El accidente ferroviario de Ademuz segó la vida de 46 personas y sumió en un tremendo dolor a sus familias y allegados. Pocos días después, en una especie de amarga “réplica”, se produjeron dos accidentes en la red de Rodalies de Cataluña, resultando muerto un maquinista en prácticas.
Para quienes no hemos tenido una relación directa personal con estos sucesos, los medios de comunicación nos han ido confeccionando un relato de lo sucedido, que poco a poco ha ido pasando de la descripción cronológica de los hechos y las circunstancias individuales de algunas de las víctimas, a la investigación de las causas de fondo y la atribución de responsabilidades (o la evitación de las mismas).

Todos esos elementos han convertido el accidente de Ademuz en fuertemente “noticiable”. En el contexto de la tensa situación política del país y polarización de las opiniones, la tragedia humana se convierte rápidamente en un problema político de primera magnitud, donde los medios de comunicación y las declaraciones de las élites políticas caldean una vez más el ambiente enrarecido que respiramos. Si además estamos en pleno carrusel electoral -aunque por ahora sólo de elecciones autonómicas- la sensación que nos produce es que nuevamente tenemos más de lo mismo.
Una dinámica envenenada
En efecto, cuando un hecho de tal gravedad como el accidente ferroviario cae en manos del tandem formado por las élites políticas y los medios de comunicación, de una dolorosa noticia pasamos al conflicto político y de ahí al intento de sacar réditos electorales.
Fuera de ese tandem se nos relega a ser meros espectadores de la enésima bronca entre partidos. Aunque siempre hay algún tertuliano televisivo que nos echa la culpa: “no haberlos votado”, nos dicen.
Pero como he señalado varias veces en este blog, no votamos lo que queremos, sino lo que nos ponen a elegir entre un muestrario de listas electorales cerradas y bloqueadas, confeccionadas por las cúpulas de los partidos y compuestas por personas que deben a su jefe el que les haya puesto allí y no a los votantes.
Además, la polarización fomentada por el tandem antes aludido, nos aboca a votar no a favor de un partido sino en contra del opuesto, que nos han jaleado para que le odiemos.
¿Es que no hay otra alternativa?
Como ciudadanos de a pie no se trata de ponernos a indagar por nuestra cuenta si en los Presupuestos Generales del Estado hay una asignación para el mantenimiento de las infraestructuras del AVE, ni la formalización de los contratos, ni si los informes de actuación están correctos.
Se puede hacer otra cosa.
En primer lugar, en el caso que nos ocupa, víctimas y familiares han comenzado a formar en Huelva una plataforma de afectados del ALVIA, siguiendo el ejemplo de las que se crearon (Asociación Plataforma Víctimas ALVIA 04155 y APAFAS) en el año 2013, tras el terrible accidente ferroviario de Santiago de Compostela: entonces de las 224 personas que viajaban en aquel tren Alvia, 144 resultaron heridas y 80 fallecieron.
Han tenido que pasar 11 años antes de dictarse la sentencia judicial del caso.
Ir más allá
La recién creada plataforma de Huelva ha recibido también el apoyo de una asociación de abogados especializada en accidentes y responsabilidad civil (Anava-RC).
El camino esbozado apunta a resarcir en lo posible a las víctimas directas y dilucidar las responsabilidades penales que hubiera lugar.
Pero si nos quedamos ahí, la historia del accidente de Santiago constituye un frustrante precedente, ya que ha demostrado que los problemas de fondo no se han resuelto y los accidentes se repiten.
Es necesario que las Administraciones Públicas y quienes ocupan cargos en las mismas den cuenta de sus actuaciones, pero no después de las tragedias. Para conseguirlo no basta con “pedirlo” ni tampoco votar al partido alternativo en la próxima convocatoria electoral.
Organizarse, conectar y actuar
El camino pasa por CONSTRUIR CONEXIONES EN EL SENO DE LA SOCIEDAD CIVIL, que obliguen a los poderes públicos a la transparencia y la rendición de cuentas. En lo que se refiere al accidente de Ademuz, junto a la plataforma que aglutinaría a las víctimas del mismo y sus apoyos jurídicos, existen otros actores sociales que tienen mucho que decir cada uno en su vertiente: las entidades profesionales de ingenieros de caminos, los sindicatos de maquinistas, los organismos independientes que fiscalizan las actuaciones públicas, las asociaciones de usuarios de los servicios ferroviarios y un largo etcétera.
Desconozco si en este caso estos actores se han puesto en marcha para conectar, como se forman las conexiones neuronales que desarrollan nuestro cerebro, pero en este caso para crear una sociedad civil fuerte que “ate en corto” al Estado, sea cual sea el partido político gobernante.
En países de nuestro entorno este tipo de dinámicas no son desconocidas, pero en España tenemos un fuerte déficit.
El próximo post dentro de dos martes, el 17 febrero 2026








