La fusión de la política y los medios de comunicación

Si algo ha quedado claro durante la celebración del juicio oral contra el Fiscal General del Estado (FGE) es que política y medios de comunicación se han soldado para formar una sola pieza donde se juegan las grandes batallas entre partidos y bloques ideológicos.

Los testigos cruciales han sido periodistas de uno u otro perfil, de modo que a las ya habituales respuestas de testigos e investigados del tipo “No lo recuerdo” o “No me consta” se ha ha añadido la de “Me acojo al secreto profesional”. Ya no hay periodistas neutrales, sino “de los nuestros” o “de ellos”.

De la verdad al relato

Porque lo importante no es descubrir la verdad sino conseguir que nuestro discurso se imponga al de los contrarios. Como escribía en uno de sus más famosos mensajes el FGE “si dejamos pasar el momento nos van a ganar el relato”.

Y para ganar el relato, el dominio de los medios de comunicación es esencial. Éstos tienen una gran influencia en determinar de qué temas se hablan y llegan al publico, el enfoque que reciben y la forma en que se van configurando las opiniones.

Monopolizar el oído de la audiencia es hoy en día la batalla más importante. El escritor Oscar Wilde, famoso más allá de su obra literaria por la agudeza de sus citas ampliamente difundidas, sentenciaba: “que hablen de uno es espantoso. Que no hablen, es peor”. Y el pintor español Salvador Dalí añadía: «que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí aunque confieso que me gusta que hablen mal porque eso significa que las cosas me van muy bien».

Desde el gobierno a las redes sociales

Por eso hay que dedicar más tiempo a tuitear que a trabajar en el Ministerio que nos corresponda. Esto lo tiene claro el ministro Oscar Puente, famoso por su “trabajo” en X, antes Twitter. En sus primeros 19 días al frente del Ministerio había publicado ya 100 tweets. Su estilo es el clásico de este medio: no tiene reparo en usar una foto del metro de París para criticar el metro de Madrid; usa varias cuentas para auto-alabarse; emplea un estilo bravucón: «en las redes se juega duro y, si no lo haces, pasas desapercibido y eres irrelevante», dice; etc.

Oscar Puente, sin embargo, está muy lejos del maestro tuitero: Donald Trump. El Presidente norteamericano creó su propia red social al estilo Twitter: Truth Social. La “producción” de Trump en esta plataforma es abrumadora, aunque parece que no escribe más que el 5% de los tuits. Sus posts utilizan habitualmente inteligencia artificial y un lenguaje agrio y despectivo para intimidar a quienes no están de acuerdo con él.

TikTok en alza

Sin embargo, la tendencia actual va más allá de los clásicos tuits. Eso lo ha entendido perfectamente el otro guardia de corps del Presidente de Gobierno: el Ministro Bolaños, o “Super-Bolaños” como se auto-nombra en su reciente actuación en TikTok, un vídeo que rompe moldes y unas cuantas cosas más.

TikTok se ha convertido en la red social con mayor relevancia y presencia de “influencers” y todo tipo de personas deseosas de producir un impacto, en particular entre las generaciones jóvenes. Un reciente estudio ha analizado el estilo y alcance de los líderes políticos europeos en esta plataforma. No siempre ganan los que tienen más seguidores. Lo que importa en la práctica política en TikTok no es el tamaño de la marca política, sino la capacidad de crear contenidos que encajen en la lógica del algoritmo. Destacan figuras de la extrema derecha, como Giorgia Meloni o Viktor Orbán, pero también (¡o sorpresa!) Pedro Sánchez. El truco no es hablar de política sino de los temas que en cada momento son virales, como el cambio de hora, el último disco de Rosalía, etc.

TikTok y la extrema derecha suelen ir bien de la mano, como parece ocurrir también en Finlandia o en Suecia. Según el diario El País en España Vox tiene unos 750.000 seguidores en TikTok, más del doble que PSOE (150.000), Sumar (85.000) y PP (70.000) juntos.

En fin, tampoco despreciemos las tertulias televisivas

El número de horas de televisión acaparadas por tertulianos es abrumador, sólo comparable con el tiempo dedicado a los concursos sobre conocimientos simples y básicos o los realities.

Para Pablo Iglesias, líder de Podemos, la cuestión está clara: «el debate parlamentario no sirve; los verdaderos parlamentos son los platós de televisión«. Más aún, recientemente reconoció que había negociado con el Gobierno para situar en tertulias de RTVE a trabajadores de su empresa Canal Red.

Habida cuenta del espectáculo -cada vez más claramente orquestado- de las sesiones parlamentarias en nuestro país, parece que hay un intento consciente de emigrar del Congreso de los Diputados a TikTok y similares. Incluso blogs como éste empiezan a oler a viejunos.

El próximo post dentro de dos martes, el 9 diciembre 2025

Elecciones vs. Democracia

Para una persona no habituada al espectáculo cotidiano de declaraciones y contra-declaraciones políticas en los medios de comunicación españoles, supongo que será una sorpresa encontrarse con la aparente coincidencia de posturas de los dos principales partidos políticos españoles: ambos reclaman elecciones anticipadas, sobre la base de constatar que el gobierno de turno se encuentra en fase terminal o está corrompido. El PSOE lo reclama en la Comunidad Valenciana y el PP respecto al gobierno central.

El argumento sería impecable si no fuera porque se exigen elecciones allí donde, además de estar en ese momento en la oposición, las encuestas vaticinan que mejorará el porcentaje de votos que apoyan las posiciones propias. Casualmente, allí donde se ocupa la posición de poder aquel argumento se desdeña y ningunea.

No nos encontramos con políticos con espíritu democrático sino políticos con intereses mezquinos de medrar o -al revés- de mantener el sillón a toda costa.

Cuando las elecciones no son democracia

La mera convocatoria a las urnas no significa de ningún modo que estemos gozando de un régimen democrático. Si no hay mecanismos para controlar lo que hacen las Administraciones Públicas, si los gobiernos no están sometidos al escrutinio de organismos independientes, si no existe separación real de poderes, si no hay transparencia, etc. esto no es un régimen democrático. Sólo votar cada cierto tiempo no garantiza la democracia.

Además, en el caso español la utilización de papeletas cerradas y bloqueadas significa que no estamos eligiendo a nuestros representantes, sino sólo votando a quienes las cúpulas de los partidos realmente han elegido, es decir “a los nuestros” (= a los suyos).

La alternancia (¿?) en el poder

Se argumenta también que una forma de controlar lo que hacen los gobiernos es la amenaza de perder las siguientes elecciones si no ponen en marcha actuaciones por el bien de la ciudadanía.

Por desgracia este mecanismo indirecto de control democrático ha dejado de ser relevante, si es que alguna vez lo fue. En primer lugar porque el día siguiente de la fecha de los comicios comienza la campaña para la siguiente convocatoria a las urnas. Este estado permanente de confrontación electoral no ayuda mucho al debate sereno de políticas reales para avanzar. Y como lo importante no son las actuaciones sino los “relatos” que llenan los medios de comunicación, al ciudadano de a pie se le ocultan los hechos bajo una maraña de declaraciones y contra-declaraciones, tertulias televisivas, bulos, etc. Todo ello con el objetivo de polarizar las opiniones, que es la forma más sencilla de atacar y defenderse; aunque la más dañina para un sistema democrático.

De alternancias en el poder tenemos en España una gran experiencia. Durante la Restauración monárquica del Siglo XIX (1871-1921) los partidos conservador y liberal se turnaban en el gobierno, apoyándose en un sistema que hundía sus raíces en la corrupción electoral, el clientelismo y el caciquismo, algunos de cuyos ecos resuenan en nuestros oídos actuales. Desde luego, democracia había poca, aunque hubiera votaciones en urnas.

Políticas ¿diferentes?

En otro lugar ya señalé que los grandes ejes de las políticas del PSOE y el PP -no las declaraciones para la galería, sino las actuaciones de verdad- en áreas como las relaciones internacionales, las políticas económicas, los mecanismos de participación ciudadana, etc. se parecen más de lo que aparentan los medios de comunicación. Fácilmente PP y PSOE compartirían un 90% de su ADN.

El 10% restante, en particular en el terreno de los derechos individuales basados en rasgos identitarios de unos y otros grupos sociales, se exacerba al máximo para tratar de ofrecer un “perfil diferente” para el consumo de las bases de cada partido. Una vez más esta polarización carcome las bases de un sistema democrático.

Cambio de época

Esta situación en España es en muchos aspectos similar a la que encontramos en otros países europeos de nuestro entorno, pero también en el norte y el sur de América. Son sociedades cuyos años de prosperidad tras las Segunda Guerra Mundial están tocando a su fin, dando paso a partir de la década de los 80 a un creciente empobrecimiento de muchas capas de trabajadores antes cualificados y también de una buena parte de las llamadas “clases medias”. Se genera un sentimiento de pérdida cuando no perciben que los poderes públicos y otros segmentos sociales son sensibles a su situación, alimentando así posiciones políticas radicales, en particular hacia la derecha.

Precisamente gran parte de las bases electorales de PSOE y PP “pertenecen” a aquella época de bienestar, mientras que las nuevas generaciones de jóvenes ven pero no participan de tal prosperidad, sea cual sea la explicación que cada uno quiera dar.

Este proceso no es imparable. Requiere un nuevo “contrato social” entre distintos sectores sociales, cuya articulación debería ser tarea de las formaciones políticas, en vez de jugar con las urnas.

El próximo post dentro de dos martes, el 25 noviembre 2025

Los mayores y las nuevas tecnologías, ¿aprender o someterse?

Quién domina a quién

Byung-Chul Han, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, en su discurso de aceptación al hablar la tecnología afirmaba: «No habría problema si lo usáramos como instrumento. Lo que ocurre es que, en realidad, nos hemos convertido en instrumentos de los smartphones. Es el teléfono inteligente el que nos utiliza a nosotros, y no al revés».

Llevo varios años impartiendo talleres para grupos de personas mayores sobre nuevas tecnologías. El objetivo de mis talleres es que la gente pierda el miedo al teléfono, que digan ”yo domino el móvil y no es el móvil el que me domina a mí”.

Pero este enfoque no es el mayoritario y ahí tenemos un grave problema.

Pedagogía equivocada

Existe una muy extendida oferta de materiales y cursos destinados a que los mayores utilicen cada vez más las nuevas tecnologías, en especial el teléfono móvil. En la práctica totalidad de los casos la finalidad es “animar” a los mayores sobre las ventajas que tiene el uso de las nuevas tecnologías: entretenimiento, gestiones, contactos, etc. Es como si en las autoescuelas, en vez de enseñar a dominar el automóvil se mostrara la cantidad de sitios interesantes a los que se puede ir en coche.

Además se transmite la idea de que si no se usan las nuevas tecnologías la culpa es de la persona interesada, que además es un fósil del paleolítico.

Otra modalidad “pedagógica” es acumular centenares de videos y píldoras formativas en una página web, animando a los mayores a entrar en la misma para “auto-formarse” en esa jungla de contenidos sin estructurar -excepto con la lupa de “buscar”- y muchas veces obsoletos, incompletos o engañosos.

En fin, resulta más bien chocante que muchos de los programas de formación dirigidos a personas mayores estén financiados por Fundaciones de grandes bancos, empresas tecnológicas y otras entidades públicas o privadas, primeras beneficiarias en la intensificación del uso de las nuevas tecnologías y su consiguiente ahorro en los recursos que tendrían que dedicar para atender de forma “analógica” a la población.

Se trata de acciones formativas menos filantrópicas de lo que podría parecer y más cercanas a un ”lavado de cara social” o incluso a un simple cálculo de control de gastos y rentabilidad comercial.

Ignorando lo esencial

Siempre digo en mis talleres que los mayores no somo nativos digitales, NI FALTA QUE NOS HACE: es decir el mundo es sobre todo analógico, aunque el mundo digital puede ser una herramienta muy útil y eficaz, como complemento del anterior no como sustituto. Focalizarse sólo en el smartphone es un grave error.

El mundo digital exige que la persona usuaria asuma tareas que anteriormente le venían suministradas por servicios externos a ella. Antiguamente, íbamos con nuestra cartilla de ahorro a la ventanilla del banco, el cajero (físico) nos entregaba un efectivo con el que realizábamos la compra. Hoy necesitamos una cuenta corriente, un smartphone, un contrato con la empresa de telecomunicaciones, una dirección de correo electrónico, una aplicación instalada en el smartphone, un anti-virus, el uso de la tecnología NFC, la actualización permanente del software, etc.

Todos estos elementos requieren un agente que los conecte entre sí y garantice que el conjunto funcione. Ese agente somos nosotros. Hemos pasado de la economía de servicios a la economía del auto-servicio, con unos altos costes fijos y unos riesgos asumidos por nosotros mismos. Para una persona cuyos primeros 65 años los ha vivido en un entorno analógico la curva de aprendizaje es muy empinada.

Empezar por lo básico

Conozco personas mayores que cuando se les indica que toquen un icono en la pantalla de su móvil, aprietan la misma como si estuvieran tocando el timbre de la puerta. Naturalmente el efecto producido no es el esperado.

Interaccionar con el móvil a través de la pantalla, por gestos, por toques, con iconos, menús sucesivos, descubriendo nuevas pantallas, ajustando permisos y notificaciones, instalando nuevas Apps, aprendiendo el torrente continuo de nuevas funcionalidades, esquivando mensajes maliciosos, etc. es meterse de cabeza en un mundo completamente desconocido que a veces se puede parecer erróneamente a mecanismos que conocemos del mundo analógico (como tocar el timbre de la puerta).

No conozco ningún manual de usuario ni programa de formación que empiece por ayudar a las personas a avanzar en estos elementos básicos. Es como aprender un nuevo idioma, con su vocabulario, su sintaxis, su práctica interactiva y su entorno cultural que da sentido a muchos de los elementos de ese idioma.

En su lugar se nos ofrece una pantalla de ordenador con la lupa de buscar, una sesión online de dos horas, un fichero de 146 páginas en .pdf o alternativas similares.

Pero ese esfuerzo de muchas personas mayores por dominar su móvil y no ser dominados por él debería ser un ejemplo a seguir por mucha gente.

El próximo post dentro de dos martes, el 11 noviembre 2025

Europa ante su declive

Un Premio Nobel para el apocalipsis

El Nobel de literatura de 2025 ha sido otorgado al húngaro László Krasznahorkai “por su obra cautivadora y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte”. En sus obras los personajes se mueven entre el miedo y el odio para desembocar en estallidos de violencia que no acaban resolviendo nada. De alguna forma es la descripción pesimista del futuro distópico que el autor vislumbra para su país pero también para el conjunto de Europa y la UE.

Europa: saltan las costuras

La bonanza vivida en Europa durante más de medio siglo tras la Segunda Guerra Mundial ha dado paso a la aparición de alarmas que se tenían por superadas y olvidadas. Algunas son las siguientes:

  • la crisis económico-industrial en un sector tan “europeo” como la industria del automóvil
  • la incapacidad de construir un futuro económico que conjugue el respecto al medio ambiente y reduzca las desigualdades sociales y territoriales
  • el cada creciente retraso en el ámbito del desarrollo de las nuevas tecnologías respecto a EEUU y China
  • el choque entre las políticas monetarias restrictivas y el estado del bienestar
  • la debilidad de los gobiernos de la mayoría de los países miembros, que impide el desarrollo de políticas económicas y sociales activas a nivel de Unión Europea y en cada uno de esos países
  • la amenaza militar de la Rusia de Putin tras su invasión de Ucrania, contra la que exhibe una preocupante incapacidad y división

Un ejemplo reciente: la cumbre europea de Copenhague

El 1 y 2 de octubre pasados la cumbre que reunió en dicha capital a los 27 miembros de la UE tenía como punto “estrella” de su agenda la constante amenaza de los drones rusos sobre territorio del bloque comunitario europeo: la denominada “guerra híbrida” desatada por la Rusia de Putin, orientada a indagar la capacidad de respuesta -o no- de los países europeos ante sus amenazas militares crecientes.

¿El resultado de la cumbre? Bochornoso. “Cuanto más se acerca la guerra híbrida de Rusia a las capitales europeas, menos parecen ponerse de acuerdo los líderes de la UE sobre cómo responder. Esa, al menos, fue la preocupante impresión que dejó una disonante cumbre de la UE en Copenhague”, comentaba el analista Paul Taylor en el periódico The Guardian. Y añadía: “La reunión fue una exhibición vergonzosa de las guerras territoriales, las disputas políticas y las agendas ocultas que plagan los intentos de construir una defensa europea coherente”.

Pero no estamos ante un hecho aislado. La trifulca en torno al nuevo sistema europeo de defensa, que incluye el caza de nueva generación (FCAS) enfrenta a Francia contra sus (ex)socios España y Alemania. Por su parte Italia hace también la guerra por su cuenta, en alianza con el Reino Unido y Japón, con un propósito similar.

La Unión Europea se muestra más desunida y débil que nunca en un momento crucial de su historia.

A las críticas procedentes desde el exterior de UE sobre su énfasis casi exclusivo en la regulación burocrática de la actividad económica (la denostada red tape) se unen últimamente voces internas que van desde los agricultores a los industriales alemanes o las empresas de telecomunicaciones.

Pero la carga burocrática no es el peor obstáculo. Es más bien la ausencia de iniciativa de los gobiernos por llevar adelante políticas económicas activas que lideren el desarrollo en tecnologías punta, con una población mejor formada y protegida socialmente. Es algo que hace más de un año señaló el Informe Dragui y que nadie ha hecho caso.

Sólo falta saber la velocidad a la que se producirá este declive y, en caso de un hundimiento rápido, su causa inmediata desencadenante. Porque como señalaba el Nobel de literatura Krasznahorkai “vivimos un cambio de época similar al fin de Roma, y es posible que triunfe la barbarie”.

¿San Benito al rescate?

No es una broma.

Tras el hundimiento del Imperio Romano, en su vertiente occidental, el caos se adueñó del panorama económico, social, político y militar. En medio de esta ruina cabía la posibilidad que el acerbo cultural, filosófico y artístico del saber greco-romano fuera barrido para siempre, bajo las patas de los caballos de los distintos pueblos godos asentados en la Península Itálica y en toda la cuenca occidental del Mediterráneo.

Durante el Siglo VI, en plena Alta Edad Media, Benito de Nursia inició la vida monástica basada en cuatro pilares: además del “Ora et Labora” (Reza y Trabaja), la vida se basaba en comunidades que asumían la delicada tarea de preservar la cultura greco-romana a través de sus libros laboriosamente copiados una y otra vez. Este modelo de equilibrio permitió salvar lo que parecía condenado a desaparecer.

Quizá estemos ya en una fase en la que conviene pensar qué hacer tras el diluvio.

El próximo post dentro de dos martes, el 28 octubre 2025

A quién hacer caso

Cómo nos enteramos de lo que acontece

La inmensa mayoría de los acontecimientos de los que tenemos conocimiento es porque alguien nos lo ha contado -una persona o un medio de “comunicación”- pero no porque tengamos una experiencia directa de los mismos. Y aquél que nos lo cuenta siempre hace una interpretación del mismo: es decir selecciona los aspectos que considera importantes y los sitúa en un marco que da un sentido a lo que ha ocurrido. Además tampoco podemos “enterarnos” de TODO lo que ocurre o ha ocurrido; quien nos informa escoge aquel o aquellos acontecimientos que supone más importantes. En fin, tanto los contenidos informativos como nuestra capacidad de atención tienen unos límites y lo que hoy parecía un acontecimiento relevante mañana queda relegado al olvido, desplazado por otro de mayor atractivo, interés o actualidad.

Internet, el mega-medio de comunicación y la ilusión “colaborativa”

La irrupción de internet ha posibilitado la multiplicación hasta el infinito de las fuentes de contenidos, que no necesariamente de información. Pero lejos de democratizar los canales de comunicación, nuestra reducida capacidad de atención permite que el flujo de contenidos caiga en manos de las grandes empresas tecnológicas que dominan las plataformas de redes sociales y demás canales.

Frente a ello todavía perdura la ilusión de que las opiniones colectivas vertidas en internet son una especie de foro democrático, que expresa el sentimiento y voluntad de la mayoría. Todavía nos creemos, por ejemplo, que a la hora de pensar en un hotel o un restaurante las opiniones de la muchedumbre de usuarios nos ayudarán a valorar lo que nos vamos a encontrar: ¿verdad? PUES NO.

TripAdvisor es una conocida web en la que los usuarios depositan sus opiniones sobre hoteles y restaurantes, supuestamente de forma libre e independiente. Pero un su último informe de transparencia para 2024 confesó haber tenido que eliminar 2,7 millones de reseñas fraudulentas de sus páginas. Además cerca de 9.000 empresas recibieron advertencias por incentivar a los usuarios a dejar reseñas, «sobornar» a los clientes o «recompensar» a los empleados para obtener calificaciones positivas, Y al menos 360.000 reseñas eliminadas estaban relacionadas con programas de incentivos para empleados, en los que las empresas ofrecen recompensas a su personal a cambio de comentarios positivos. ¿Verdad que alguna vez nos han sugerido que pongamos una buena reseña, incluso incluyendo el nombre del empleado, con una puntuación mínima de…?

Ante esta situación el actual Gobierno de Italia ha aprobado una nueva legislación para el control de de las reseñas de hoteles y restaurantes. ¿Es suficiente?

Una industria basada en una montaña de mentiras

El problema supera con creces el ámbito del sector turístico. Todo el espacio de internet basado en la supuesta sabiduría de las muchedumbres -siguiendo el best-seller de James Surowiecki The Wisdom of Crowds– es susceptible de manipulación y de hecho lo es.

Cualquier “creador” de contenidos puede comprar seguidores y “likes”, en particular en Instagram, pero también en multitud de otros sitios. Una investigación de la Comunidad de Madrid de hace dos años reveló que “entre las tarifas más baratas figuran la adquisición de tráfico directo a una página web desde 56 céntimos de euro. Asimismo, por menos de 9 céntimos se obtienen 1.000 visualizaciones en TikTok, SoundCloud o IGTV. En el caso de las reproducciones, por 2 euros se consiguen 1.000 en YouTube o en Spotify. Por otro lado, supone una cifra más elevada la compra de seguidores de Instagram –1.000 por 4,3 euros– mientras que en el caso de me gusta –likes– cuestan 1,3 euros. Finalmente, otra de las prestaciones que conllevan cierta personalización son las reseñas en Google o en TripAdvisor, cuyo valor económico oscilan en torno a 1 euro por texto”.

Más valorada aún es la adquisición de “seguidores implicados”, es decir aquéllos que además [supuestamente] interactúan con el influencer de turno, mercado éste que cuenta también con su oferta de servicios.

Si tenemos un negocio del tipo que sea también podemos comprar reseñas de Google baratas.

No es extraño, por tanto, que la industria del marketing y la publicidad empiece a pensar que está comprando humo cuando hace “marketing de influencers”.

Las mafias también operan aquí

Cuando hay dinero, procedimientos opacos y falta de regulación las mafias aterrizan inmediatamente. En este caso la extorsión a pequeños negocios opera de modo tradicional: o se paga una cuota periódica a la organización correspondiente o nos inundan de reseñas negativas que pueden hundirnos la reputación. A veces el diluvio de críticas es previo y el pago del “impuesto” hace que nos quiten la basura que nos ha caído.

Este mundo de falsedades en crecimiento exponencial puede agravarse con el uso masivo de la inteligencia artificial, de modo que [casi] nada de lo que nos devuelva una búsqueda en internet es real, como apunta un artículo de The Economist.

El próximo post dentro de dos martes, el 14 octubre 2025

Contemplar o transformar

Mi [pesimista] visión

Hace 15 años Peter Turchin, científico especializado en la evolución histórica de las sociedades, hacía en la revista nature una pesimista predicción sobre el mundo occidental: “Es probable que la próxima década sea un período de creciente inestabilidad en Estados Unidos y Europa Occidental. (…); las sociedades humanas complejas se ven afectadas por olas recurrentes y predecibles de inestabilidad política. En Estados Unidos, tenemos salarios reales estancados o en descenso, una brecha creciente entre ricos y pobres, una sobreproducción de jóvenes graduados con títulos avanzados y una deuda pública en aumento. Estos indicadores sociales, aparentemente dispares, en realidad están relacionados dinámicamente entre sí. (…) Históricamente, estos acontecimientos han servido como indicadores principales de una inminente inestabilidad política. (…). También estamos entrando en una fase de desaceleración en la llamada onda de Kondratiev, que traza ciclos de crecimiento económico de 40 a 60 años. Esto podría significar que las futuras recesiones serán graves”.

Por desgracia la historia reciente está dando la razón a Turchin y, dados los efectos de la crisis de 2008 y el impacto del COVID-19, parece que incluso se quedó corto. El cuadro se completa con nuevos hechos: la invasión rusa de Ucrania; la masacre del ejército israelí sobre la población de Gaza provocada -aunque no justificada- por el terrorismo de Hamas; la creciente violencia política en Estados Unidos; y la inestabilidad social y política de los principales países de Europa Occidental, empezando por nuestro país.

No creo que en los próximos años vayamos a ir a mejor, al menos no sin antes haber pasado por una “purga” que esperemos no sea militar…

¿Qué nos toca hacer?

Ante este panorama cabe adoptar actitudes y posiciones diferentes.

En primer lugar podemos resignarnos simplemente a lo peor, tal y como hacían los dos jóvenes protagonistas en la película Paseo por el amor y la muerte, (John Huston, 1969) esperando la inexorable muerte que se aproximaba, en el contexto turbulento de la Guerra de los 100 años (1337-1453).

También podemos adoptar la postura negacionista (“esto es normal y ocurre siempre”) y dedicarnos a “nuestras cosas”, pensando que nada que hagamos cambiará la situación, así que para qué preocuparse.

Una tercera opción es adoptar lo que el sociólogo Max Weber llamaba la ética de la convicción en oposición a la ética de la responsabilidad. Así, “cuando las consecuencias de una acción realizada conforme a una ética de la convicción son malas, quien lo ejecutó no se siente responsable de ellas, sino que responsabiliza al mundo, a la estupidez de los hombres o a la voluntad de Dios que los hizo así” (La política como vocación, conferencia pronunciada en 1919, en los albores de la República alemana de Weimar, antesala del nazismo). En nuestro mundo de hoy abundan ejemplos de esta ética de la convicción, que van alimentando la creciente polarización y crispación, social y políticamente suicidas.

Lo que sí es posible

Partiremos de varias premisas:

  • es necesario fortalecer el tejido social -la “sociedad civil”- que es la base para una sociedad más igualitaria, próspera y con capacidad para resolver ordenadamente sus conflictos internos. Sin esta base, cualquier andamiaje electoral está condenado a reproducir las mismas nefastas disputas por cada voto, en las urnas, en la calle o en el Parlamento. Sólo una sociedad civil fuerte puede aspirar a llegar a un nuevo pacto social que ponga el aparato del Estado a su servicio, tal y como Acemoglu y Robinson, autores del famoso libro Por qué fracasan los países, nos recordaban en una obra más reciente, El pasillo estrecho,
  • siempre hay un comienzo modesto de los grandes proyectos; siempre hay un primer paso para los grandes recorridos
  • siempre podemos hacer algo. Es tentador pensar que no hay nada que hacer, que es imposible hacer nada. Es indispensable superar esa tentación: TODOS podemos aportar algo (querer es poder)

Ingredientes” necesarios:

  • se trata de indagar las cualidades, conocimientos, habilidades, etc. que podemos aportar a colectivos mayores o pequeños de nuestro entorno, haciendo para éstos que algún aspecto de su vida mejore. La buena noticia es que SIEMPRE hay algo que aportar
  • el objetivo es construir lazos y “tejido” social, ayudar en algún aspecto necesario, etc.
  • el punto de partida puede ser nuestra red cercana de relaciones, pero también los centros vecinales o similares de nuestro hábitat cercano, o las asociaciones u ONGs orientadas hacia campos más afines con nuestra aportación
  • lo ideal es ponerlo en práctica con otras personas, tanto por la propia actividad en sí como por las sinergias que se crean… y por la compañía y el enriquecimiento personal!

Sé que todo lo anterior puede sonar un poco voluntarista, idealista y bastante poco práctico. Hasta incluso inútil. No lo veo así. Pero como siempre estoy abierto a comentarios, ampliaciones y diferencias de opinión.

El próximo post dentro de dos martes, el 30 septiembre 2025

Dana, incendios: tropezando una y otra vez…

Tras el desastre de muerte y ruina que hace diez meses trajo la DANA en la Comunidad de Valencia y parte de la de Castilla-La Mancha, este verano hemos vivido el mazazo de una oleada de incendios centrada sobre todo en el noroeste de la Península.

¿Habíamos entonces aprendido algo que nos hubiera servido para afrontar mejor la nueva crisis?

Una DANA que no cesa

A diez meses de distancia es doloroso repasar la retahíla de promesas de apoyos y ayudas dirigidas a la población y localidades afectadas por la DANA, cuando al día de hoy leemos “que a dos meses de cumplirse el primer aniversario de una catástrofe que dejó 228 personas fallecidas en octubre de 2024, hay mucho dolor. La recuperación emocional será más larga y necesita tiempo y sosiego. Más allá de lo interno, el escenario físico de los municipios afectados todavía tiene muchas infraestructuras que siguen congeladas en el barro y todavía sin evolución para su reapertura”.

Todavía al día de hoy el conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras y Territorio, Vicente Martínez Mus, afirma que la zona cero no está preparada: “¿Estamos preparados? No, no hemos mejorado demasiado”.

¿Cómo no se van a producir reacciones de rabia, impotencia y animosidad hacia los políticos en su conjunto, cuando la DANA ha revelado la incompetencia de los que ocupaban cargos públicos, la descoordinación entre Administraciones y las broncas políticas, con el consiguiente sentimiento de abandono de los afectados?

No solamente estamos muy lejos de volver a la situación previa al desastre -la famosa “resiliencia” de la que tanto se habla hoy en día- sino que todos los planes de prevención de fenómenos “naturales”, que una legión de expertos nos estuvieron proponiendo durante semanas en las tertulias televisivas, brillan por su ausencia (la verdad nunca creí que tuviéramos tanto experto en la materia, aunque no parece que den mucho de sí).

Incendios: tropezando en la misma piedra

En torno a los incendios este verano hemos vuelto a ser testigos de la incompetencia de los cargos públicos, de la descoordinación entre Administraciones, de las trifulcas políticas interesadas y del sentimiento de abandono de los afectados, malestar ciudadano que se ha reflejado en las encuestas.

Y en los platós televisivos otro nuevo montón de expertos nos han calentado los oídos con su “sapiencia” que sin embargo no parece haberse aplicado a la realidad del mundo rural. Pero en unos pocos días estos mismos tertulianos se dedicarán a otra cosa y dentro de diez meses alguien volverá a constatar lo poco que se habrá hecho en ese tiempo.

No es de recibo hablar de estos temas con la superficialidad de una noticia en el telediario sin tener una mínima perspectiva. Para empezar deberíamos denunciar, como hace la Fundación Civio, que ni siquiera se cuente con datos actualizados de los incendios ocurridos en España: “En la base de datos del Ministerio de Transición Ecológica, los datos completos para toda España solo llegan hasta 2017. Hay disponibles datos más actualizados, pero solo para algunas provincias”.

Tampoco parece admisible que las cuantías económicas que se ofrecen a los afectados sean de 18.000 € por fallecimiento o incapacidad total y 15.120 € por destrucción total de la vivienda.

El papel de la ciudadanía

Entre el aluvión de “noticias” un buen número de ellas han estado dedicadas a recoger declaraciones de los habitantes de las zonas afectadas y de quienes han protagonizado la lucha contra los incendios. Además de resaltar la aportación de grupos de jóvenes -como ya ocurriera en la DANA- se ha debatido si los lugareños estaban o no en mejor situación para combatir el fuego, o si debían seguir las indicaciones de las autoridades. Pero cuando las Administraciones Públicas brillan por su falta de transparencia en sus actuaciones y no gastan sus presupuestos de prevención de incendios, no es de extrañar que la población tome la iniciativa echando mano de la solidaridad vecinal. No debería ser así, ya que para algo deberían servir las instituciones locales, regionales y nacionales…

Hace veinte años el huracán Katrina destrozó la ciudad de Nueva Orleans, sumiendo a la población en la desolación y el caos, agravados por la descoordinación entre Administraciones y la falta de previsión. Un reciente estudio -reseñado en un periódico español– ha mostrado sin embargo que la capacidad de las poblaciones locales por recuperarse del desastre se ha visto favorecida por la existencia de una mayor cohesión social, en este caso apoyada en comunidades religiosas.

La existencia de un más sólido tejido social de base puede hacer que entornos rurales como los afectados logren sobreponerse a la adversidad o, al contrario, profundicen en su deterioro secular. Esto también es de aplicación a cualquier otro ámbito social. Nuestra aportación -la de todos- está al alcance de cualquiera de nosotros, como desarrollaré en otra ocasión.

El próximo post dentro de dos martes, el 16 septiembre 2025

¿Merece la pena luchar contra la mafia?

El pasado 14 de julio un tribunal de Roma condenó a Francesco Bidognetti -capo del clan de los Casalesi de la Camorra napolitana- y a su abogado Michele Santonastaso a un año y medio de cárcel por haber amenazado de muerte a los periodistas Roberto Saviano y Rosaria Capacchione, durante una de las sesiones de un proceso que se había celebrado 17 años antes.

La Camorra -variante mafiosa de la región italiana de la Campania- está catalogada como el tercer grupo de crimen organizado más grande del mundo. Además del narcotráfico, la Camorra se centra también en la contratación pública y el blanqueo de capitales, y sus clanes están infiltrados en el entramado político de las áreas en las que actúan.

¿Héroe nacional?

Calificado por el escritor Umberto Eco como un héroe nacional, Roberto Saviano es un periodista y escritor napolitano que con 27 años publicó en 2006 la novela Gomorra, en la que describe los negocios de la Camorra, basándose en hechos reales. La gran repercusión de la novela le valió a Saviano amenazas de muerte de camorristas. Desde entonces ha necesitado escolta policial y en 2008 tuvo que abandonar Italia. Él mismo reconoce que su vida ha sido un infierno: “Me han robado la vida, me han aplastado”, declaraba roto entre sollozos al oír la sentencia del tribunal de Roma, abrazado a su abogado.

Mafia: de tutelar a los desprotegidos a extorsionar a la población

En su orígenes sicilianos la Mafia era una confederación dedicada a la protección y el ejercicio autónomo de la ley (justicia vigilante): cuando los poderes públicos no quieren o no pueden proteger a la ciudadanía, surgen los clanes mafiosos para cubrir ese vacío. Desde ese inicio evolucionaron rápidamente al clientelismo, el crimen organizado, la extorsión, el asesinato y la penetración en los entresijos de las Administraciones Públicas y la alianza con el poder político y económico. Películas como “El Padrino, segunda parte” o “Gangs of New York” describen esos inicios en el contexto de la ciudad de Nueva York.

Pero no sólo en Italia

Las ramificaciones mafiosas se extienden por el mundo. El propio Saviano señalaba ya hace años que el país europeo más vinculado a la Camorra era sin duda España: “Es allí donde la Camorra ha establecido sus gigantescos negocios relacionados con el narcotráfico y el blanqueo de capitales ilícitos del sector inmobiliario”. Tan era así que los camorristas llamaban a la Costa del Sol Costa Nostra (‘nuestra costa’).

Un documental emitido en la televisión en 2019 revelaba cómo Barcelona se había convertido en el centro neurálgico de sus operaciones en toda la costa mediterránea. Un capo afirmaba: «La independencia de Catalunya es un telón para operar sin hacer ruido».

Cómo luchar contra la mafia

Las organizaciones criminales temen que se hable de ellas, que alguien lo cuente, más que cualquier otra cosa. El problema es la credibilidad que los políticos y medios de comunicación otorgan a quien lo cuenta. Tal y como reconoce el propio Saviano, “para que te crean hay que morir, como Falcone, o arriesgarse a morir. ¿En qué mundo vivimos?».

En un entorno de escándalos de corrupción continuos como el que vivimos actualmente en nuestro país parece que los negocios turbios de la mafia no son más que un episodio más, a los que no se les otorga mayor importancia, en especial si ninguna formación política puede sacar un rédito electoral de la cuestión. Los casos de corrupción en el seno de las formaciones políticas son también para la mafia un buen telón para operar sin hacer ruido.

No es el único obstáculo.

Cuando un año después del asesinato de dos guardias civiles en Barbate por parte de narcotraficantes, los familiares siguen denunciando la falta de medios, materiales y efectivos, gritando ante la Comandancia de Cádiz «No fue accidente, orden negligente» sabemos que las dificultades están más de este lado, que del opuesto.

Y haber tenido que esperar 17 años para que un tribunal emita una sentencia condenatoria es tener sentado en el banquillo, no a los denunciados, sino el periodista denunciante durante todo ese tiempo. En España la lentitud de la maquinaria de la justicia -por no hablar de la politización de sus principales organismos- es un regalo para el crimen organizado.

Roberto Saviano ha pagado con el infierno en que se convirtió su vida el coraje de denunciar lo que todos sabían pero a nadie le interesaba destapar. Esta omertá la vemos también en España cuando, por ejemplo, todos conocen de abusos sexuales en las organizaciones políticas o en la contratación irregular de “amigas” o familiares de políticos.

Saviano, «condenado» a vivir bajo protección policial, ha aconsejado a quienes quieran seguir investigando sobre el crimen organizado que no lo hagan solos: «Formad una red. No pongáis en juego solo vuestro cuerpo. No seáis ilusos», advierte.

El próximo post tras el paréntesis de agosto, el martes 2 septiembre 2025

La trampa de las redes sociales

Por qué estamos enganchados

En otro lugar comentaba cómo las redes sociales llenan de manera superficial y distorsionada el gran vacío de soledad de las sociedades actuales. La soledad no es un fenómeno que se circunscriba a las personas mayores o se dé en entornos en los que las estructuras familiares tengan menos importancia, como puede ocurrir en los países anglosajones. De hecho un reciente estudio detectaba que en España uno de cada cuatro jóvenes entre 16 y 29 años declaraban sentirse en una situación de soledad, situación que se agravaba más en el caso de las chicas. Otros estudios apuntan en la misma dirección.

Los años de confinamiento debido a la pandemia del COVID han ahondado más aún en esta situación, en particular en la generación que en su desarrollo personal y social debería haber estado explorando el mundo de las relaciones sociales y la creación de redes de amistad durante esos años: una etapa que difícilmente puede experimentarse a otras edades.

Síndrome FOMO

No te lo puedes perder”; “Lo más visto”; “De lo que todo el mundo habla”; “Las redes echan humo”… Estas proclamas y otras similares que recibimos diariamente nos advierten que no nos podemos quedar fuera de tal o cual corriente de comentarios supuestamente masivos. Es el síndrome del miedo a quedarse al margen de lo que aparentemente está sucediendo en el mundo, de quedarse fuera de juego cuando el resto de la humanidad va en otra dirección. El síndrome FOMO -por sus siglas en inglés (“Fear of missing out”)- sería «una aprehensión generalizada a que otros puedan estar viviendo experiencias gratificantes de las que uno está ausente». Y se nos dice que la única forma de no quedarnos al margen es estar metidos hasta las cejas en la redes sociales, ser seguidores (“followers”) de todos los famosos e “influencers” que podamos.

Los medios de comunicación tradicionales no son ajenos

A esta exagerada importancia otorgada a las redes sociales contribuyen también los medios de comunicación tradicionales, en particular las cadenas de televisión. Hay programas (“Zapeando”, “Aruser@s”, etc.) que se dedican en buena parte a comentar con tono jocoso pequeños clips procedentes de TikTok o redes similares: vídeos de “gatitos”, de niños o adultos dándose un buen golpetazo, etc. El contexto o la procedencia de lo que se muestra no importa. Lo principal es que se trata de un filón inagotable.

De las risas a los haters

En el otro extremo una práctica que parece extendida es criticar sin piedad a una persona más o menos famosa. Es la ciber-inquisición, a veces practicada por diversas corrientes “identitarias”. Pero no hay “celebrity” que no tenga un número sustancial de odiadores o haters.

Un caso reciente lo hemos vivido alrededor del futbolista Álvaro Morata, como si un penalti fallado fuera más importante que no haber sido capaz la selección nacional de fútbol de adelantarse en el marcador durante los largos minutos de juego reglamentarios. Otra vez los medios de comunicación tradicionales amplificaron hasta la extenuación la marea de haters contra el futbolista, aunque estos mismos medios no fueron capaces de decirnos de cuántos haters se trataba. Lo que sí sabemos es que no hubo más que UN detenido.

Pero el impacto sobre la persona “señalada” por ciber-inquisidores y medios de comunicación no es baladí. En Corea del Sur, por ejemplo, la epidemia de suicidios de jóvenes actrices empieza a ser más que preocupante.

Nuestra mejor cara… y la de los demás

Quien participa en una red social lo hace en lo fundamental para “ver y que te vean”. Y la imagen propia que tratamos de transmitir no va a ser precisamente la foto más horrorosa que tengamos en el móvil, sino justamente lo contrario. Es un terreno en el que en comparación con el ejército de influencers, celebrities y pibones profesionales tenemos todas las de perder, por mucho que nos esforcemos. Pero ello no impide que nos sintamos deprimidos si el eco de nuestra imagen en la redes sociales sólo cosecha comentarios negativos o simplemente no positivos.

“Altamente vulnerable pero extremadamente rentable”

Hace tres meses Sarah Wynn-Williams, ex-directora de Políticas Públicas Globales de Facebook, testificaba ante un comité del Senado de EEUU sobre algunas de las prácticas carroñeras que la red social llevaba a cabo para aumentar sus ganancias.

Facebook anima a quienes están en su red a publicar un “selfie” como parte de su perfil. En el caso del segmento de chicas entre 13 y 17 años cuando se detectaba que habían borrado dicha foto, se infería acertadamente que se sentirían deprimidas o tristes. Entonces Facebook aprovechaba para informar a los anunciantes sobre los estados emocionales de las adolescentes para ofrecer, por ejemplo, productos de belleza. Según reconocían en el seno del propio gigante tecnológico se trataba de un grupo de personas que era “altamente vulnerable pero extremadamente rentable”.

El próximo post dentro de dos martes, el 22 julio 2025

¿Elecciones?: la casa por el tejado

El estallido de la corrupción en el PSOE tiene todos los ingredientes para convertirse en un caso paradigmático: dinero, sexo, poder, chantajes, comportamientos mafiosos, traiciones, grabaciones ocultas, investigaciones policiales, procedimientos judiciales, etc. cuyos detalles se nos van revelando poco a poco como en una novela por entregas. Ahora que se han puesto de moda las series de “true crime” una vez más se nos muestra que la realidad supera a la ficción. Sólo cabe esperar que lo que suele ser la guinda del pastel -el asesinato- no forme parte de este caso.

Por ahora hay un solo ganador: el universo mediático de la prensa, la radio, las tertulias televisivas, los creadores de memes, los de bulos, los comentaristas ingeniosos y/o sesudos de uno u otro bando, los vociferantes indignados, etc. Todos ellos han encontrado un auténtico filón que por ahora parece inagotable.

Lo que da de sí la alternancia en el gobierno

Al nivel de las propuestas para salir del atolladero la convocatoria de elecciones anticipadas es la “solución” que con más frecuencia se escucha. Hasta la Conferencia Episcopal apoya la propuesta.

El principal argumento en contra que ha esgrimido Pedro Sánchez es que no va a “entregar las riendas del país a una coalición del PP con Vox”. Curioso razonamiento cuando siempre se ha dicho que uno de los valores de las democracias sería permitir la alternancia en el poder. Sorprende además ese miedo a perder cuando las encuestas que publica el CIS dirigido por Tezanos señalan una ventaja creciente del PSOE sobre el PP.

La alternancia en el gobierno tiene en España un precedente histórico bien conocido: el llamado “Turnismo”. Sabido es que tras el fracaso de la 1ª República los partidos conservador y liberal, dirigidos por Cánovas y Sagasta, se turnaban en el poder amañando las elecciones para que el gobierno pasara del uno al otro, sin que la situación social y económica del país mejorara un ápice: más bien lo contrario.

¿Es que la alternancia entre PP y PSOE está suponiendo un beneficio para nuestro sistema político? En absoluto. Sus políticas económicas -las de verdad, no las de boquilla-, su (falta de) transparencia, su desprecio por los bienes públicos, su obstrucción a la participación política de los ciudadanos, etc. no se diferencian en lo esencial, como ya señalé en otra ocasión.

Y a nivel de prácticas corruptas estamos en la carrera del “tú más”, superando cada gobierno al anterior del bando contrario. Pero hay un aspecto incluso más preocupante de deterioro democrático: el desmontaje sistemático de la separación de poderes y colonización de los órganos de supervisión y contrapeso del poder político: el Banco de España, el Centro de Investigaciones Sociológicas, el Tribunal de Cuentas, la Fiscalía General del Estado, la composición del Tribunal supremo y del Tribunal Constitucional, etc. son otros tantos ejemplos de lo que Levitsky y Ziblatt señalan en su libro Cómo mueren las democracias.

La nefasta partitocracia

Hay quien achaca todos los males del sistema político al llamado “régimen del 78”, es decir el texto constitucional de nuestra democracia. En realidad la fecha del inicio de los problemas de verdad hay que situarla años después cuando sucesivas Leyes Orgánicas concentraron todo el poder en los partidos políticos, convertidos en simples máquinas electorales al servicio de líder de turno:


“El excesivo partidismo existente en el aparato estatal se corresponde con un evidente raquitismo de los partidos a nivel social; es decir, la pérdida de su posición en la sociedad civil se compensa con su decisiva presencia en las principales instituciones del Estado, y su falta de financiación privada con la financiación pública, principalmente de índole electoral y con criterios electorales, ya que se trata de partidos de electores»

A.X. López Mira El sistema político español (p.76)

Como también dijo Jordi Sevilla, antiguo ministro socialista, «el problema de España no es el bipartidismo, sino la partitocracia». Y no estamos hablando sólo de PP y PSOE, sino también de los “nuevos” partidos y los concentrados en Comunidades Autónomas específicas. Porque ¿qué partido está dispuesto a renunciar a ese poder, una vez alcanzado?

Por eso, si no hay transformaciones radicales en la forma como se configura el reparto de poderes y la participación de la ciudadanía en la política, ir a unas nuevas elecciones -sin más- es ahondar en el problema y comenzar a construir la casa por el tejado.

En un excelente libro David Van Reybrouck (Contra las elecciones. Cómo salvar la democracia) señala cómo las últimas elecciones confirman el auge de los populismos basados en el miedo y una amplia desconfianza hacia las élites, y se han convertido en concursos de popularidad en lugar de ser un contraste razonado de propuestas. El objetivo de las elecciones es entonces excluir a la gente del poder mediante la selección de una élite que les gobierne.

El próximo post dentro de dos martes, el 8 julio 2025