Cómo nos enteramos de lo que acontece
La inmensa mayoría de los acontecimientos de los que tenemos conocimiento es porque alguien nos lo ha contado -una persona o un medio de “comunicación”- pero no porque tengamos una experiencia directa de los mismos. Y aquél que nos lo cuenta siempre hace una interpretación del mismo: es decir selecciona los aspectos que considera importantes y los sitúa en un marco que da un sentido a lo que ha ocurrido. Además tampoco podemos “enterarnos” de TODO lo que ocurre o ha ocurrido; quien nos informa escoge aquel o aquellos acontecimientos que supone más importantes. En fin, tanto los contenidos informativos como nuestra capacidad de atención tienen unos límites y lo que hoy parecía un acontecimiento relevante mañana queda relegado al olvido, desplazado por otro de mayor atractivo, interés o actualidad.

Internet, el mega-medio de comunicación y la ilusión “colaborativa”
La irrupción de internet ha posibilitado la multiplicación hasta el infinito de las fuentes de contenidos, que no necesariamente de información. Pero lejos de democratizar los canales de comunicación, nuestra reducida capacidad de atención permite que el flujo de contenidos caiga en manos de las grandes empresas tecnológicas que dominan las plataformas de redes sociales y demás canales.
Frente a ello todavía perdura la ilusión de que las opiniones colectivas vertidas en internet son una especie de foro democrático, que expresa el sentimiento y voluntad de la mayoría. Todavía nos creemos, por ejemplo, que a la hora de pensar en un hotel o un restaurante las opiniones de la muchedumbre de usuarios nos ayudarán a valorar lo que nos vamos a encontrar: ¿verdad? PUES NO.
TripAdvisor es una conocida web en la que los usuarios depositan sus opiniones sobre hoteles y restaurantes, supuestamente de forma libre e independiente. Pero un su último informe de transparencia para 2024 confesó haber tenido que eliminar 2,7 millones de reseñas fraudulentas de sus páginas. Además cerca de 9.000 empresas recibieron advertencias por incentivar a los usuarios a dejar reseñas, «sobornar» a los clientes o «recompensar» a los empleados para obtener calificaciones positivas, Y al menos 360.000 reseñas eliminadas estaban relacionadas con programas de incentivos para empleados, en los que las empresas ofrecen recompensas a su personal a cambio de comentarios positivos. ¿Verdad que alguna vez nos han sugerido que pongamos una buena reseña, incluso incluyendo el nombre del empleado, con una puntuación mínima de…?
Ante esta situación el actual Gobierno de Italia ha aprobado una nueva legislación para el control de de las reseñas de hoteles y restaurantes. ¿Es suficiente?
Una industria basada en una montaña de mentiras
El problema supera con creces el ámbito del sector turístico. Todo el espacio de internet basado en la supuesta sabiduría de las muchedumbres -siguiendo el best-seller de James Surowiecki The Wisdom of Crowds– es susceptible de manipulación y de hecho lo es.
Cualquier “creador” de contenidos puede comprar seguidores y “likes”, en particular en Instagram, pero también en multitud de otros sitios. Una investigación de la Comunidad de Madrid de hace dos años reveló que “entre las tarifas más baratas figuran la adquisición de tráfico directo a una página web desde 56 céntimos de euro. Asimismo, por menos de 9 céntimos se obtienen 1.000 visualizaciones en TikTok, SoundCloud o IGTV. En el caso de las reproducciones, por 2 euros se consiguen 1.000 en YouTube o en Spotify. Por otro lado, supone una cifra más elevada la compra de seguidores de Instagram –1.000 por 4,3 euros– mientras que en el caso de me gusta –likes– cuestan 1,3 euros. Finalmente, otra de las prestaciones que conllevan cierta personalización son las reseñas en Google o en TripAdvisor, cuyo valor económico oscilan en torno a 1 euro por texto”.
Más valorada aún es la adquisición de “seguidores implicados”, es decir aquéllos que además [supuestamente] interactúan con el influencer de turno, mercado éste que cuenta también con su oferta de servicios.
Si tenemos un negocio del tipo que sea también podemos comprar reseñas de Google baratas.
No es extraño, por tanto, que la industria del marketing y la publicidad empiece a pensar que está comprando humo cuando hace “marketing de influencers”.
Las mafias también operan aquí
Cuando hay dinero, procedimientos opacos y falta de regulación las mafias aterrizan inmediatamente. En este caso la extorsión a pequeños negocios opera de modo tradicional: o se paga una cuota periódica a la organización correspondiente o nos inundan de reseñas negativas que pueden hundirnos la reputación. A veces el diluvio de críticas es previo y el pago del “impuesto” hace que nos quiten la basura que nos ha caído.
Este mundo de falsedades en crecimiento exponencial puede agravarse con el uso masivo de la inteligencia artificial, de modo que [casi] nada de lo que nos devuelva una búsqueda en internet es real, como apunta un artículo de The Economist.
El próximo post dentro de dos martes, el 14 octubre 2025







