: además del “Ora et Labora” (Reza y Trabaja), la vida se basaba en comunidades que asumían la delicada tarea de preservar la cultura greco-romana a través de sus libros laboriosamente copiados una y otra vez. Este modelo de equilibrio permitió salvar lo que parecía condenado a desaparecer.

Quizá estemos ya en una fase en la que conviene pensar qué hacer tras el diluvio.

El próximo post dentro de dos martes, el 28 octubre 2025

A quién hacer caso

Cómo nos enteramos de lo que acontece

La inmensa mayoría de los acontecimientos de los que tenemos conocimiento es porque alguien nos lo ha contado -una persona o un medio de “comunicación”- pero no porque tengamos una experiencia directa de los mismos. Y aquél que nos lo cuenta siempre hace una interpretación del mismo: es decir selecciona los aspectos que considera importantes y los sitúa en un marco que da un sentido a lo que ha ocurrido. Además tampoco podemos “enterarnos” de TODO lo que ocurre o ha ocurrido; quien nos informa escoge aquel o aquellos acontecimientos que supone más importantes. En fin, tanto los contenidos informativos como nuestra capacidad de atención tienen unos límites y lo que hoy parecía un acontecimiento relevante mañana queda relegado al olvido, desplazado por otro de mayor atractivo, interés o actualidad.

Internet, el mega-medio de comunicación y la ilusión “colaborativa”

La irrupción de internet ha posibilitado la multiplicación hasta el infinito de las fuentes de contenidos, que no necesariamente de información. Pero lejos de democratizar los canales de comunicación, nuestra reducida capacidad de atención permite que el flujo de contenidos caiga en manos de las grandes empresas tecnológicas que dominan las plataformas de redes sociales y demás canales.

Frente a ello todavía perdura la ilusión de que las opiniones colectivas vertidas en internet son una especie de foro democrático, que expresa el sentimiento y voluntad de la mayoría. Todavía nos creemos, por ejemplo, que a la hora de pensar en un hotel o un restaurante las opiniones de la muchedumbre de usuarios nos ayudarán a valorar lo que nos vamos a encontrar: ¿verdad? PUES NO.

TripAdvisor es una conocida web en la que los usuarios depositan sus opiniones sobre hoteles y restaurantes, supuestamente de forma libre e independiente. Pero un su último informe de transparencia para 2024 confesó haber tenido que eliminar 2,7 millones de reseñas fraudulentas de sus páginas. Además cerca de 9.000 empresas recibieron advertencias por incentivar a los usuarios a dejar reseñas, «sobornar» a los clientes o «recompensar» a los empleados para obtener calificaciones positivas, Y al menos 360.000 reseñas eliminadas estaban relacionadas con programas de incentivos para empleados, en los que las empresas ofrecen recompensas a su personal a cambio de comentarios positivos. ¿Verdad que alguna vez nos han sugerido que pongamos una buena reseña, incluso incluyendo el nombre del empleado, con una puntuación mínima de…?

Ante esta situación el actual Gobierno de Italia ha aprobado una nueva legislación para el control de de las reseñas de hoteles y restaurantes. ¿Es suficiente?

Una industria basada en una montaña de mentiras

El problema supera con creces el ámbito del sector turístico. Todo el espacio de internet basado en la supuesta sabiduría de las muchedumbres -siguiendo el best-seller de James Surowiecki The Wisdom of Crowds– es susceptible de manipulación y de hecho lo es.

Cualquier “creador” de contenidos puede comprar seguidores y “likes”, en particular en Instagram, pero también en multitud de otros sitios. Una investigación de la Comunidad de Madrid de hace dos años reveló que “entre las tarifas más baratas figuran la adquisición de tráfico directo a una página web desde 56 céntimos de euro. Asimismo, por menos de 9 céntimos se obtienen 1.000 visualizaciones en TikTok, SoundCloud o IGTV. En el caso de las reproducciones, por 2 euros se consiguen 1.000 en YouTube o en Spotify. Por otro lado, supone una cifra más elevada la compra de seguidores de Instagram –1.000 por 4,3 euros– mientras que en el caso de me gusta –likes– cuestan 1,3 euros. Finalmente, otra de las prestaciones que conllevan cierta personalización son las reseñas en Google o en TripAdvisor, cuyo valor económico oscilan en torno a 1 euro por texto”.

Más valorada aún es la adquisición de “seguidores implicados”, es decir aquéllos que además [supuestamente] interactúan con el influencer de turno, mercado éste que cuenta también con su oferta de servicios.

Si tenemos un negocio del tipo que sea también podemos comprar reseñas de Google baratas.

No es extraño, por tanto, que la industria del marketing y la publicidad empiece a pensar que está comprando humo cuando hace “marketing de influencers”.

Las mafias también operan aquí

Cuando hay dinero, procedimientos opacos y falta de regulación las mafias aterrizan inmediatamente. En este caso la extorsión a pequeños negocios opera de modo tradicional: o se paga una cuota periódica a la organización correspondiente o nos inundan de reseñas negativas que pueden hundirnos la reputación. A veces el diluvio de críticas es previo y el pago del “impuesto” hace que nos quiten la basura que nos ha caído.

Este mundo de falsedades en crecimiento exponencial puede agravarse con el uso masivo de la inteligencia artificial, de modo que [casi] nada de lo que nos devuelva una búsqueda en internet es real, como apunta un artículo de The Economist.

El próximo post dentro de dos martes, el 14 octubre 2025

Contemplar o transformar

Mi [pesimista] visión

Hace 15 años Peter Turchin, científico especializado en la evolución histórica de las sociedades, hacía en la revista nature una pesimista predicción sobre el mundo occidental: “Es probable que la próxima década sea un período de creciente inestabilidad en Estados Unidos y Europa Occidental. (…); las sociedades humanas complejas se ven afectadas por olas recurrentes y predecibles de inestabilidad política. En Estados Unidos, tenemos salarios reales estancados o en descenso, una brecha creciente entre ricos y pobres, una sobreproducción de jóvenes graduados con títulos avanzados y una deuda pública en aumento. Estos indicadores sociales, aparentemente dispares, en realidad están relacionados dinámicamente entre sí. (…) Históricamente, estos acontecimientos han servido como indicadores principales de una inminente inestabilidad política. (…). También estamos entrando en una fase de desaceleración en la llamada onda de Kondratiev, que traza ciclos de crecimiento económico de 40 a 60 años. Esto podría significar que las futuras recesiones serán graves”.

Por desgracia la historia reciente está dando la razón a Turchin y, dados los efectos de la crisis de 2008 y el impacto del COVID-19, parece que incluso se quedó corto. El cuadro se completa con nuevos hechos: la invasión rusa de Ucrania; la masacre del ejército israelí sobre la población de Gaza provocada -aunque no justificada- por el terrorismo de Hamas; la creciente violencia política en Estados Unidos; y la inestabilidad social y política de los principales países de Europa Occidental, empezando por nuestro país.

No creo que en los próximos años vayamos a ir a mejor, al menos no sin antes haber pasado por una “purga” que esperemos no sea militar…

¿Qué nos toca hacer?

Ante este panorama cabe adoptar actitudes y posiciones diferentes.

En primer lugar podemos resignarnos simplemente a lo peor, tal y como hacían los dos jóvenes protagonistas en la película Paseo por el amor y la muerte, (John Huston, 1969) esperando la inexorable muerte que se aproximaba, en el contexto turbulento de la Guerra de los 100 años (1337-1453).

También podemos adoptar la postura negacionista (“esto es normal y ocurre siempre”) y dedicarnos a “nuestras cosas”, pensando que nada que hagamos cambiará la situación, así que para qué preocuparse.

Una tercera opción es adoptar lo que el sociólogo Max Weber llamaba la ética de la convicción en oposición a la ética de la responsabilidad. Así, “cuando las consecuencias de una acción realizada conforme a una ética de la convicción son malas, quien lo ejecutó no se siente responsable de ellas, sino que responsabiliza al mundo, a la estupidez de los hombres o a la voluntad de Dios que los hizo así” (La política como vocación, conferencia pronunciada en 1919, en los albores de la República alemana de Weimar, antesala del nazismo). En nuestro mundo de hoy abundan ejemplos de esta ética de la convicción, que van alimentando la creciente polarización y crispación, social y políticamente suicidas.

Lo que sí es posible

Partiremos de varias premisas:

  • es necesario fortalecer el tejido social -la “sociedad civil”- que es la base para una sociedad más igualitaria, próspera y con capacidad para resolver ordenadamente sus conflictos internos. Sin esta base, cualquier andamiaje electoral está condenado a reproducir las mismas nefastas disputas por cada voto, en las urnas, en la calle o en el Parlamento. Sólo una sociedad civil fuerte puede aspirar a llegar a un nuevo pacto social que ponga el aparato del Estado a su servicio, tal y como Acemoglu y Robinson, autores del famoso libro Por qué fracasan los países, nos recordaban en una obra más reciente, El pasillo estrecho,
  • siempre hay un comienzo modesto de los grandes proyectos; siempre hay un primer paso para los grandes recorridos
  • siempre podemos hacer algo. Es tentador pensar que no hay nada que hacer, que es imposible hacer nada. Es indispensable superar esa tentación: TODOS podemos aportar algo (querer es poder)

Ingredientes” necesarios:

  • se trata de indagar las cualidades, conocimientos, habilidades, etc. que podemos aportar a colectivos mayores o pequeños de nuestro entorno, haciendo para éstos que algún aspecto de su vida mejore. La buena noticia es que SIEMPRE hay algo que aportar
  • el objetivo es construir lazos y “tejido” social, ayudar en algún aspecto necesario, etc.
  • el punto de partida puede ser nuestra red cercana de relaciones, pero también los centros vecinales o similares de nuestro hábitat cercano, o las asociaciones u ONGs orientadas hacia campos más afines con nuestra aportación
  • lo ideal es ponerlo en práctica con otras personas, tanto por la propia actividad en sí como por las sinergias que se crean… y por la compañía y el enriquecimiento personal!

Sé que todo lo anterior puede sonar un poco voluntarista, idealista y bastante poco práctico. Hasta incluso inútil. No lo veo así. Pero como siempre estoy abierto a comentarios, ampliaciones y diferencias de opinión.

El próximo post dentro de dos martes, el 30 septiembre 2025