¿Jóvenes sin redes sociales?


Pedro Sánchez anunció en febrero pasado que el gobierno español quiere cambiar la edad a la que una persona podría acceder a una red social, pasando de los 14 años de la actualidad a los 16 años. Se añade así a los países que recientemente han implementado esta medida, con objeto de “proteger” a nuestros adolescentes de la exposición a un medio que se considera dañino.

Lo curioso del “nuevo” anuncio del Presidente del Gobierno español es que ya cinco meses antes el Congreso de Diputados había dado da luz verde a la tramitación de la ley orgánica para la protección de los menores en entornos digitales, como el propio ministerio dirigido por Bolaños proclamó en su momento. Ese proyecto de ley sigue condenado -como muchos otros- al limbo de las eternas tramitaciones parlamentarias.

Qué eficacia tienen estas medidas

El primer país que puso en marcha iniciativas legislativas de este tipo fue Australia, que aprobó a finales de 2025 medidas para impedir al acceso de los menores de 16 años a las redes sociales. Pero por ahora, el balance es bastante pesimista: siete de cada diez menores continúan en plataformas como Facebook, Instagram, Snapchat o TikTok.

¿Por qué? Existen varias razones. La primera es que los padres o tutores no quieren, no saben o no pueden controlar el acceso de sus hijos a esas plataformas. La segunda es que las plataformas son reacias, arrastran los pies o simplemente ponen en marcha medidas notoriamente ineficaces para comprobar la edad real de los usuarios. Al fin y al cabo buena parte de su negocio se basa en tener “enganchados” a la población adolescente y otros grupos sociales.

A su vez, los propios adolescentes encuentran en las redes sociales el canal para asomarse al mundo y compartir con usuarios similares un universo de contenidos, contactos, vivencias y tendencias. Existe ya una inercia muy difícil de revertir. Por eso, al menos en Australia, se tiene la esperanza que la siguiente generación de adolescentes estará mejor protegida para no caer en esas redes.

El alcance de las redes sociales

Se considera que el único segmento de población en peligro son los adolescentes. Es una tremenda equivocación. Recientes voces han señalado cómo la población mayor se empieza a comportar de forma similar dentro del mundo de las redes sociales.

Las redes vienen a llenar el vacío que se vive en las relaciones sociales, cuando una persona se siente sola o aislada. En cambio las “redes sociales” le abre un mundo, agradable, divertido, que colma la ilusión de participar y “formar parte de”. Todo ello gracias al algoritmo que le recrea un universo amigable, hecho a la medida de su perfil personal, que el propio algoritmo ha capturado y que es la base también para las acciones de micro-marketing y para alimentar de datos a la Inteligencia Artificial.

Pero hay más: las redes sociales desplazan a otros medios de comunicación, como canal para el consumo de noticias, tal y como recoge Reuters en su Digital News Report de 2026. Este fenómeno se registra en todos los tramos de edad: las “Redes” son la fuente para “conocer” lo que ocurre en el mundo.

Políticos y medios de comunicación, ¿están ayudando?

En otro post ya se comentó como los políticos se han lanzado con entusiasmo al uso de las “Redes sociales” como forma de comunicación propagandística personal o de ataque al oponente. Por eso parece contraproducente que aspiren a regular su acceso a los adolescentes cuando las usan con ese entusiasmo.

Los medios de comunicación “tradicionales” no son ajenos. Espacios televisivos como “Zapeando”, “Aruser@s”, “Todo es mentira” y la larga serie de espacios de tertulias de cotilleo rosa o no, se apoyan permanentemente en contenidos procedentes de las “Redes sociales”. Otra modalidad es la de los realities, que fomentan en el espectador su participación a través del uso de las “Redes sociales” correspondientes.

Encontramos por tanto cierto fariseísmo en políticos y medios de comunicación en lo referente a las “Redes”: las utilizan a fondo, para a renglón seguido declarar que son perniciosas para los adolescentes.

Pero como señala Enrique Dans, Profesor de Innovación en IE Business School, “el problema no son los adolescentes. Los adolescentes son, como mucho, el grupo en el que la enfermedad se manifiesta de forma más visible, más dramática y más incómoda para las familias. Pero la enfermedad es otra: un modelo industrial de extracción de atención basado en vigilancia masiva, perfilado psicológico, publicidad hipersegmentada y diseño adictivo. Un modelo que no pregunta cómo conectar mejor a las personas, sino cómo mantenerlas más tiempo mirando una pantalla, más irritadas, más polarizadas, más ansiosas, más predecibles y, sobre todo, más monetizables”.

Aquellas propuestas legislativas abordan algunos efectos superficiales, pero no el fondo. ¿Podemos ir más allá de la “foto de turno” y abordar el problema real?

El próximo post dentro de dos martes, el 7 julio 2026

Cuánta corrupción podemos aguantar

Para oir este post (en iVoox)

Llevamos una larga temporada en la que las noticias sobre prácticas y redes corruptas llenan las portadas de todos los medios de comunicación: desde las entrañas del partido del gobierno hasta la asignación de viviendas de protección oficial a los “amiguetes” de turno en Alicante.

¿Impacto electoral?

Más allá de los procesos judiciales en marcha, la repercusión social de este estado de cosas está lejos de ser evidente. Puede que se produzcan votos de castigo contra las formaciones políticas protagonistas de los casos de corrupción, si se celebrasen nuevas elecciones en un futuro próximo. Pero las últimas convocatorias a nivel autonómico no han producido un cambio radical de gobiernos. A ello contribuye que las disputas entre partidos toman la forma de polarización extrema. Y si la corrupción la encontramos en todos los partidos mayoritarios no es de esperar que se produzcan vuelcos de 180 grados.

Y a nivel de la calle…

Algunos tertulianos televisivos se muestran sorprendidos porque “¡la gente NO se lanza a la calle!” para protestar por la situación. Pero es que, descontando las manifestaciones organizadas por partidos políticos concretos o sus organizaciones cercanas, no está claro cuáles serían las reivindicaciones a plantear. ¿Vamos a salir con pancartas de apoyo a la UCO, la UDEF o el juez de instrucción de cada caso? Porque mal que bien, el poder judicial y los cuerpos policiales a su servicio están realizando un excelente trabajo, a pesar de las zancadillas que se les intenta poner desde la cloaca investigada.

Hoy por hoy la ciudadanía está reducida a ser mera audiencia de unos medios de comunicación que nos abruman con la avalancha de detalles de las corruptelas, sazonados con los comentarios de una legión de tertulianos.

¿Y nadie se pregunta nada?

: hay preguntas que flotan en el ambiente, como éstas:

  1. ¿Es que todo es corrupción y más vale que nos vayamos acostumbrando a convertirnos en una “república bananera”?
  2. Dado que el cáncer de la corrupción ha alcanzado a todos los partidos mayoritarios, y que los apoyos externos al gobierno actual siguen exigiendo pruebas irrefutables y sentencias en firme antes de dejar de mirar hacia otro lado, ¿un cambio de gobierno garantizaría el final de la corrupción?
  3. Hechos no susceptibles de un procedimiento penal tales como el parón de la actividad legislativa; la inoperancia de ciertos ministerios (por ejemplo el de Vivienda, el de Transporte o el de la Transición Ecológica); la falta de Presupuestos Generales del Estado desde hace unos años; el uso partidista de la televisión pública, del CIS, o del Banco de España; el choque de trenes entre Congreso y Senado o entre Poder Ejecutivo y Poder Judicial; y un largo etcétera, ¿no tienen estos hechos un impacto socio-económico peor que las maniobras para rescatar empresas de amiguetes, inventar puestos de trabajo para familiares y amantes, o el presunto tráfico internacional de oro y petróleo por parte de un ex-Presidente de Gobierno?
  4. La desaparición de la corrupción ¿mejoraría la situación laboral de médicos, personal docente, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y otros colectivos -con puestos de trabajo, sí, pero cada vez más precarios- que ven cómo se degradan sus condiciones de trabajo sin que haya una respuesta oficial y ni siquiera se escuchen sus planteamientos?
  5. La desaparición de la corrupción ¿mejoraría las perspectivas de un trabajo digno y estable para la juventud, la posibilidad de acceder a una vivienda o la esperanza de poder optar algún día a una jubilación honrosa?

Lo que realmente va quedando

Como una triste broma, parecería que asistimos como espectadores a una serie de Netflix o similar, cuya primera temporada tiene una larga serie de episodios de sexo, poder y dinero, en la que políticos y supuestos defensores de la ley se corrompen, siguiendo un guión que cada vez presenta más ramificaciones. Lo único que falta es el ingrediente de la violencia, y así competir con las mejores series de mafiosos. Tampoco sabemos cuántas temporadas nos esperan, pero parece que va para largo.

Ojala sólo fuera una buena historia de ficción. Pero en sectores crecientes de la ciudadanía quedan dos graves preocupaciones. La primera es que nuevamente los políticos -la “casta”, que hubiera dicho en su momento Pablo Iglesias, aunque ya no desde que fuera vicepresidente de gobierno- se enzarzan en luchas de poder, pero esta vez echando mano de herramientas cada vez más sucias, inmorales y opuestas a los principios que se proclaman ante una cámara de televisión.

La segunda preocupación es que otra vez los problemas cotidianos que vive la ciudadanía -la inseguridad financiera y laboral-, se dejan para mejor ocasión… que nunca llega. Sólo tomando estos problemas en las manos de quienes los sufren -la sociedad civil- podremos tener la esperanza de una remontada, a base de construir consensos entre unos sectores sociales y otros.

El próximo post dentro de dos martes, el 23 junio 2026

Qué han resuelto las elecciones


El 17 de mayo pasado se celebraron las elecciones al Parlamento de Andalucía, cuartos y últimos comicios regionales celebrados en solo cinco meses. Aunque durante estos días en los medios de comunicación parece que sólo hay una noticia -la presunta trama mafiosa de Zapatero- no podemos olvidar otros aspectos de la realidad social y política de nuestro país, y en primer lugar la celebración de elecciones.

¿Y qué han dado como resultado?

Como sucede siempre, una cosa es la aritmética de votos y escaños, otra cosa son los relatos que las distintas fuerzas políticas construyen o se inventan -siempre a favor de la “causa nostra”-, otra lo que parecen haber querido mostrar los votantes con su papeleta electoral, y otra en fin el impacto sobre la realidad económica, social y política de la ciudadanía.

Qué parecen haber querido decir los votantes

Un reciente estudio sobre el comportamiento electoral en los países de Europa Occidental clasificaba a los electores en tres grupos:

  • los votantes tradicionales, que aceptan el sistema político vigente y apoyan a los partidos hoy por hoy mayoritarios: en nuestro caso PP y PSOE
  • los votantes populistas, insatisfechos con el sistema político actual y que votan a partidos populistas de un lado (Vox, etc.) o de otro (Adelante Andalucía, etc.)
  • y los no votantes, con bajas expectativas electorales y peor satisfacción institucional.

En las elecciones andaluzas estos grupos han resultado así: votantes tradicionales 42%, votantes populistas 23% y no votantes 35%. Tal distribución se repitió también en las otras elecciones regionales recientes. Además, el voto populista tiene cada vez más un sesgo “centrífugo”, es decir se buscan fórmulas en el ámbito cercano, dejando de lado las propuestas generales: como no se ven soluciones para el conjunto del país aspiramos a hallarlas cerca de casa, como ya ocurrió durante la 1ª República con el llamado movimiento cantonalista.

Esta baja confianza sobre lo que da de sí el sistema político que tenemos se repite en prácticamente todos los países occidentales, aunque en nuestro país la serie de escándalos de corrupción habidos en la esfera política acentúan más esa desconfianza.

Impacto social, económico y político

Es difícil poder imaginar -más allá de soflamas y eslóganes partidistas- cuál es la diferencia de que un partido u otro acceda a gobernar. En cuestiones esenciales como la política económica, la transparencia en las actuaciones de las Administraciones Públicas o la lucha real contra la corrupción está repetidamente demostrado que el color político de cada gobierno no ha supuesto ninguna diferencia.

Sabemos en cambio que cada gobierno en nuestra historia reciente ha intentado marcar las diferencias en las cuestiones sobre derechos individuales -en particular con respecto a colectivos marginados-, pero nunca abordando la protección colectiva en materias como la precariedad en el empleo o la incertidumbre financiera de muchos hogares.

Cuál es entonces el papel real de las elecciones en los sistemas políticos

El Instituto V-Dem (Variedades de Democracia), dependiente de la Universidad sueca de Gotemburgo, clasifica los regímenes políticos en tres grandes bloques:

  • Democracias Liberales: no solo celebran elecciones libres y justas, sino que también existe separación de poderes, protección de los derechos humanos y las libertades civiles, y el poder del ejecutivo está estrictamente limitado por controles institucionales
  • Democracias Electorales: existen elecciones multi-partidistas, pero puede haber una erosión de los contrapesos institucionales de vigilancia de los gobiernos, menor separación de poderes o presiones sobre los medios de comunicación
  • Autocracias: el poder se concentra en un individuo o un grupo reducido, sin sujeción a restricciones legales significativas. Pueden ser Autocracias Electorales: mantienen rituales democráticos, pero el sistema está manipulado para que el oficialismo nunca pierda; o Autocracias Cerradas: puras y simples dictaduras

Este Instituto utiliza 531 indicadores para clasificar cada régimen político y asignarlo a alguno de los bloques señalados. Según el último informe de 2025, formamos parte del privilegiado 7% de la población mundial cuyo régimen político es el de una Democracia Liberal. Hasta podría parecer que con respecto al año anterior hemos avanzado un puesto -del 22 al 21- en el ranking mundial, pero ha sido sólo por la caída de EE.UU. al grupo de “Democracias Electorales”. En realidad, y teniendo en cuenta los datos manejados, nuestro país ha ido registrando un leve deterioro desde 2019 a 2025, aunque siga estando en el primer grupo.

Deterioro del sistema electoral

Recurrir a convocatorias electorales como único mecanismo de participación ciudadana en la política nacional puede convertirse poco a poco en una cáscara hueca. El único efecto de la aritmética electoral es dilucidar en manos de quién quedarán los recursos de las Administraciones Públicas. Los partidos se convierten en mera maquinaria de marketing electoral, dirigidos cada vez más autoritariamente.

Por eso el comportamiento del votante es cada vez más “expresivo” que participativo, a la vez que crece la desconfianza en el sistema.

El próximo post dentro de dos martes, el 9 junio 2026

Entre generaciones: análisis o espectáculo

Hace unos días me propusieron participar en un programa Televisivo de estos de “Tardeo”, Tertulias y Tópicos de Turno para hablar sobre el “enfrentamiento generacional” en España y si los mayores están (estamos) explotando a los jóvenes.

El Tema tiene todos los ingredientes para ser candidato a ocupar unos moviditos minutos de televisión, y después dejar paso al siguiente asunto que figura en el guión del programa -transmitido por el pinganillo a la presentadora de turno- saltando a una nueva cuestión que probablemente no tenga nada que ver con lo que se acaba de “debatir”.

Nada que objetar a mi posible participación en el programa, si no fuera porque también tenía que “aportar” al OTRO interlocutor que creara la polémica, en la figura de un hijo o hija cuyos ingresos fueran inferiores a los míos, garantizando así “la discusión”.

Por desgracia una cuestión de fondo tan preocupante y grave como es la quiebra del Estado del Bienestar en los países occidentales se quiere abordar bajo el formato frívolo de la bronca a la que nos tienen acostumbrados las tertulias televisivas, donde el espectáculo prima sobre la reflexión necesaria y está sometido al yugo de la “tiranía” del tiempo, siempre presente en la programación de las cadenas de televisión.

Se me dirá que más vale esto que nada, pero creo que un tratamiento superficial y reduccionista de cuestiones importantes lo que hace es dificultar en vez de ayudar al análisis reflexivo y el intercambio de propuestas para su solución. Tampoco vale la excusa que el medio televisivo tiene que tener “gancho” en la forma de bronca tertuliana y que por tanto el espectáculo debería ser imprescindible, aun a costa del rigor y -al fin y al cabo- de la verdad. Pero pienso que el rigor no tiene por qué ser aburrido.

Los elementos que se han transformado

El Estado del Bienestar, es decir la garantía de protección social que se construyó tras las IIª Guerra Mundial en los países occidentales, ha ido deteriorándose desde entonces por causas objetivas y por cambios en las políticas de los partidos políticos mayoritarios de esos países.

Los tres pilares de ese Estado del Bienestar -el estado, el mercado y las familias- han recibido fuertes sacudidas, que sobre todo a partir de los años 70 han ido dejando más desprotegidas a las nuevas generaciones. Las nuevas oleadas de generaciones de trabajadores se encuentran al albur de “sus propios méritos”, sin la red de apoyos de decenios anteriores.

Además, hemos pasado de una pirámide demográfica en la que la mayoría de la población se encontraba inmersa en el mercado de trabajo -al menos los llamados “cabezas de familia”- y pocos eran los jubilados -los llamados “clases pasivas”-, a una situación casi contraria.

Pero también la prolongación de la esperanza de vida, sobre todo en los estratos con mejor nivel socio-económico, han provocado una acumulación de riqueza en particular en forma de propiedad inmobiliaria.

El colapso en el mercado de la vivienda, debido a la casi desaparición de la oferta de las mismas, ha castigado a las generaciones de jóvenes que justo en este momento aspiraban a crear nuevos núcleos familiares y acceder a una vivienda propia.

Los partidos políticos mayoritarios hasta los años 70 y 80 han dejado que los mecanismos de protección se hayan ido desmantelando, reduciendo sus políticas a la proliferación de programas de subvenciones que no hacen sino perpetuar la inseguridad.

Todo ello ha llevado a una situación de extrema inseguridad laboral y financiera de dichas generaciones. Que nadie se sorprenda si éstas se han hecho más receptivas a propuestas políticas populistas, tanto de extrema izquierda como de extrema derecha.

El cáncer de la polarización mediática, política y social

El análisis de la dinámica económico y social revela que no se trata de una fractura entre generaciones en bloque sino de un empobrecimiento progresivo de ese Estado del Bienestar que, en el caso español sólo favorecía a una parte (los varones “cabezas de familia” y de estratos superiores), y cuyos mecanismos de protección han saltado por los aires al intentarlos aplicar a las siguientes generaciones.

Éstas se encuentran con un camino cada vez más empinado para alcanzar el estatus social que entonces parecía accesible. La frustración y la polarización con que medios de comunicación y políticos presentan el problema puede acabar desembocando en un resentimiento que expone a la juventud a las maniobras manipuladoras de los nuevos “salvadores”.

En nuestras manos está evitar que eso suceda. Las soluciones hay que buscarlas en políticas públicas que fomenten el desarrollo económico, más allá de la mera gestión de los mercados financieros, y de la formación avanzada de mano de obra que la proteja de los vaivenes de cambio económico y tecnológico. Para ello es imprescindible quererlo hacer, más allá de dedicarse a ganar las siguientes elecciones.

El próximo post dentro de dos martes, el 26 mayo 2026

Simplificarse la vida

¿Qué persona que tenga un trastero no ha descubierto que de pronto lo tiene tan lleno que no puede entrar para ver lo que hay en el fondo del mismo? En tales situaciones lo que solemos hacer es volver a cerrar la puerta y tratar de encontrar en otro lado lo que estábamos buscando. Hasta la próxima vez. Y pensamos: algún día tengo que ponerme manos a la obra con el trastero y tirar de una vez lo que no hace más que comer espacio.

Este síndrome del trastero lleno es la base del negocio de las empresas tecnológicas que primero nos regalan espacio de almacenamiento en la nube para que, una vez lo hemos llenado, nos pidan una pequeña cuota (al principio) para ampliarlo.

¿Habría que vaciar el trastero completamente?

En el año 2017 la escritora sueca de 84 años Margareta Magnusson escribió un libro rápidamente convertido en best-seller: El arte sueco de ordenar antes de morir. Si no lo amas tíralo; si no lo usas tíralo también. El libro proponía un método para irnos quitando de encima lo que ya no necesitábamos o queríamos. De esta forma no solo recuperábamos un espacio en nuestra vida sino que también evitábamos a nuestros herederos la ingrata tarea de tener que hacerlo ellos mismos. Margareta murió en marzo pasado a la edad de 92 años y su hija da testimonio que había dejado su vivienda completamente vaciada.

No vaciar sino “podar”

Yo pienso que no se trata de dejar nuestro espacio vital completamente vacío de elementos y menos aún si nos vamos acercando “a una cierta edad”. Aunque es a esa “edad” cuando nos solemos encontrar el trastero lleno, en realidad el problema viene de mucho antes. Pero hasta entonces pensábamos que nuestro tiempo y nuestras energías eran infinitos.

De hecho algunas teorías sobre la vejez plantean que una vez hemos terminado nuestra vida laboral lo que nos queda es irnos “desconectando” de la sociedad e ir dejando nuestro trastero completamente vacío.

No estoy de acuerdo. No se trata de hacer menos cosas per se sino de PODAR lo que nos sobra en la vida. Podar es eliminar aquellas ramas y hojas que en realidad están muertas pero absorben buena parte de nuestro espacio y nuestro tiempo: nos roban parte de nuestra energía.

A veces lo que sobra no es evidente. Pueden ser relaciones que desgastan más de lo que nutren (relaciones tóxicas), hábitos que nos retienen, miedos que ya no tienen sentido y puede que nunca lo tuvieron, etc.

Pero no es una cuestión de perder sino de habilitar espacio para lo que sí importa: nuestra tranquilidad, nuestras metas, una vida mejor. La otra mitad que da sentido al podar es que la energía de la planta o el árbol se redirige a las ramas y hojas con futuro y que mejoran nuestro bienestar.

Obstáculos

Admito que no es una tarea sencilla, ya que nos encontramos con varios obstáculos. El primero es tan importante como esto: ¿a qué queremos redirigir nuestro tiempo y nuestras energías?

El segundo es tan importante como el primero: a veces nuestra vida está tan llena de cosas -útiles o no- (muchas veces nos cuesta distinguirlo) que creemos que no hay nada que hacer. Es como un trastero tan lleno de cosas que no podemos ni entrar para eliminar lo qu es inútil.

Por qué deberíamos hacerlo

Tenemos recursos limitados. Lo sobrante es una pérdida de energía en banalidades o incluso peligrosas. Ponerse en marcha es una suerte de revolución, de rebelión, que empieza con nosotros mismos.

Cómo hacerlo

Aunque suene como el slogan de un anuncio, debemos empezar por creer en nosotros mismos como personas capaces de hacer algo que hasta ahora ni siquiera habíamos intentado. Probablemente más de uno nos sorprenderíamos de haber sido capaces de cambiar algo en nuestra vida y que, aunque al principio pueda parecer imposible, se ha hecho realidad.

Por eso la segunda palanca es comenzar por algo tangible, alcanzable en un plazo razonable y que pueda incluso ser rentable. Un ejemplo seria cortar la suscripción a tal o cual publicación, reducir los servicios contratados en nuestra plataforma de televisión por internet o cualquier otro agujero por el que se nos va el dinero mes a mes. En cuanto tengamos un pequeño momento para revisar nuestros gastos mensuales seguro que localizamos esos agujeros negros de nuestra economía personal.

El otro gran campo de pérdida de energías está en el campo de la atención. Las grandes empresas tecnológicas basan modelo de negocio en tener secuestrada nuestra atención. Y esto se extiende al campo de todos los medios de comunicación en general, y en especial de la comunicación social y política. Escapar de esa telaraña para poder vivir nuestra auténtica realidad personal exige una buena poda, que sí podríamos poner en marcha.

El próximo post dentro de dos partes, el 12 mayo 2026

La ocultación “progresista” del precio de los medicamentos

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Mientras la economía mundial -no tanto la española- va recuperándose de los efectos de la pandemia del Covid y aunque se mantienen muchos de los interrogantes de fondo en el terreno sanitario, buena parte del terremoto político lo seguimos teniendo encima de la mesa.

Por una parte el Tribunal Supremo anunciaba la apertura del juicio oral del llamado caso Koldo por una presunta trama de mordidas en la venta de mascarillas durante la pandemia, con varias ramificaciones políticas incluyendo al partido del gobierno.

Negociaciones secretas para la compra de vacunas del Covid

La segunda gran polémica económico-política -esta vez a nivel mundial y en especial en el seno de la Unión Europea- tuvo que ver con el secretismo bajo el cual se negoció la compra de vacunas a las grandes farmacéuticas.

La Comisión Europea negoció con los grandes grupos farmacéuticos la compra a gran escala de vacunas para atajar la epidemia del Covid. Pero a finales de 2020 se produjo un gran revuelo cuando una ministra belga publicó en internet -aunque por breve tiempo- los precios pactados, que supuestamente eran secretos y protegidos por las propias cláusulas de confidencialidad de las negociaciones.

Nadie puso en duda que la parte de los acuerdos que detallaban los procedimientos que utilizaban las farmacéuticas para desarrollar y fabricar las vacunas debería estar sujeta a la confidencialidad, ya que revelaban un know how propio de las compañías.

Otra cosa era el precio pagado por cada dosis, que se reveló totalmente dispar según el acuerdo con la respectiva compañía. Su ocultación era no sólo un agravio para la ciudadanía europea -al fin y al cabo el pagador final de las vacunas- sino también probablemente un abuso hacia países en desarrollo con menor poder de compra, tanto en volumen como en compromisos a futuro. El secretismo, en particular en lo que se refiere a precios y compromisos de compra a futuros, era algo que se producía en la inmensa mayoría de los contratos.

La falta de transparencia fue criticada por el propio Tribunal General de la UE, y choca con la postura oficial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que repetidas veces ha hecho de la transparencia de precios una prioridad de salud pública: Resolución WHA72.8 de mayo 2019, Directrices de fijación de precios de septiembre 2020, etc.

Pero estas críticas no han servido para mejorar la transparencia, tal y como años después nos ha seguido recordando en España la Asociación por el Acceso Justo al Medicamento.

Farmacéuticas con dinero público

Como ya mostraba la economista Mariana Mazzucato en su libro El Estado emprendedor la mayoría de los fondos para investigación y desarrollo de nuevos fármacos proceden de las arcas públicas.

Este es el caso, por ejemplo, de la vacuna más conocida y utilizada en relación al cavid: la desarrollada por la empresa BioNTech, que a su vez alcanzó un acuerdo con la farmacéutica Pfizer para su fabricación y comercialización. BioNTech recibió casi 500 millones de euros de financiación pública -375 millones de euros del Ministerio de Investigación Alemán y un préstamo de 100 millones de euros del Banco Europeo de Inversiones- para la investigación y el desarrollo de la vacuna.

Este esfuerzo público ha sido completamente ignorado a la hora de ser revertido a la población.

La legislación española sobre el precio de los medicamentos

En España, desde el año 2023 se viene elaborando la reforma de la Ley de Garantías y Uso Racional de los Medicamentos, también conocida como Ley del Medicamento.

En el borrador de la norma disponible hace un año no solo se continuaba considerando como confidencial la información que facilitan las empresas farmacéuticas a Sanidad durante el proceso de negociación de precios de medicamentos, sino que el departamento dirigido por Mónica García daba un paso más allá para ocultar “la información que resulte de los acuerdos de financiación que se alcancen o de la aplicación de los mismos”. Como denuncia la Fundación Civio, esta medida significaría que nunca se podría saber cuánto dinero se paga realmente por cada nuevo medicamento que se incluya en la prestación farmacéutica pública.

Como la tramitación de esta reforma de ley sigue el camino a ninguna parte que llevan hoy en día la mayoría de las iniciativas parlamentarias, PSOE y SUMAR intentan blindar legalmente el secreto en los precios de los medicamentos colándolo en una ley sobre discapacidad.

La Asociación para el Acceso Justo al Medicamento señala la maniobra torticera de estos grupos parlamentarios al presentar la enmienda 259 como disposición final en el Proyecto de ley sobre Derechos de las Personas con Discapacidad. Así no pasaría por la Comisión de Sanidad del Congreso, metiéndolo en una Ley de amplio consenso social y evitando el debate.

El relato “progresista” habla de vulnerables por un lado pero favorece a los grandes oligopolios por el otro.

El próximo post dentro de dos martes, el 28 abril 2026.

La inseguridad laboral y el voto a los extremismos

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¿Vuelve el fascismo?

En los países occidentales y en particular en España los partidos considerados de extrema derecha han ido ganando presencia en el electorado y en muchos casos forman parte de gobiernos regionales e incluso nacionales. Desde el otro lado del espectro político suenan señales de alarma y se alzan voces que reclaman la formación de frentes populares y cordones sanitarios contra lo que se considera el retorno del fascismo. ¿Y ya está? ¿Eso es todo? ¿No hay nada más que haya que tener en cuenta?

Afortunadamente contamos con un número creciente de estudios que van más allá y analizan cuál es el sustrato laboral, económico y social a partir del cual crece el voto a partidos de extrema derecha, aunque también de extrema izquierda.

El terreno abonado

La primera constatación es que el voto a los extremismos esta más relacionado con la situación de inseguridad laboral y financiera de las personas que con las opiniones que tengan sobre cuestiones culturales, de género o similares.


Inseguridad laboral se refiere no sólo a tener un contrato laboral temporal o a tiempo parcial sino también a las propias condiciones laborales: bajos salarios, falta de autonomía en el trabajo, minusvaloración de las capacidades del trabajador, verse abocados a trabajar como autónomos, exceso de horas extras, riesgo de pérdida del empleo, etc. Y todo esto no se refiere sólo a la situación vivida en el momento sino también a las amenazas que pesen en un futuro más o menos próximo. Algo similar ocurre con la inseguridad financiera y no tener que depender de ayudas públicas más o menos volátiles y complicadas de obtener orientadas a colectivos vulnerables, sino aspirar a una estabilidad basada en los propios recursos ya sean laborales o económicos.

El ejercicio de un oficio o una profesión se vacía de contenido, como el sociólogo norteamericano Richard Sennett señalaba hace casi treinta años: el capitalismo actual antepone la flexibilidad a los valores del compromiso y la lealtad que coronaban la ética del trabajo. La profesionalidad deja de existir para dar paso a una inestabilidad permanente en el desarrollo de las tareas dentro de la empresa, a base de equipos de proyectos que se crean y se deshacen continuamente.

En España

En contraste con la euforia oficial que proclama -basándose en datos macroeconómicos- que la economía española va como un tiro la realidad laboral para muchas personas arroja un panorama más oscuro: crecimiento de contratos de trabajo de fijos discontinuos y a tiempo parcial, contratos “indefinidos” que se rescinden antes de acabar el periodo de prueba, infrautilización de las capacidades laborales…

En comparación con el resto de países europeos la calidad del trabajo en España ha sufrido un fuerte deterioro durante los últimos años y persiste una alta rotación laboral. Si a esto se añade unos bajos salarios encontramos que un 11% de los trabajadores en España está en riesgo de pobreza.

Todo ello desemboca, según una encuesta de Gallup, en un alto estrés y falta de compromiso en el trabajo, lo que a su vez provoca que cuatro de cada diez trabajadores más jóvenes abandone su trabajo en menos de un año por los bajos salarios y falta de flexibilidad.

El impacto es desigual según el perfil social, de forma que migrantes, jóvenes y mujeres sufren en mayor medida en este panorama laboral.

Por otra parte las ofertas laborales se polarizan, de modo que se reducen los puestos intermedios, dinámica que corre paralela a la pérdida de status y reducción del peso relativo de la llamada clase media.

Traducción a voto radical

Lo sorprendente de este panorama es que el voto a los partidos políticos de extrema derecha o izquierda no haya crecido más de lo que lo ha hecho. La “oferta” electoral ha resumido su mensaje en señalar a “la casta” política como la culpable de la situación como hizo Podemos en su momento o los emigrantes, como hace ahora Vox.

En realidad la operación es la misma: señalar un culpable que es siempre “el otro”, de forma que el descontento de fondo fue capitalizado en un primer momento por la izquierda radical, para pasar después a la derecha.

Aun así el porcentaje de votos cosechado por uno u otro extremo está siendo notablemente más bajo que en otros países de nuestro entorno e incluso apunta a que ha tocado techo en ambas direcciones.

Probablemente ello se explica no porque haya mejorado el entorno laboral sino porque las ofertas electorales han ido perdiendo su impulso originario de cambio para sumirse en purgas y luchas internas, tal y como ocurrió entonces con Podemos o Sumar y ahora acontece en el seno de Vox.

También influye el hecho que los colectivos sociales más perjudicados son los de participación electoral baja (jóvenes) o nula (migrantes).

No son buenas noticias: el resentimiento permanece.

Estar o no estar… en guerra

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La guerra ya no es lo que era

Antes de posicionarse (“No a la guerra”), lo primero es saber de qué estamos hablando. Cuando Rusia invadió Ucrania hace más de cuatro años, Vladimir Putin no lo llamó una guerra sino una operación militar especial para “librar a ese país del fascismo”. Cuando Israel y Estados Unidos comenzaron a atacar Irán, Donald Trump lo llamó una operación militar para “liberar al mundo de un Estado terrorista”. Ahora que nos movemos por “relatos” y slogans, la terminología es lo que parece dominar el mundo de la comunicación y -por extensión- el de la política.

La guerra tiene, ¿o tenía?, sus protocolos

En la Edad Media un caballero que iba a la guerra no podía luchar contra plebeyos sino solamente contra otros caballeros. El Convenio de la Haya de 1907 establecía que no se debía comenzar una guerra “sin una advertencia previa y explícita, ya sea en forma de declaración de guerra motivada o de ultimátum con declaración de guerra condicional”. Esta regla fue consagrada en la Carta de las Naciones Unidas en 1945.

De esta forma la 1ª Guerra Mundial fue testigo de medio centenar de declaraciones formales de guerra, y unas cuantas más en el caso de la 2ª Guerra Mundial. Pero en el Siglo XXI las declaraciones de guerra ya no existen.

Además, según la Norma 54 del Protocolo Adicional I (de 1977) a los Convenios de Ginebra de 1945 “queda prohibido atacar, destruir, sustraer o inutilizar los bienes indispensables para la supervivencia de la población civil”. Aquí entrarían los ataques rusos a la red eléctrica de Ucrania para matar de frío a la población o los bombardeos de plantas desalinizadoras en el Golfo Pérsico.

Otra cosas también han cambiado. Ya no se trata de conquistar el país enemigo: en ese sentido la invasión rusa de Ucrania es una guerra “al antiguo estilo”. Una invasión terrestre tiene un elevado coste de vidas de soldados y mayor incluso en la opinión pública del país atacante. Por eso Donald Trump no quiere enviar tropas a Irán, mientras “anima” a la población iraní a rebelarse o a los kurdos a actuar.

La guerra ahora consiste en destruir al país contrario o dejarlo como “Estado fallido”. Esto es el caso de Iraq, Siria, Venezuela o Líbano entre otros. No hace falta anexionarse el territorio o derribar el régimen, al contrario de lo que proclamó -sin conseguirlo- Trump en Irán. Basta con dejar al contrario inutilizado. Ni siquiera hace falta destruir al ejército enemigo, sólo neutralizarlo.

Los tanques y otros vehículos terrestres han dejado paso a los misiles y en especial a los drones, que no solamente matan sino que sobre todo amedrentan a la población. Tampoco el foco se sitúa en las fuerzas de ataque enemigas sino en sus sistemas de defensa y sus infraestructuras. Todo ello forma parte de la llamada guerra híbrida.

En fin las guerras actuales están indisolublemente entrelazadas, en una especie de “globalización” bélico-económica, donde mientras con una mano se apoya la lucha contra un enemigo determinado con la otra se le compra petróleo y gas, como hace la Unión Europea con Rusia.

La guerra de la economía y la economía de la guerra

Cuando Trump secuestró al Presidente de Venezuela su propósito declarado era controlar el petróleo al igual que en el caso de Irán, aunque aquí el objetivo de Israel sea más bélico. Es significativo que el ataque sobre la isla iraní de Kharg, principal puerto de salida de su petróleo, haya respetado escrupulosamente las instalaciones petrolíferas, evitando el inmenso impacto que hubiera tenido en el precio del crudo y por ende en la economía mundial, comenzando por la norteamericana. Por esa misma razón, Trump ha levantado las sanciones sobre las exportaciones de petróleo de Rusia, lo que da a ésta un inesperado respiro para financiar su invasión de Ucrania.

La guerra es cara, como testimonia el hecho que aviones de combate norteamericanos están derribando drones iraníes con misiles que cuestan entre veinte y cuarenta veces más, lanzados desde aeronaves con costes operativos relativamente altos.

En esta situación convulsa, la acción bélica se convierte en palanca económica y la economía en campo de guerra.

De ahí que Irán contra-ataca intentando reventar el mercado del petróleo -y la economía mundial- en el Estrecho de Ormuz o bombardeando las instalaciones de las empresas tecnológicas en la zona. España no está mejor protegida del tsunami económico que se desencadenaría desde el Golfo Pérsico. Un informe del R.I. El Cano señala que ”la desconexión aparente de España respecto al crudo del Golfo es una ilusión métrica.

Mientras tanto la Unión Europea está exhibiendo una de las mayores divergencias de posiciones internas como no se había visto en muchos años. Cuando cada dirigente actúa pensando sólo en su electorado la debilidad es máxima.

El próximo post dentro de dos martes, el 31 marzo 2026

“No hablar con desconocidos”

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Para mucha gente esta frase todavía resonará como eco de nuestra infancia, cuando nuestros padres nos advertían del peligro que podría suponer que nos abordaran personas que no fueran familiares o allegados.

Confieso que últimamente soy más proclive a establecer pequeñas conversaciones con desconocidos, yo que de toda la vida me había considerado una persona reservada e incluso tímida. Medio en broma medio en serio siempre digo que quizá me esté haciendo viejo…

Hablar con desconocidos

En un mundo en el que el aislamiento y la soledad son una epidemia muy extendida, y más aún tras la pandemia del Covid, establecer pequeñas conversaciones con gente con la que jamás habíamos hablado puede ser una fuente de bienestar para nosotros y nuestros interlocutores.

De pronto quien está a centímetros de distancia de nosotros en el autobús o en el supermercado pasa de ser una pieza más del entorno a convertirse en una persona. Cuando le comentamos o preguntamos “Perdone, ¿sabe usted si faltan muchas paradas para llegar a…?” en muchos casos vamos a recibir una respuesta amable o empática, susceptible de desencadenar una breve conversación. Porque la mayoría de las personas suele experimentar una pequeña satisfacción debido a lo que sabe sobre la línea de autobús o simplemente el reconocimiento de que la consideramos una persona digna de respeto y consideración.

Podría parecer una tontería, pero no lo es. La falta de conexiones sociales que experimentamos en nuestro mundo actual está pidiendo a gritos estos pequeños chispazos de charlas informales.

He sido testigo -y a veces también participante- de cómo modestos intercambios iniciales han derivado en una charla amigable que ha durado unas cuantas paradas de autobús e incluso han evolucionado hacia auténticas tertulias colectivas.

Producen satisfacciones que más allá del momento dejan en los interlocutores un sentimiento de que vivimos en una sociedad de personas y no de bloques físicos que nos apretujamos cuando el autobús va lleno. Todo ello sin dejar de lado la necesaria prudencia a la hora de confiarse a ciegas a otra persona sobre la cual no sabemos hasta entonces prácticamente nada.

Cómo hacerlo

Además de la propia experiencia de cada uno, la psicóloga canadiense Gillian Sandstrom nos da algunas pistas para aprender a desencadenar pequeñas conversaciones con personas desconocidas.

Lo ideal es utilizar lugares públicos (transporte colectivo, supermercados, parques concurridos, etc.) pero con suficiente espacio para intercambiar una pequeña charla. Además, como dice Sandstrom, elijamos un lugar que ofrezca un tiempo limitado para ambos, por ejemplo el andén del tren de cercanías o la cola de una caja del súper, en lugar del comienzo de un vuelo transatlántico. Es decir no lo intentemos en un sitio en el que que el interlocutor se sienta “sin escapatoria” de un pesado que le cae encima. Por ello también evitemos lugares solitarios, que pueden crear temor a la persona a la que nos estamos dirigiendo.

No abordemos a personas ocupadas en ese momento: cuando están hablando con otros, leyendo un libro, en el instante de estar cruzando una calle, etc.

Comencemos aludiendo a algo que compartimos: los frenazos bruscos del autobús, la elección de la marca ideal de cereales para el desayuno…, aportando de nuestro lado una pequeña información que rompa el hielo, pero no “contando nuestra vida”.

Pero si encima compartimos una actividad determinada -una conferencia o un cursillo a los que acudimos o las clases de Pilates a las que estamos apuntados- el entorno facilita a la interacción.

Ser receptivos a lo que dice nuestro interlocutor: ser capaz de apreciar a la otra persona, sus opiniones, las vivencias o sentimientos que desee manifestar… Y mostremos nuestra empatía: a veces un ligero toque en el antebrazo transmite nuestro apoyo de forma eficaz, aunque depende de las circunstancias del momento.

En la mayoría de los casos los estudios empíricos han registrado una respuesta positiva abrumadora. Pero cuando la otra persona no muestra interés o puede sentirse incómoda la insistencia por nuestra parte se convierte en algo incómodo que debemos evitar.

Practicar

Mi propuesta es marcarse objetivos de, por ejemplo, un número de intentos al día o a la semana, sobre todo en personas que como yo somos más bien propensas a vivir en nuestro propio mundo; u observando el entorno que nos rodea sin interactuar con otras personas.

Tanto en estos casos, como en cualquier otro en general, hemos de considerar la posibilidad que la otra persona no quiera intercambiar más que frases imprescindibles y nada más. El respeto a su esfera es esencial, lo que a veces es algo que hay que saber aprender con la práctica. Si hemos seguido las reglas antes descritas el número de estos casos será reducido.

Lo que sí aseguro es que esta práctica ayuda a nuestro bienestar y al de las otras personas, y quizá sea el comienzo de alguna larga amistad.

El próximo post dentro de dos martes, el 17 marzo 2026

Las infraestructuras como valor estratégico

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Sólo cuando se producen catástrofes como las inundaciones de la DANA en 2024 o el descarrilamiento y choque de dos trenes de alta velocidad en Ademuz, nos acordamos que el diseño y mantenimiento de las infraestructuras de un país tienen una importancia crítica.

Advertencias no escuchadas

En lo que se refiere a las infraestructuras ferroviarias ya en marzo de 2022 el Banco Europeo de Inversiones, al conceder a Adif un préstamo de 90 millones de euros, aludía a que “la renovación de obras e instalaciones de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla se encuentran al final de su vida útil, y el objetivo [del préstamo era] mantener los altos estándares de disponibilidad, fiabilidad y seguridad requeridos para este tipo de infraestructura.

Se habla sobretodo del precio en vidas humanas debido a la falta de mantenimiento, pero también cabe contabilizar el impacto en los suministros necesarios para la actividad económica.

Los transportes forman parte de las denominadas infraestructuras críticas. Junto al ferrocarril, la red de carreteras españolas ofrece un panorama preocupante. Según un artículo publicado en julio pasado en la revista de la Dirección General de Tráfico “más de la mitad (el 52%) de las carreteras españolas presentan firmes con deficiencias graves o muy graves, con un total de 34.000 kilómetros que necesitan intervención urgente, a través de actuaciones que deberían llevarse a cabo en un plazo inferior a un año.

En lo que se refiere a los embalses, la Asociación de Ingenieros de Caminos denunciaba hace cuatro meses que España afronta un grave déficit de seguridad hidráulica: 3 de cada 4 presas estatales sin plan de emergencia implantado y 1 de cada 3 necesita refuerzo estructural.

Respecto a la protección de las infraestructuras eléctricas, el apagón de abril de 2025 es una muestra de la vulnerabilidad de las mismas.

Pero si hay una infraestructura crítica de primer nivel es la red internet. Esta vez era la Comisión Mixta (Congreso-Senado) de Seguridad Nacional la que advertía que España dispone de capacidades «relevantes» en materia de ciberseguridad, tanto en el ámbito público como en el privado, pero están «dispersas» y «con distintos niveles de madurez», y su coexistencia genera «solapamientos, duplicidades e ineficiencias».

Nuevas amenazas: el cambio climático

A los tradicionales riesgos para la seguridad nacional como el terrorismo internacional, la proliferación de armas de destrucción masiva o el crimen organizado se suman en la actualidad dos nuevas grandes amenazas.

La primera se refiere a los fenómenos extremos y no previstos derivados del cambio climático. La proliferación de incendios, inundaciones o el sometimiento de las infraestructuras a condiciones no esperadas son ejemplos de los riesgos que no habían sido tenidos en cuenta hasta ahora.

Un reciente informe explicaba por qué los modelos económicos utilizados por gobiernos, bancos centrales e inversores subestimaban cada vez más los riesgos climáticos, generando así una falsa sensación de seguridad. En idéntico sentido se pronunciaba la Agencia Europea de Medio Ambiente: Europa no está preparada para el rápido crecimiento de los riesgos climáticos.

La guerra híbrida

La segunda nueva amenaza es la llamada guerra híbrida (a veces llamada zona gris de las relaciones internacionales), en la que el enemigo con medios no convencionales apunta a instalaciones básicas de forma que las infraestructuras críticas son cada vez más blanco de ataques, lo que provoca graves interrupciones en los servicios esenciales. Rusia es el mejor ejemplo, pero no el único.

Qué se está haciendo en España y qué no

Cada vez que se produce un desastre en una infraestructura esencial o crítica, los medios de comunicación y las élites políticas reducen el acontecimiento a la enésima trifulca entre partidos, y más cuando hay víctimas mortales.

Es más sencillo y sensacionalista contabilizar las muertes producidas por la catástrofe que las vidas salvadas por un mantenimiento adecuado de las infraestructuras. En este caso no hay nombres ni apellidos concretos ni es fácil trazar una relación directa entre mantenimiento y beneficiarios.

Pero lo que NO estamos haciendo es transponer la Directiva Europea de 2022 relativa a la resiliencia de las entidades críticas, cuya fecha límite para incorporar a la legislación española era octubre de 2024. Bruselas nos dio un plazo añadido de dos meses más para hacerlo, que también ha sido ignorado.

En mayo de 2025 el Ministro del Interior anunció -por fin- la redacción de un anteproyecto de ley para reforzar la «Protección y Resiliencia» de las infraestructuras críticas, que incluía la transposición de la Directiva europea y cuyo texto está disponible en la web del Ministerio.

A fecha de hoy, el anteproyecto parece seguir durmiendo en el cajón de algún despacho gubernamental, al igual que otras docenas de proyectos que tampoco ven la luz. Habida cuenta de la raquítica producción legislativa de los últimos años y la enésima prórroga de Presupuestos Generales del Estado, seguiremos teniendo, por desgracia, unas infraestructuras desprotegidas.

El próximo post dentro de dos martes, el 3 marzo 2026.