Quién domina a quién
Byung-Chul Han, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, en su discurso de aceptación al hablar la tecnología afirmaba: «No habría problema si lo usáramos como instrumento. Lo que ocurre es que, en realidad, nos hemos convertido en instrumentos de los smartphones. Es el teléfono inteligente el que nos utiliza a nosotros, y no al revés».
Llevo varios años impartiendo talleres para grupos de personas mayores sobre nuevas tecnologías. El objetivo de mis talleres es que la gente pierda el miedo al teléfono, que digan ”yo domino el móvil y no es el móvil el que me domina a mí”.

Pero este enfoque no es el mayoritario y ahí tenemos un grave problema.
Pedagogía equivocada
Existe una muy extendida oferta de materiales y cursos destinados a que los mayores utilicen cada vez más las nuevas tecnologías, en especial el teléfono móvil. En la práctica totalidad de los casos la finalidad es “animar” a los mayores sobre las ventajas que tiene el uso de las nuevas tecnologías: entretenimiento, gestiones, contactos, etc. Es como si en las autoescuelas, en vez de enseñar a dominar el automóvil se mostrara la cantidad de sitios interesantes a los que se puede ir en coche.
Además se transmite la idea de que si no se usan las nuevas tecnologías la culpa es de la persona interesada, que además es un fósil del paleolítico.
Otra modalidad “pedagógica” es acumular centenares de videos y píldoras formativas en una página web, animando a los mayores a entrar en la misma para “auto-formarse” en esa jungla de contenidos sin estructurar -excepto con la lupa de “buscar”- y muchas veces obsoletos, incompletos o engañosos.
En fin, resulta más bien chocante que muchos de los programas de formación dirigidos a personas mayores estén financiados por Fundaciones de grandes bancos, empresas tecnológicas y otras entidades públicas o privadas, primeras beneficiarias en la intensificación del uso de las nuevas tecnologías y su consiguiente ahorro en los recursos que tendrían que dedicar para atender de forma “analógica” a la población.
Se trata de acciones formativas menos filantrópicas de lo que podría parecer y más cercanas a un ”lavado de cara social” o incluso a un simple cálculo de control de gastos y rentabilidad comercial.
Ignorando lo esencial
Siempre digo en mis talleres que los mayores no somo nativos digitales, NI FALTA QUE NOS HACE: es decir el mundo es sobre todo analógico, aunque el mundo digital puede ser una herramienta muy útil y eficaz, como complemento del anterior no como sustituto. Focalizarse sólo en el smartphone es un grave error.
El mundo digital exige que la persona usuaria asuma tareas que anteriormente le venían suministradas por servicios externos a ella. Antiguamente, íbamos con nuestra cartilla de ahorro a la ventanilla del banco, el cajero (físico) nos entregaba un efectivo con el que realizábamos la compra. Hoy necesitamos una cuenta corriente, un smartphone, un contrato con la empresa de telecomunicaciones, una dirección de correo electrónico, una aplicación instalada en el smartphone, un anti-virus, el uso de la tecnología NFC, la actualización permanente del software, etc.
Todos estos elementos requieren un agente que los conecte entre sí y garantice que el conjunto funcione. Ese agente somos nosotros. Hemos pasado de la economía de servicios a la economía del auto-servicio, con unos altos costes fijos y unos riesgos asumidos por nosotros mismos. Para una persona cuyos primeros 65 años los ha vivido en un entorno analógico la curva de aprendizaje es muy empinada.
Empezar por lo básico
Conozco personas mayores que cuando se les indica que toquen un icono en la pantalla de su móvil, aprietan la misma como si estuvieran tocando el timbre de la puerta. Naturalmente el efecto producido no es el esperado.
Interaccionar con el móvil a través de la pantalla, por gestos, por toques, con iconos, menús sucesivos, descubriendo nuevas pantallas, ajustando permisos y notificaciones, instalando nuevas Apps, aprendiendo el torrente continuo de nuevas funcionalidades, esquivando mensajes maliciosos, etc. es meterse de cabeza en un mundo completamente desconocido que a veces se puede parecer erróneamente a mecanismos que conocemos del mundo analógico (como tocar el timbre de la puerta).
No conozco ningún manual de usuario ni programa de formación que empiece por ayudar a las personas a avanzar en estos elementos básicos. Es como aprender un nuevo idioma, con su vocabulario, su sintaxis, su práctica interactiva y su entorno cultural que da sentido a muchos de los elementos de ese idioma.
En su lugar se nos ofrece una pantalla de ordenador con la lupa de buscar, una sesión online de dos horas, un fichero de 146 páginas en .pdf o alternativas similares.
Pero ese esfuerzo de muchas personas mayores por dominar su móvil y no ser dominados por él debería ser un ejemplo a seguir por mucha gente.
El próximo post dentro de dos martes, el 11 noviembre 2025
