Muchas “noticias” de medios de comunicación se basan en los resultados de una encuesta sobre tal o cual tema, preferentemente económico o político: “la mayoría de españoles está a favor de…”, “el 80% de la población considera que…”, “el partido XX ganaría las próximas elecciones”. Aparentemente los españoles nos pasamos el día dando nuestra opinión sobre cualquier cosa que nos pregunten.

Las encuestas pueden ser utilizadas para que recojan una opinión que pueda apoyar nuestra posición ante una cuestión en discusión, o que queramos que se añada a los “temas” de actualidad social o política.
Pero si nuestro punto de vista sobre una cuestión de actualidad difiere del de la mayoría -según aparece en la encuesta de turno- estamos presionados a reconsiderar nuestra opinión o al menos a callárnosla. Y si mucha gente se calla, esa opinión aparentemente minoritaria no aparecerá públicamente, reforzando la impresión que “no estamos en el lado correcto”, fenómeno bien explicado por Timor Kuran en su libro Verdades privadas, mentiras públicas. Las consecuencias sociales de la falsificación de preferencias.
No se falsifican los resultados, pero sí se pone el “relato” donde más pueda interesar.
Lo que se pregunta
El primer punto importante es que damos nuestra opinión sobre lo que nos preguntan, pero no sobre lo que NO nos preguntan. Un ejemplo notorio sería la opinión de los españoles sobre monarquía. Pero la última vez que el CIS preguntó sobre la cuestión fue en abril de 2015. Desde entonces los sucesivos gobiernos han preferido pasar de puntillas sobre el tema.
A quién se pregunta
No se puede entrevistar a los 47 millones de españoles. Se hace a una muestra que sea “representativa” de aquéllos. No se necesita entrevistar a mucha gente: con unos pocos miles se puede alcanzar esa representatividad siempre y cuando sean una reproducción en pequeño del “universo” de partida.
En la mayor parte de los casos se utiliza el sistema de cuotas por sexo, tramos de edad y Comunidad Autónoma, es decir se entrevista a una proporción similar a la distribución de la población según esos parámetros. Un tramo de edad suele ser personas de “65 y más años” ó “75 y más años”. El problema es que es más fácil entrevistar una persona con 66 ó 76 años que con 90. Es decir se tiende a no tener en cuenta a las personas más mayores, lo que puede distorsionar los resultados.
Se suele corregir este “sesgo” dando pesos diferentes según el perfil del entrevistado.
Cómo se pregunta
Hoy en día se ha pasado de la clásica entrevista a domicilio o en plena calle a la entrevista por teléfono, en especial al móvil. Pero esta forma cambia la aceptación de ser entrevistado, la comprensión de las preguntas que se formulan, la duración de la entrevista que se soporta, etc. Y todo ello dependiendo del perfil de la persona entrevistada.
Cómo se presentan los resultados
Los medios de comunicación tienden a concluir cosas que en realidad los datos no respaldan. El hecho que aparezca una correlación estadística entre un fenómeno y otro no significa que exista una relación entre los mismos y menos aún que uno sea causa del otro. Un ejemplo bien conocido es el de la correlación estadística entre presencia de cigüeñas y natalidad.
Otra trampa” es la del uso de la media aritmética para sembrar confusión: si yo me he comido dos pollos y mi vecino ninguno, ¿podemos concluir que cada uno se ha comido un pollo?
Muchos ejemplos de este tipo son comentados con amenidad por Darrell Huff, quien en 1954 escribió el best-seller Cómo mentir con estadísticas, que puede descargarse en castellano en internet.
Encuestas electorales
Éste es el único tipo de encuestas que se puede controlar su calidad: cuando las urnas corroboran o desmienten sus pronósticos. En estas encuestas es esencial poder traducir a cifras los casos en que los entrevistados no declaran su intención de voto o lo tergiversan. Ese ajuste es el que en la jerga se suele denominar la “cocina electoral”.
Chequeando pronósticos con resultados es posible comparar la calidad de cada encuesta. Las que realiza el CIS suelen estar entre las peores. Pero además se observa que en sus pronósticos favorecen sistemáticamente a los partidos en el gobierno.
Entonces, ¿qué es una encuesta?
Es una fotografía algo borrosa de la realidad. Como cualquier fotografía escoge una zona de la realidad, pero no toda, y con un ángulo determinado. Y es algo borrosa, por lo que depende de la pericia del fotógrafo (la entidad encuestadora) a que ese emborronamiento sea mayor o menor y que seamos capaces de distinguir lo que hay en esa figura que vemos un poco borrosa.
Si tenemos todo ello en cuenta, las encuestas pueden ser muy valiosas ya que iluminan zonas de la realidad que antes estaban en la oscuridad.
El próximo post, pasado el paréntesis del mes de agosto, el martes 1 septiembre 2026








