Estamos sumergidos en una feroz campaña de marketing electoral. Pero más allá de nuestras fronteras -¿o también dentro?- se abren las puertas a un vuelco profundo en el panorama mundial.
La conferencia de Yalta
En febrero de 1945, todavía meses antes de rematar la Segunda Guerra Mundial, los líderes de los tres países vencedores se reunieron en Yalta, península de Crimea, para repartirse las zonas mundiales de influencia una vez acabara la contienda, de modo que Stalin se aseguró el control sobre toda la Europa Central y Oriental y Roosevelt el dominio sobre Europa Occidental (Churchill fue en realidad un convidado de piedra). Fue también el comienzo de la guerra fría entre los dos bloques que se formaron.
Hacia una segunda Conferencia
La invasión rusa de Ucrania -hace ya casi cinco años- ha abierto una fase en la que confluyen factores cruciales. Por citar los más importantes habría que señalar: el segundo mandato presidencial de Donald Trump y sus peligrosas políticas; la creciente preponderancia económica, política y militar de China; la brutal intervención de Israel en Gaza, Cisjordania y el sur del Líbano; el estallido del conflicto con Irán y la crisis en el Golfo Pérsico; las tensiones inflacionistas a nivel mundial; la decadencia económica y social de los países europeos y la propia Unión Europea; etc.
En este escenario de debilitamiento de alianzas tradicionales y de búsqueda de soluciones unilaterales, Putin ha propuesto una nueva conferencia en la cumbre entre Trump. Xi Jinping y él mismo el 18-19 noviembre en China.

Esta vez Europa ni siquiera sería convidado de piedra.
Es un primer encuentro tripartito, precedido por un creciente número de contactos bilaterales entre los tres interlocutores. Más adelante habría nuevas ocasiones en las que repetir tal reunión a tres.
Aspiraciones sobre la mesa
Donald Trump quiere:
- contener el ascenso mundial de China sin tensar más la relación,
- abaratar los precios de los combustibles comprando a Rusia y acabando la crisis con Irán,
- ahorrar en gasto militar en territorio europeo,
- ejercer un dominio más extendido sobre toda América, como ya empezó en Venezuela, y
- enriquecerse él, su familia y su círculo cercano antes de acabar su mandato
Xi Jinping quiere:
- desplazar a Estados Unidos en el área de influencia de Asia-Pacífico, en particular sobre Taiwan y Japón,
- dar salida a la sobre-capacidad industrial y tecnológica china hacia África, Asia y Europa, y
- ser reconocido como (el) interlocutor principal a nivel mundial
Putin quiere:
- retomar el dominio ruso sobre Europa Oriental, comenzando por Ucrania, pero también Países Bálticos y quizá otros territorios,
- poder volver a vender en todo el mundo su petróleo sin cortapisas, y
- apuntalar el deterioro demográfico y el retraso tecnológico de Rusia
No todo este rompecabezas encajaría a la primera, pero sería más factible si se hace a costa de los “ausentes”: América Latina, África y en especial Europa.
El estado de la guerra en territorio ucraniano
La guerra en Ucrania ha pasado de un desastroso fracaso ruso de tomar Kiev en dos semanas a una guerra de destrucción de infraestructuras y terrorismo militar contra la población civil.
Estados Unidos ha ido reduciendo su apoyo a Ucrania y llegando a acuerdos con Rusia, que suponen un auténtico balón de oxígeno para financiar su invasión.
Los países europeos mantienen su apoyo a Ucrania, a pesar de la postura contraria de las formaciones de extrema derecha y sectores de la opinión pública.
Todo ello debilita sustancialmente a Ucrania, a pesar de su heroica resistencia e innovación tecnológica.
La guerra híbrida contra Europa
Rusia ha abierto un frente de guerra híbrida contra Europa: desde los sabotajes a las empresas e instalaciones que avituallan a Ucrania hasta las frecuentes incursiones en el espacio aéreo europeo, pasando por el goteo constante de entrada de población rusa en Finlandia y países bálticos. En España sabemos bien lo que son las “invasiones demográficas”, como en Ceuta.
Esta guerra se produce en momentos de máxima debilidad de la mayoría de gobiernos europeos y de desencuentros en el eje franco-alemán, como el fracaso en la fabricación del caza de combate europeo.
¿Y España?
Podríamos pensar que todo esto nos pilla muy lejos, al fin y al cabo Madrid dista casi 3.000 kilómetros de Kiev. Pero la verdad es que la flota fantasma de petroleros y otros mercantes de exportaciones rusas pasan cerca de las costas españolas del Mediterráneo, sin saber a ciencia cierta lo que realmente transportan o su capacidad de sabotajes de infraestructuras submarinas, como se ha señalado recientemente.
Y es que la Armada española tiene que estar monitorizando permanente el paso de unidades navales rusas por aguas españolas (Mediterráneo, Gibraltar, golfo de Cádiz y costas gallegas).
Parece que nada de esto importa, cuando estamos sumergidos en nuestra particular y cicatera guerra sucia electoral.
El próximo post dentro de dos martes, el 10 noviembre 2026








