De aquí a una semana, el martes 5 de noviembre, se celebran las elecciones presidenciales en Estados Unidos. El resultado tendrá sin duda repercusiones en todo el mundo. Aun sin saber a fecha de hoy quién va a ganar, la mayoría de europeos observa estupefacta cómo en torno al 50% de los norteamericanos apoya a Donald Trump. ¿Es posible, nos preguntamos, que respalden a una persona considerada una amenaza para el futuro del planeta? ¿Es que uno de cada dos norteamericanos es fascista?

Lo que sienten los votantes
Como escribe el politólogo Wayne A. Selcher “muchos de ellos sienten resentimiento por haber sido dejados atrás o marginados por amplios cambios sociales y económicos, como el porcentaje decreciente de blancos en la población, la inmigración ilegal masiva proveniente de países en desarrollo, el declive de las creencias religiosas, la globalización, los ingresos que caen por debajo del costo de vida y el cambio de una economía manufacturera y minera de trabajo físico a una economía orientada a los servicios y al conocimiento que favorece a los residentes urbanos más educados”.
Para muchos sectores tradicionales de trabajadores y clases medias empobrecidas no valen Rentas Básicas Universales o Ingresos Mínimos Vitales. Sienten que se les ha arrebatado la dignidad que provenía del esfuerzo que venían realizando estos últimos años y que merecía un reconocimiento social mejor. Son los llamados nuevos pobres creados por la crisis de 2008 y que pueden recibir un severo agravamiento en profundidad y extensión en la crisis que viene. Si además sienten que otros «más pobres» son los que reciben las ayudas, subvenciones y apoyos encontramos a los que la socióloga norteamericana Arlie Hochschild describía en su libro Extraños en su propia tierra: los «dejados atrás» que van alimentando una respuesta emocional no exenta de amargura.
Por eso el slogan “Make America Great Again” (“Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande”) refleja a la vez ese sentimiento de pérdida y nostalgia hacia un pasado que sin embargo para muchos votantes era un pasado de pobreza y miseria, pero también un pasado con orgullo propio.
Lo que representa Donald Trump
El candidato aborrece del “establishment” político -la casta, que diría Pablo Iglesias- representado por el Gobierno Federal y por los propios partidos políticos.
Pero además Donald Trump es millonario. Y lo que para muchos europeos sería un sinónimo de explotador, en Estados Unidos lo es de triunfador. Algo que nos recordaba hace pocas fechas Daron Acemoglu, Premio Nobel de Economía de este año.
De ahí la paradoja de que muchos votantes hispanos ignoren los ataques de Trump hacia los migrantes y busquen más bien verse reflejados en ese triunfador millonario, cuyo estatus social respetan y al que aspiran acercarse lo más posible.
Sus votantes no esperan de los discursos de Trump razonamientos sesudos, sino más bien emociones, entusiasmos y restitución de aquéllo que sienten haber pedido.
Dejando atrás
Sea cual sea el resultado electoral los problemas de fondo siguen estando presentes. Los cambios demográficos, medioambientales, tecnológicos y socio-económicos están ahí y es suicida ignorarlos. Lo importante es que la torpeza con que se están abordando no tienen en cuenta que sectores crecientes de la población se están quedando atrás.
Si no se aborda el fracaso escolar, la precariedad laboral y las dificultades de los jóvenes para acceder a una vivienda, que además impacta en la caída de la natalidad y el futuro de sus pensiones, los estamos dejando atrás.
Si no se facilita a la población rural la adaptación de la economía agrícola y ganadera a las nuevas exigencias medioambientales sino que se les carga de requisitos y burocracia y se ignora el despoblamiento, los estamos dejando atrás.
Si no se desarrollan políticas activas de re-industrialización que compensen la reducción de los sectores más tradicionales, a la vez que se aborda la re-cualificación de quienes ven sus oficios y trabajos de toda la vida -que eran la base de su orgullo laboral- cómo pasan a la historia, los estamos dejando atrás.
Si no facilitamos el manejo de las nuevas tecnologías a sectores de población mayor, adaptando la incorporación a su ritmo y necesidades, los estamos dejando atrás.
Por eso, más allá de escenificar estériles frentes anti-fascistas deberíamos reflexionar sobre las torpezas que vamos cometiendo al ir dejando atrás cada vez más y más gente, en nombre de una modernidad pueril.
Un caso famoso fueron los Demócratas Atari. Durante los años 1980 y 1990, la frase Atari Democrat se refería a los legisladores demócratas norteamericanos que sugerían que el apoyo y el desarrollo de empresas de alta tecnología y relacionadas estimularían la economía y crearían empleos. El término se refiere a la marca Atari de consolas de videojuegos y máquinas arcade, que fue famosa en la década de 1980. Ahora ya sabemos lo que son en realidad esas empresas tecnológicas.
El próximo post dentro de dos martes, el 12 noviembre de 2024

