Desde los fondos europeos… ¿hasta nuestros bolsillos?

140.000 millones de euros vienen hacia nosotros, asignados por el Fondo Next Generation de la Unión europea (Fondo NGEU) a España. ¿Por qué no nos volvemos locos de alegría ante semejante noticia?

Coincidiendo con el centenario del nacimiento del director de cine español Luis García Berlanga,, hay quien piensa que esa lluvia de millones pasará tan de largo por España como hacían los norteamericanos en su genial película “Bienvenido Mister Marshall”. Pero no, esos millones, -al menos 70.000 de ellos a fondo perdido- parece que de verdad llegarán.

​Planes, planes, planes…

Tenemos el Plan de Acción de Economía Circular (PAEC) 2021-23 (116 medidas, 8 ejes), que se enmarca en la Estrategia Española de Economía Circular 2030; el Programa de Estabilidad 2021-24, cuya última actualización ha sido severamente criticada por el organismo público Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF); el paquete de 11.000 millones de euros para medidas extraordinarias de apoyo a la solvencia empresarial en respuesta a la pandemia; el Plan España 2050 (9 grandes desafíos, 200 propuestas, 50 objetivos, 678 páginas); y finalmente el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (4 ejes, 10 políticas palanca, 30 componentes, 348 páginas), que es la herramienta de (di)gestión del Fondo NGEU.

​Un poco de economía

No, no pretendo que nadie se lea esta montaña de planes, porque es algo bastante aburrido. Pero siguiendo la famosa frase que llevó a Bill Clinton a la Presidencia norteamericana, “Es la economía, estúpido”. Así que más vale que dediquemos un poco de tiempo a la cuestión.

¿Qué va a pasar con esa cifra mareante de millones que nos van a caer del cielo europeo? ¿Qué llegará a nuestros bolsillos y cómo? La verdad es que nos estamos jugando nuestro presente y nuestro futuro y el de nuestros hijos, por lo que cabría esperar que nuestros representantes políticos dedicaran algo de tiempo a la cuestión.

Porque no se trata de gastar sin más los 70.000 millones. Hace años ya tuvimos un pésimo precedente cuando en los albores de la crisis económica de 2008 el presidente Zapatero destinó 8.000 millones a obras municipales urgentes para crear empleo, al más puro estilo de “candidez-estupidez” política. Daba lo mismo: su partido le respaldó sin fisuras, aunque fue la antesala de una severa derrota electoral en 2011.

En el caso actual se han planteado serias dudas sobre la capacidad de la Administración Pública para gestionar dichos fondos, con el riesgo de una fuerte burocratización y politización, y tensando las estructuras administrativas al límite. Parece que llueve sobre mojado, sobre todo dados los retrasos en la gestión de otros planes que hay en marcha. Contrasta este control político con la gestión profesional e independiente adoptada por otros países como Italia.

​¿A quién van a ir estos miles de millones?

Una manera de deducirlo es observando las reacciones de los diversos posibles receptores. Por un lado los bancos y grandes empresas se deshacen en elogios. En cambio se ha producido un aluvión de críticas por parte de las pequeñas y medianas empresas. Vista la gestión centralizada planteada por el gobierno español, es fácil adivinar qué orientación se va a dar.

Más importante es si el impacto del Fondo NGEU va a ser profundo y de futuro. Puede ser un parche para salir del paso o sentar las bases para un desarrollo sólido. Para que esto suceda son necesarios dos elementos clave: a) la inversión en investigación, desarrollo e innovación; y b) invertir en capital humano.

En el primer caso no se trata de utilizar las viejas prácticas de “incentivos fiscales” para las empresas que dediquen algo a la investigación. Como ha mostrado la economista Mariana Mazzucato en su famoso libro “El Estado emprendedor”, los grandes avances tecnológicos que además han creado crecimiento económico son los que han sido liderados activamente por el Estado. Por desgracia no parece que eso vaya a suceder en España.

¿Y la inversión en capital humano? Es justamente lo opuesto a mantener a millones de jóvenes con empleos precarios, temporales y sin un futuro claro. Eso fue lo que la ministra Yolanda Díaz criticaba de la empresa española. Claro que quizá habría tenido que empezar por el propio sector público, que presenta porcentajes de empleo temporal aún mayores.

Se insiste una y otra vez en dedicar buena parte del Fondo NGEU en la digitalización de las empresas. Pero también se ha señalado que “si la digitalización se utiliza para sustituir empleos por máquinas y no para mejorar la productividad de las personas, el resultado social será desastroso”.

Todo esto, ¿por qué no está en el centro de los debates políticos? Creo que nos van a regalar pescado en vez de enseñarnos a pescar. Según el proverbio chino:

“Regala un pescado a una persona y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y le alimentarás para el resto de su vida”

El próximo post dentro de dos martes, el 6 julio 2021

Sociedad con Covid-19 (I): nuestros comportamientos

¿Por qué estamos como estamos?

La segunda oleada de Covid-19 es un hecho en España, justo cuando nos habíamos “ilusionado” con “volver” a una nueva (A)normalidad. Como es habitual, existe un abanico de causas.

La primera, compartida con muchos otros países, es que seguimos sin tener ni idea de los mecanismos de infección, transmisión y entorno social que influyen en la extensión y latencia de esta pandemia. Cuando creíamos, y nunca mejor dicho lo de “creer”, que habíamos aplastado la curva de contagios y el verano nos traería un merecido descanso la realidad ha sido la contraria.

En segundo lugar, y esto es más específico del caso español, tras cumplir un confinamiento mucho más riguroso que el de otros países -con el correspondiente coste psicológico, social y económico- pensábamos que el sacrificio realizado nos había hecho merecedores de una nueva (¿?) normalidad. Parece que seguimos siendo un país de extremos y otra vez hemos pasado del uno al otro: del duro confinamiento a una relajación supuestamente mayor que en otros países.

La tercera razón, también propia, es aún más preocupante: la dejación de las Administraciones Públicas en su papel de formuladoras de políticas, buscadoras de consensos, administradoras de los recursos públicos y ejecutoras eficaces. Los recursos prometidos -mejores datos epidemiológicos, equipos de rastreadores, reforzamiento de los servicios sanitarios, gestión coordinada de las residencias de mayores, preparación de los centros escolares ante el nuevo curso, etc.- han brillado por su ausencia. En la desescalada hemos contemplado el triste espectáculo de pasarse la pelota del gobierno central a los autonómicos, de éstos a los centros de atención primaria, a los centros escolares o a las residencias de mayores, y en fin a la propia ciudadanía, cuya situación nunca había contado pero que ahora resulta ser la culpable de los nuevos brotes.

Comportamientos colectivos: ¿como dos gotas de agua?

Hay muchos aspectos a desentrañar para intentar salir de estos atolladeros, pero el que hoy quiero tratar es el de esos comportamientos colectivos, dejando para sucesivas entregas otras cuestiones igualmente importantes.

Contemplando este verano una bonita cascada de montaña acudió a mi [calenturienta] mente sociológica la comparación entre el flujo de agua y nuestro comportamiento colectivo. No hay dos gotas de agua que sigan exactamente la misma trayectoria, ni se puede determinar de antemano ninguna de esas trayectorias. Pero en conjunto la corriente de agua sigue un camino uniforme, general y predecible, que depende de factores estructurales como el desnivel del terreno, las superficies, el caudal, etc.

Cascada Parque Natural de Redes (Asturias)

Lo que quiero decir es que aunque cada uno somos responsables de nuestros actos, los comportamientos colectivos obedecen a otros factores que sí son regulables por normas sociales. Éstas serán eficaces si se basan en un análisis de la realidad social y se elaboran basadas en consensos amplios.

Y además las personas cumplimos más

Aunque las personas una a una somos más o menos moralmente decentes y responsables -o no-, la resultante colectiva depende más de las presiones y necesidades que soportamos y del cumplimiento de las normas sociales imperantes.

Siempre cuento que cuando hace años no existían los radares en las carreteras españolas me llamaba la atención cómo los mismos automovilistas franceses que respetaban escrupulosamente la velocidad máxima en su país en cambio se “desmelenaban” cuando pasaban a España. ¿Es que mutaban a seres “malos” cuando atravesaban la frontera? No, lo que cambiaba eran los incentivos para respetar las normas. Es decir en Francia se les detectaba y sancionaba pero en España no.

Cambiando comportamientos

Hace un par de años Damon Centola explicaba en un excelente libro cómo se difundían los comportamientos (How Behavior Spreads. The Science of Complex Contagions). Porque mientras pandemias víricas o fake news se transmiten rápidamente a través de redes sociales extensas y basadas en vínculos débiles u ocasionales, el cambio de comportamiento de las personas o las organizaciones (por ejemplo la difusión de una nueva tecnología) necesita redes más densas y concentradas, compuestas por interlocutores cercanos y confiables con quienes nos relacionamos con frecuencia.

Es decir, podemos difundir una “noticia” o un virus por medio de contactos ocasionales (las redes sociales en internet o una celebración multitudinaria familiar) pero sólo modificaremos nuestros comportamientos o incorporaremos una nueva tecnología si un número suficiente de personas de nuestro entorno cercano también lo han hecho: por ejemplo cargar en nuestro móvil una nueva App para multi-video-conferencias o usar mascarillas de forma sistemática.

No nos engañemos. Los “llamamientos” de las autoridades públicas o la foto con mascarilla que una “influencer” añade a su colección de fotos playeras en su cuenta de internet son postureo inútil.

En su lugar existe un arsenal de instrumentos que van desde los famosos “empujoncitos” (nudges) de Carl Sunstein y Richard Thaler a las estrategias del llamado marketing social.

Sólo se necesitan dos cosas: querer hacerlo y contar con la gente.

El próximo post dentro de dos martes, el 15 septiembre 2020