Las infraestructuras como valor estratégico

Para oír este post

Sólo cuando se producen catástrofes como las inundaciones de la DANA en 2024 o el descarrilamiento y choque de dos trenes de alta velocidad en Ademuz, nos acordamos que el diseño y mantenimiento de las infraestructuras de un país tienen una importancia crítica.

Advertencias no escuchadas

En lo que se refiere a las infraestructuras ferroviarias ya en marzo de 2022 el Banco Europeo de Inversiones, al conceder a Adif un préstamo de 90 millones de euros, aludía a que “la renovación de obras e instalaciones de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla se encuentran al final de su vida útil, y el objetivo [del préstamo era] mantener los altos estándares de disponibilidad, fiabilidad y seguridad requeridos para este tipo de infraestructura.

Se habla sobretodo del precio en vidas humanas debido a la falta de mantenimiento, pero también cabe contabilizar el impacto en los suministros necesarios para la actividad económica.

Los transportes forman parte de las denominadas infraestructuras críticas. Junto al ferrocarril, la red de carreteras españolas ofrece un panorama preocupante. Según un artículo publicado en julio pasado en la revista de la Dirección General de Tráfico “más de la mitad (el 52%) de las carreteras españolas presentan firmes con deficiencias graves o muy graves, con un total de 34.000 kilómetros que necesitan intervención urgente, a través de actuaciones que deberían llevarse a cabo en un plazo inferior a un año.

En lo que se refiere a los embalses, la Asociación de Ingenieros de Caminos denunciaba hace cuatro meses que España afronta un grave déficit de seguridad hidráulica: 3 de cada 4 presas estatales sin plan de emergencia implantado y 1 de cada 3 necesita refuerzo estructural.

Respecto a la protección de las infraestructuras eléctricas, el apagón de abril de 2025 es una muestra de la vulnerabilidad de las mismas.

Pero si hay una infraestructura crítica de primer nivel es la red internet. Esta vez era la Comisión Mixta (Congreso-Senado) de Seguridad Nacional la que advertía que España dispone de capacidades «relevantes» en materia de ciberseguridad, tanto en el ámbito público como en el privado, pero están «dispersas» y «con distintos niveles de madurez», y su coexistencia genera «solapamientos, duplicidades e ineficiencias».

Nuevas amenazas: el cambio climático

A los tradicionales riesgos para la seguridad nacional como el terrorismo internacional, la proliferación de armas de destrucción masiva o el crimen organizado se suman en la actualidad dos nuevas grandes amenazas.

La primera se refiere a los fenómenos extremos y no previstos derivados del cambio climático. La proliferación de incendios, inundaciones o el sometimiento de las infraestructuras a condiciones no esperadas son ejemplos de los riesgos que no habían sido tenidos en cuenta hasta ahora.

Un reciente informe explicaba por qué los modelos económicos utilizados por gobiernos, bancos centrales e inversores subestimaban cada vez más los riesgos climáticos, generando así una falsa sensación de seguridad. En idéntico sentido se pronunciaba la Agencia Europea de Medio Ambiente: Europa no está preparada para el rápido crecimiento de los riesgos climáticos.

La guerra híbrida

La segunda nueva amenaza es la llamada guerra híbrida (a veces llamada zona gris de las relaciones internacionales), en la que el enemigo con medios no convencionales apunta a instalaciones básicas de forma que las infraestructuras críticas son cada vez más blanco de ataques, lo que provoca graves interrupciones en los servicios esenciales. Rusia es el mejor ejemplo, pero no el único.

Qué se está haciendo en España y qué no

Cada vez que se produce un desastre en una infraestructura esencial o crítica, los medios de comunicación y las élites políticas reducen el acontecimiento a la enésima trifulca entre partidos, y más cuando hay víctimas mortales.

Es más sencillo y sensacionalista contabilizar las muertes producidas por la catástrofe que las vidas salvadas por un mantenimiento adecuado de las infraestructuras. En este caso no hay nombres ni apellidos concretos ni es fácil trazar una relación directa entre mantenimiento y beneficiarios.

Pero lo que NO estamos haciendo es transponer la Directiva Europea de 2022 relativa a la resiliencia de las entidades críticas, cuya fecha límite para incorporar a la legislación española era octubre de 2024. Bruselas nos dio un plazo añadido de dos meses más para hacerlo, que también ha sido ignorado.

En mayo de 2025 el Ministro del Interior anunció -por fin- la redacción de un anteproyecto de ley para reforzar la «Protección y Resiliencia» de las infraestructuras críticas, que incluía la transposición de la Directiva europea y cuyo texto está disponible en la web del Ministerio.

A fecha de hoy, el anteproyecto parece seguir durmiendo en el cajón de algún despacho gubernamental, al igual que otras docenas de proyectos que tampoco ven la luz. Habida cuenta de la raquítica producción legislativa de los últimos años y la enésima prórroga de Presupuestos Generales del Estado, seguiremos teniendo, por desgracia, unas infraestructuras desprotegidas.

El próximo post dentro de dos martes, el 3 marzo 2026.

Tras la tragedia ferroviaria

Para oír este post.

El accidente ferroviario de Ademuz segó la vida de 46 personas y sumió en un tremendo dolor a sus familias y allegados. Pocos días después, en una especie de amarga “réplica”, se produjeron dos accidentes en la red de Rodalies de Cataluña, resultando muerto un maquinista en prácticas.

Para quienes no hemos tenido una relación directa personal con estos sucesos, los medios de comunicación nos han ido confeccionando un relato de lo sucedido, que poco a poco ha ido pasando de la descripción cronológica de los hechos y las circunstancias individuales de algunas de las víctimas, a la investigación de las causas de fondo y la atribución de responsabilidades (o la evitación de las mismas).

Todos esos elementos han convertido el accidente de Ademuz en fuertemente “noticiable. En el contexto de la tensa situación política del país y polarización de las opiniones, la tragedia humana se convierte rápidamente en un problema político de primera magnitud, donde los medios de comunicación y las declaraciones de las élites políticas caldean una vez más el ambiente enrarecido que respiramos. Si además estamos en pleno carrusel electoral -aunque por ahora sólo de elecciones autonómicas- la sensación que nos produce es que nuevamente tenemos más de lo mismo.

Una dinámica envenenada

En efecto, cuando un hecho de tal gravedad como el accidente ferroviario cae en manos del tandem formado por las élites políticas y los medios de comunicación, de una dolorosa noticia pasamos al conflicto político y de ahí al intento de sacar réditos electorales.

Fuera de ese tandem se nos relega a ser meros espectadores de la enésima bronca entre partidos. Aunque siempre hay algún tertuliano televisivo que nos echa la culpa: “no haberlos votado”, nos dicen.

Pero como he señalado varias veces en este blog, no votamos lo que queremos, sino lo que nos ponen a elegir entre un muestrario de listas electorales cerradas y bloqueadas, confeccionadas por las cúpulas de los partidos y compuestas por personas que deben a su jefe el que les haya puesto allí y no a los votantes.

Además, la polarización fomentada por el tandem antes aludido, nos aboca a votar no a favor de un partido sino en contra del opuesto, que nos han jaleado para que le odiemos.

¿Es que no hay otra alternativa?

Como ciudadanos de a pie no se trata de ponernos a indagar por nuestra cuenta si en los Presupuestos Generales del Estado hay una asignación para el mantenimiento de las infraestructuras del AVE, ni la formalización de los contratos, ni si los informes de actuación están correctos.

Se puede hacer otra cosa.

En primer lugar, en el caso que nos ocupa, víctimas y familiares han comenzado a formar en Huelva una plataforma de afectados del ALVIA, siguiendo el ejemplo de las que se crearon (Asociación Plataforma Víctimas ALVIA 04155 y APAFAS) en el año 2013, tras el terrible accidente ferroviario de Santiago de Compostela: entonces de las 224 personas que viajaban en aquel tren Alvia, 144 resultaron heridas y 80 fallecieron.

Han tenido que pasar 11 años antes de dictarse la sentencia judicial del caso.

Ir más allá

La recién creada plataforma de Huelva ha recibido también el apoyo de una asociación de abogados especializada en accidentes y responsabilidad civil (Anava-RC).

El camino esbozado apunta a resarcir en lo posible a las víctimas directas y dilucidar las responsabilidades penales que hubiera lugar.

Pero si nos quedamos ahí, la historia del accidente de Santiago constituye un frustrante precedente, ya que ha demostrado que los problemas de fondo no se han resuelto y los accidentes se repiten.

Es necesario que las Administraciones Públicas y quienes ocupan cargos en las mismas den cuenta de sus actuaciones, pero no después de las tragedias. Para conseguirlo no basta con “pedirlo” ni tampoco votar al partido alternativo en la próxima convocatoria electoral.

Organizarse, conectar y actuar

El camino pasa por CONSTRUIR CONEXIONES EN EL SENO DE LA SOCIEDAD CIVIL, que obliguen a los poderes públicos a la transparencia y la rendición de cuentas. En lo que se refiere al accidente de Ademuz, junto a la plataforma que aglutinaría a las víctimas del mismo y sus apoyos jurídicos, existen otros actores sociales que tienen mucho que decir cada uno en su vertiente: las entidades profesionales de ingenieros de caminos, los sindicatos de maquinistas, los organismos independientes que fiscalizan las actuaciones públicas, las asociaciones de usuarios de los servicios ferroviarios y un largo etcétera.

Desconozco si en este caso estos actores se han puesto en marcha para conectar, como se forman las conexiones neuronales que desarrollan nuestro cerebro, pero en este caso para crear una sociedad civil fuerte que “ate en corto” al Estado, sea cual sea el partido político gobernante.

En países de nuestro entorno este tipo de dinámicas no son desconocidas, pero en España tenemos un fuerte déficit.

El próximo post dentro de dos martes, el 17 febrero 2026