Llevamos una larga temporada en la que las noticias sobre prácticas y redes corruptas llenan las portadas de todos los medios de comunicación: desde las entrañas del partido del gobierno hasta la asignación de viviendas de protección oficial a los “amiguetes” de turno en Alicante.
¿Impacto electoral?
Más allá de los procesos judiciales en marcha, la repercusión social de este estado de cosas está lejos de ser evidente. Puede que se produzcan votos de castigo contra las formaciones políticas protagonistas de los casos de corrupción, si se celebrasen nuevas elecciones en un futuro próximo. Pero las últimas convocatorias a nivel autonómico no han producido un cambio radical de gobiernos. A ello contribuye que las disputas entre partidos toman la forma de polarización extrema. Y si la corrupción la encontramos en todos los partidos mayoritarios no es de esperar que se produzcan vuelcos de 180 grados.

Y a nivel de la calle…
Algunos tertulianos televisivos se muestran sorprendidos porque “¡la gente NO se lanza a la calle!” para protestar por la situación. Pero es que, descontando las manifestaciones organizadas por partidos políticos concretos o sus organizaciones cercanas, no está claro cuáles serían las reivindicaciones a plantear. ¿Vamos a salir con pancartas de apoyo a la UCO, la UDEF o el juez de instrucción de cada caso? Porque mal que bien, el poder judicial y los cuerpos policiales a su servicio están realizando un excelente trabajo, a pesar de las zancadillas que se les intenta poner desde la cloaca investigada.
Hoy por hoy la ciudadanía está reducida a ser mera audiencia de unos medios de comunicación que nos abruman con la avalancha de detalles de las corruptelas, sazonados con los comentarios de una legión de tertulianos.
¿Y nadie se pregunta nada?
SÍ: hay preguntas que flotan en el ambiente, como éstas:
- ¿Es que todo es corrupción y más vale que nos vayamos acostumbrando a convertirnos en una “república bananera”?
- Dado que el cáncer de la corrupción ha alcanzado a todos los partidos mayoritarios, y que los apoyos externos al gobierno actual siguen exigiendo pruebas irrefutables y sentencias en firme antes de dejar de mirar hacia otro lado, ¿un cambio de gobierno garantizaría el final de la corrupción?
- Hechos no susceptibles de un procedimiento penal tales como el parón de la actividad legislativa; la inoperancia de ciertos ministerios (por ejemplo el de Vivienda, el de Transporte o el de la Transición Ecológica); la falta de Presupuestos Generales del Estado desde hace unos años; el uso partidista de la televisión pública, del CIS, o del Banco de España; el choque de trenes entre Congreso y Senado o entre Poder Ejecutivo y Poder Judicial; y un largo etcétera, ¿no tienen estos hechos un impacto socio-económico peor que las maniobras para rescatar empresas de amiguetes, inventar puestos de trabajo para familiares y amantes, o el presunto tráfico internacional de oro y petróleo por parte de un ex-Presidente de Gobierno?
- La desaparición de la corrupción ¿mejoraría la situación laboral de médicos, personal docente, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y otros colectivos -con puestos de trabajo, sí, pero cada vez más precarios- que ven cómo se degradan sus condiciones de trabajo sin que haya una respuesta oficial y ni siquiera se escuchen sus planteamientos?
- La desaparición de la corrupción ¿mejoraría las perspectivas de un trabajo digno y estable para la juventud, la posibilidad de acceder a una vivienda o la esperanza de poder optar algún día a una jubilación honrosa?
Lo que realmente va quedando
Como una triste broma, parecería que asistimos como espectadores a una serie de Netflix o similar, cuya primera temporada tiene una larga serie de episodios de sexo, poder y dinero, en la que políticos y supuestos defensores de la ley se corrompen, siguiendo un guión que cada vez presenta más ramificaciones. Lo único que falta es el ingrediente de la violencia, y así competir con las mejores series de mafiosos. Tampoco sabemos cuántas temporadas nos esperan, pero parece que va para largo.
Ojala sólo fuera una buena historia de ficción. Pero en sectores crecientes de la ciudadanía quedan dos graves preocupaciones. La primera es que nuevamente los políticos -la “casta”, que hubiera dicho en su momento Pablo Iglesias, aunque ya no desde que fuera vicepresidente de gobierno- se enzarzan en luchas de poder, pero esta vez echando mano de herramientas cada vez más sucias, inmorales y opuestas a los principios que se proclaman ante una cámara de televisión.
La segunda preocupación es que otra vez los problemas cotidianos que vive la ciudadanía -la inseguridad financiera y laboral-, se dejan para mejor ocasión… que nunca llega. Sólo tomando estos problemas en las manos de quienes los sufren -la sociedad civil- podremos tener la esperanza de una remontada, a base de construir consensos entre unos sectores sociales y otros.
El próximo post dentro de dos martes, el 23 junio 2026