Pensiones: ¡Peligro, campo minado!


Es sabida la aguda situación en la que se encuentra nuestro estado del bienestar: crisis demográfica, envejecimiento de la población, cuidado de la población dependiente, crisis de las pensiones, etc.

Todos los enfoques coinciden en que estamos en un momento crítico, que se agravará en próximos años si no se abordan las cuestiones pendientes. También se alude a la necesidad de alcanzar un nuevo contrato social, que tenga en cuenta distintas dimensiones sociales: el reparto de la riqueza, la protección de la población vulnerable, las diferencias de género, la protección del medio ambiente… y la dimensión intergeneracional.

Desde este último punto de vista parece que hay cierto consenso en la definición del problema y en la necesidad de ese nuevo contrato social intergeneracional. Es decir el qué y el cómo.

Lo que hay más dudas es en el por qué. Un contrato social (implícito o explícito) supone que cada parte cede algo para alcanzar un nuevo equilibrio en el que todas las partes encuentran un acomodo suficiente para sus intereses. Entre las generaciones de mayores y de jóvenes no está claro en qué -y por qué- cederían los primeros para favorecer a los segundos y al contrario.

Para “resolver” esta cuestión se invoca el diálogo intergeneracional.

Diálogo intergeneracional: ¿de qué vamos a hablar?

Hay que establecer un diálogo intergeneracional”, se dice. Lo que no está tan claro es el contenido de ese diálogo. Desde entidades y webs dedicadas a personas mayores se ofrece compartir con los jóvenes la experiencia vivida –la “sabiduría” acumulada– y contar con el “talento senior”. También se propone alojar jóvenes en domicilios de mayores y así crear un “espacio de convivencia”. Otras iniciativas consisten en visitas de mayores a centros de Enseñanza Primaria y Secundaria, creando una suerte de sesiones entre “abuelos” y “nietos”. Etc.

Lo que no aparece en el “temario” son cuestiones de economía, de estado del bienestar, de pensiones futuras, de mercado de trabajo, de acceso a la vivienda, etc.

Bendita” juventud

En los países desarrollados, en particular en España, la juventud ha experimentado en los últimos quince años dos golpes brutales.

  1. La crisis económica de 2008 disparó las cifras de desempleo hasta niveles insoportables para las generaciones jóvenes, sobre todo en España. Pero es que además los jóvenes son el único grupo de edad que no ha recuperado el nivel salarial desde la crisis de 2008.
  2. La pandemia de 2020 ha dejado -otra vez entre jóvenes y adolescentes- un impacto de malestar emocional (ansiedad, depresión, soledad…) del que a fecha de hoy no se han recuperado. Ese vacío e incomprensión por parte del resto de la sociedad ha sido interesadamente ocupado por las grandes empresas tecnológicas y sus redes (a)sociales.

En realidad las nuevas generaciones tienen unas perspectivas más oscuras que las que les han precedido. Pero no es una cuestión de edades, sino de desigual reparto de la riqueza también dentro de cada generación.

Hablando de pensiones: ¿hay que dejar de pagarlas?

El catedrático norteamericano Scott Galloway ha protagonizado polémicos titulares en la prensa española sobre el pago de pensiones.

  • Según ABC (13 mayo 2025) quiere eliminarlas: “Un profesor universitario aboga por dejar de pagar las pensiones a los jubilados: «Son la generación más rica de la historia»”.
  • La Vanguardia (12 mayo 2025) baja algo más el tono: “El polémico profesor universitario que aboga por suprimir gran parte de las pensiones a las personas mayores: «Algo no está funcionando bien»”.
  • infobae (13 mayo 2025) es un poco menos drástico: “Un profesor universitario propone recortar las pensiones a los jubilados: «No deberían cobrarla porque no la necesitan»”.
  • En fin, El Economista (12 mayo 2025) acota más la cuestión: “Un profesor universitario sugiere dejar de pagar las pensiones a un tercio de los jubilados: «Es la generación más rica de la historia»”.

En realidad Galloway dice que entre un 10 y un 30% no deberían recibir la pensión porque no la necesitan.

(¿Para qué estropear un titular sensacionalista?)

En el otro extremo una publicación denunciaba (¿?) al más puro estilo de discurso de odio (“hate speech”) que la juventud española estaba siendo atracada por un electorado envejecido.

Pero el sistema actual de pensiones es notoriamente injusto, no sólo respecto a las futuras generaciones sino entre los pensionistas actuales: más de la mitad de los jubilados cobran una pensión por debajo del salario mínimo. Según el Banco de España, rentas y riqueza en la población mayor presentan diferencias mucho más agudas que entre los jóvenes. Además, los ajustes se están haciendo endureciendo las pensiones futuras. Galloway tiene razón, aunque con porcentajes menores para España.

Blindar las Pensiones: ¿tal y como están?

Por eso discrepo de la propuesta de la Mesa Estatal por el Blindaje de las Pensiones (MERP) si sólo se piensa “blindar” el sistema sin reformarlo profundamente.

El próximo post dentro de dos martes, el 10 junio 2025

Reconquistando el mundo analógico

Agradezco de corazón a las personas que dedican unos minutos de su tiempo a leer las entradas de este blog; más aún a quienes además añaden un “me gusta” y más todavía a quienes se molestan en escribir un comentario.

Algún lector me ha dicho que, aunque no está de acuerdo con todo lo que escribo, muchos de los posts los discute con un grupo de personas cercanas. Esto para mí es música celestial, no tanto por haber sido leído sino sobre todo por poder aportar mi granito de arena al intercambio de ideas de un grupo de personas; y más aún viniendo este comentario de alguien que no coincide al cien por cien con mis puntos de vista.

Cuando les pregunto a mis hijos si han leído mi último post me contestan sorprendidos: “Por supuesto que no”. Pero esto no les impide ponerme un “like” en la única red social en la que publico cada entrega, porque añaden: “¿Para qué lo vamos a volver a leer si sus contenidos ya los hemos discutido contigo [en alguna sobremesa en casa]?”

Intercambiar opiniones diferentes merece la pena

Creo poder decir que tengo amistades y personas cercanas que cubren prácticamente todo el arco ideológico existente, desde la extrema derecha a la extrema izquierda. Cuando la discusión se entabla -a partir de una base de respeto al otro- siempre se descubre que la otra persona tiene razón en algo que tú no habías contemplado hasta entonces, o al menos que lo que defiende tiene un por qué que no habías tenido en cuenta y deberías añadir a tu enfoque para mejorarlo y completarlo.

Porque cuando comprendes por qué propugna lo que dice -aunque no tenga razón- cuentas con la oportunidad de hacer más sólida tu argumentación y remover obstáculos para que tu interlocutor entienda mejor lo que expones.

Tu planteamiento nunca va ser perfecto, incluso podría ser equivocado, por lo que un contraste con otro punto de vista siempre será beneficioso: eso sí, siempre que contemos con la capacidad de rectificar nuestra manera de ver las cosas.

Cara a cara

Realmente esta situación sería la ideal: poder intercambiar cara a cara las cuestiones que nos preocupan y que deberían ser objeto de una reflexión colectiva. En ese sentido, he tenido la suerte de ser invitado por alguna entidad en impartir una pequeña conferencia cara a cara, titulada “¿Nos quieren digitales?”. A veces la audiencia ha sido de cuatro personas. Habrá quien piense: “¡Vaya forma de perder el tiempo!”. Yo no lo creo así. Hablar de estos temas en pequeño grupo permite una mayor profundidad al intercambiar puntos de vista, además de una cercanía entre personas que facilita el flujo de las ideas. Sin que ello quiera decir que renuncies a aspirar a poderlo exponer a un mayor número de personas.

Nos quieren digitales

Cuando no podemos debatir de forma presencial, el mundo internet intenta llenar ese vacío en el tiempo y en el espacio: nuestro ciber-mensaje puede llegar más allá del momento presente en el que lo emitimos y mucho más allá de las personas con las que estamos reunidas en ese momento. El problema es que en el mundo internet, que parece similar al mundo analógico, perdemos la interacción real entre personas y el escenario se llena de monólogos inconexos y a la postre en un diálogo de besugos.

Esa apariencia de realidad con la que nos tienta el mundo digital no es inocente: sabemos que las grandes tecnológicas nos quieren digitales y -si fuera posible- solamente digitales, ya que internet es una red pero de pescar: nuestros datos, nuestros sentimientos, nuestras preocupaciones, nuestros estados de ánimo, etc. con objeto de alimentar el Big Data y a la vez desplegar el micro-marketing.

¿Ciber-activismo?

¿Sirve internet para el cambio social? En los primeros momentos muchos comentaristas recibieron la aparición del mundo internet como un nuevo espacio de libertad, de acción colectiva y de oportunidad de cambio social y político. Páginas web como change.org son consideradas como el kilómetro cero de la protesta y del cambio para las mejoras sociales. Pero la realidad ha mostrado que internet se está convirtiendo en más bien lo contrario.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, recientemente elegido Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, señala que lejos de esa masa decidida de personas que al movilizarse genera poder y cambio, en internet lo que hay son enjambres digitales “a los que les falta decisión. No marchan. Se disuelven tan deprisa como han surgido. En virtud de esta fugacidad no desarrollan energías políticas. (…) Se precipitan solo sobre personas particulares, en la medida en que las comprometen o las convierten en motivo de escándalo”. Esto es ciber-bulling, no la movilización para que cambien las cosas.

Quizá por eso debemos reconquistar el mundo analógico y no darlo por superado.

El próximo post dentro de dos martes, el 27 mayo 2025