Hace unos días me propusieron participar en un programa Televisivo de estos de “Tardeo”, Tertulias y Tópicos de Turno para hablar sobre el “enfrentamiento generacional” en España y si los mayores están (estamos) explotando a los jóvenes.
El Tema tiene todos los ingredientes para ser candidato a ocupar unos moviditos minutos de televisión, y después dejar paso al siguiente asunto que figura en el guión del programa -transmitido por el pinganillo a la presentadora de turno- saltando a una nueva cuestión que probablemente no tenga nada que ver con lo que se acaba de “debatir”.
Nada que objetar a mi posible participación en el programa, si no fuera porque también tenía que “aportar” al OTRO interlocutor que creara la polémica, en la figura de un hijo o hija cuyos ingresos fueran inferiores a los míos, garantizando así “la discusión”.

Por desgracia una cuestión de fondo tan preocupante y grave como es la quiebra del Estado del Bienestar en los países occidentales se quiere abordar bajo el formato frívolo de la bronca a la que nos tienen acostumbrados las tertulias televisivas, donde el espectáculo prima sobre la reflexión necesaria y está sometido al yugo de la “tiranía” del tiempo, siempre presente en la programación de las cadenas de televisión.
Se me dirá que más vale esto que nada, pero creo que un tratamiento superficial y reduccionista de cuestiones importantes lo que hace es dificultar en vez de ayudar al análisis reflexivo y el intercambio de propuestas para su solución. Tampoco vale la excusa que el medio televisivo tiene que tener “gancho” en la forma de bronca tertuliana y que por tanto el espectáculo debería ser imprescindible, aun a costa del rigor y -al fin y al cabo- de la verdad. Pero pienso que el rigor no tiene por qué ser aburrido.
Los elementos que se han transformado
El Estado del Bienestar, es decir la garantía de protección social que se construyó tras las IIª Guerra Mundial en los países occidentales, ha ido deteriorándose desde entonces por causas objetivas y por cambios en las políticas de los partidos políticos mayoritarios de esos países.
Los tres pilares de ese Estado del Bienestar -el estado, el mercado y las familias- han recibido fuertes sacudidas, que sobre todo a partir de los años 70 han ido dejando más desprotegidas a las nuevas generaciones. Las nuevas oleadas de generaciones de trabajadores se encuentran al albur de “sus propios méritos”, sin la red de apoyos de decenios anteriores.
Además, hemos pasado de una pirámide demográfica en la que la mayoría de la población se encontraba inmersa en el mercado de trabajo -al menos los llamados “cabezas de familia”- y pocos eran los jubilados -los llamados “clases pasivas”-, a una situación casi contraria.
Pero también la prolongación de la esperanza de vida, sobre todo en los estratos con mejor nivel socio-económico, han provocado una acumulación de riqueza en particular en forma de propiedad inmobiliaria.
El colapso en el mercado de la vivienda, debido a la casi desaparición de la oferta de las mismas, ha castigado a las generaciones de jóvenes que justo en este momento aspiraban a crear nuevos núcleos familiares y acceder a una vivienda propia.
Los partidos políticos mayoritarios hasta los años 70 y 80 han dejado que los mecanismos de protección se hayan ido desmantelando, reduciendo sus políticas a la proliferación de programas de subvenciones que no hacen sino perpetuar la inseguridad.
Todo ello ha llevado a una situación de extrema inseguridad laboral y financiera de dichas generaciones. Que nadie se sorprenda si éstas se han hecho más receptivas a propuestas políticas populistas, tanto de extrema izquierda como de extrema derecha.
El cáncer de la polarización mediática, política y social
El análisis de la dinámica económico y social revela que no se trata de una fractura entre generaciones en bloque sino de un empobrecimiento progresivo de ese Estado del Bienestar que, en el caso español sólo favorecía a una parte (los varones “cabezas de familia” y de estratos superiores), y cuyos mecanismos de protección han saltado por los aires al intentarlos aplicar a las siguientes generaciones.
Éstas se encuentran con un camino cada vez más empinado para alcanzar el estatus social que entonces parecía accesible. La frustración y la polarización con que medios de comunicación y políticos presentan el problema puede acabar desembocando en un resentimiento que expone a la juventud a las maniobras manipuladoras de los nuevos “salvadores”.
En nuestras manos está evitar que eso suceda. Las soluciones hay que buscarlas en políticas públicas que fomenten el desarrollo económico, más allá de la mera gestión de los mercados financieros, y de la formación avanzada de mano de obra que la proteja de los vaivenes de cambio económico y tecnológico. Para ello es imprescindible quererlo hacer, más allá de dedicarse a ganar las siguientes elecciones.
El próximo post dentro de dos martes, el 26 mayo 2026








