A quién hacer caso

Cómo nos enteramos de lo que acontece

La inmensa mayoría de los acontecimientos de los que tenemos conocimiento es porque alguien nos lo ha contado -una persona o un medio de “comunicación”- pero no porque tengamos una experiencia directa de los mismos. Y aquél que nos lo cuenta siempre hace una interpretación del mismo: es decir selecciona los aspectos que considera importantes y los sitúa en un marco que da un sentido a lo que ha ocurrido. Además tampoco podemos “enterarnos” de TODO lo que ocurre o ha ocurrido; quien nos informa escoge aquel o aquellos acontecimientos que supone más importantes. En fin, tanto los contenidos informativos como nuestra capacidad de atención tienen unos límites y lo que hoy parecía un acontecimiento relevante mañana queda relegado al olvido, desplazado por otro de mayor atractivo, interés o actualidad.

Internet, el mega-medio de comunicación y la ilusión “colaborativa”

La irrupción de internet ha posibilitado la multiplicación hasta el infinito de las fuentes de contenidos, que no necesariamente de información. Pero lejos de democratizar los canales de comunicación, nuestra reducida capacidad de atención permite que el flujo de contenidos caiga en manos de las grandes empresas tecnológicas que dominan las plataformas de redes sociales y demás canales.

Frente a ello todavía perdura la ilusión de que las opiniones colectivas vertidas en internet son una especie de foro democrático, que expresa el sentimiento y voluntad de la mayoría. Todavía nos creemos, por ejemplo, que a la hora de pensar en un hotel o un restaurante las opiniones de la muchedumbre de usuarios nos ayudarán a valorar lo que nos vamos a encontrar: ¿verdad? PUES NO.

TripAdvisor es una conocida web en la que los usuarios depositan sus opiniones sobre hoteles y restaurantes, supuestamente de forma libre e independiente. Pero un su último informe de transparencia para 2024 confesó haber tenido que eliminar 2,7 millones de reseñas fraudulentas de sus páginas. Además cerca de 9.000 empresas recibieron advertencias por incentivar a los usuarios a dejar reseñas, «sobornar» a los clientes o «recompensar» a los empleados para obtener calificaciones positivas, Y al menos 360.000 reseñas eliminadas estaban relacionadas con programas de incentivos para empleados, en los que las empresas ofrecen recompensas a su personal a cambio de comentarios positivos. ¿Verdad que alguna vez nos han sugerido que pongamos una buena reseña, incluso incluyendo el nombre del empleado, con una puntuación mínima de…?

Ante esta situación el actual Gobierno de Italia ha aprobado una nueva legislación para el control de de las reseñas de hoteles y restaurantes. ¿Es suficiente?

Una industria basada en una montaña de mentiras

El problema supera con creces el ámbito del sector turístico. Todo el espacio de internet basado en la supuesta sabiduría de las muchedumbres -siguiendo el best-seller de James Surowiecki The Wisdom of Crowds– es susceptible de manipulación y de hecho lo es.

Cualquier “creador” de contenidos puede comprar seguidores y “likes”, en particular en Instagram, pero también en multitud de otros sitios. Una investigación de la Comunidad de Madrid de hace dos años reveló que “entre las tarifas más baratas figuran la adquisición de tráfico directo a una página web desde 56 céntimos de euro. Asimismo, por menos de 9 céntimos se obtienen 1.000 visualizaciones en TikTok, SoundCloud o IGTV. En el caso de las reproducciones, por 2 euros se consiguen 1.000 en YouTube o en Spotify. Por otro lado, supone una cifra más elevada la compra de seguidores de Instagram –1.000 por 4,3 euros– mientras que en el caso de me gusta –likes– cuestan 1,3 euros. Finalmente, otra de las prestaciones que conllevan cierta personalización son las reseñas en Google o en TripAdvisor, cuyo valor económico oscilan en torno a 1 euro por texto”.

Más valorada aún es la adquisición de “seguidores implicados”, es decir aquéllos que además [supuestamente] interactúan con el influencer de turno, mercado éste que cuenta también con su oferta de servicios.

Si tenemos un negocio del tipo que sea también podemos comprar reseñas de Google baratas.

No es extraño, por tanto, que la industria del marketing y la publicidad empiece a pensar que está comprando humo cuando hace “marketing de influencers”.

Las mafias también operan aquí

Cuando hay dinero, procedimientos opacos y falta de regulación las mafias aterrizan inmediatamente. En este caso la extorsión a pequeños negocios opera de modo tradicional: o se paga una cuota periódica a la organización correspondiente o nos inundan de reseñas negativas que pueden hundirnos la reputación. A veces el diluvio de críticas es previo y el pago del “impuesto” hace que nos quiten la basura que nos ha caído.

Este mundo de falsedades en crecimiento exponencial puede agravarse con el uso masivo de la inteligencia artificial, de modo que [casi] nada de lo que nos devuelva una búsqueda en internet es real, como apunta un artículo de The Economist.

El próximo post dentro de dos martes, el 14 octubre 2025

La trampa de las redes sociales

Por qué estamos enganchados

En otro lugar comentaba cómo las redes sociales llenan de manera superficial y distorsionada el gran vacío de soledad de las sociedades actuales. La soledad no es un fenómeno que se circunscriba a las personas mayores o se dé en entornos en los que las estructuras familiares tengan menos importancia, como puede ocurrir en los países anglosajones. De hecho un reciente estudio detectaba que en España uno de cada cuatro jóvenes entre 16 y 29 años declaraban sentirse en una situación de soledad, situación que se agravaba más en el caso de las chicas. Otros estudios apuntan en la misma dirección.

Los años de confinamiento debido a la pandemia del COVID han ahondado más aún en esta situación, en particular en la generación que en su desarrollo personal y social debería haber estado explorando el mundo de las relaciones sociales y la creación de redes de amistad durante esos años: una etapa que difícilmente puede experimentarse a otras edades.

Síndrome FOMO

No te lo puedes perder”; “Lo más visto”; “De lo que todo el mundo habla”; “Las redes echan humo”… Estas proclamas y otras similares que recibimos diariamente nos advierten que no nos podemos quedar fuera de tal o cual corriente de comentarios supuestamente masivos. Es el síndrome del miedo a quedarse al margen de lo que aparentemente está sucediendo en el mundo, de quedarse fuera de juego cuando el resto de la humanidad va en otra dirección. El síndrome FOMO -por sus siglas en inglés (“Fear of missing out”)- sería «una aprehensión generalizada a que otros puedan estar viviendo experiencias gratificantes de las que uno está ausente». Y se nos dice que la única forma de no quedarnos al margen es estar metidos hasta las cejas en la redes sociales, ser seguidores (“followers”) de todos los famosos e “influencers” que podamos.

Los medios de comunicación tradicionales no son ajenos

A esta exagerada importancia otorgada a las redes sociales contribuyen también los medios de comunicación tradicionales, en particular las cadenas de televisión. Hay programas (“Zapeando”, “Aruser@s”, etc.) que se dedican en buena parte a comentar con tono jocoso pequeños clips procedentes de TikTok o redes similares: vídeos de “gatitos”, de niños o adultos dándose un buen golpetazo, etc. El contexto o la procedencia de lo que se muestra no importa. Lo principal es que se trata de un filón inagotable.

De las risas a los haters

En el otro extremo una práctica que parece extendida es criticar sin piedad a una persona más o menos famosa. Es la ciber-inquisición, a veces practicada por diversas corrientes “identitarias”. Pero no hay “celebrity” que no tenga un número sustancial de odiadores o haters.

Un caso reciente lo hemos vivido alrededor del futbolista Álvaro Morata, como si un penalti fallado fuera más importante que no haber sido capaz la selección nacional de fútbol de adelantarse en el marcador durante los largos minutos de juego reglamentarios. Otra vez los medios de comunicación tradicionales amplificaron hasta la extenuación la marea de haters contra el futbolista, aunque estos mismos medios no fueron capaces de decirnos de cuántos haters se trataba. Lo que sí sabemos es que no hubo más que UN detenido.

Pero el impacto sobre la persona “señalada” por ciber-inquisidores y medios de comunicación no es baladí. En Corea del Sur, por ejemplo, la epidemia de suicidios de jóvenes actrices empieza a ser más que preocupante.

Nuestra mejor cara… y la de los demás

Quien participa en una red social lo hace en lo fundamental para “ver y que te vean”. Y la imagen propia que tratamos de transmitir no va a ser precisamente la foto más horrorosa que tengamos en el móvil, sino justamente lo contrario. Es un terreno en el que en comparación con el ejército de influencers, celebrities y pibones profesionales tenemos todas las de perder, por mucho que nos esforcemos. Pero ello no impide que nos sintamos deprimidos si el eco de nuestra imagen en la redes sociales sólo cosecha comentarios negativos o simplemente no positivos.

“Altamente vulnerable pero extremadamente rentable”

Hace tres meses Sarah Wynn-Williams, ex-directora de Políticas Públicas Globales de Facebook, testificaba ante un comité del Senado de EEUU sobre algunas de las prácticas carroñeras que la red social llevaba a cabo para aumentar sus ganancias.

Facebook anima a quienes están en su red a publicar un “selfie” como parte de su perfil. En el caso del segmento de chicas entre 13 y 17 años cuando se detectaba que habían borrado dicha foto, se infería acertadamente que se sentirían deprimidas o tristes. Entonces Facebook aprovechaba para informar a los anunciantes sobre los estados emocionales de las adolescentes para ofrecer, por ejemplo, productos de belleza. Según reconocían en el seno del propio gigante tecnológico se trataba de un grupo de personas que era “altamente vulnerable pero extremadamente rentable”.

El próximo post dentro de dos martes, el 22 julio 2025

Ucrania… otra vez

En Europa tenemos dos guerras

Los medios de comunicación parecen haberse hartado de hablar de la invasión de Ucrania. Ya no es noticia o está desplazada por la otra guerra a nuestras puertas: la de Oriente Medio.

Pero la realidad es que la situación en Ucrania está empeorando por días. Además ello provoca tensiones internas a la hora de reclutar nuevos soldados para mantener los combates en el frente. La imprescindible ayuda de Estados Unidos se hace esperar, habida cuenta de la resistencia del Partido Republicano, dirigido de facto por Donald Trump.

La segunda guerra es la que va subiendo grados en Oriente Medio, a partir de la masacre de Hamas el 7 de octubre pasado, la respuesta salvaje y sin sentido del gobierno de Netanyahu, la apertura de un nuevo frente con Iran…

¿Nos importa? ¿Nos afecta?

Por lo visto es algo que no tiene nada que ver con España. Pero el Primer Ministro de Polonia, Donald Tusk que recientemente ganó las elecciones al ultraconservador Mateusz Morawiecki, no opina lo mismo:

Estamos en una época de preguerra. No exagero. Cada día es más evidente. No habíamos vivido una situación así desde 1945. En el último Consejo Europeo mantuve una interesante discusión con el presidente español, Pedro Sánchez. Nos pidió que dejáramos de utilizar la palabra guerra en las declaraciones. Argumentó que la gente no quiere sentirse amenazada de esta manera, que en España suena abstracto. Le respondí que en mi parte de Europa la guerra ya no es una abstracción y que nuestro deber no es discutir, sino actuar y prepararnos para defendernos”. (Efe, 24 marzo 2024)

Quizá en España suene abstracto hablar de guerra, pero la anterior Ministra de Economía con Pedro Sánchez –Nadia Calviño– nada más asumir la presidencia del Banco Europeo de Inversiones (BEI) señaló que “debemos reforzar a la industria europea de defensa y nuestra capacidad disuasoria”. En esta línea el BEI ha anunciado hace pocos días que eliminará obstáculos para financiar a la industria de defensa europea.

En idéntica dirección Hanno Pevkur, Ministro de Defensa de Estonia, una de las tres repúblicas bálticas que más están notando la presión bélica de Putin, declaró la semana pasada que “una pérdida de Ucrania, que podría ocurrir muy pronto si no llegan las armas estadounidenses, intensificaría los esfuerzos rusos para desestabilizar a los gobiernos de los países de la OTAN y aumentaría el gasto en defensa en toda la alianza, entre otros efectos desastrosos”. Por eso Europa ya está planificando lo que sucederá si Ucrania pierde. Y es algo feo.

¿Suena abstracto? Las voces en Europa que señalan la necesidad de que gane quien gane las elecciones presidenciales de Estados Unidos la UE no tiene más opción que apuntalar su defensa colectiva no dejan de multiplicarse.

¿Y de quién hay que defenderse? Algunos están bastante más cerca de lo que podría parecer. Vladimir Putin tiene un abanico de amigos en Europa Occidental, como el ex-canciller alemán Gerhard Schröder (a sueldo de la empresa de gas rusa Nord Stream 2 AG) o diversos partidos de extrema derecha en Alemania, Italia o Vox. Eso sin contar con su más firme aliado: Donald Trump.

¿Y qué estamos haciendo en España?

Sonroja que con esta delicada situación mundial y en particular europea nos estemos dedicando a nuestra particular guerra fría que se va calentando por días, al menos de cara a la galería. Como leemos en el diario El Mundo PP y PSOE convierten las comisiones de Koldo en una «guerra fría» con visos de «acabar descafeinada».

Ya sabemos para qué sirven las “comisiones”, parlamentarias o no. A Napoleón Bonaparte se le atribuye la frase: “Si quieres que algo sea hecho, nombra un responsable. Si quieres que algo se demore eternamente, nombra una comisión”.

Georges Clemenceau, primer ministro durante la Tercera República francesa, abundaba en lo mismo: «Si quiere usted enterrar un problema, nombre una comisión»

En los medios de comunicación afines a ambos partidos se seguirá hablando de estas comisiones mientras el tema sirva para denigrar hasta el hartazgo al otro, ya que estamos en periodo -parece que permanente- electoral. Tales comportamientos partidistas minan desde dentro el edificio democrático, algo que por lo visto no importa: como la culpa la tiene el otro…

Mientras tanto los problemas reales continúan creciendo en España. Hace pocos días el ex-ministro socialista Jordi Sevilla ponía el dedo en la llaga en un tema como el de la vivienda: “¡construyan pisos, no solo anuncien en campaña que lo van a hacer!”, escribía.

Éste no es más que un ejemplo. En futuras entregas se abordará la evolución de la situación económica (no sólo del PIB, sino más allá), la precariedad laboral de las generaciones jóvenes, la ineficacia -conocida y consentida- de los programas de ayudas para la población vulnerable, la opacidad de las administraciones públicas…

El próximo post dentro de dos martes, el 30 abril 2024

Para qué ha servido nuestro voto el 28-M

Aunque las elecciones del 28 de mayo pasado se referían a Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, lo cierto que durante la larga pre-campaña se habló de todo menos de eso. Más bien el debate (¿?) se centró en las grandes polémicas -que no grandes problemas- a que nos tienen acostumbrados las cúpulas de los partidos políticos y medios de comunicación.

Por ello resulta paradójico que a continuación se nos convoque para una nueva cita electoral, esta vez para repoblar Congreso y Senado con las figuras designadas (=elegidas) una vez más por las cúpulas de los partidos.

Si lo que va a seguir siendo el contenido de los debates es lo que hemos estado oyendo -y cada vez menos escuchando- durante la campaña anterior, parecería que lo adecuado hubiera sido aplicar el reparto de votos de la convocatoria anterior a esta nueva del 23-J, y así nos ahorraríamos dinero y sobre todo tiempo vacacional de verano. Pero el planteamiento parece ser el de una especie de “revancha”. En términos tenísticos se hablaría si el PP “confirma el break o si el PSOE hace un “contra-break. Aunque la verdad resulta mucho más interesante lo que hace Carlitos Alcaraz y compañía en las canchas de tenis.

El resultado real del 28-M

Las votaciones del 28 de mayo han tenido una doble resultante. Por un lado han constituido una especie de super-macro-encuesta expresiva del sentimiento electoral de la población, con una muestra gigante de “entrevistados”, que han reflejado sin necesidad de una ulterior “cocina” demoscópica su voluntad. Parece que todas las formaciones políticas han tomado cumplida nota y de ahí las reacciones posteriores.

La segunda resultante es la que ha pasado más desapercibida, aunque sobre el papel parecía la más importante. Se trata de hacerse con los recursos controlados por gobiernos de las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos los cuales, descontando el presupuesto que corresponde a la Seguridad Social, en conjunto son más del doble de los que controla la Administración Central.

Comunidades Autónomas y Ayuntamientos no sólo tienen mucho dinero sino que además son cada vez más determinantes en los criterios de gasto, al asumir un creciente número de transferencias y ámbitos de decisión en terrenos tan trascendentales como la sanidad, la educación o la vivienda.

Y con todo esto, ¿qué van a hacer?

Supongamos por un momento que en nuestra Comunidad Autónoma o nuestro Ayuntamiento han ganado “los nuestros”. Creo que muy pocos votantes podrían decir qué va a hacer el equipo gobernante salido de las urnas con el dineral que va a tener en sus manos, más allá de algunas nociones vagas sobre la orientación ideológica del mismo.

¿Y nos vamos a enterar?

Ningún programa electoral -como si a estas alturas lo que contienen tuviera la más mínima credibilidad- ha mencionado si “cuando gobernemos” se podrá contar con algún sistema de control independiente de lo que se gasta, por qué se gasta y los beneficios que reportará a la ciudadanía. De anuncios de “lo que vamos a hacer” estamos bien surtidos; de lo que realmente se ha hecho y sus resultados no tanto. Por decir algo.

Tampoco la transparencia en las decisiones, en las razones para lanzar tal o cual programa de ayudas, en los algoritmos que determinan si una persona u hogar puede aspirar a acogerse a dicho programa, etc. es algo que hayamos visto incluido en la batería de promesas electorales.

¿Y los nombramientos a dedo? Muchas Administraciones Autonómicas y Locales van a cambiar de equipos de gobierno. Lo mismo es previsible que suceda en las Diputaciones Provinciales, como efecto en cascada. Es de temer que se vuelva a producir el famoso fenómeno de las cesantías, que Pérez Galdós analizó en el Siglo XIX y que nos ha recordado Rafael Jiménez Asensio en su reciente libro El legado de Galdós.

23-J: corregido y aumentado

Los inicios de la pre-campaña orientada a la nueva convocatoria electoral apuntan a que el tono del debate (¿?) va a seguir siendo altamente ideologizado. A este respecto, algún comentarista ha señalado cómo este tono tan tirante de campaña perjudicó al actual Presidente de Gobierno en las elecciones del 28-M, a pesar de que en el terreno de la política económica hubiera podido presentar un balance más favorable: la polarización ideológica por él mismo fomentada acabó por mermar sus posibilidades.

Y sobre el espectáculo de la confección de las listas electorales y los codazos para ocupar los puestos con garantía de un escaño en el Parlamento, no hace falta repetir lo ya dicho en otras ocasiones.

El próximo post dentro de dos martes, el 27 junio 2023

Sánchez, ese hombre

Los que peinamos canas -o ya ni eso- quizá recordemos que en 1964 el régimen franquista celebró los llamados XXV Años de Paz, es decir el tiempo que llevaba la dictadura. Uno de los “platos fuertes” fue la película “Franco, ese hombre”, para ensalzamiento del dictador. Como recuerda La Razónel cine aún era el instrumento prioritario de propaganda frente a una televisión aún minoritaria. El estreno en salas fue un éxito y en 1971, RTVE adquirió los derechos y comenzó a proyectarlo en onomásticas del dictador y ocupó la parrilla de tarde del día de la muerte de Franco”.

Del cine a la docuserie

Hoy en día hemos pasado de las salas de cine a las plataformas audiovisuales y a la televisión. Por eso Pedro Sánchez ha modernizado la idea encargando una docuserie sobre su persona, aparentemente tomando nota de la docuserie de Rocío Carrasco en Telecinco.

La justificación que aparece en el mismísimo BOE no tiene desperdicio. La Resolución de Presidencia de Gobierno que suscribe el acuerdo con las productoras de la docuserie estima que es “un instrumento idóneo para trasladar a la sociedad las funciones y el quehacer diario de la Presidencia del Gobierno, incluyéndose de manera primordial en su contenido a abordar, con el carácter propio de una serie documental, la realidad del trabajo de la figura del Presidente del Gobierno y su cometido diario” (BOE, 10 septiembre 2022).

También se proclama de forma más bien sonrojante que se realiza “un ejercicio de transparencia acorde con la democracia del siglo XXI”. Pero esa transparencia no incluye la forma de selección de las productoras, ni aclara demasiado la vertiente financiera de la operación, ni tampoco explica cómo las productoras llevaban ya trabajando sobre la docuserie desde marzo pasado para “mostrar esas dos facetas, la institucional y humana, de Pedro Sánchez”.

En pre-campaña electoral todo suma ¿o no?

Estamos en plena y permanente campaña electoral con la vista puesta en las citas con las urnas el próximo año.

Y por eso se echa mano de lo que haga falta. El caso de Pedro Sánchez es todo un modelo de venta personal e hiper-liderazgo. A la docuserie citada hay que añadir un libro publicado el pasado mes de junio por José Félix Tezanos y titulado Pedro Sánchez. Había partido: de las primarias a la Moncloa. Dado el autor, no hace falta leer el libro para esperar sin duda un retrato laudatorio.

Tezanos, ahora como director del CIS, se ha apresurado también a publicar una encuesta Flash sobre el debate habido en el Senado el 6 de septiembre pasado. Según sus datos el 29% de los que siguieron el debate del Senado o tuvieron alguna información sobre dicho debate opinaban que Pedro Sánchez “ganó”, frente a un 24% Alberto Núñez Feijóo. Teniendo en cuenta cuántas personas siguieron de alguna forma el debate, la realidad es que un 18% de la población total se decanta por Sánchez y el 15% por Feijóo. El 66% restante pasó olímpicamente.

La publicación de pronósticos electorales se sigue considerando una buena herramienta de marketing. Por eso Tezanos publica en el Barómetro de septiembre del CIS que el PSOE aventajaría al PP en un 0,7% en intención de voto, a pesar que todos los demás sondeos electorales apuntan en dirección contraria.

En fin, el pasado 13 de septiembre la precampaña continuaba con una entrevista en RTVE que, según la valoró el propio entrevistador al terminar fue «¿Bueno, muy bien, no?«, que habla más de la intención propagandística que del rigor periodístico. Quizá por eso los televidentes ya se olían el tono de la entrevista y sólo cosechó un 6,7% de audiencia.

Partitocracia

Estamos sumidos en un régimen de dominio de los partidos por encima de las reglas democráticas, gobernados aquéllos con mano de hierro por el líder de turno. Las elecciones primarias permiten cubrir con una apariencia democrática el funcionamiento autocrático, convirtiéndose en autocracias electorales, tal y como califica el Parlamento Europeo al sistema imperante hoy en Hungría.

Por desgracia se trata de un rasgo común a todos los partidos en la actualidad, como ya he comentado en otro lugar. No es de extrañar por ello que según el último Eurobarómetro (núm. 97, verano 2022) sólo el 8% de los españoles confía en los partidos políticos, la cifra más baja entre los 27 países de la Unión Europea.

Ya puestos, tomen a Kim Jong-un de ejemplo

El presidente de Corea del Norte tiene un estilo singular a la hora de enaltecer su propia figura. Aun sin entender una sola palabra de coreano el “entusiasmo” que transmite el locutor comentando este video es casi enternecedor, si no fuera por la realidad norcoreana.

En cuestión de enfervorizados “palmeros” no tiene rival, como puede verse aquí, aquí o aquí.

Y sí: también hay elecciones en Corea del Norte (¡!).

El próximo post dentro de dos martes, el 4 octubre 2022

El misterio del votante cabreado

Cuando el 2 de diciembre de 2018 casi 400.000 andaluces votaron a Vox en las elecciones al parlamento andaluz (el 11% de los votos) el mismísimo Pablo Iglesias decretó una “alerta antifascista” y llamó a la movilización contra los “post-franquistas” de Vox.

Un programa del canal de televisión “La Sexta” se lo tomó en serio y en días posteriores se dedicó a localizar a los 44 votantes de ese partido en el “comunista” pueblo de Marinaleda. Pocos días después Cristina Pardo, directora del programa, no tuvo más remedio que pedir disculpas por semejante desatino.

​¿Hay 400.000 fascistas en Andalucía?

Quizá ese sea el contenido de las pesadillas que le asaltan a Pablo Iglesias por las noches. Aunque también parecería que fuera el sueño dorado que le permitiera decretar una alerta de tonos épicos contra el fascismo.

Pero la realidad parece ser más prosaica. Probablemente sean 400.000 andaluces hartos de un sistema democrático en el que la participación ciudadana se reduce a votar entre las alternativas pre-diseñadas por las cúpulas de los (dos) partidos políticos y nada más.

A posteriori es difícil saber si el color político del gobierno salido de cada convocatoria electoral se traduce en políticas, en especial en el terreno de la economía, diferentes a las que habría puesto en marcha un gobierno de color contrario.

​El votante cabreado

Estamos no ante el votante fascista sino ante el votante cabreado.

Este fenómeno no nace en diciembre de 2018, sino en mayo de 2014 cuando Podemos sorprendió en las elecciones al Parlamento Europeo al alcanzar el 8% de los votos. Este fue el primer aviso que el electorado español lanzaba contra el encorsetado sistema político-electoral.

En meses posteriores -diciembre de 2014- la media de encuestas otorgaba a Podemos su techo en intención de voto hasta alcanzar un 28%, situándose así en la elección preferida por parte de los encuestados.

No ha sido el único partido en ser el transmisor del cabreo electoral. En junio de 2018 la opción favorita de la media de encuestas recaía en Ciudadanos, con 27% de intención de voto.

​¿Qué fue de estos nuevos partidos?

La torpeza política de sus respectivos dirigentes sitúa a Unidas Podemos con una intención de voto del 11,6%, a fecha del 25 de febrero de 2022, y a Ciudadanos del 3,6%. Aunque en diferente cuantía, el hecho de que unos partidos nuevos llegaran en cierto momento a ser la opción preferida por los encuestados muestra que existe un sustancial cabreo de fondo entre los posibles votantes, Por desgracia la esperanza depositada en su día no encontró correspondencia en la talla política y el cumplimiento de promesas de aquéllos.

​¿Y Vox?

Con una intención actual de voto en torno al 19% según la media de encuestas, en mi opinión está cercano a su techo electoral, que yo sitúo no más allá del 20%. Debo decir que no es mi opción electoral preferida, pero lo que sí es seguro es que ese 20% no corresponde al porcentaje de fascistas en España: no hay más que echar una ojeada a cualquier encuesta de opinión sobre el régimen político preferido en nuestro país. Y lo más probable es que la trayectoria de Vox siga el mismo camino de ascenso-descenso de los dos casos anteriores.

​El misterio del votante cabreado

Lo que sí creo que constituye un misterio no es que esos porcentajes tan altos de intención de voto hayan ido a parar a partidos políticos con una historia tan reciente. Lo que de verdad es un misterio es que a pesar del fiasco protagonizado por éstos y la decadencia democrática del bipartidismo clásico todavía el votante español se siga acercando a las urnas cada vez que se le convoca.

Porque el problema no está en elegir a un partido o a otro. El problema reside en que los mecanismos de juego democrático, de transparencia y equilibrio de poderes, de independencia del poder judicial, de separación entre el legislativo y el ejecutivo están cada vez más oxidados. Porque cuando, por ejemplo, Unidas Podemos no aboga por la independencia del poder legislativo sino por “meter también la cuchara” en el reparto a dedo de magistrados del Consejo General del Poder Judicial, no vamos en la buena dirección.

Cuando el Senado no legisla sino que pide al Gobierno que lo haga, estamos claramente saliéndonos del camino adecuado. Si este último lo hace a golpe de Real-Decreto Ley, posteriormente plebiscitado por las Cortes, tampoco es algo positivo.

Por eso no es de extrañar que en el Índice de Democracia elaborado anualmente por la EIU de The Economist, el año 2021 hayamos descendido a segunda división, situándonos ahora en el grupo de las Democracias deficientes.

No puedo acabar este post sin añadirme al apoyo al pueblo ucraniano en su lucha contra el invasor ruso.

El próximo post dentro de dos martes, el 15 marzo 2022

Arrojando luz sobre la electricidad

El mercado de la electricidad en España está sumido en una tormenta perfecta de sinsentidos encadenados: calentamiento global, mercado mayorista, mercado minorista, derechos de emisión de CO2, franjas horarias, factura de la luz incomprensible o que simplemente no llega…

Analicemos cada cosa una por una.

​El mercado mayorista ¿es de verdad un mercado?

Durante los últimos meses los medios de comunicación nos han mantenido en vilo con el precio diario del megavatio-hora (MWh) en el mercado mayorista.

¿Qué es?

El mercado mayorista es el punto de encuentro entre los productores de electricidad y los compradores mayoristas de la misma y del que sale el precio del megavatio-hora (MWh) para el día siguiente.

En el mercado mayorista de la electricidad hay un solo producto: megavatios-hora (MWh). Según la tecnología empleada el coste de producir los MWh es diferente e, inicialmente, llega a este mercado con precios distintos. Con tecnologías como la eólica o la solar, que no necesitan un gasto en combustible, los MWh llegan a precio cero. A partir de ahí, y para cubrir la demanda prevista, se van añadiendo MWh de otras fuentes (nuclear, hidroeléctrica), cuyos precios de partida van subiendo hasta llegar al más elevado que corresponde al producido en las centrales de ciclo combinado. Todos esos MWh componen la cesta de compra-venta de ese día.

​Un precio tramposo

¿Cómo se fija el precio del MWh en ese mercado? El precio, llamado de casación, es el que corresponde a la fuente de energía con el coste mayor de entre toda la oferta que se presenta ese día. Basta que el último MWh provenga de una central de ciclo combinado para que el precio de TODOS los MWh de ese día se vendan al precio de aquél. Éste es el sistema adoptado en 2012 por 19 países europeos siguiendo un modelo de “mercado marginalista”, basado en la teoría económica de la utilidad marginal, teoría duramente criticada por un número creciente de economistas (por ejemplo Mariana Mazzucato, en su libro “El valor de las cosas. Quién produce y quién gana en la economía global”). Incluso la presidenta de REE, organismo que opera este mercado, reconoce ahora que el sistema es “ineficiente”. Y mientras tanto el precio del MWh sigue a niveles estratosféricos.

¿A quién echar la culpa?

​Primer sospechoso: las centrales de ciclo combinado

Estas centrales utilizan como combustible el gas, cuyos precios internacionales se han disparado debido a varios factores: menor producción, caída de reservas, incremento de la demanda en particular de China (primer contaminador mundial) y manejos geo-estratégicos como los de Rusia con el suministro a Europa por medio de Gazprom o las posibles consecuencias del conflicto Marruecos-Argelia para el suministro de gas a España; etc.

Además, al ser el gas natural causante del “efecto invernadero” estas centrales tienen que pagar derechos de emisión del CO2 en un mercado sujeto a una fuerte especulación y precios disparados. Estaría bien que quien contamine pague más… si no fuera porque esos costes se trasladan íntegros a la factura de los clientes finales.

​Manipulando la composición de la oferta

Pero las centrales de ciclo combinado aportan un volumen reducido de MWh del mercado mayorista, aunque siempre forman parte del mismo. ¿Cómo es posible? Manipulando el volumen procedente de las centrales hidroeléctricas, tal y como revelaba el diario Cinco Días. Operaciones como las de Iberdrola en los embalses de Ricobayo (Zamora) y Valdecañas (Cáceres) han desatado la voz de alarma. No parece algo nuevo. Así los productores de energía venden a precios de centrales de ciclo combinado lo que producen a coste (casi) cero en nucleares, eólica e hidroeléctricas.

​¿Por qué lo llaman mercado cuando quieren decir… “yo me lo guiso y yo me lo como”?

Al oligopolio de los productores de electricidad (Endesa, Iberdrola, Naturgy, etc.) corresponde las principales comercializadoras que compran en ese mercado mayorista y que… son filiales de aquéllas. Es cambiarse el dinero de un bolsillo al otro. Cuando el precio mayorista sube sólo sufren las comercializadoras independientes y, por supuesto, los clientes finales particulares cuya factura está en relación directa o indexada con el precio mayorista.

Nuestro país sufre el oligopolio más duro de Europa. Así un reciente estudio de la Comisión Europea señalaba a España como el país con mayor número de barreras a la competencia en electricidad.

Todavía hay más: las ventas bilaterales

Pues bien. Ni siquiera las comercializadoras propiedad de las grandes eléctricas pagan al MWh al precio fijado diariamente, sino muy por debajo. Son los llamados contratos bilaterales, al margen del mercado mayorista. Como cuenta el diario Cinco Días el 76% de lo que Endesa produce se lo vende a su propia comercializadora a unos 50 euros/MWh, Iberdrola hace lo propio con la suya a 75-80 euros/MWh, la mitad del precio oficial.

¿Puertas giratorias? ¿Sánchez-Galán y el caso Villarejo? Suficiente por hoy.

El próximo post dentro de dos martes, el 12 octubre 2021.

Desde los fondos europeos… ¿hasta nuestros bolsillos?

140.000 millones de euros vienen hacia nosotros, asignados por el Fondo Next Generation de la Unión europea (Fondo NGEU) a España. ¿Por qué no nos volvemos locos de alegría ante semejante noticia?

Coincidiendo con el centenario del nacimiento del director de cine español Luis García Berlanga,, hay quien piensa que esa lluvia de millones pasará tan de largo por España como hacían los norteamericanos en su genial película “Bienvenido Mister Marshall”. Pero no, esos millones, -al menos 70.000 de ellos a fondo perdido- parece que de verdad llegarán.

​Planes, planes, planes…

Tenemos el Plan de Acción de Economía Circular (PAEC) 2021-23 (116 medidas, 8 ejes), que se enmarca en la Estrategia Española de Economía Circular 2030; el Programa de Estabilidad 2021-24, cuya última actualización ha sido severamente criticada por el organismo público Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF); el paquete de 11.000 millones de euros para medidas extraordinarias de apoyo a la solvencia empresarial en respuesta a la pandemia; el Plan España 2050 (9 grandes desafíos, 200 propuestas, 50 objetivos, 678 páginas); y finalmente el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (4 ejes, 10 políticas palanca, 30 componentes, 348 páginas), que es la herramienta de (di)gestión del Fondo NGEU.

​Un poco de economía

No, no pretendo que nadie se lea esta montaña de planes, porque es algo bastante aburrido. Pero siguiendo la famosa frase que llevó a Bill Clinton a la Presidencia norteamericana, “Es la economía, estúpido”. Así que más vale que dediquemos un poco de tiempo a la cuestión.

¿Qué va a pasar con esa cifra mareante de millones que nos van a caer del cielo europeo? ¿Qué llegará a nuestros bolsillos y cómo? La verdad es que nos estamos jugando nuestro presente y nuestro futuro y el de nuestros hijos, por lo que cabría esperar que nuestros representantes políticos dedicaran algo de tiempo a la cuestión.

Porque no se trata de gastar sin más los 70.000 millones. Hace años ya tuvimos un pésimo precedente cuando en los albores de la crisis económica de 2008 el presidente Zapatero destinó 8.000 millones a obras municipales urgentes para crear empleo, al más puro estilo de “candidez-estupidez” política. Daba lo mismo: su partido le respaldó sin fisuras, aunque fue la antesala de una severa derrota electoral en 2011.

En el caso actual se han planteado serias dudas sobre la capacidad de la Administración Pública para gestionar dichos fondos, con el riesgo de una fuerte burocratización y politización, y tensando las estructuras administrativas al límite. Parece que llueve sobre mojado, sobre todo dados los retrasos en la gestión de otros planes que hay en marcha. Contrasta este control político con la gestión profesional e independiente adoptada por otros países como Italia.

​¿A quién van a ir estos miles de millones?

Una manera de deducirlo es observando las reacciones de los diversos posibles receptores. Por un lado los bancos y grandes empresas se deshacen en elogios. En cambio se ha producido un aluvión de críticas por parte de las pequeñas y medianas empresas. Vista la gestión centralizada planteada por el gobierno español, es fácil adivinar qué orientación se va a dar.

Más importante es si el impacto del Fondo NGEU va a ser profundo y de futuro. Puede ser un parche para salir del paso o sentar las bases para un desarrollo sólido. Para que esto suceda son necesarios dos elementos clave: a) la inversión en investigación, desarrollo e innovación; y b) invertir en capital humano.

En el primer caso no se trata de utilizar las viejas prácticas de “incentivos fiscales” para las empresas que dediquen algo a la investigación. Como ha mostrado la economista Mariana Mazzucato en su famoso libro “El Estado emprendedor”, los grandes avances tecnológicos que además han creado crecimiento económico son los que han sido liderados activamente por el Estado. Por desgracia no parece que eso vaya a suceder en España.

¿Y la inversión en capital humano? Es justamente lo opuesto a mantener a millones de jóvenes con empleos precarios, temporales y sin un futuro claro. Eso fue lo que la ministra Yolanda Díaz criticaba de la empresa española. Claro que quizá habría tenido que empezar por el propio sector público, que presenta porcentajes de empleo temporal aún mayores.

Se insiste una y otra vez en dedicar buena parte del Fondo NGEU en la digitalización de las empresas. Pero también se ha señalado que “si la digitalización se utiliza para sustituir empleos por máquinas y no para mejorar la productividad de las personas, el resultado social será desastroso”.

Todo esto, ¿por qué no está en el centro de los debates políticos? Creo que nos van a regalar pescado en vez de enseñarnos a pescar. Según el proverbio chino:

«Regala un pescado a una persona y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y le alimentarás para el resto de su vida»

El próximo post dentro de dos martes, el 6 julio 2021

Sociedad con Covid-19 (I): nuestros comportamientos

¿Por qué estamos como estamos?

La segunda oleada de Covid-19 es un hecho en España, justo cuando nos habíamos «ilusionado» con «volver» a una nueva (A)normalidad. Como es habitual, existe un abanico de causas.

La primera, compartida con muchos otros países, es que seguimos sin tener ni idea de los mecanismos de infección, transmisión y entorno social que influyen en la extensión y latencia de esta pandemia. Cuando creíamos, y nunca mejor dicho lo de «creer», que habíamos aplastado la curva de contagios y el verano nos traería un merecido descanso la realidad ha sido la contraria.

En segundo lugar, y esto es más específico del caso español, tras cumplir un confinamiento mucho más riguroso que el de otros países -con el correspondiente coste psicológico, social y económico- pensábamos que el sacrificio realizado nos había hecho merecedores de una nueva (¿?) normalidad. Parece que seguimos siendo un país de extremos y otra vez hemos pasado del uno al otro: del duro confinamiento a una relajación supuestamente mayor que en otros países.

La tercera razón, también propia, es aún más preocupante: la dejación de las Administraciones Públicas en su papel de formuladoras de políticas, buscadoras de consensos, administradoras de los recursos públicos y ejecutoras eficaces. Los recursos prometidos -mejores datos epidemiológicos, equipos de rastreadores, reforzamiento de los servicios sanitarios, gestión coordinada de las residencias de mayores, preparación de los centros escolares ante el nuevo curso, etc.- han brillado por su ausencia. En la desescalada hemos contemplado el triste espectáculo de pasarse la pelota del gobierno central a los autonómicos, de éstos a los centros de atención primaria, a los centros escolares o a las residencias de mayores, y en fin a la propia ciudadanía, cuya situación nunca había contado pero que ahora resulta ser la culpable de los nuevos brotes.

Comportamientos colectivos: ¿como dos gotas de agua?

Hay muchos aspectos a desentrañar para intentar salir de estos atolladeros, pero el que hoy quiero tratar es el de esos comportamientos colectivos, dejando para sucesivas entregas otras cuestiones igualmente importantes.

Contemplando este verano una bonita cascada de montaña acudió a mi [calenturienta] mente sociológica la comparación entre el flujo de agua y nuestro comportamiento colectivo. No hay dos gotas de agua que sigan exactamente la misma trayectoria, ni se puede determinar de antemano ninguna de esas trayectorias. Pero en conjunto la corriente de agua sigue un camino uniforme, general y predecible, que depende de factores estructurales como el desnivel del terreno, las superficies, el caudal, etc.

Cascada Parque Natural de Redes (Asturias)

Lo que quiero decir es que aunque cada uno somos responsables de nuestros actos, los comportamientos colectivos obedecen a otros factores que sí son regulables por normas sociales. Éstas serán eficaces si se basan en un análisis de la realidad social y se elaboran basadas en consensos amplios.

Y además las personas cumplimos más

Aunque las personas una a una somos más o menos moralmente decentes y responsables -o no-, la resultante colectiva depende más de las presiones y necesidades que soportamos y del cumplimiento de las normas sociales imperantes.

Siempre cuento que cuando hace años no existían los radares en las carreteras españolas me llamaba la atención cómo los mismos automovilistas franceses que respetaban escrupulosamente la velocidad máxima en su país en cambio se «desmelenaban» cuando pasaban a España. ¿Es que mutaban a seres «malos» cuando atravesaban la frontera? No, lo que cambiaba eran los incentivos para respetar las normas. Es decir en Francia se les detectaba y sancionaba pero en España no.

Cambiando comportamientos

Hace un par de años Damon Centola explicaba en un excelente libro cómo se difundían los comportamientos (How Behavior Spreads. The Science of Complex Contagions). Porque mientras pandemias víricas o fake news se transmiten rápidamente a través de redes sociales extensas y basadas en vínculos débiles u ocasionales, el cambio de comportamiento de las personas o las organizaciones (por ejemplo la difusión de una nueva tecnología) necesita redes más densas y concentradas, compuestas por interlocutores cercanos y confiables con quienes nos relacionamos con frecuencia.

Es decir, podemos difundir una «noticia» o un virus por medio de contactos ocasionales (las redes sociales en internet o una celebración multitudinaria familiar) pero sólo modificaremos nuestros comportamientos o incorporaremos una nueva tecnología si un número suficiente de personas de nuestro entorno cercano también lo han hecho: por ejemplo cargar en nuestro móvil una nueva App para multi-video-conferencias o usar mascarillas de forma sistemática.

No nos engañemos. Los «llamamientos» de las autoridades públicas o la foto con mascarilla que una «influencer» añade a su colección de fotos playeras en su cuenta de internet son postureo inútil.

En su lugar existe un arsenal de instrumentos que van desde los famosos «empujoncitos» (nudges) de Carl Sunstein y Richard Thaler a las estrategias del llamado marketing social.

Sólo se necesitan dos cosas: querer hacerlo y contar con la gente.

El próximo post dentro de dos martes, el 15 septiembre 2020